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viernes, 12 de junio de 2026

EL DESTACADO PERIODISTA FALLECIÓ EL PASADO 2 DE JUNIO

 

Leonardo Cáceres y la verdadera historia del rescate del último discurso de Salvador Allende

12.06.2026

Por José Miguel Varas

Hace algunos días, el pasado 2 de junio, falleció el destacado periodista Leonardo Cáceres, primer director de prensa de Canal 13. Cáceres fue también jefe de prensa de radio Magallanes y en ese rol le tocó cubrir el golpe de Estado de 1973. Ese día le correspondió participar, junto al director de la emisora, Guillermo Ravest, y el radio controlador Amado Felipe, en la transmisión del último discurso del Presidente Salvador Allende y en el arriesgado rescate de esa grabación. En 2003, Cáceres y Ravest reconstruyeron aquella jornada en sendas crónicas publicadas por la revista Rocinante. CIPER republicó esas piezas periodísticas en 2008, con una introducción del Premio Nacional de Literatura, José Miguel Varas, quien fue editor de Rocinante. Hoy, en reconocimiento a la relevante labor profesional de Leonardo Cáceres, CIPER vuelve a difundir su crónica y la de Ravest sobre el día en que se quebró la historia de Chile y ellos lograron que el último mensaje del Presidente Allende pasara a ser parte de la memoria nacional.

Créditos imagen de portada: Mario Aguilera.


Vuelvo a leer con emoción la crónica de Guillermo Ravest Santis, con su estilo terso y vibrante, modelo de gran estilo de periodismo, sobre el último discurso del Presidente Salvador Allende, transmitido por Radio Magallanes el 11 de septiembre de 1973, minutos antes del comienzo del bombardeo a la Moneda. Ravest, director de la emisora, fue quien se dedicó junto con el radio controlador Amado Felipe a hacer numerosas copias del histórico discurso en pequeñas cintas magnéticas y fue él también quien las sacó del local de la radio –con evidente riesgo para su vida, del que en ese momento no tuvo conciencia- y las hizo llegar a la dirección clandestina del Partido Comunista para su distribución entre los corresponsales extranjeros.

La crónica fue solicitada a Guillermo Ravest por Faride Zerán, directora de la revista Rocinante, en la que yo me desempeñaba como editor. Apareció en la edición Nº 58, de agosto de 2003, junto con un notable testimonio del periodista Leonardo Cáceres, responsable de los servicios noticiosos de Radio Magallanes. Ambos materiales constituyen un documento periodístico e histórico sobre un momento trascendental de la vida de Chile. Y por eso, me parece muy conveniente que se reproduzcan ahora en las páginas de CIPER. Conveniente y necesario, porque en torno a estos hechos y sus protagonistas se tejieron versiones erróneas.

MEDIO SIGLO DE PERIODISMO

Nacido en Llay Llay, importante nudo ferroviario de la V Región, el 3 de julio de 1927, Guillermo Ravest Santis proviene de una familia estrechamente vinculada a los ferrocarriles: su abuelo, su padre, sus tíos y otros parientes fueron todos ferroviarios. También él pudo haber seguido el recto camino de los rieles pero se enamoró tempranamente del periodismo. Con este oficio ha mantenido un romance de medio siglo, que dura todavía.

En 1950 trabajó en la agencia COPER (Cooperativa de Periodistas), creada por el veterano Albino Pezoa para dar trabajo a profesionales de la prensa “cesanteados” por motivos políticos por el régimen de Gabriel González Videla. Después, entre 1952 y 1972 trabajó en los diarios El Siglo, El Espectador, Ultima Hora y La Nación, en el Departamento de Prensa de Radio Balmaceda, en la revista Qué Pasa de Buenos Aires, en el diario Puro Chile, en Televisión Nacional y, por último, en Radio Magallanes. Junto con su esposa Ligeia Balladares, también periodista, debió partir al exilio después del golpe militar.

Ambos llegaron a Moscú en 1974 y organizaron el equipo de periodistas chilenos que produjo, bajo dirección de Ravest, los diarios programas “Radio Magallanes”, que se emitían por las ondas de la emisora estatal soviética, al mismo tiempo que los de “Escucha Chile”.

Viajaron en 1980 a México y regresaron a Chile en 1983, en cuanto sus nombres dejaron de aparecer en las listas de proscritos. Trabajaron en el diario ”Fortín Mapocho”, fuerte opositor a la dictadura. Entre 1983 y 1989, Guillermo trabajó en las ediciones clandestinas de “El Siglo”.

La pareja Ravest-Balladares reside desde hace más de 20 años en San Miguel Tlaixpán, pequeña localidad cercana a la Capital Federal de México. Ambos han seguido cultivando al periodismo y también la literatura en calidad de cuentistas y narradores casi clandestinos. Guillermo Ravest es autor de un libro de memorias titulado “Pretérito Imperfecto”, que ofrece, sin duda, enorme interés porque ha sido testigo privilegiado de un período histórico turbulento, cuyas consecuencias siguen proyectándose en el presente y en el futuro. Se espera que sea publicado pronto en Chile.

TESTIMONIO: "NECESITO QUE ME SAQUEN AL AIRE INMEDIATAMENTE, COMPAÑERO"

Por Guillermo Ravest Santis, exdirector de Radio Magallanes.

El golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973 me encontró en Radio Magallanes, de la cual era director, y cuyos estudios entonces ubicados en el sexto piso de Estado 235, tenían acceso por la entrada del Pasaje Imperio. A eso de las seis de la mañana, me despertó un telefonazo de Lucho Oliva, ingeniero a cargo de los equipos de nuestra radioemisora. “Chino –me dijo- ahora sí que empezó el golpe. Para que lleguemos juntos al centro te paso a buscar en mi auto, altiro”.

Aquel “altiro” demoró mucho más de una hora, razón por la cual, luego de traspasar varias barreras de militares, llegamos a Estado con la Plaza de Armas alrededor de las siete y media. Allí me despedí de mi mujer y mi hijo, quienes se dirigieron a la Comisión de Propaganda del Partido Comunista en Teatinos 416 y al Conservatorio Nacional de Música, sus lugares de trabajo y estudio, respectivamente.

Radio Magallanes ya vivía una nerviosa actividad. El periodista Ramiro Sepúlveda me informó de las novedades y de la ubicación de los reporteros en sus respectivos frentes de trabajo. Anotamos una sola baja: el redactor de los noticieros de la mañana, seguramente presa del pánico, abandonó la radio. Nunca más supe de él, en los 30 años transcurridos. En cambio, periodistas de los turnos vespertinos decidieron reforzar el equipo matinal porque pensaron, atinadamente, que allí eran más necesarios. Otros, como Hernán Barahona, reportero político en el Congreso, cumplido con su comentario de aquella mañana -como él mismo lo ha recordado-, se retiró de la radio. Desde que yo llegué a la Radio Magallanes alrededor de las 8:00 y hasta que se levantó el toque de queda, no lo vi más.

A ratos nos atropellábamos, pues en algunos momentos tuvimos hasta tres radiocontroles metidos en el estudio. En esos instantes nos acoplamos a la Radio Corporación para difundir las primeras alocuciones que hizo el Presidente Allende. Esta era una forma de coordinación que usábamos en tiempos de la Unidad Popular, bajo el nombre de La Voz de la Patria, para tratar de contrarrestar, en mínima medida, el potencial con que entonces contaba –en número y en kilowatios- el sistema radial de la derecha golpista. En tres oportunidades difundimos esa mañana, como La Voz de la Patria, las palabras de Allende alertando al pueblo sobre la sedición ya en marcha.

La madrugada anterior, fuerzas del Ejército habían dado inicio a la “Operación Silencio”. Allanaron e inutilizaron las plantas transmisoras de las radios de las universidades de Chile y Técnica del Estado y la Luis Emilio Recabarren, de la CUT. Entretanto, encabezadas por la emisora de la SNA, la red nacional de las Fuerzas Armadas de Chile atronaba con sus bandos y oficializaba radialmente el golpe militar. Por sus sostenida connivencia con la sedición sólo el Canal 13 dominaba las pantallas. En ese clima nos dimos cuenta que habíamos quedado solos en el aire. Recién habían sido acalladas la Radio Corporación, dirigida entonces por el Partido Socialista; la Portales, que venía navegando entonces la tortuosa ambigüedad de Raúl Tarud y la Sargento Candelaria, partidaria de la Unidad Popular.

Salvador Allende.

Poco antes, en una breve reunión habíamos resuelto con Leonardo Cáceres, nuestro jefe de prensa, y Amado Felipe, jefe de radiooperadores, dar cumplimiento a decisiones operativas previamente acordadas para circunstancias como las que estábamos viviendo. Estábamos conscientes de que, ubicados a apenas cinco cuadras de La Moneda, podíamos ser allanados. Con todas sus consecuencias. Desde hacía casi dos horas un bando de la Junta Militar amenazaba a las emisoras que no se plegaran a la red golpista, de un ataque por “fuerzas de aire y tierra”.

Me correspondió proponer a los integrantes del pequeño equipo que debería apostarse en la planta transmisora de la Magallanes, ubicada en Renca, para tratar de seguir emitiendo en cualquier emergencia. Todos aceptaron inmediatamente. Ellos fueron: los periodistas Ramiro Sepúlveda, Jesús Díaz, Carmen Flores –reportera recién egresada de la Escuela de Periodismo de la Universidad de Chile- y el locutor Agustín Cucho Fernández.

Ya estaba en su apogeo aquel desigual combate que la propaganda pinochetista, por tres décadas, ha querido presentar como la “batalla de La Moneda”. Esa de la media docena de regimientos apoyados por un comando operativo de tres de los jefes golpistas –el Mendocita recién empezaba merecer su apelativo como arrenquín-, más el Estado Mayor de las FF.AA., tanques, cañones y helicópteros, contra un puñado de una cincuentena de patriotas. El testimonio documental de ese asalto fue investigado para la historia y la dignidad nacional por la doctora Paz Rojas, Iris Largo y otros igualmente dignos, en el libro Páginas en Blanco.

Había ido a buscar un cigarrillo a mi oficina cuando, inesperadamente, sonó la Plancha. Éste era el nombre que dábamos al teléfono a magneto, accionado a manivela, que nos comunicaba directamente con el despacho presidencial de La Moneda. Los golpistas ya habían amenazado bombardear el histórico palacio de gobierno. Contesté el llamado telefónico. Era la inconfundible voz del Presidente Allende.

Salvador Allende hablando por radio (Créditos: Museo de Prensa de la Universidad Diego Portales)

–¿Quién habla?
–Ravest, compañero…
–Necesito que me saquen al aire, inmediatamente, compañero…
–Deme un minuto, para ordenar la grabación…
–No, compañero. Preciso que me saquen al aire inmediatamente, no hay tiempo que perder…

Sin sacarme la bocina de la oreja, grité a Amado Felipe –quien se encontraba al frente de las perillas del control en el estudio- que instalara una cinta para grabarle y a Leonardo Cáceres, que corriera al micrófono a fin de anunciar al Presidente. Allende debe haber escuchado esos gritos. Le pedí: “Cuente tres, por favor, compañero, y parta…”.

Pese al nerviosismo de esos instantes, Amado Felipe –un gordo hiperkinético siempre jovial, hijo de refugiados españoles- tuvo la sangre fría o la clarividencia histórica de empezar a difundir al aire los primeros acordes de la Canción Nacional, a los que se mezcló la voz de Leonardo Cáceres, anunciando las que serían las últimas palabras del Presidente constitucional.

La tensión del momento explica por qué en esa grabación no sólo aparece la voz de Allende. A Felipe se le quedó abierto el micrófono de ambiente, hecho que aclara por qué en su original ella registrara mi voz pidiendo a gritos a alguien: “¡Cierren esa puerta, huevones!”. Los asaltantes de La Moneda, por su parte, le pusieron o añadieron su música de fondo: balazos, disparos de artillería y hasta ruidos de aviones. No eran momentos protocolares. Tras su última frase y, sin colgar, Allende me añadió un escueto: “No hay más, compañero, eso es todo”. Y como siempre ocurre en ciertas circunstancias solemnes o dramáticas, no faltó el añadido de una nota ridícula. Soy su autor. A modo de despedida le dije: “Cuídese, compañero”.

Tras haber presentado a Allende ante el micrófono. Leonardo se acercó a mi lado, junto a la Plancha. Ambos habíamos escuchado aquellas últimas palabras. Le comenté escuetamente: “Este es su testamento político. Flaco, estamos sonados…”. Con un locutor y otro periodista proseguimos la transmisión de la Magallanes. Estuvimos de acuerdo en difundir por segunda vez el discurso de Allende. Alrededor de las 10.20 de esa mañana, imprevistamente, nos sacaron del aire. Tratamos de establecer comunicación telefónica con la planta. Nadie respondió. Dedujimos que ya estaba en poder de los golpistas y nuestros compañeros muertos o detenidos.

En una breve reunión decidimos que lo único cuerdo en ese momento era desalojar los estudios. Amado Felipe, quien era el secretario político de nuestra célula del PC, y yo, decidimos quedarnos para revisar si en los estudios había papeles con nombres o menciones partidarias. Todo indicaba que un estilo de fascismo mapochino actuaba ahora desembozadamente.

Tras una despedida que no dejó de ser emocional, porque no era seguro que volviéramos a vernos vivos, varios compañeros reiteraron su fervor irrenunciable hacia la causa que encabezara el Presidente Allende. Cada uno partió a su hogar, porque ya se había hecho público que a las 14 horas comenzaba el toque de queda. Los dos compañeros de “seguridad” que nos había asignado el Comité Regional Capital del PC, prefirieron quedarse con nosotros.

Los dos días siguientes fueron agobiadoramente largos y tensos. Nos dividimos la tarea de la vigilancia de la radio, ahora convertida en ratonera, pues contaba con un solo acceso por la escalera y los ascensores. Nos esforzábamos por no ser sorprendidos si ocurría el allanamiento. Dormíamos por turnos. Volvimos a hacer una acuciosa revisión de todos los estudios. Lo más provechoso que hicimos con Amado Felipe fue dedicar muchas horas a reproducir las últimas palabras de Allende en unos pequeños carretes de cinta magnética. Así llegó el mediodía del jueves 13. Levantado el toque de queda, cerramos los estudios con llave. Nos despedimos antes de abandonar el pasaje Imperio. A Amado Felipe nunca más lo volví a ver.

Salvador Allende.

Tres meses más tarde yo me asilaba en dependencias de la embajada de la entonces República Federal de Alemania, en un piso alto frente al Municipal, mediante los oficios solidarios del Agregado de Prensa Raban von Metzinger. Tuve que hacerlo porque a los generales de la Junta no les agradó que Allende los hubiese tratado en su discurso como lo que eran: traidores. Se ordenó mi detención; la evadí al costo de permanecer con mi mujer y mi hija chica, tres meses en una oficina de esa embajada y diez años en el exilio.

Aquel jueves me encontré con Ligeia, mi mujer, en Huérfanos frente al cine Central. Toda la gran manzana estaba atestada de militares armados. A ella le habían asegurado que ya era viuda, pues “a todos los de la Magallanes los mataron”. Pero algún militar que se distrajo de las interferencias telefónicas a la radio posibilitó que nos pudiéramos contactar por esa vía el día anterior. Y aunque no sabía qué podría ocurrir después, me avisó que pasaría a buscarme apenas levantaran el toque de queda. Junto con abrazarnos, emocionados hasta la pepa del alma, ella me preguntó: “¿Traes algo comprometedor?”. Cándida y honestamente respondí que no. Al menos así lo consideraba. Pero en el abrazo me delataron las cintas grabadas. Me miró como sólo ella sabe hacerlo.

–Bah, de veras –respondí– son copias del discurso de Allende.

También me sacó, entre nuevos abrazos, mi carnet del PC. Los metió sigilosamente en su bolsa del infaltable tejido. Y como dos viejos amorosos caminamos despacio hacia la casa de nuestra hija en el centro. Allí permanecimos un día. Y partimos hacia nuestra casa en Macul.

Así creí que terminaba esta historia. Pero siguió. Por medio de un “correo” envié diez de esas cintas grabadas a don Américo Zorrilla, quien participaba entonces en la dirección clandestina del PC, pues ya había recibido el encargo de repartir el resto entre el enjambre de corresponsales extranjeros que entonces pululaba en Santiago.

Nunca volví a ver a Amado Felipe, nuestro jefe de radiooperadores: incluido “democráticamente” en lista negra por los empresarios radiales y absolutamente cesante, se suicidó tiempo más tarde.

TESTIMONIO: "EL CONTROL BAJÓ EL VOLUMEN DE LA MÚSICA Y YO ANUNCIÉ AL PRESIDENTE"

Por Leonardo Cáceres.

El 11 de septiembre de 1973 era martes y estaba nublado. Me desperté muy temprano, cuando el teléfono me transmitió la nerviosa información de un amigo que trabajaba en Investigaciones: estaba confirmado que había un levantamiento militar en curso, y en Valparaíso, la escuadra que participaba en la Operación Unitas había vuelto al puerto. Yo nunca había estado en un golpe de Estado. No sabía ni remotamente qué hacer ni de qué preocuparme.

Miraba pensativo por una ventana de mi casa, en la calle Tomás Moro, cuando vi que se abrían las puertas de la cercana residencia presidencial y tres o cuatro autos Fiat, escoltados por varias “tanquetas” de carabineros, salían a toda velocidad y se dirigieron hacia la avenida Colón. Ya no me cupo duda, algo grave estaba pasando: en uno de esos autos iba el Presidente Allende.

En mi citroneta me fui al centro, donde trabajaba como jefe de prensa de Radio Magallanes. En camino por Apoquindo y Providencia fui escuchando radio. Pasaba de la Agricultura, que emitía la marcial voz de Gabito Hernández alternada con la lectura de los primeros bandos militares y discos de Los Cuatro Cuartos, Los Quincheros y similares; a la Corporación y la Portales. De pronto escuché la voz del Presidente. Fue su primer mensaje. Él se había comunicado con Radio Corporación, como supe después.

Las emisoras de izquierda (Portales, Corporación, Magallanes, Candelaria, Recabarren y alguna más) integraban una cadena voluntaria y militante, La Voz de la Patria, que se enganchaba cada vez que era necesario para respaldar al Gobierno Popular, como réplica a la poderosa cadena de la oposición que tenía como cabeza a la Agricultura.

Llegué a la radio, en calle Estado con Agustinas, poco después de las 8. Ya estaban todos. Guillermo Ravest, el director, Eulogio Suárez, el gerente; los periodistas, los locutores. Se vivía un clima de máxima tensión, con la adrenalina a tope. Se intercambiaban las noticias con los rumores en medio de una sensación de caos. Sonaban todos los teléfonos al mismo tiempo. El Presidente volvió a dirigir al país un breve mensaje.

Hicimos la “pauta” del día sobre la marcha, envié periodistas a las sedes de los partidos y de la Central Única de Trabajadores, a la Asistencia Pública y, en especial, despachamos un móvil con tres periodistas a la planta transmisora de la Radio. ¿Quién podría asegurarnos que los golpistas no intentaran silenciar las radios, y para ello ocuparan los estudios de la calle Estado? En ese caso, la radio podría seguir transmitiendo desde la misma planta.

Leonardo Cáceres (Créditos: Facebook)

Muy temprano, ese día, los militares habían silenciado la radio de la Universidad Técnica del Estado. Poco después la Corporación. Así, la Magallanes quedó sola en el aire.

Redactábamos noticias a toda velocidad y las pasábamos al estudio para que los locutores las leyeran entre un disco y otro del Quilapayún o el Inti Illimani. En cierto momento entré al estudio y me quedé ayudando a leer unos comunicados de los cordones industriales y de la CUT. De pronto Ravest aparece agitando los brazos y tocando el cristal que separaba al estudio de la sala de control. En esta última había un teléfono a magneto conectado en directo con la oficina del Presidente en La Moneda. Había teléfonos similares a éste en las radios Portales y Corporación. Ravest nos dijo por comunicación interna que Allende estaba en línea y que teníamos anunciarlo de inmediato, sin esperar el final del disco que tocábamos. De inmediato. El control bajó el volumen de la música y yo anuncié al Presidente.

Ninguno de nosotros sabía que ésta iba a ser la última vez que el Presidente Allende hablara al país. No lo sabíamos, pero yo creo que sí. Era clarísimo, estaba hablando con la vista fija en los chilenos del futuro, en los que iban a sobrevivir al golpe, en los que iban a oír su voz diez, veinte o treinta años después. Allende habló para la historia.

El trabajo seguía, nervioso, en los estudios. Escuchábamos la voz del Presidente y al mismo tiempo ordenábamos los textos que se iban a leer a continuación y discutíamos con los periodistas. El radioperador había dejado abiertos los micrófonos del estudio mientras se emitía la voz del Presidente y por eso, en las grabaciones de ese histórico discurso, se oyen de fondo voces y órdenes.

Terminó el discurso presidencial y siguió la transmisión especial… hasta que alguien nos avisó que la planta transmisora había sido asaltada por un comando militar, el personal que allí estaba había sido detenido, y nosotros ya no estábamos en el aire. Nadie se fue a su casa, todos nos quedamos en la radio esperando lo que iba a venir.

Un par de horas después vimos por las ventanas de la calle Estado, que daban al poniente, a los aviones Hawker Hunter que lanzaban cohetes sobre La Moneda. Segundos más tarde, las llamas de un gigantesco incendio. Se quemaba la historia, nuestra historia, se incendiaban los símbolos de estabilidad y confianza en nuestra patria, en la democracia, en el avance hacia un país mejor y más justo. La feroz hoguera duró 17 años.

Escuche el último discurso de Salvador Allende aquí:

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De Colonia Dignidad a la querella contra El Ciudadano: Saenger y Coloma, los abogados de Giacaman bajo la lupa penal


Tras el revés judicial sufrido por el gobernador del Biobío, el tribunal remitió antecedentes al Ministerio Público para investigar a sus representantes legales por eventual prevaricación, mientras Fernando Saenger aparece en archivos de prensa vinculados a causas de la ex Colonia Dignidad, Roberto Coloma fue seremi de Justicia y coordinador de la Macrozona Sur durante el gobierno de Piñera 

Leonardo Buitrago

EL CIUDADANO


El revés judicial que sufrió el gobernador del Biobío, Sergio Giacaman, no solo terminó con el sobreseimiento de la querella que impulsó contra El Ciudadano, sino que derivó en una condena en costas y, lo más grave, en la remisión de antecedentes al Ministerio Público para investigar a sus propios representantes legales, los abogados Fernando Saenger Gianoni y Roberto Coloma Del Valle.

Lo que parecía una acción penal por injurias dirigida en contra de la exdirectora de este medio Josefa Barraza, y su actual director, Javier Pineda, a raíz de una publicación en redes sociales que, según la querella atentaba contra la honra de la autoridad regional se transformó en un boomerang judicial que expuso presuntas maniobras fraudulentas y puso bajo la lupa penal el pasado y los vínculos de estos dos litigantes.

El boomerang judicial y la investigación por presunta prevaricación

 El Séptimo Juzgado de Garantía de Santiago acogió la solicitud de la defensa de Barraza y Pineda, sobreseyendo definitivamente la causa y condenó a Giacaman al pago íntegro de las costas del juicio en favor de los querellados y despachó los antecedentes al Ministerio Público para investigar la eventual comisión de delitos —como la prevaricación— por parte de los representantes legales del gobernador, los conocidos abogados penquistas Fernando Saenger Gianoni y Roberto A. Coloma Del Valle

Ambos profesionales presentaron una querella idéntica ante otro tribunal después de que la primera fuera declarada inadmisible, ocultando ese antecedente. Ante esta conducta, el juzgado despachó los oficios a la Fiscalía para que se lleve a cabo la indagatoria.

Fernando Saenger y sus vínculos con Colonia Dignidad, la dictadura y la Iglesia

 El nombre de Fernando Saenger no es nuevo en los anales de la justicia chilena, el abogado, que suele ofrecer sus servicios en causas de alto voltaje, arrastra un historial de representación jurídica directamente vinculado a la ex Colonia Dignidad.

Durante décadas, actuó como uno de los principales defensores de los intereses del enclave alemán fundado en 1961 por el líder nazi Paul Schäfer y posteriormente convertido en un centro de detención, tortura y exterminio durante la dictadura cívico militar de Pinochet.

Saenger asesoró sus miembros y participó en estrategias legales que buscaron proteger los bienes y la impunidad de sus líderes, incluido el médico Hartmut Hopp, brazo derecho de Schäfer.

De hecho defendió a Lionel Beraud, el mismo juez que en 1997 acogió un amparo y anuló una orden de detención contra el supuesto doctor y además presentó una demanda laboral por supuestos sueldos impagos a los mismos colonos, que hizo posible que los bienes quedaran en manos de sus dueños originales., consignó El Mostrador.

Su red incluye al régimen castrense de la dictadura y apoyó a la Junta durante la transición a la democracia. Tampoco dudó en ofrecerse para defender a los magistrados de la Corte Suprema nombrados por Augusto Pinochet como es el caso de Hernán Cereceda, quien se desempeño como ministro del máximo tribunal entre 1985 y 1993, año en que fue destituido en un proceso de acusación constitucional por abandono de sus deberes en una causa de derechos humanos.

Otra faceta de su influencia se vincula con los sectores más tradicionales de la Iglesia y llegó a brindar asesoría gratuita en la investigación contra el sacerdote de Negrete, Enrique Valdebenito, quien enfrentó cargos por supuestos abusos sexuales que le imputaban dos monaguillos, de 10 y 12 años y fue absuelto por la Suprema.

Esta conexión con el régimen de Pinochet y el enclave de tortura y abuso sexual no es un dato menor: la misma destreza jurídica que usó para blindar a los colonos es la que hoy la justicia investiga por presuntamente engañar a los tribunales en favor de una autoridad regional.

El cuestionado paso de Roberto Coloma por el poder y la Macrozona Sur

 Por su parte, Roberto Coloma aporta a la dupla un perfil marcadamente político. Lejos de ser un litigante anónimo, Coloma se desempeñó como seremi de Justicia y, más tarde, como coordinador de la Macrozona Sur en la regioón del Bioobío durante el segundo gobierno de Sebastián Piñera. En ese rol, fue pieza clave en la gestión de la crisis de violencia en el territorio, manejando desde el poder las aristas legales y políticas del conflicto mapuche.

Coloma llegó al cargo en noviembre de 2020 y en diciembre de 2021 presentó su renuncia luego de emitir unas polémicas declaraciones en las que responsabilizó a la “extrema izquierda” de los hechos de violencia en la región. 


Tras su salto desde las altas esferas del poder ejecutivo a la defensa privada de un gobernador del mismo sector político, su actuación en el caso contra El Ciudadano será investigada por la Fiscalía, para determinar si traspasó los límites de la ética profesional e incurrió en prevaricación.

Mientras Giacaman enfrenta el revés judicial y las costas económicas, la verdadera secuela de este episodio apunta directamente a sus abogados, ya que la justicia deberá determinar si existió un plan para burlar la competencia de los tribunales. Lo que comenzó como un intento por silenciar y penalizar a un medio de comunicación se ha convertido en una indagatoria penal que amenaza con desnudar las peores prácticas del sector judicial.

Familiares de Mauricio Hernández Norambuena exigen explicaciones a Gendarmería por su traslado al REPAS de Santiago

 

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Los hermanos de Mauricio Hernández Norambuena, Patricio e Iván, acompañados de integrantes de organizaciones de derechos humanos, sociales y políticas de la V Región, acudieron el jueves 11 de junio hasta la sede regional de Gendarmería en Valparaíso, ubicada en calle Blanco, para hacer entrega de una carta dirigida al Director Nacional de Gendarmería con el objeto de “solicitar el motivo del traslado realizado el día 3 de junio de 2026 desde el Complejo Penitenciario de Rancagua al Recinto Especial Penitenciario de Alta Seguridad (REPAS)»

Ello, «en consideración de que esta decisión contradice las conclusiones emitidas durante 2025 por organismos especializados, incluyendo informes del Instituto Nacional de Derechos Humanos, del Comité para la Prevención de la Tortura y de la propia Gendarmería, los cuales señalaron expresamente que Mauricio Hernández Norambuena no reúne las características (perfil) para permanecer en el REPAS, pues no ha sido castigado ni pertenece al crimen organizado, y que dicho régimen puede agravar su salud física y mental”.

La carta agrega que “Mauricio tiene 68 años y desde hace 5 cumplía su condena en Rancagua manteniendo una conducta calificada como muy buena, participando en actividades deportivas, culturales y de reinserción, desarrollando trabajo intelectual, manteniendo vínculos familiares y recibiendo tratamientos médicos y psicológicos indispensables para su salud.  Este traslado implica un evidente endurecimiento de sus condiciones de reclusión. Hoy Mauricio se encuentra sometido a un régimen que restringe severamente sus derechos, limita sus actividades, interrumpe tratamientos de salud que venía desarrollando regularmente y lo expone a condiciones incompatibles con su edad y estado de salud”.

Más adelante, se puede leer que como familia “no estamos solicitando privilegios. Exigimos únicamente que se respeten los derechos fundamentales de una persona privada de libertad, que se garantice su integridad física y psicológica y que se evite la repetición de prácticas que ya han sido objetos de cuestionamiento por organismos nacionales e internacionales de derechos humanos. Hacemos responsable a Gendarmería de Chile de resguardar la vida, la salud y la integridad de Mauricio Hernández Norambuena mientras permanezca bajo su custodia”. En la parte final de la carta expresan que “por su dignidad, por sus derechos y por el respeto que merece toda persona privada de libertad, requerimos su retorno al Complejo Penitenciario de Rancagua y el restablecimiento de las condiciones que mantenía antes de este injustificado traslado”.




 

Luego que la carta fuera recibida por Gendarmería, Patricio Hernández Norambuena hizo uso de la palabra, manifestando:

“Hemos venido a la Dirección Regional de Gendarmería como familia de Mauricio Hernández Norambuena a entregar una carta dirigida a la Dirección Nacional para que nos indique las razones y los motivos del traslado de nuestro hermano, considerando que, en la fecha de octubre del año pasado, la misma Gendarmería, en una revisión que hicieron de la condición de mi hermano, indicaron que él no tenía el perfil para estar en esa cárcel en Santiago. Por ese motivo él estaba en Rancagua en condiciones diferentes. Hoy día lo vuelven a trasladar a la cárcel de Santiago, a la REPAS, en condiciones de alto aislamiento. Esto claramente para nosotros es una revancha, están tomando medidas extremas contra nuestro hermano, no considerando ninguna razón técnica.

Ese es el motivo de esta acción que hoy hemos realizado. Esto es una revancha en respuesta a las acciones que se están haciendo con respecto a la condición y situación de nuestro hermano en la cárcel. Él ahora está con hartos problemas, porque no habían traído sus medicamentos, él salió trasladado con lo que tenía puesto. Estas gestiones que estamos realizando es no entendiendo el motivo, cuál es la razón de todo este cambio. Consideramos esto una revancha cuando vemos a otros presos que los tratan diferente, vuelven a tener una cárcel especial, la de Punta Peuco, porque quieren tratar bien a algunos presos, y por otro lado la situación de nuestro hermano vuelve a la condición extrema de aislamiento que tiene la Cárcel de Alta Seguridad de Santiago. Estamos contentos que ustedes nos estén acompañando en esto, creemos que esto es lo que nos queda hoy día, manifestarnos y hacer saber esta molestia y esta situación de injusticia que nos mueve y agradecerles y que sigamos en esta lucha por lograr mejorar sus condiciones y finalmente su libertad.”

 

 Guillermo Correa Camiroaga, Valparaíso 11 junio 2026

Cadem: amplio respaldo ciudadano al levantamiento del secreto bancario pone en cuestión el bloqueo del Senado

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Una nueva encuesta Plaza blica de Cadem reveló que el 83% de los consultados está de acuerdo con permitir el levantamiento del secreto bancario sin autorización judicial previa en casos vinculados al lavado de dinero, el narcotráfico y el crimen organizado. El resultado contrasta con el reciente rechazo de la medida en el Senado, donde la norma fue bloqueada por un empate de 24 votos contra 24

La medición, dada a conocer este jueves, muestra un consenso poco habitual en la opinión pública chilena. Según el sondeo, casi ocho de cada diez personas consideran que el Estado debe contar con herramientas más ágiles para seguir la ruta del dinero de las organizaciones criminales. Un 74% sostiene que, para combatir el narcotráfico y el crimen organizado, las autoridades deben poder acceder más rápidamente a información bancaria sospechosa.

El respaldo ciudadano aparece acompañado de una fuerte demanda por controles y fiscalización. El 94% estima que deben existir sanciones penales para los funcionarios que hagan mal uso de la información obtenida y un 56% cree que el Congreso debe supervisar el uso de esta facultad.

El miedo al crimen organizado

La encuesta revela también la profundidad de la preocupación ciudadana frente al avance del crimen organizado. El 97% considera que el problema es actualmente muy grave en Chile, mientras que el 95% cree que ha aumentado durante los últimos cinco años. Además, un 61% piensa que seguirá creciendo en el futuro.

La percepción de infiltración de las organizaciones criminales alcanza niveles igualmente elevados. Un 81% cree que estos grupos han penetrado en el país en general, mientras que un 71% considera que tienen presencia en Gendarmería y en los puertos y aduanas. Un 66% estima que también han llegado a bancos e instituciones financieras.

No resulta extraño, entonces, que el debate sobre el secreto bancario haya adquirido tanta relevancia pública tras la denominada “Operación Tokio”, investigación que permitió descubrir una red de lavado de activos vinculada al Tren de Aragua y que involucró a ejecutivos bancarios. El caso reactivó la discusión sobre las herramientas con que cuenta el Estado para perseguir el dinero proveniente de actividades ilícitas.

Un Senado desconectado de la opinión pública

Los resultados de Cadem adquieren especial relevancia porque fueron difundidos apenas dos días después de que el Senado rechazara la norma que permitía a la Unidad de Análisis Financiero (UAF) solicitar directamente información protegida por secreto bancario en casos específicos y excepcionales, sin necesidad de autorización judicial previa. La propuesta obtuvo 24 votos a favor y 24 en contra, lo que obligó a enviar la materia a una comisión mixta.

El rechazo fue impulsado principalmente por parlamentarios de derecha y sectores conservadores, quienes argumentaron la necesidad de resguardar el derecho a la privacidad y mantener el control judicial sobre el acceso a datos financieros.

Sin embargo, la encuesta sugiere que la ciudadanía parece estar dispuesta a aceptar restricciones parciales a esa privacidad cuando se trata de combatir organizaciones criminales que operan mediante complejas redes de lavado de activos.

La paradoja es evidente: mientras el Congreso aparece dividido en partes iguales, la opinión pública muestra una mayoría contundente a favor de flexibilizar el acceso a la información bancaria bajo condiciones reguladas.

Crisis de confianza institucional

La encuesta también deja ver un fenómeno más profundo. Cuando se pregunta por las causas del avance del crimen organizado, un 57% apunta a la debilidad del sistema judicial, un 38% a la corrupción de las instituciones y un 36% a la inmigración irregular.

Al mismo tiempo, las instituciones que generan mayor confianza para enfrentar este fenómeno son la Policía de Investigaciones (79%), Carabineros (67%) y las Fuerzas Armadas (62%). En cambio, el Gobierno obtiene apenas un 46% de confianza y la Fiscalía un 42%.

Los datos muestran que el apoyo al levantamiento del secreto bancario no necesariamente expresa una adhesión al poder del Estado, sino más bien una demanda ciudadana por respuestas eficaces frente a una amenaza que la mayoría percibe como creciente y cada vez más presente en la vida cotidiana.

Un debate que continuará

Tras el empate en el Senado, el proyecto continuará su tramitación en una comisión mixta. El gobierno de José Antonio Kast ya anunció que insistirá en mantener la exigencia de autorización judicial, aunque propondrá mecanismos para acelerar los plazos de entrega de información bancaria cuando existan investigaciones por crimen organizado.

Mientras tanto, la encuesta Cadem instala una presión política adicional sobre el debate. Los parlamentarios deberán discutir una materia en la que la ciudadanía parece haber tomado posición con claridad: para una amplia mayoría de los chilenos, la persecución del dinero del narcotráfico y de las organizaciones criminales justifica ampliar las facultades investigativas del Estado, siempre que existan controles efectivos y sanciones frente a eventuales abusos.

jueves, 11 de junio de 2026

Anuncio de Abuelas de Plaza de Mayo

 

Un nieto recuperado pudo establecer la identidad de su padre

Marcos Eduardo Ramos es el nieto Nº 128 y recuperó su identidad en 2018, reencontrándose con sus medio hermanos. Ahora, gracias al Banco Nacional de Datos Genéticos, pudo saberse quién fue su padre, desaparecido al igual que su madre.

Marcos Ramos, el nieto Nº 128, y su papá. Imagen Web

Abuelas de Plaza de Mayo informó que, después de ocho años de investigación y gracias a los avances científicos del Banco Nacional de Datos Genéticos (BNDG), se pudo establecer el nombre del padre del nieto Nº 128, Marcos Eduardo Ramos, cuya identidad fue restituida el 2 de agosto de 2018.

El organismo de derechos humanos precisó que “la noticia la confirmó la Oficina de Derechos Humanos de Tucumán de la Procuraduría de Crímenes contra la Humanidad (PCCH), coordinada por el fiscal Pablo Camuña, quien notificó a Marcos que es hijo de Pastor Dante Campos y facilitó el encuentro con su tía Ilda del Valle Campos”.

El nieto Nº 128 nació el 9 de junio de 1976 en San Miguel de Tucumán. Su madre, Rosario del Carmen Ramos, estaba casada con Ismael Suleiman, con quien tuvo dos hijos: Elías Ismael y Camilo. Ya separada, a principios de 1976, fue secuestrada embarazada, en la localidad de San José. Permaneció cautiva cerca de un mes hasta que fue liberada y, poco después, dio a luz a Marcos.

Camino a la identidad

Entre noviembre y diciembre de 1976, Rosario del Carmen fue secuestrada nuevamente y ese es el último registro que se tiene de ella. Ese mismo año, Marcos, de pocos meses de vida, fue secuestrado junto a su medio hermano Ismael Suleiman, de 8 años. Ambos fueron llevados de la vivienda donde permanecían al cuidado de una familia allegada. Los niños fueron trasladados por la fuerza a una casa de Tafí Viejo en la que había otros niños. Esa fue la última vez que Ismael vio a su hermano menor.

El reencuentro de Marcos con sus dos hermanos maternos fue posible en 2018, tras décadas de lucha. Su caso había tomado impulso en 2013 a través de una denuncia en el Fondo Permanente de Recompensas del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Nación, con información que señalaba a un joven como hijo de desaparecidos, apropiado por una persona imputada por delitos de lesa humanidad en Tucumán.

Esos datos fueron entregados a la Unidad Especializada para Casos de Apropiación de Niños durante el Terrorismo de Estado del Ministerio Público Fiscal, que inició una investigación, remitió el expediente a la Fiscalía Federal N° 1 y a la Procuraduría de Crímenes Contra la Humanidad de Tucumán, que a su vez dieron intervención al Juzgado Federal Nro. 1. Así se pudo encontrar a Marcos, quien accedió a realizarse un ADN en el Banco Nacional de Datos Genéticos, que arrojó como resultado su inclusión con la familia Ramos.

No obstante, debido a la clandestinidad en la que vivían los militantes de la época y la represión ilegal, si bien había indicios de quién podría haber sido su padre, no podía confirmarse, dado que faltaban perfiles e información sobre caídas, secuestros, posibles fugas y encuentros, para determinar la paternidad.

La familia Campos

Marcos pudo iniciar su restitución acompañado por Abuelas y un equipo de trabajo interdisciplinario que fue construido desde la fiscalía tucumana. Una de las hipótesis indicaba que Pastor Dante Campos, un militante del PRT-ERP, habría sido pareja de Rosario del Carmen Ramos –también militante del PRT-ERP–, antes de ser desaparecido por el terrorismo de Estado.

Así, se contactó a la hermana menor de Campos, Ilda, quien en 2000 ya había dejado su muestra en el BNDG a instancias de su medio hermano Jesús (ya fallecido), quien había motorizado la búsqueda de Pastor.

Debido a que no se contaba con suficientes familiares de la rama paterna, el BNDG no pudo demostrar la inclusión de Marcos a esa familia, mediante las técnicas hasta entonces utilizadas.

Gracias a las nuevas tecnologías incorporadas en el BNDG desde 2023, se lograron analizar 2900 nuevos marcadores genéticos y, finalmente, confirmar el vínculo de Marcos con la familia Campos, sólo a partir del ADN de Ilda, sin necesidad de contar con más familiares para el estudio. Así lo confirmó el organismo a la Fiscalía tucumana, que este martes lo dio a conocer a través del portal fiscales.gob.ar

La noticia se dio a conocer el día del cumpleaños de Marcos y 11 días antes del inicio del juicio por la sustracción, retención, ocultamiento y sustitución de identidad sufridas por él y por su hermano Elías Ismael Suleiman. Esta restitución del derecho a la identidad con la rama paterna arroja nuevos datos sobre el circuito de apropiación en el que fue inscripto Marcos.

Al momento de su nacimiento, su padre ya se encontraba en la clandestinidad y se presume que no llegó a conocerlo. Posteriormente, fue secuestrado y permanece desaparecido. Lo mismo ocurrió con su madre, Rosario del Carmen Ramos, desaparecida desde noviembre de 1976.

La lucha por justicia

La causa fue elevada a juicio en abril de 2025. Debido al fallecimiento de otros imputados durante la tramitación del expediente, el único acusado que llegará al debate oral es Carlos Alberto Vega, capitán del Destacamento de Inteligencia 142 del Ejército Argentino en Tucumán y jefe de Actividades Especiales de Inteligencia durante 1976 en la provincia.

“La confirmación de la inclusión fue comunicada a Marcos y a su familia paterna la semana pasada y el nieto pudo encontrarse con su tía Ilda y sus primas, que lo recibieron con mucho cariño y emocionadas”, afirmaron desde Abuelas.

“Hoy podemos decir que Marcos pudo restituir completamente su derecho a la identidad: sabe que es hijo de Rosario del Carmen Ramos y de Pastor Dante Campos. Suma una tía a los dos hermanos maternos y seguirá reconstruyendo esta historia desde la verdad y el amor que durante tantos años le negaron”, cierra el comunicado.

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