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viernes, 11 de septiembre de 2026

Los archivos de memoria y DDHH también son archivos de la organización y la resistencia

 

Los archivos de memoria y DDHH también son archivos de la organización y la resistenciaOPINIÓN


Ignacio Ayala C. y Leslie Araneda M
Por : Ignacio Ayala C. y Leslie Araneda MIntegrantes de la Red de Archivos de Memoria y Derechos Humanos (RAMDH).
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Los archivos, al igual que los sitios de memoria, aportan a la democracia al poner en diálogo, mediante testimonios, la recuperación patrimonial y las prácticas comunitarias, las luchas y la represión del pasado con las luchas actuales. 


El Mostrador Fuente Preferida

Durante mayo de 1981, la dictadura civil militar de Augusto Pinochet implementó un paquete de reformas laborales. La edición de la revista Hoy, del 29 de abril de aquel año, calificaba “los cambios de mayo” como “importantes transformaciones laborales que ayudan a modelar con mayor exactitud las aspiraciones del régimen”, alterando la existencia de la mayoría de los chilenos.

Entre las principales modificaciones destacaba un nuevo sistema de previsión: las administradoras privadas de fondos de pensión (las tristemente célebres AFP, todavía vigentes) fueron presentadas a la opinión pública como la alternativa de capitalización individual, que se traduciría en el aumento de las jubilaciones en un plazo de algunos años.


La ausencia de un marco institucional mínimamente favorable para la clase trabajadora chilena implicó un mayor impacto de la crisis del año siguiente y, en consecuencia, la multiplicación de diversas formas de organización, subsistencia y protesta. Los boletines poblacionales y de organizaciones de mujeres, la propaganda clandestina de grupos subversivos, las acciones callejeras de los comités contra la tortura, la rearticulación de las organizaciones estudiantiles secundarias y universitarias, entre otros numerosos documentos, están disponibles en los archivos de memoria y derechos humanos.

En efecto, los archivos de memoria y derechos humanos no resguardan exclusivamente información sobre las víctimas, la represión y el dolor. También gestionan las huellas documentales de la organización popular y de las resistencias contra la dictadura, así como sus continuidades y transformaciones en el período democrático.

Cuarenta y cinco años después, otro gobierno de ultraderecha, esta vez elegido democráticamente, celebra la aprobación parlamentaria de su llamada “megarreforma”, que nuevamente afecta los derechos laborales, sociales y económicos alcanzados por décadas de luchas de las trabajadoras y los trabajadores chilenos, reanimando el modelo económico neoliberal impuesto por medio de la violencia en los años ochenta. Mientras tanto, desmantela la institucionalidad de derechos humanos a través del cierre de numerosos programas públicos y el desfinanciamiento de iniciativas promovidas por la sociedad civil.

Los archivos de memoria permiten revisitar el pasado; a algunas personas les hace recordar, a otras, les permite conocer como el modelo económico utilizó las crisis y traumas sociales para imponer reformas impopulares de libre mercado que la población rechazaría en condiciones normales. Ayer fue la dictadura, hoy es la crisis de seguridad.

Los archivos, al igual que los sitios de memoria, aportan a la democracia al poner en diálogo, mediante testimonios, la recuperación patrimonial y las prácticas comunitarias, las luchas y la represión del pasado con las luchas actuales. 

Desde la Red de Archivos de Memoria y Derechos Humanos (RAMDH) hacemos la invitación a recorrer las huellas documentales de la organización y la resistencia contra la dictadura. Convirtamos nuestros archivos en herramientas para afrontar el presente.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

El riñón artificial de la UP: el proyecto médico que sepultó la dictadura

 

El riñón artificial de la UP: el proyecto médico que sepultó la dictaduraINVESTIGACIÓNEl riñón artificial funcionando en el Hospital Deformes (cedida)


Santiago Rey
Por : Santiago ReyPeriodista, presidente de la Fundación de Periodismo Patagónico. Escribió el libro "Silenciar la muerte".
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Entre 1971 y el 11 de septiembre de 1973, un equipo compuesto por un nefrólogo y dos arquitectos creó una máquina artesanal de hemodiálisis. El golpe de Estado terminó con el proyecto y llevó al exilio a sus impulsores.


Resumen

El Mostrador Fuente Preferida

Chile pudo ser, a comienzo de los años 70, uno de los pocos países del mundo capaces de producir en serie riñones artificiales. Durante el Gobierno de la Unidad Popular (UP), un proyecto nacido del ingenio de un nefrólogo y dos arquitectos logró crear un prototipo de máquina de hemodiálisis que fue utilizado en un hospital de Valparaíso e incluso exportado a México.

El clima de impulso al desarrollo industrial nacional y el fin de la dependencia tecnológica y la limitación del gasto en importación de maquinaria médica impregnó el proyecto impulsado por el médico Hernán Aguirre y los arquitectos Mario Espina y Joaquín Velasco. Con apoyo del Presidente Salvador Allende, acrílicos, celofán y caños de goma, el trío creó un riñón artificial, capaz de depurar la sangre de pacientes renales crónicos.


Fue una epopeya tecnológica que pondría a Chile en la cima del desarrollo médico-industrial, junto a países como Estados Unidos, Suecia, Gran Bretaña y Alemania.

En 1939, mucho antes de ser Presidente, Salvador Allende había escrito en La realidad médico-social chilena que “un país que no produce sus propios elementos básicos de curación es un país dependiente que pone en riesgo la vida de sus ciudadanos ante cualquier vaivén del mercado internacional”.

Sin embargo, el golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973 terminó con el proyecto y la transición democrática no lo recuperó. Solo la memoria de un hombre de 81 años es capaz de revivir la historia.

El nefrólogo

Una máquina de hemodiálisis o riñón artificial es capaz de suplir al riñón en su tarea de filtrar la sangre; regular el equilibrio de agua, sales, presión arterial; eliminar los desechos y toxinas del cuerpo, incorporar hormonas esenciales y mantener el equilibrio ácido-base en la sangre.

Bien lo sabía el nefrólogo del Hospital Enrique Deformes de Valparaíso y subdirector del Instituto de Tórax, Hernán Aguirre, cuando en 1971 y recién llegado de una beca en Nefrología en la Escuela de Medicina y Ciencias de la Salud de la Universidad Washington, fue a pedirle al arquitecto Mario Espina que le fabricara un riñón artificial.

La fama de inventor le precedía y Espina no se amilanó ante el pedido.

—Pero lógico, no hay ningún problema le respondió.

Luego, el arquitecto fue a buscar a su cuñado, Joaquín Velasco. Más cauto, el también arquitecto aceptó, y desde entonces, la hazaña de crear un riñón artificial marca su vida. Hoy tiene 81 años, vive en Viña del Mar, pasa los veranos en Chiloé y es el único resguardo histórico de la existencia del proyecto. Cincuenta y cinco años después del inicio de aquella aventura dice que lo hizo por una “convicción personal infinita” de poner al hombre y su capacidad de creación al servicio de un cambio social.

En una vieja casona inglesa de Valparaíso, comprada con recursos otorgados por el Gobierno de Allende, pusieron manos a la obra. Un total de 60 trabajadores dedicaron día y noche, durante varios meses, a elaborar cada una de las piezas que, encastradas de manera artesanal, compusieron el riñón artificial.

Un total de 20 prototipos fueron instalados en el Hospital Deformes, donde un puñado de pacientes se dializaron gracias a la inventiva de aquellos hombres que se dieron a la tarea de intentar romper con la dependencia tecnológica. Incluso, una de las cajas transparentes por donde la sangre de los enfermos se depuraba fue enviada a México, en 1973, como aporte solidario para atender la emergencia producida por una inundación en la zona de Guanajato.

A pesar de lo que significó aquel logro, no hay documento, ni paper, ni archivo, ni ensayo, ni matriz, ni publicación científica, ni decreto, ni resolución ministerial, ni acta ni certificado que acredite la existencia del riñón artificial chileno. Solo la memoria de un hombre de 81 años.

Joaquín Velasco (cedida).

Allende

Una tarde de enero de 1973, Salvador Allende visitó la casona taller de Valparaíso. Joaquín, hoy, en su casa de Chiloé, mirando el lago Huillinco, lo menciona como al pasar. Según cita, Allende dijo: “Ya, esto écheme para adelante, esto me interesa mucho, porque si esto funciona, nosotros en vez de regalar el poncho de La Ligua, podemos regalar prototipos industriales médicos”.

Entonces Mario Espina, parado junto a Joaquín en el taller, interrumpió a Allende y le pidió:

Presidente, nosotros necesitamos tener seguridad de continuidad para dar escala a la producción, necesitamos por lo menos de cinco a siete años para poder efectivamente hacer todo esto.

Allende entonces lo miró, hizo silencio, se sacó los lentes y por fin dijo:

Eso no te lo puedo garantizar.

El riñón mexicano

En plena cena del lunes 10 de septiembre de 1973, pocas horas antes que la camarilla militar encabezada por Augusto Pinochet diera el golpe de Estado, Hortensia Bussi de Allende, la Tencha, contó a su marido, a su asesor personal Joan Garcés, al ministro del Interior Carlos Briones y al periodista Augusto Olivares, los resultados de su reciente viaje a México.

A mediados de agosto de aquel año una inundación había causado una catástrofe en una zona cercana a Guanajuato y esa noche santiaguina, en la casa presidencial de la calle Tomás Moro al 200, la Tencha narró los detalles de la misión que había concluido el día anterior: en su carácter de Primera Dama había llevado un riñón artificial donado por el Gobierno de Chile como ayuda al pueblo mexicano. La acompañaron su hija Isabel y el edecán aéreo del Presidente, comandante Roberto Sánchez.

Este dato, que confirma el nivel de conocimiento e involucramiento del Gobierno de Allende con el proyecto de producción local de máquinas de hemodiálisis, aparece en el libro El día en que murió Allende, de Ignacio González Camus (Editorial Catalonia, 2013).

Es la única referencia bibliográfica hallable del proyecto. En tanto, un artículo en la contratapa del diario La Nación, del 15 de julio de 1972, fechado en Valparaíso y titulado “Nace primer riñón artificial en Chile”, da cuenta de la realización de una conferencia de prensa encabezada por el trío impulsor del proyecto. Allí se asegura que “en una visita realizada al Hospital Deformes, se comprobó que esta máquina desde hace tres meses mantiene en perfectas condiciones de salud al enfermo Jorge Pérez, que presenta una diálisis crónica, es decir, una deficiencia renal”.

Finalmente, la familia de Joaquín Velasco cuenta con un recorte de un diario de época, pero no identificado, donde se ve al Presidente Allende junto al equipo de improvisados industriales, y el gerente general del Servicio de Cooperación Técnica, Alberto Texler, clave en el vínculo entre el Estado y el nefrólogo y los arquitectos.

Todo lo demás, es silencio.

Los riñones artificiales (cedida).

11 de septiembre

La bruma marina de cada mañana se mezcla con un humo particular. No es la leña de todos los días que arde en las estufas y las cocinas de las casas de los barrios colgados de los cerros de Valparaíso.

En el aire hay algo más. Desde las 6 de la mañana se observan movimientos extraños en la Comandancia en Jefe de la Armada. Desacostumbrados gritos, marchas, órdenes. Armas desenvainadas esa mañana del 11 de septiembre de 1973. A las 8:40 las radios emiten una primera proclama militar confirmando que el golpe de Estado está en marcha.

En las estufas y cocinas de las poblaciones arden libros, panfletos y manifiestos, y el humo se mezcla con la brisa que llega del mar. En la piel de los vecinos y vecinas, como ínfimas partículas de la bruma, se adhiere el miedo, una latencia anticipatoria del horror. Y entonces las llamas queman pruebas, carnets de afiliación, discursos.

Joaquín observa el gris acerado del humo que nubla la ciudad y se queda en la casa. Ninguno de los 60 trabajadores que en la vieja casona inglesa producían el futuro de la tecnología médica chilena se acerca al lugar ese día.

Recién dos días después Joaquín llegará hasta el taller, entrará solo, buscará los documentos políticos que había escrito para dar contexto y músculo al desarrollo del riñón artificial, textos donde se mezclaban el hombre libre, las alamedas, la vía democrática al socialismo, y también las matrices tecnológicas y los ensayos técnicos, y en una pequeña salamandra arrinconada en su oficina los quemará todos. Ofrendará su cuota de humo a la brumosa mañana portuaria.

Unas horas más tarde, un marino se instalará en la puerta de la vieja casona inglesa y dirá a Joaquín y a todos los trabajadores: “Quedan en libertad de acción”.

Y cerrará la puerta con una cadena y un candado.

Tras el golpe y el cierre del taller, solo Hernán Aguirre, el nefrólogo de la idea primigenia, reacomodó su situación. En tanto médico del Hospital de la Armada, siguió con su tarea, accedió a lugares de privilegio y montó un centro de hemodiálisis privado con las máquinas construidas en la comuna libertaria del riñón artificial.

El arquitecto Mario Espina fue detenido junto a su mujer, hermana de Patricia, la compañera de Joaquín. Luego, se exiliaron en Venezuela.

Joaquín y Patricia también debieron exiliarse; cuatro años también en aquel país.

Entre las 13:50 y las 14:00 horas del 11 de septiembre, Allende se disparó con un fusil AK-47. El proyectil ingresó por su mentón y salió por la parte superior del cráneo.

A esa hora ya se había levantado la bruma. Todo o casi todo lo referido al riñón artificial, se perdió en la desbandada, en el exilio, en el fuego.

La democracia nunca recuperó aquella historia.

Expresidente Boric a 53 años del Golpe de Estado: "La historia no la pueden borrar, está escrita en el alma del pueblo de Chile"

 11 September 2026

El expresidente Gabriel Boric llegó este viernes 11 de septiembre al Cementerio General para participar del homenaje al otrora mandatario Salvador Allende, en el marco de los 53 años del Golpe de Estado, enfatizando que "la historia está escrita en el alma del pueblo de Chile, no la pueden borrar".

Boric acompañó a la familia del expresidente Allende y también participaron varios dirigentes políticos.

Boric no quiso "entrar en polémicas" respecto a la decisión del Presidente Kast de no realizar actos oficiales por la conmemoración.

Sin embargo, enfatizó que "la historia está escrita en el alma del pueblo de Chile, no la pueden borrar".

"Es algo que todos los días nos recuerda por qué estamos acá. Yo siempre le decía a los familiares de la agrupación de Detenidos Desaparecidos y de ejecutados políticos, que sin ellos nosotros no estaríamos acá y que, por lo tanto, su lucha sigue vigente también en las nuevas generaciones", aseveró.

La figura de Allende: "Sacrificó su vida defendiendo la democracia"

Igualmente, Boric enalteció la figura de Salvador Allende: "Acá estamos conmemorando a un presidente que sacrificó su vida defendiendo la democracia, defendiendo las instituciones, defendiendo al pueblo de Chile para que no corriera más sangre", dijo.

Igualmente quiso remarcar el recuerdo de "toda la gente que en 17 años de oscuridad cayó, pero también a los que sobrevivieron, a los que lucharon, a los que levantaron la alegría en medio del dolor y la desesperanza".

"Así que yo, por lo menos, esta conmemoración, por cierto hay un dolor, un desgarro, pero también hay esperanza, y así me la tomo yo y así es lo que le transmito también a las nuevas generaciones, que es importante jamás olvidar", finalizó.

Trece delincuentes condenados por graves violaciones a los Derechos Humanos en la dictadura permanecen prófugos

 11 September 2026

Cuando se cumplen 53 años del Golpe de Estado en nuestro país, el Estudio Caucoto Abogados, oficina especializada en derechos humanos, dio a conocer un nuevo listado con 13 condenados por delitos de lesa humanidad que se encuentra prófugos de la justicia, entre los cuales figuran un civil, un policía de investigaciones; suboficiales de Carabineros, oficiales de la Armada y del Ejército, integrantes de la Dirección Nacional de Inteligencia, DINA. Algunos se encuentran fugitivos desde 2022. 

Se trata de condenados como autores y coautores de secuestro calificado, homicidio calificado, asociación ilícita y aplicación de tormentos, entre otros delitos, en causas como la Operación Cóndor, crimen de Reinalda Pereira, el asesinato del diplomático español Carmelo Soria; así como el caso “Quemados”, homicidio de Carmen Gloria Quintana y Rodrigo Rojas de Negri, entre otros procesos. 

El abogado Francisco Bustos, encargado de elaborar el listado, señaló que “seguimos alertando sobre los criminales de la dictadura prófugos,  por la importancia del cumplimiento de las sentencias, pues los crímenes contra la humanidad exigen superar la impunidad”. 

Además, añade que “esto resulta todavía más importante en un contexto adverso, donde la autoridad política ha instruido al Programa de DDHH del Ministerio de Justicia dejar de intervenir y oponerse a las solicitudes de reducción de condena pedidas por agentes de la dictadura sin cumplir los requisitos legales. Esto es contrario a la normativa interna, a los tratados de derechos humanos, y también a la práctica consistente de los tres últimos gobiernos que cumplieron la ley”.

En ese sentido, Bustos recuerda los casos y ejemplos de estas “nuevas prácticas”, de César Manríquez de la DINA o de Héctor Osses Yáñez, quien estuvo prófugo y logró evadir a la justicia desde el año 2021 a 2023, pese a su avanzada edad. Este último represor en 2025 comenzó a pedir sustitución de pena por motivos de salud mental, y este año el Programa de DDHH desistió de todas las apelaciones que buscaban que se realizarán exámenes adicionales para acreditar cuál es su verdadera situación de salud. Al pedirles la justificación de esto, nos han denegado toda información”, concluyó. 

13 prófugos de la justicia 

1) Luis Enrique Barrueto Bartning (empresario), condenado a la pena de 10 años y un día de presidio mayor en su grado medio como coautor de siete secuestros calificados (desapariciones forzadas) perpetrados en la comuna de Santa Bárbara. Prófugo desde 2022

2) Federico Humberto Chaigneau Sepúlveda (oficial de Ejército ®, DINA), condenado en el Episodio Conferencia II, a 12 años de presidio mayor en su grado medio por los delitos de secuestro calificado de Fernando Navarro Allendes y Héctor Véliz Ramírez, y a 3 años de presidio menor en su grado medio, por los delitos de secuestro simple de Juan Fernando Ortiz Letelier, Horacio Cepeda Marinkovic y Lincoyán Berríos Cataldo. Prófugo desde 2022. 

Chaigneau tiene además condenas en el proceso Operación Cóndor y por la desaparición forzada de Reinalda Pereira Plaza. En Operación Cóndor está sentenciado a dos penas de 18 años de presidio mayor en su grado máximo, por los delitos de secuestro calificado reiterados de Alexei Jaccard Siegler y Héctor Velázquez Mardones; y como coautor de los delitos reiterados de homicidio calificado de Ricardo Ignacio Ramírez Herrera, Jacobo Stoulman Bortnik, Matilde Pessa Mois, Hernán Soto Gálvez y Ruiter Enrique Correa Arce. Por su parte, fue condenado también a 7 años de presidio mayor en su grado mínimo como coautor de la desaparición forzada de Reinalda Pereira Plaza. Prófugo desde 2023) Alberto Roque del Sagrado Corazón Badilla Grillo (oficial Armada ®), sentenciado como autor del delito de homicidio calificado y aplicación de tormentos (torturas) en contra de Enrique López Olmedo, a las penas de 12 años de presidio mayor en su grado medio y de 541 días de presidio menor en su grado medio respectivamente. Prófugo desde 2023

4) Pablo Belmar Labbé (oficial de Ejército ®, DINA), condenado a la pena de 10 años y un día como coautor del homicidio calificado de Carmelo Soria, y también resultó condenado a 541 días de presidio por asociación ilícita.

Además, se decretó en su contra la prisión preventiva en el caso por el crimen del Conservador de Bienes Raíces, Jorge Renato Francisco León Zenteno. Prófugo desde 2023

5) René Patricio Quilhot Palma (oficial del Ejército ®, DINA), condenado como coautor del delito de homicidio calificado de Carmelo Soria Espinoza y autor del delito de asociación ilícita. Por el primer cargo se le impuso una pena de 10 años y un día de presidio mayor en su grado medio. Por el delito de asociación ilícita se le impuso la pena de 541 días de presidio menor en su grado medio. En su caso, se decretó también la prisión preventiva por el homicidio calificado de Jorge Renato León Zenteno, Conservador de Bienes Raíces de Santiago. Prófugo desde 2023

6) Juan de Dios Higueras Álvarez (suboficial de Carabineros ®), condenado en el Episodio Mulchén, como coautor de los homicidios calificados perpetrados en el (i) Fundo Carmen y Maitenes, por siete víctimas: Florencio Rubilar Gutiérrez, José Liborio Rubilar Gutiérrez, José Lorenzo Rubilar Gutiérrez, Alejandro Albornoz González, Luis Alberto Godoy Sandoval, Miguel del Carmen Albornoz Acuña, Daniel Alfonso Albornoz González; (ii) del Fundo Pemehue, por cinco víctimas: Alberto Albornoz González, Felidor Exequiel Albornoz González, Jerónimo Humberto Sandoval Medina, Juan de Dios Roa Riquelme y José Fernando Gutiérrez Ascencio, ocurridos en los días 6 y 7 de octubre de 1973; a la pena de 15 años y un día de presidio mayor en su grado máximo.

También en el mismo episodio fue condenado como coautor de los delitos de secuestro calificado de las siguientes seis personas del (iii) Fundo El Morro: Juan de Dios Laubra Brevis, José Florencio Yáñez Durán, Celsio Nicasio Vivanco Carrasco, Edmundo José Vidal Aedo, Domingo Sepúlveda Castillo y Guillermo José Albornoz González, perpetrados a partir de los días 5, 6 y 7 de octubre de 1973, en la comuna de Mulchén, a la pena de 10 años y un día de presidio mayor en su grado medio, más accesorias legales. Prófugo desde 2023.

 7) Miguel René Riveros Valderrama (oficial de Ejército ®, DINA), sentenciado en el proceso Operación Cóndor, a dos penas de 18 años de presidio mayor en su grado máximo, por los delitos de secuestro calificado (desapariciones forzadas) de Alexei Jaccard Siegler y Héctor Velázquez Mardones; y como coautor de los delitos reiterados de homicidio calificado de Ricardo Ignacio Ramírez Herrera, Jacobo Stoulman Bortnik, Matilde Pessa Mois, Hernán Soto Gálvez y Ruiter Enrique Correa Arce. Prófugo desde 2023.

8) Jaime Ojeda Torrent (oficial de Ejército Ⓡ), condenado en el proceso Caravana de la Muerte, episodio La Serena, sentenciado en calidad de cómplice de 15 homicidios calificados, a la pena de 10 años y un día de presidio mayor en su grado medio. Las víctimas son Óscar Aedo Herrera, Marcos Barrantes Alcayaga, Mario Ramírez Sepúlveda, Hipólito Cortés Álvarez, Jorge Contreras Godoy, Roberto Santa Cruz, Jorge Jordán Domic, Gabriel Vergara Muñoz, Carlos Alcayaga Varela, Jorge Osorio Zamora, José Araya González, Óscar Cortés Cortés, Manuel Marcarian Jamett, Víctor Escobar Astudillo y Jorge Peña Hen.

9) Andrés Pablo Potin Lailhacar (ingeniero civil - Patria y Libertad - Comando Conjunto), fue condenado en calidad de coautor del delito de secuestro calificado de Luis Emilio Maturana González, a la pena de 5 años y un día de presidio mayor en su grado mínimo, y en calidad de coautor del delito de secuestro de Juan René Orellana Catalán, a la pena de 400 días de presidio menor en su grado mínimo. Prófugo desde 2024.

10) Iván Humberto Figueroa Canobra (oficial de Ejército Ⓡ), condenado a la pena de 20 años de presidio mayor en su grado máximo por los delitos de homicidio calificado consumado de Rodrigo Rojas De Negri, y homicidio calificado frustrado de Carmen Gloria Quintana Arancibia. Prófugo desde 2024.

11) Ángel Nicanor Bustos Farías (investigaciones ®), condenado a la pena de 10 años y un día de presidio mayor en su grado medio, por el delito de secuestro con grave daño (desaparición forzada) de José Renato Lazcano Campos. Prófugo desde 2025.

 12) Sergio Patricio Chifelle Kirby (oficial de la Armada ® y ex procurador del número Corte de Santiago), condenado a la pena de 15 años y un día de presidio mayor en su grado máximo, por el homicidio calificado de Marcelo Barrios Andrade. Prófugo desde 2025.

 13) Gastón Manterola Miranda (oficial de Carabineros Ⓡ), condenado en calidad de autor de los homicidios calificados de José Andrés García Lazo y Jorge Rodrigo Muñoz Mella a la pena de 15 años y un día de presidio mayor. Prófugo desde 2026. 

Prófugos capturados incluidos en listados anteriores:

Nelson Edgardo Hasse Mazzei (oficial del Ejército ®), condenado como coautor de los secuestros calificados y homicidios calificados de Víctor Jara Martínez y Littré Quiroga Carvajal, a la pena de 10 años y un día de presidio mayor en su grado medio por los secuestros, y de 15 años y un día de presidio mayor en su grado máximo por los homicidios.

Estuvo prófugo desde la sentencia de término en agosto de 2023, siendo detenido en julio de 2026.

 Alberto Juan Fernández Michell (oficial de Carabineros ®), condenado en el Episodio Laja – San Rosendo como autor de 19 homicidios calificados, a la pena de presidio perpetuo, más accesorias legales. 

Estuvo prófugo más de un año, desde marzo de 2024, siendo detenido en julio de 2025.

Rubén Aroldo Morales López (oficial de Carabineros ®), condenado a 10 años y un día de presidio mayor como autor del homicidio calificado de Jorge Vásquez Matamala. Fue condenado en diciembre de 2022 y capturado en septiembre de 2024.

Joan Garcés reconstruye las horas previas al golpe: el plebiscito de Allende, la caída de Prats y la traición de Pinochet

 

PODER Y POLÍTICA PORTADA


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El estrecho colaborador de Salvador Allende y uno de los artífices de la detención de Augusto Pinochet en Londres recordó en una entrevista con Faride Zerán los días que precedieron al golpe de Estado. Su relato vincula la salida democrática que preparaba Allende, la renuncia del general Carlos Prats y el papel desempeñado por Pinochet. Garcés sostiene que sobrevivió porque el propio presidente le ordenó abandonar La Moneda para que alguien pudiera contar lo sucedido.

A 53 años del golpe de Estado, Joan Garcés vuelve sobre las horas que precedieron al bombardeo de La Moneda desde una posición excepcional: no como historiador que reconstruye documentos décadas después, sino como uno de los hombres que estuvieron junto a Salvador Allende hasta la mañana del 11 de septiembre de 1973.

En una extensa entrevista concedida a la periodista Faride Zerán en el programa Tiempos que muerden, de Radio Universidad de Chile y U de Chile TV, el jurista y cientista político español reconstruye una secuencia que ayuda a comprender la magnitud de lo ocurrido en aquellas semanas: la crisis que terminó con la renuncia del comandante en jefe del Ejército, Carlos Prats; el ascenso de Augusto Pinochet; los planes del gobierno para enfrentar una eventual sublevación militar y la decisión de Allende de convocar a los ciudadanos para buscar una salida democrática a la crisis.

Y también revela por qué él pudo contarlo.

“Alguien tiene que contar lo que aquí ha pasado”

Garcés estaba dentro de La Moneda cuando las fuerzas golpistas comenzaron su ataque. Minutos antes del bombardeo, recuerda, Allende reunió a sus colaboradores civiles y les dio libertad para abandonar el palacio. Nadie quiso hacerlo.

Fue entonces cuando el presidente le ordenó personalmente salir.

Garcés relata que se resistió y pidió explicaciones. Una de las razones que Allende le dio fue que alguien debía contar lo sucedido y que él estaba en condiciones de hacerlo porque conocía directamente su estrategia política y muchas de las decisiones adoptadas en los días anteriores.

La escena adquiere otra dimensión cuando Garcés recuerda que varios de quienes permanecieron junto al mandatario serían posteriormente ejecutados.

“Si estoy vivo”, explica en la entrevista, el primer eslabón fue aquella decisión de Salvador Allende.

No se trataba solamente de dejar un testigo. Garcés conocía conversaciones, decisiones y preparativos que habían permanecido en un círculo muy reducido del gobierno.

Entre ellos estaba la salida política que Allende preparaba para el mismo 11 de septiembre.

El plebiscito que no alcanzó a anunciarse

Garcés afirma que dos días antes del golpe Allende había comunicado a altos mandos militares su decisión de “abrir las urnas”, es decir, convocar a la ciudadanía para resolver mediante el voto la crisis política que atravesaba Chile.

La noche del 10 al 11 de septiembre, él mismo participó junto al presidente, los ministros de Defensa e Interior y el director de Televisión Nacional en la preparación del mensaje que Allende debía dirigir al país al día siguiente.

Para Garcés, este dato es decisivo.

“El mundo sabe” que Allende iba a llamar a un plebiscito, sostiene, porque él sobrevivió. La dictadura, agrega, mantuvo oculta esa voluntad de permitir que fueran los ciudadanos quienes escogieran “democrática y pacíficamente” el camino que querían para Chile.

El relato contradice así una imagen repetida durante décadas: la de un gobierno que había llegado a un callejón sin salida y frente al cual la intervención militar constituía la única resolución posible.

Según el testimonio de Garcés, ocurría precisamente lo contrario. Allende preparaba una consulta ciudadana en el mismo momento en que los conspiradores aceleraban el golpe.

La caída de Prats y el ascenso de Pinochet

Uno de los pasajes más reveladores de la entrevista corresponde a las semanas inmediatamente anteriores.

Garcés recuerda los acontecimientos del 21 y 22 de agosto de 1973, cuando una manifestación de mujeres frente a la residencia del comandante en jefe Carlos Prats terminó provocando una grave crisis dentro del Ejército. Entre quienes participaron había, según la información recibida entonces por el gobierno, esposas de generales en servicio activo.

Allende buscó evitar que aquella situación se transformara en el detonante de una sublevación.

En ese contexto aparece Augusto Pinochet, entonces considerado un general constitucionalista y hombre de confianza de Prats.

Según la reconstrucción de Garcés, Prats encargó a Pinochet conversar con los generales cuyas esposas habían participado en las manifestaciones y obtener de ellos una reafirmación de su lealtad al comandante en jefe.

La respuesta que Pinochet transmitió a Prats contribuyó, sostiene Garcés, a convencerlo de que su autoridad había quedado gravemente debilitada. Prats presentó su renuncia.

El episodio tuvo una consecuencia histórica.

Cuando Allende le preguntó quién debía reemplazarlo, Prats recomendó a Pinochet. Garcés recuerda que la confianza que este había construido como militar aparentemente leal a la Constitución era tan profunda que su nombre parecía entonces una garantía de disciplina institucional.

La paradoja es brutal: menos de tres semanas después, el hombre recomendado por Prats encabezaría el golpe que terminaría con la democracia chilena.

Para Garcés, Pinochet comenzó desde su nombramiento a preparar la ruptura.

El Plan Hércules utilizado al revés

Hay otro antecedente poco conocido que Garcés desarrolla en la entrevista: el denominado Plan Hércules.

Según explica, generales constitucionalistas encabezados por Prats y otros oficiales habían trabajado en un dispositivo destinado a reaccionar frente a una eventual insurrección militar. La doctrina era simple: si una parte de las Fuerzas Armadas se sublevaba, los mandos leales debían sofocar el levantamiento y preservar el orden constitucional.

Era, en esencia, un “contragolpe” destinado a defender la democracia.

Algo semejante había ocurrido durante el Tanquetazo de junio de 1973.

Pero el 11 de septiembre sucedió exactamente lo contrario.

“Cuando el bando lo encabeza Pinochet”, explica Garcés, se hace evidente que aquel dispositivo está siendo aplicado “en contra del gobierno, no para sofocar una insurrección, sino para dirigir la insurrección”.

Desde esa perspectiva, las últimas palabras de Allende adquieren para Garcés un significado concreto. Cuando el presidente habla de traición no está recurriendo solamente a una condena moral. Está hablando de mandos militares que habían conocido los mecanismos preparados para defender las instituciones y que terminaron utilizándolos contra esas mismas instituciones.

De La Moneda a Londres

La vida de Garcés volvería a cruzarse con la de Pinochet un cuarto de siglo después.

Como jurista, participó en el proceso que terminó con la detención del exdictador en Londres en 1998 y encabezó un equipo internacional de abogados que representó a miles de víctimas de asesinatos, desapariciones forzadas y torturas.

Para Garcés, la importancia de aquel caso excede ampliamente el destino personal de Pinochet.

Su principal consecuencia fue establecer que los crímenes de esa magnitud son imprescriptibles y que quienes los cometen pueden ser perseguidos fuera de las fronteras del país donde ocurrieron.

El precedente tiene, según él, un efecto disuasorio: cualquier miembro de las Fuerzas Armadas que contemple participar en crímenes semejantes sabe desde entonces que determinadas circunstancias pueden llevarlo a ser detenido y juzgado años más tarde y en otro país.

Pero Garcés atribuye al caso Pinochet otra consecuencia, específicamente chilena.

“Gracias a él los tribunales de Chile abrieron sus puertas a la investigación y a la sanción de estos crímenes”, afirma. Destaca además la posterior autocrítica de sectores de la magistratura respecto de la pasividad de los tribunales durante la dictadura y espera que esa experiencia ayude a sostener hoy el Estado de derecho.

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