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martes, 14 de julio de 2026

La urgente movilización social

 

COLUMNISTAS


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La oposición chilena ha quedado atónita con el voluntarismo del gobierno de Kast y, en especial, de su ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, en su empeño por lograr una profunda reforma al sistema tributario. El Ejecutivo está confiando en aprobar su proyecto con solo los 26 votos de la derecha que controla en el Senado de la República. Apenas dos o tres sufragios más de los que suman los opositores.

La intransigencia oficial y sus oídos sordos a las posiciones opositoras se fundamentan en que esta iniciativa obedece a la promesa del actual gobierno de rebajarle considerablemente los impuestos a las empresas más ricas del país. Esto es del 27 por ciento que hoy tributan solo al 23; lo que, sin mucha certeza, podría atraer millones de dólares en inversiones y con ello, generar muchas plazas de trabajo, al tiempo de mejorar las alicaídas cifras de nuestra economía.

A nadie debiera causarle sorpresa que fue ese puñado de multimillonarios nacionales y extranjeros los que financiaron la onerosa campaña presidencial de José Antonio Kast como de los candidatos a parlamentarios de toda la derecha. Se trata, entonces, de un pacto de sangre de La Moneda con el gran empresariado, por lo cual el oficialismo está dispuesto a imponer esta importante reforma, aunque sea por un solo voto más, como han advertido algunas de sus destacadas figuras parlamentarias. Sobre todo, si ella incluye la cláusula de la invariabilidad tributaria que le daría a los potenciales inversionistas la seguridad de que hasta por 15 o 20 años ningún otro gobierno o parlamento les cambie las reglas del juego. Algo completamente iluso, por supuesto, salvo que la derecha que hoy gobierna se mantuviera por ese mismo tiempo en el gobierno. Más ingenuo, aún, si se considera la práctica cupular de la “alternancia en el poder “ que tanto caracteriza a nuestra peculiar democracia.

En las cifras, el Estado dejaría de recaudar ingentes recursos, por lo que quienes hoy nos gobiernan están procurando restringir el gasto fiscal y suprimir muchos de aquellos aportes fiscales destinados a los más pobres e indigentes, a la cultura y a los municipios, ávidos siempre de contar con los recursos demandados por sus hospitales y establecimientos educacionales, como financiar sus gastos vinculados a la protección del medio ambiente. Temas que no sensibilizan mayormente a las derechas.

Por lo demás, los que hoy nos gobiernan piensan que la oposición no constituye más que una montonera de referentes de centro y de izquierda incapaces de ponerse de acuerdo tan siquiera para oponerse a un mega proyecto monstruoso que nos pondría nuevamente a la cabeza de los países más ultra neoliberales del Planeta y dispuesto a entregar a dominio extranjero lo que queda de nuestros recursos naturales, empresas públicas, yacimientos y concesiones marítimas. Incluso la posibilidad de privatizar Codelco, la principal minera estatal que, para beneficio de este cometido, ha demostrado una pésima administración, se ha convertido en la alcancía de los gobiernos en el poder y ha sido ampliamente sobrepasada por la gestión de las grandes mineras privadas.

A pocos días u horas de la votación en el Parlamento de esta iniciativa, el Gobierno está demostrando que, además de sus votos, podría sumar a los parlamentarios descolgados del llamado socialismo democrático. Concretamente con el PPD, el ministro Quiroz y la Presidenta del Senado se ufanaron el fin de semana con un acuerdo con legisladores de esta colectividad, con lo cual sumarían más voluntades, dándole visos de mayor legitimidad a su ley miscelánea. Habrá que investigar cuánto le habrá costado al Ejecutivo lograr de estos parlamentarios del PPD cambien su posición. Sin embargo, una trampa del ministro Quiroz en la redacción posterior del texto, deja hasta ahora en duda si los senadores PPD van a mantener finalmente su pacto con el Ejecutivo.

Asimismo, fue público y bullado el encontronazo público entre algunos senadores socialistas y la presidenta del Partido, Paulina Vodanovic, al denunciar los primeros una secreta negociación de ésta y otros parlamentarios con algunos legisladores oficialistas, destinado a conseguir algunas reformas en el Proyecto que faciliten su aprobación más amplia en el Poder Legislativo.

El tono verbal de esta controversia fue extremo y lleva a pensar que más temprano que tarde se produzca un quiebre en el Partido de Allende y la dificultad de consolidar acuerdos o pacto con comunistas y frenteamplistas, hasta aquí férreamente dispuestos a oponerse al proyecto gubernamental e, incluso, a recurrir al Tribunal Constitucional para demostrar la inconstitucionalidad del mismo.

Todo lo anterior sucede, por cierto, a nivel cupular, al grado que hasta las militancias partidarias han quedado aisladas de los debates y los vergonzosos dimes y diretes que provoca la voluntariosa decisión del Gobierno de aprobar una ley de alta connotación y consecuencias económicas, sociales y políticas.

Ciertamente, ya no se le puede confiar a las cúpulas la organización de una amplia movilización social que detenga el desarrollo de la ideología ultraderechista e impida sus despropósitos en el poder. Ya sería hora que la clase política dejara de atesorar cargos y prebendas para su propio usufructo y se proponga la consolidación de un proyecto histórico nacional y popular, como aquellos de Frei Montalva y de la Unidad Popular. Una propuesta de cambios que sea capaz de conmover al pueblo para efectivamente consolidar democracia y abrirle las puertas del poder. Evitando que nuestros millones de jóvenes, pobres y chilenos de diversa condición abandonen la idea de que en los proyectos derechistas y ultra capitalistas puede haber alguna esperanza de justicia social y progreso.

 

 

Juan Pablo Cárdenas S.

Presidente PPD acusa a ministro Quiroz tras fallido acuerdo: Le pide a Kast que le exija la renuncia "porque es un ministro que está generando problemas”

El diputado y presidente del PPD, Raúl Soto, apuntó contra el ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, tras el fallido acuerdo de los senadores de la colectividad con el Gobierno en materia de invariabilidad tributaria en el contexto de la megarreforma.

El parlamentario sostuvo que votarán en contra de la invariabilidad tributaria, pese a que se mantuvo la propuesta de reducción del 23% a los impuestos corporativos, porque “acá se rompieron las confianzas, y cuando se rompen las confianzas, yo creo que se llega a un punto de muy difícil retorno”.

Soto precisó que “lo mínimo es que el Gobierno reconozca su error, que pidan disculpas públicas por el doble agravio que ha sufrido el PPD, y que se evalúe efectivamente si el ministro Quiroz es hoy día un interlocutor válido, no solo para la oposición, sino que para representar al Gobierno en decisiones tan importantes”, señaló en CNN Chile.

Al ser consultado sobre si está pidiendo la renuncia del jefe de Hacienda, señaló que “si el ministro del Interior (Claudio Alvarado) tuvo que salir a salvar los muebles de un incumplimiento del ministro de Hacienda del mismo gobierno, es porque hay un error político grave al interior de La Moneda, y eso es un hecho de la causa”.

“Por lo tanto, el presidente José Antonio Kast tiene que evaluar si corresponde o no llamar al orden a su ministro, si corresponde o no pedirle la renuncia. Pero lo que hoy día está claro es que es un ministro que está generando problemas“, enfatizó.

Añadió que Quiroz es “el ministro peor evaluado, el que genera más desconfianza, menos credibilidad, y es el más extremo, el más dogmático, el más inflexible, y por lo tanto tenerlo como cara visible de un tema tan relevante ha perjudicado las opciones del propio gobierno y lo va a seguir haciendo hacia el futuro”.

Finalmente, el diputado sostuvo que al partido le “gustaría que ministros más dialogantes empiecen a asumir roles más protagónicos, como el propio ministro Alvarado o el propio ministro García Ruminot. De lo contrario, evidentemente, esto va a permear al Gobierno en su conjunto”.

La Cancillería de Kast: Amistades peligrosas

La Cancillería de Kast: Amistades peligrosasOPINIÓNArchivo

Paz Zárate
Por : Paz ZárateAbogada experta en derecho internacional (@paz_zarateb).
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La administración anterior se vio forzada a hacer un gran giro en su política exterior al completar su primer año. Ojalá a Kast no le tome todo un año -o más- llegar a igual conclusión: la ideología y la falta de expertise son la peor combinación para la diplomacia.


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Cuatro meses desde la instalación de una nueva administración es un tiempo prudente para hacer una evaluación de política exterior, un área que en Chile destaca por la estabilidad de sus vigas matrices.

En los últimos 40 años, nuestra apertura, pragmatismo y predilección por construir acuerdos -tenemos la red más amplia del mundo en materia comercial- han cimentado la buena reputación global de nuestro país y aportado a nuestro desarrollo.

El punto de partida es el hecho de que la candidatura presidencial de José Antonio Kast 2025, a diferencia de anteriores campañas, decidió no presentar programa de política exterior. Pese a ello, el modelo de liderazgo internacional de Kast era nítido y su triunfo así lo confirmó.

Aunque los presidentes electos suelen concentrarse en preparar equipos y afinar planes, Kast favoreció una agenda internacional inusualmente activa, incluyendo asistencia a la cumbre europea de ultraderecha en Bruselas y a la de cooperación militar de Trump en Florida, además de visitas a figuras como Milei, Bukele y Orbán. Antes del traspaso del mando, estos eventos no eran estrictamente necesarios, pero primó el deseo de expresar afinidad ideológica.

Un examen de las acciones más llamativas de política exterior de Kast refleja su ideologización. Veamos:

  1. Desaire al Presidente Lula, que derivó en ausencia de éste de la ceremonia de traspaso de mando. La relación de Estado Chile-Brasil pesó menos que la personal de Kast con los hijos de Bolsonaro, declarado por la justicia brasileña como culpable de intentar derrocar y asesinar a Lula.
  2. Apoyo inmediato del Presidente electo a la guerra de EE.UU. e Israel en Irán, incluso antes de que el gobierno en ejercicio (Boric) pudiera pronunciarse, y sin consideración de los efectos económicos del conflicto para el país y la región, incluso en el largo plazo y en escenario de cese al fuego (hoy en duda).
  3. Acercamiento a Netanyahu, gobernante bajo orden de arresto internacional por presuntos crímenes de guerra y de lesa humanidad en Gaza; y justo en el peor momento del ataque al Líbano, que dio como resultado miles de muertos y más de un millón de desplazados.
  4. Difusión de video del Presidente Kast en La Moneda, dirigido a partidarios de Víktor Orbán -gobernante húngaro sancionado por la UE por corrupción y violación del Estado de Derecho- en el cual Kast exhorta a la reelección de este, violando la regla básica internacional de no intervención en asuntos internos de otros Estados. Al mes siguiente Orbán perdió estrepitosamente. Hasta hoy el gobierno chileno no ha reconocido al nuevo primer ministro de Hungría (Péter Magyar).
  5. Con Argentina, la suscripción de la declaración sobre la relación bilateral que excluyó las dos disputas fronterizas aún pendientes de solución (Campo de Hielo Sur y Plataforma Continental extendida). Además, reiteró el apoyo a la pretensión argentina sobre Malvinas/Falklands, sin previo examen de la conveniencia de tal postura (Reino Unido es nuestro más antiguo aliado en materia de defensa). Al mismo tiempo, la administración Kast busca una alianza energética con Argentina, sin considerar que ese país históricamente ha violado acuerdos sobre energía respecto de Chile y otras naciones (es el país con más disputas ante el Banco Mundial por incumplimiento de acuerdos sobre inversión extranjera). El gobierno aparece desprevenido en materia territorial y energética, no obstante su declarado patriotismo.
  6. Tres meses de tardanza para anunciar la simple continuación de la campaña iniciada por el gobierno anterior para que Chile sea sede de la Secretaría del Tratado sobre el Alta Mar (“BBNJ”). El desarrollo del derecho del Mar está entre las más antiguas políticas de Estado del país, pero la autoridad no se convencía del evidente beneficio geopolítico que significaría obtener dicha secretaría por sobre los otros candidatos (China y Bélgica).
  7. Promoción de Choose Chile, un mero slogan publicitario, como “programa del Gobierno” para búsqueda de inversión extranjera directa y migración calificada — aunque detrás de dicha etiqueta no hay contenido, estrategia, respaldos técnicos o políticos, ni coordinación de entidades públicas. Por un lado, el rol de búsqueda de inversión extranjera no corresponde a Cancillería sino a InvestChile, agencia reconocida internacionalmente por su calidad y coordinada estrechamente con Hacienda y Economía. Por otro, tampoco se explica cómo se condice la búsqueda de migrantes calificados con la promesa de Kast de expulsar cientos de miles de migrantes, y el papel del Servicio Nacional de Migraciones.
  8. Total alineamiento con Trump, enfrascado en una guerra económica con China (el mayor socio comercial de Chile), y además fuente reiterada de amenazas contra Canadá (el mayor inversionista en Chile), la UE (probablemente la alianza estratégica más importante de Chile), y Panamá (Chile es uno de los mayores usuarios del canal). En este panorama, el gobierno de Kast se atribuye haber “recompuesto” una relación de Estado a Estado donde no ha habido ruptura (como demuestra la mantención del beneficio de visa waiver, que requiere intensa y efectiva cooperación bilateral, un caso único en la región); y afirma además que EE.UU. es nuestro “principal aliado estratégico”, saltándose la historia de la política exterior chilena y rompiendo el equilibrio que la caracteriza. Se ha profundizado además el tono partisano -e incluso frívolo- de la comunicación institucional, lejano al estilo sobrio que antes cultivaba el Ministerio y que mantienen símiles de alto nivel.
  9. Y, finalmente, el retiro de Chile al apoyo a la candidatura de Bachelet a la Secretaría General de la ONU, basado en una supuesta “dispersión de votos” entre “muchas candidaturas”, que en realidad son muy pocas (menos de la mitad de las que hubo en el proceso anterior), y testimoniales en su mayoría. La debilidad de los argumentos esgrimidos para el retiro fue patente de inmediato, y desde entonces la candidatura de Bachelet -sostenida por Brasil y México- ha continuado un curso favorable, mientras otras opciones se debilitan. Su posible triunfo sería la mayor demostración de la debilidad de una Cancillería incapaz de hacer apreciaciones realistas del escenario internacional y del interés nacional (favorecido por la figuración que brindaría el máximo cargo de la ONU).

Es cierto que en estos meses ha habido algunos puntos positivos (la cumbre regional sobre seguridad, el acercamiento a Bolivia, la ayuda humanitaria a Venezuela, entre ellos), pero la ideologización, que aleja al país de las vigas matrices de sus relaciones exteriores, pesa muchísimo más.

Adicionalmente, los febles juicios sobre el escenario geopolítico vecinal, continental y global que se desprenden de pronunciamientos apresurados del gobierno, dañan la imagen del país; y todo eso, sin contar con la bomba de tiempo que son los neófitos designados en embajadas (tema para otra columna).

La administración anterior también se vio forzada a hacer un gran giro en su política exterior al completar su primer año. Ojalá a Kast no le tome todo un año -o más- llegar a igual conclusión: la ideología y la falta de expertise son la peor combinación para la diplomacia.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

lunes, 13 de julio de 2026

OPINIÓN


 

Una izquierda que no tenga miedo ser de izquierda 

Por Verónica Aravena Vega

Lo que te queda, cuando renuncias a tocar quién tiene la plata, es el reconocimiento: nombrar a los que el país nunca nombró, celebrar identidades que antes se escondían. Y reconocer importa, costó sangre arrancarlo. La trampa aparece cuando llega solo, sin un peso detrás, de premio de consuelo por lo que no se reparte. 


Hay una versión cómoda de esta historia, y es la primera que hay que tirar a la basura. Dice que la izquierda se olvidó de los pobres y del reparto porque se entretuvo discutiendo pronombres, que cambió la lucha de clases por el lenguaje inclusivo y se puso fina. Es falsa, o es la mitad de la verdad, la mitad que no obliga a mirar lo importante.

La izquierda no dejó de hablar de reparto por frívola. Le pasó algo peor: dejó de creer que el mundo se podía cambiar y se puso a administrarlo. Cambió la promesa de emancipación por la promesa de que la plata te alcance hasta fin de mes, que no es ni su sombra.

El golpe global tiene fecha. Cuando cayó el muro en el 89 y el modelo se quedó sin enemigo, repartir empezó a sonar a cosa de viejos, a utopía con olor a humedad. «No había alternativa», repetía Thatcher, y media socialdemocracia europea le creyó y firmó. Piketty lo midió con números: más de trescientas elecciones en veintiún países entre 1948 y 2020, y siempre lo mismo. En los cincuenta votaba a la izquierda el que tenía menos estudios y menos plata. Hoy la vota el que tiene posgrado. Dejó de ser el partido de la mayoría que vive de su trabajo para volverse el de una minoría con título.

En Chile la cosa fue más descarada. Los socialistas volvieron del exilio europeo con la valija llena de «democracia de mercado» y a Marx lo dejaron en alguna pieza de Berlín. Gobernaron, como dijo Aylwin, «en la medida de lo posible», y lo posible resultó ser bien poco: se quedaron veinte años con la constitución del 80 y con las AFP que Pinochet armó en el 81. Cuatro gobiernos de Concertación y la vejez siguió administrada por privados, igualita a como la dejó la dictadura. Bajaron la pobreza, sí. Pero la desigualdad la firmó Pinochet y la mantuvo intacta el que llegó después diciéndose de izquierda: el 1% más rico se queda con un cuarto de toda la riqueza mientras la mitad de abajo junta el dos por ciento.

Y están los que prometieron enterrar todo eso. El Frente Amplio llegó a La Moneda jurando cambiarlo todo, y el discurso se le diluyó antes de los seis meses. Mandó una reforma tributaria para tocar a los más ricos, la Cámara se la rechazó en el 2023, y en vez de salir a pelear esa derrota y mover el tablero, bajó los brazos y se puso a administrar lo que había. Hasta su reforma de pensiones, la única grande, terminó transada con la derecha y dejó las AFP de pie. Y el costo más caro no se mide en encuestas: la gente dejó de creer que la izquierda pueda cambiar algo.

Lo que te queda, cuando renuncias a tocar quién tiene la plata, es el reconocimiento: nombrar a los que el país nunca nombró, celebrar identidades que antes se escondían. Y reconocer importa, costó sangre arrancarlo. La trampa aparece cuando llega solo, sin un peso detrás, de premio de consuelo por lo que no se reparte. Nancy Fraser la nombró hace treinta años, y al lado nombró otra: se puede repartir parchando el resultado sin tocar la máquina que lo fabrica, un bono, un punto más de PGU para estirar la pensión. Repartir en serio es cambiar la máquina, quién decide qué se produce y para quién. La izquierda se quedó con lo más barato de las dos, una identidad celebrada sin tocarle un peso al dueño de todo. Darle a la señora para que sobreviva no es lo mismo que cambiar el sistema que la dejó pobre, y en el camino se perdió esa diferencia, donde vivía la transformación.

Buena parte de los que conducen esta izquierda fueron al mismo colegio que los dueños de Chile y viven en sus mismas comunas. Dejaron de preguntar quién es el dueño porque dejaron de sentarse en mesas donde esa pregunta incomoda. Es más hondo que la conveniencia: ya no pueden ni imaginar otra cosa. Cuesta soñar con el fin de un sistema en el que a uno le va bien, eso es el realismo capitalista. El partido del diploma no le muerde la mano a su propia clase.

La rabia del que no llega a fin de mes se quedó sin casa, porque la izquierda dejó de hablarle del bolsillo, y una rabia sin casa se muda con el primero que le abre la puerta.

Esa renuncia la pagamos todas y todos. La rabia del que no llega a fin de mes se quedó sin casa, porque la izquierda dejó de hablarle del bolsillo, y una rabia sin casa se muda con el primero que le abre la puerta. Le abrió la derecha, que no separa lo de comer de lo de creer: te vende orden, que es miedo bien administrado, y en la misma frase te jura que nadie va a meter la mano en tu sueldo para mantener al de al lado.

No se sale de esto eligiendo mejor entre reparto y reconocimiento. Esa pelea la armó el que no quería pagar ninguno de los dos. Una jaula más cómoda sigue siendo una jaula, y la llave es la pregunta más incómoda de todas: de quién es. De quién es el litio que se va en barco mientras acá se discute el sueldo mínimo. De quién es el suelo, que hoy te cobra por una pieza lo que tus viejos pagaban por una casa.

Sacar esas cosas de unas pocas manos y decidirlas entre todos tiene un nombre viejo que la izquierda aprendió a callar por miedo: socialismo. Nada de manuales viejos: el socialismo de cosas tan poco épicas como estudiar sin arrastrar el CAE veinte años, que un sueldo alcance para criar, jubilar sin rezarle a la bolsa. En ese mismo sentido, el cuidado lo deja todo al descubierto: pagarlo es reparto; llamarlo trabajo en vez de amor es reconocimiento. Porque, en realidad, ambas cosas fueron siempre lo mismo.

Mamdani ganó Nueva York con cosas que se tocan, arriendos congelados y jardines gratis, y a medio año la ciudad le cree. Defender las instituciones nunca llenó una urna. A la izquierda la mandan a cuidar la democracia justo cuando la amenazan, pero nadie sale a defender la jaula que lo encerró. La única forma de que la quieran defender es que por fin les sirva para algo.

Nada de eso se gana sin fuerza, y la fuerza no se junta diciéndole a la gente que la ves y nada más. La herida no llena una plaza. La llena la gente que vuelve a creer que esto se puede cambiar, y esa fe es lo único que la derecha, por más orden que prometa, no sabe falsificar.

izquierda nunca tuvo que elegir entre el pan y el nombre, ni entre sobrevivir y ser libre. Que la convencieran de elegir, y de elegir siempre la opción más chica, fue la derrota. Lo grave es que aprendió a llamarlo realismo.

Por Verónica Aravena Vega

Psicóloga. Doctora en Estudios de Género y Política, Universidad de Barcelona. Máster en Masculinidades y Género. Máster en Recursos Humanos. Máster en Psicología Social/Organizacional. En Instagram

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Las expresiones emitidas en esta columna son de exclusiva responsabilidad de su autor(a) y no representan necesariamente las opiniones de El Ciudadano.

Justicia tardía: Condenan a 18 años de cárcel a oficial de Carabineros (R) por asesinar a tres pobladores en Estación Central en dictadura. Era conocido como "el teniente loco"

La ministra en visita de causas de derechos humanos de la Corte de Apelaciones de Santiago, Paola Plaza González, condenó al oficial de Carabineros en retiro Óscar Patricio Ibacache Carrasco por los homicidios calificados de los obreros José Tomás Beltrán Lizama, Hernán Anselmo Cortés Velásquez; y del comerciante ambulante Eduardo Antonio Fonseca Torres, ocurridos en octubre de 1973 en la comuna de Estación Central.

La magistrada sentenció a Óscar Ibacache a la pena de 18 años de presidio por su responsabilidad como autor de los delitos que afectaron a las tres víctimas, todas ellas pobladores del entonces Campamento 18 de septiembre detenidos el 20 de octubre de 1973, fusilados y cuyos cuerpos fueron arrojados en un sitio eriazo del camino Lo Errázuriz de Maipú.

La investigación de la ministra en visita estableció:

1.- “Que el 11 de septiembre de 1973, se instauró en Chile un régimen militar que desde sus inicios implementó una política de persecución y represión generalizada contra todas las personas que se consideraban opositoras a las nuevas autoridades militares o simplemente perniciosas a sus objetivas, que contempló la práctica de fusilamientos, ejecuciones sumarias, torturas de diversa naturaleza incluidas agresiones sexuales, privaciones arbitrarias de libertad en recintos clandestinos o cuarteles, allanamientos y desapariciones forzadas, entre otras formas de violencia, originadas tanto en agentes estatales como en civiles que les asistieron.

2.- Como consecuencia del Golpe de Estado, por motivos operativos y de seguridad y a fin de lograr el control absoluto del orden público por la fuerza de las armas, unidades policiales de la actual comuna de Estación Central, entre ellas la Tenencia Los Nogales o Cabo Tomás Pereira, se reunieron con la dotación de la 11° Comisaría o Unidad Base, ubicada en la época en la intersección de las calles Ecuador y Ruiz Tagle, lo que significó, en los hechos que el territorio jurisdiccional correspondiente a cada una de ellas se viera alterado, permitiendo a los efectivos policiales participar en procedimientos en toda la comuna o sector.

3.- Para esa época y al menos hasta el mes de octubre de 1973, funcionarios de Carabineros de Chile, en un número no inferior a cuatro, adscritos a la 11° Comisaría o Unidad Base, en la modalidad antes indicada, utilizaron un furgón color blanco tipo ambulancia, presuntamente incautado, que también fueron puestos a disposición de las distintas unidades policiales de la comuna, y se emplearon durante los días posteriores al golpe militar por un lapso de entre dos y tres meses para diversos procedimientos, entre ellos, de detención y traslado de prisioneros.

4.- Entre los funcionarios que se movilizaban entre estos vehículos, vecinos del sector y familiares de las víctimas de autos reconocen al menos a dos por sus apodos, “El Teniente Loco”, y “Hilton 100”, los que pertenecían a la dotación de la Tenencia Cabo Tomás Pereira, temporalmente suprimida por razones de seguridad.

5.- En la noche del 20 y la madrugada del 21 de octubre de 1973, fueron detenidos desde sus hogares ubicados en el entonces Campamento 18 de septiembre, sector que hoy corresponde a la comuna de Estación Central, José Tomás Beltrán Lizama, 25 años, soltero obrero; Eduardo Antonio Fonseca Castro, 26 años, soltero, comerciante ambulante; y Hernán Anselmo Cortés Velásquez, 22 años, soltero, obrero, todos ellos sin militancia política, quienes fueron sacados por la fuerza de sus casas, mediante golpes y sin orden alguna, por un grupo indeterminado de Carabineros que se movilizaban en una ambulancia, los que se encontraban al mando de los funcionarios apodados “Teniente Loco” y “Hilton 100”.

6.- Luego de subir a los detenidos al vehículo inician la marcha con destino desconocido, encontrándose los cuerpos sin vida de Cortés Velásquez, Fonseca Castro y Beltrán Lizama algunas horas más tarde, en un sitio eriazo en el Camino Lo Errázuriz, con señales externas de haber recibido numerosos impactos de bala; siendo recuperados sus restos mortales por familiares desde el Servicio Médico Legal, organismo que consignó en los respectivos informes de autopsia como causa de muerte, en cada caso, heridas múltiples de bala”.

Modo Empleo tipo aspirina: cuando el mercado no basta el Estado vuelve a ser el principal recurso

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El programa Modo Empleo busca enfrentar el aumento de la desocupación mediante subsidios a la contratación, empleos de emergencia y obras públicas focalizadas. Más allá de sus efectos inmediatos, el plan marca un giro en la estrategia económica del gobierno: después de apostar a que la inversión privada impulsaría por sí sola la creación de puestos de trabajo, La Moneda vuelve a recurrir al Estado como actor central para contener la crisis laboral.

 

Durante meses, el gobierno sostuvo que la mejor política de empleo sería el crecimiento. Escuchamos a Jorge Quiroz repetirlo de forma majadera. La promesa era conocida: una economía liberada de «trabas», una reducción de impuestos a las empresas, incentivos a la inversión y un nuevo clima de confianza terminarían generando más puestos de trabajo. Ese fue, en buena medida, el fundamento económico de la megarreforma impulsada por La Moneda. Sin embargo, la persistencia del deterioro del mercado laboral parece haber obligado al Ejecutivo a modificar el rumbo. El lanzamiento del programa Modo Empleo, anunciado por el presidente José Antonio Kast, no es solo un paquete de medidas para enfrentar el aumento de la desocupación. Es también el reconocimiento de que el mercado, por sí solo, no ha sido capaz de revertir una crisis que ya afecta a cerca de un millón de personas que buscan trabajo sin encontrarlo.

El programa fue presentado como una respuesta de emergencia ante una situación que el propio gobierno calificó como prioritaria. Tras reunirse con la Asociación de Gobernadores Regionales de Chile (Agorechi), Kast anunció la conformación de una Mesa Interministerial por el Empleo, integrada por los ministerios de Economía, Trabajo y de la Mujer, además de la Subsecretaría de Desarrollo Regional, en coordinación con gobiernos regionales y municipios.

La iniciativa contempla tres instrumentos concretos


El primero es un subsidio a la contratación equivalente a hasta el 50% del ingreso mínimo mensual durante cuatro meses para incentivar nuevas contrataciones por parte de las empresas. El segundo consiste en la creación de empleos transitorios mediante programas de ejecución directa de Conaf en las zonas con mayores niveles de desempleo. El tercero busca acelerar obras de mejoramiento urbano y de barrios que ya cuentan con financiamiento adjudicado, con el objetivo de transformarlas rápidamente en empleo local. En una primera etapa, el despliegue se concentrará en las regiones del Biobío, Ñuble y Antofagasta.

Al presentar el plan, el Kast evitó atribuir responsabilidades políticas por el deterioro del empleo y llamó a una respuesta conjunta entre el Estado, las grandes empresas, las pequeñas y medianas empresas y los gobiernos locales. «Tenemos un problema grave que nos afecta como nación», afirmó, insistiendo en que el empleo debe convertirse en una tarea compartida por todo el país.

El diagnóstico oficial tampoco deja espacio para interpretaciones optimistas. El Ejecutivo reconoce que cerca de un millón de personas busca empleo sin éxito, que más de dos millones de trabajadores permanecen en la informalidad y que la economía chilena lleva más de una década creciendo en torno al 2% anual, un ritmo insuficiente para absorber la demanda laboral y mejorar la calidad del empleo. En ese contexto, el gobierno optó por intervenir directamente para estimular las contrataciones.

Y es precisamente allí donde aparece la dimensión política del anuncio. El subsidio a la contratación no constituye una innovación. Chile ha recurrido a este tipo de instrumentos bajo gobiernos de distintos signos políticos, especialmente durante períodos de desaceleración o de emergencia, porque permiten reducir transitoriamente el costo de incorporar trabajadores y acelerar la generación de empleo. Para las pequeñas y medianas empresas, que suelen enfrentar mayores restricciones financieras, un apoyo de este tipo puede facilitar decisiones de contratación que de otro modo serían postergadas. Del mismo modo, los programas de empleo directo y la aceleración de obras públicas ofrecen una respuesta relativamente rápida en territorios particularmente golpeados por el desempleo.

 

Las críticas: un programa tipo aspirina

Pero la eficacia de estas políticas siempre ha estado acompañada por un debate más profundo. Sus críticos advierten que los subsidios pueden terminar financiando empleos que igualmente habrían sido creados, o incentivar reemplazos temporales de trabajadores aprovechando el beneficio estatal. También recuerdan que, una vez terminado el subsidio, muchas contrataciones desaparecen si la actividad económica no logra sostenerlas por sí misma. Desde esa perspectiva, el programa funciona como un mecanismo de contención frente a la emergencia, pero difícilmente modifica las causas estructurales de un mercado laboral debilitado por años de bajo crecimiento y baja productividad.

Las primeras críticas desde el Partido Comunista no apuntaron directamente al subsidio, sino a otra discusión instalada por la Mesa de Reactivación Laboral. Entre sus propuestas figura ampliar el período sobre el cual se calcula el promedio de la jornada ordinaria, lo que permitiría semanas de mayor carga laboral —hasta un máximo de 52 horas considerando horas ordinarias y extraordinarias, límite que ya contempla el Código del Trabajo para casos excepcionales— compensadas posteriormente con jornadas más breves. Camila Vallejo y Jeannette Jara cuestionaron esa posibilidad, argumentando que una mayor flexibilidad puede traducirse, en la práctica, en un aumento efectivo de la carga de trabajo para quienes tienen responsabilidades familiares o estudian, especialmente en un mercado laboral donde la capacidad de negociación de los trabajadores sigue siendo desigual. El oficialismo, en cambio, sostiene que esquemas similares existen en diversos países de la OCDE y permiten adaptar la organización del trabajo a ciclos productivos cambiantes.

Sin embargo, el aspecto más significativo del anuncio no reside en esa controversia, sino en la transformación silenciosa que revela respecto del propio discurso económico del gobierno. Después de meses defendiendo que la inversión privada sería el principal motor de creación de empleo, el Ejecutivo termina recurriendo a herramientas clásicas de intervención pública: subsidia parte de los salarios, financia empleos de ejecución directa, coordina municipios y gobiernos regionales y acelera inversión pública para sostener el mercado laboral. Es una decisión comprensible frente a la magnitud del problema, pero también representa un giro respecto del relato que acompañó la tramitación de la megarreforma.

En rigor, no existe una contradicción económica insalvable. Incluso gobiernos liberales recurren a este tipo de instrumentos cuando el desempleo alcanza niveles preocupantes. La diferencia es política. El programa Modo Empleo parece admitir que el crecimiento esperado aún no llega con la intensidad necesaria y que, mientras eso no ocurra, el Estado vuelve a desempeñar un papel que durante años se intentó reducir: convertirse, al menos de manera transitoria, en uno de los principales motores para sostener el empleo.

El éxito o fracaso de esta estrategia dependerá menos del número de subsidios entregados que de su capacidad para transformar contrataciones temporales en empleos permanentes. Si las cifras de desocupación comienzan a descender de manera sostenida, el gobierno podrá exhibir el programa como una respuesta eficaz frente a una coyuntura adversa. Pero si el deterioro persiste una vez concluidos los subsidios, el debate volverá inevitablemente al punto de partida: si el problema era simplemente la falta de incentivos para contratar o si, en realidad, la economía chilena enfrenta un desafío mucho más profundo que ninguna política de emergencia puede resolver por sí sola.

 

 

Félix Montano

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