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jueves, 5 de marzo de 2026

LA MEMORIA NO MORIRÁ.

 Jueves 5 de marzo 2026

COMUNA EL BOSQUE.
Lamentablemente hay que decirlo, después de más de 35 años de haber hecho esta Plazuela de Memoria en homenaje a mis dos hermanos Detenidos Desaparecidos, ya que, el pasado sábado 28 de febrero al placero que viene a rociar, se le quebró la cañería del agua a la cual yo la mantenía con mucho esfuerzo, después de mi cirugía.
Informé a Sr. Manuel Francisco Zúñiga Aguilar con una carta de lo ocurrido, para que se pudiera arreglar, ya que, se produjo que el pasto se secara por falta de agua, también hoy pedí hablar con el jefe de Gabinete de esta Municipalidad y no me recibió, ya que, ellos desprecian los Derechos Humanos, pero mi lucha por los Derechos Humanos no acabará hasta que mi Dios venga por mi vida.
Quiero decirles a estas dos autoridades, que todo lo sube baja
LA MEMORIA NO MORIRÁ.
Marcos Rodríguez G.
DDHH CHILE

Ante el peligro de la impunidad

 


COLUMNISTAS


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Las designaciones de quienes serán los principales colaboradores del gobierno de José Antonio Kast nos auguran el pobre papel que jugarán los partidos de derecha en su gestión presidencial. Es evidente que el nuevo mandatario se ha permitido nombrar a un buen número de independientes o no militantes en su gabinete ministerial, en las subsecretarías y en toda esa amplia gama de cargos de su confianza.

Con muy pocas excepciones, todos estos fueron integrantes o adherentes dilectos de la Dictadura Militar y no cesan de reconocer el valioso legado de Pinochet especialmente en materia económica. Incluso en esta materia sus opiniones han sido avaladas por las de algunos dirigentes de la Democracia Cristiana, como el economista y ex ministro Alejandro Foxley y algunos como el analista Eugenio Tironi, que militara en el Partido Mapu y que ha llegado a afirmar que la obra del Dictador bien podría considerarse como revolucionaria.

En todos estos nombramientos no se aprecia que se trate de personas que siquiera condenen los atentados contra los Derechos Humanos cometidos en esos 17 años de interdicción ciudadana. Por el contrario, algunos de estos, como el propio Kast, hasta se han ufanado de su amistad con algunos de los peores asesinos y torturadores que cumplen penas de más de cien años de presidio en el penal de punta Peuco. Respecto de los cuales no han faltado los partidarios de indultarlos por “razones humanitarias”, aunque ninguno de estos condenados haya reconocido sus tenebrosos delitos y colaborado en esclarecer el paradero de los detenidos desaparecidos. Revisar las imágenes de quienes viajaron y protestaron en Londres por la detención del Dictador es encontrarse con muchos de sus fervientes partidarios, a punto de arribar a La Moneda y el Parlamento.

No sería extraño que durante los años de la nueva administración se implementen medidas, al menos,  para que estos condenados puedan cumplir sus sentencian en sus hogares sin arrepentimiento alguno por los crímenes realizados bajo el terrorismo de estado. Es más: entre estos y en varios miembros de nuevo equipo gobernante hay quienes hasta hoy justifican como necesarios o inevitables los “excesos” cometidos por el régimen cívico militar.




En relación a esto es que algunos reos rematados de esta cárcel de máxima seguridad han iniciado una huelga de hambre para reclamar por el deterioro de sus condiciones de la vida dentro de un penal que a todas luces son mucho mejores que las de los 65 mil presos comunes a lo largo del país. Gozando todavía de privilegios que, como militares, les fueran otorgados por los gobiernos de la pos dictadura.

Este será, muy probablemente, uno de los temas que encrispen las relaciones entre el Gobierno y la nueva oposición, ante cuyos despropósitos deben estar vigilantes las organizaciones de Derechos Humanos de Chile y del mundo. Pero mucho se teme, además, que el gobierno venidero rebaje o corte los presupuestos fiscales destinados al Museo de la Memoria y a un conjunto de sitios que conmemoran el horror sufrido en nuestro país por los miles de disidentes y opositores del pinochetismo. Cuando, a la luz de las graves transgresiones del nacismo, países como Alemania mantienen los campos de concentración y exterminio como un recurso fundamental en la reparación de las víctimas, como en el propósito de que “nunca más” vuelvan a repetirse estos trágicos episodios.

Todos sabemos que en Chile no ha habido plena justicia, esclarecimiento de la verdad, ni condenas ejemplares respecto de lo que fue la represión y el magnicidio de Salvador Allende en 1973. Son muchos los delitos que ni siquiera llegaron a los Tribunales, siguen pendientes de sentencias, así como todavía incumplida la justa reparación. Algo que se favorece mucho con la impunidad propiciada por la derecha, especialmente en sus vertientes más extremas como las representadas por Kast y su Partido Republicano.

Sin embargo, es justo abrigar alguna esperanza en que, una vez en el gobierno de la nación, sus autoridades les den continuidad a los esfuerzos de justicia y reparación que, insistimos, son muy discretos respecto de la magnitud de lo acontecido.

Pero la oposición y las organizaciones sociales que velan por la dignidad de los pueblos deberán activarse para el cumplimiento de sus demandas respecto de los Derechos Humanos, además de representar las reivindicaciones políticas, económicas y sociales. En efecto, también se violan los Derechos Humanos con la crítica ausencia de viviendas, las largas listas de espera de la salud, la inequidad que entrañan las políticas neoliberales y el desvanecimiento de nuestra soberanía nacional ante la hegemonía imperial. Cuando ya se comprueba la actitud servil demostrada ante el gobierno dictatorial de Donald Trump, el más feroz violador de los derechos de los pueblos a su autonomía y libre determinación.

 

Juan Pablo Cárdenas S.

Penas alternativas a criminales graves: el peligroso precedente que abre el Senado chileno

 


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La reciente aprobación en general en el Senado de Chile de un proyecto que permite el cumplimiento alternativo de penas privativas de libertad para ciertos condenados representa uno de los episodios legislativos más controvertidos de los últimos años. Con una votación estrecha —23 votos a favor y 22 en contra— la Cámara Alta abrió la puerta a una iniciativa que, bajo el argumento de razones humanitarias, podría terminar beneficiando a personas condenadas por delitos gravísimos, incluidos crímenes contra los derechos humanos cometidos durante la dictadura. El debate no solo ha sido jurídico, sino profundamente político y moral: lo que está en juego no es únicamente la forma de cumplir una pena, sino el compromiso del país con la memoria, la justicia y el respeto irrestricto a los derechos humanos.

El proyecto plantea permitir que determinados condenados —principalmente personas de edad avanzada o con enfermedades graves— puedan cumplir sus penas bajo modalidades alternativas a la cárcel, como el arresto domiciliario total. A primera vista, la iniciativa puede parecer razonable si se observa únicamente desde una perspectiva humanitaria. Sin embargo, el problema central es que la propuesta, tal como está formulada, no establece exclusiones claras respecto de la naturaleza de los delitos cometidos. En otras palabras, podría abrir la puerta a que personas condenadas por crímenes particularmente graves soliciten cumplir sus condenas fuera de prisión.

En Chile, este punto es especialmente sensible debido a la existencia de condenados por violaciones a los derechos humanos cometidas durante la dictadura militar. Muchos de ellos cumplen actualmente condena en el penal de Punta Peuco, una cárcel que durante años ha sido símbolo del largo y difícil proceso de justicia transicional del país. Permitir que estos condenados soliciten cumplir sus penas en sus domicilios no es un asunto menor: para las víctimas y sus familias, significa un retroceso profundo en la lucha contra la impunidad.

La gravedad del debate se acentúa cuando se observa quiénes están detrás de esta iniciativa. El proyecto fue impulsado por senadores del bloque de derecha Chile Vamos, entre ellos Francisco ChahuánLuz EbenspergerLuciano Cruz-CokeAlejandro Kusanovic y Carlos Kuschel. Todos ellos defendieron la idea argumentando que el sistema penal debe considerar factores humanitarios para personas de edad avanzada o con enfermedades terminales. Sin embargo, las críticas apuntan a que el diseño del proyecto parece hecho a medida para beneficiar a un grupo muy específico de condenados: aquellos responsables de violaciones a los derechos humanos que hoy cumplen penas de prisión efectiva.




Este contexto explica por qué la aprobación del proyecto provocó una reacción inmediata del gobierno. El ministro de Justicia, Jaime Gajardo, fue particularmente crítico, advirtiendo que la iniciativa podría entrar en conflicto con compromisos internacionales asumidos por Chile en materia de derechos humanos. Diversos tratados y fallos de tribunales internacionales han establecido que los crímenes de lesa humanidad deben ser sancionados con penas efectivas y proporcionales a su gravedad. En ese sentido, permitir que los condenados cumplan sus penas en sus casas podría interpretarse como una forma de debilitamiento de esas obligaciones.

La preocupación no se limita al ámbito jurídico. También tiene una dimensión profundamente política y social. Chile ha construido durante décadas un frágil consenso en torno a la necesidad de verdad, justicia y reparación para las víctimas de la dictadura. Ese consenso ha sido fruto de un proceso largo y doloroso que incluyó comisiones de verdad, juicios penales y políticas de memoria. Iniciativas como esta amenazan con erosionar ese proceso, enviando una señal ambigua sobre la voluntad del Estado de mantener una postura firme frente a los crímenes del pasado.

Los defensores del proyecto han insistido en que la iniciativa no busca beneficiar a criminales específicos, sino establecer un mecanismo general para situaciones humanitarias. Pero esa defensa resulta difícil de sostener cuando el texto del proyecto no incorpora salvaguardas claras que excluyan delitos particularmente graves. La ausencia de esas restricciones alimenta la sospecha de que el verdadero objetivo es abrir una vía legal para aliviar la situación de ciertos condenados vinculados a la dictadura.

Este tipo de medidas también tiene consecuencias en el plano simbólico. La justicia no solo cumple una función punitiva, sino también una función de reconocimiento y reparación para las víctimas. Cuando el Estado decide flexibilizar el cumplimiento de penas para responsables de crímenes graves, envía un mensaje que puede interpretarse como una relativización del daño causado. En sociedades que han sufrido violaciones masivas a los derechos humanos, ese tipo de señales puede ser devastador para la confianza pública en las instituciones.

La aprobación en general del proyecto no significa que se haya convertido en ley. El texto aún debe pasar por una etapa de discusión en particular, en la que los senadores podrán presentar indicaciones y modificaciones. Posteriormente, deberá ser votado nuevamente y, si se aprueba, pasar a la Cámara de Diputados. En ese proceso aún existen oportunidades para introducir cambios que limiten o incluso bloqueen los aspectos más controvertidos de la iniciativa.

Sin embargo, el solo hecho de que el proyecto haya avanzado en el Senado ya representa un punto de inflexión en el debate político chileno. Demuestra que existe una mayoría circunstancial dispuesta a considerar medidas que podrían debilitar el principio de cumplimiento efectivo de las penas para crímenes graves. Ese precedente es preocupante no solo para el presente, sino también para el futuro del sistema de justicia chileno.

El país enfrenta ahora una decisión crucial. Debe determinar si la legítima preocupación por las condiciones humanitarias de algunos condenados puede justificar la flexibilización del cumplimiento de penas para delitos de extrema gravedad. En una democracia que busca consolidar su compromiso con los derechos humanos, la respuesta debería ser clara: ninguna consideración política o humanitaria puede convertirse en una puerta trasera hacia la impunidad.

Por eso, el debate que se abre en las próximas semanas será decisivo. No se trata simplemente de discutir una reforma penal más, sino de definir qué tipo de país quiere ser Chile. Un país que defiende sin ambigüedades la justicia y la memoria, o uno que permite que las presiones políticas terminen debilitando los principios fundamentales sobre los que se construye el Estado de derecho.

miércoles, 4 de marzo de 2026

ABOGADA HIZO UNA ASESORÍA PARA DETERMINAR LA DESVINCULACIÓN DE FUNCIONARIOS DEL GORE

 

GORE del Maule contrató a esposa de juez de la corte de Talca: su trabajo generó recursos de protección que debe resolver ese mismo tribunal

El Gobierno Regional (GORE) del Maule le pagó $9,1 millones brutos a la abogada Angélica Caro por una asesoría de dos meses referida a la eventual no renovación de contratos de funcionarios. Caro está casada con uno de los ministros de la corte de Talca, Moisés Muñoz. De hecho, su marido presidió ese tribunal hasta este lunes 2 de marzo. Esa corte debe resolver seis recursos de protección de exfuncionarios del GORE a los que no se les renovó el contrato tras la asesoría de la abogada. Inicialmente, el juez Muñoz intervino en estos procedimientos. Dos semanas después de que CIPER le consultó al magistrado por su participación en estos recursos originados por la actuación profesional de su esposa, se inhabilitó en tres de ellos. En el GORE indicaron a CIPER que se contrató a la abogada, por trato directo, debido a su experiencia en litigación judicial y “considerando la alta probabilidad de judicialización de estas materias”.

El pasado 11 de noviembre, el Gobierno Regional (GORE) del Maule contrató los servicios -por trato directo- de la abogada Angélica Caro Toro, a quien se encomendó asesorar en materia de no renovación de contratos de funcionarios y renovaciones con disminución de grado. Después de que prestó el servicio, al menos siete funcionarios a contrata –seis desvinculados y uno al que se bajó de grado- presentaron recursos de protección. Estas acciones deben ser resueltas por la Corte de Apelaciones de Talca, integrada por el cónyuge de la abogada Caro: el juez Moisés Muñoz . De hecho, el magistrado presidió esa corte hasta este lunes 2 de marzo, cuando cumplió su periodo. En el GORE, en una respuesta dirigida a CIPER, indicaron que los servicios de la abogada fueron contratados “considerando la alta probabilidad de judicialización de estas materias”.

Los recursos de protección se presentaron entre el 24 de diciembre y el 21 de enero. Uno de ellos no fue admitido a trámite. Inicialmente, el ministro Muñoz no se abstuvo de revisar situaciones relacionadas con estos procesos, a pesar de que se originaron por una actuación profesional de su esposa. No obstante, las gestiones del magistrado tuvieron lugar durante el periodo de 30 días en que el gobierno regional decretó la contratación como confidencial, por lo que no existía información pública al respecto. El 12 de febrero pasado, en respuesta a una consulta de CIPER, el magistrado indicó que, si le correspondía conocer el fondo de estos recursos, revisaría los antecedentes y “si lo amerita” dejaría constancia de una posible causal de inhabilidad. 

Finalmente, el 24 de febrero, en tres de los seis recursos admitidos se solicitó la inhabilidad del ministro Muñoz. En los tres se alegó que, pese a su vínculo matrimonial, el juez no se inhabilitó durante la tramitación inicial de los recursos. Dos días después, el magistrado se inhabilitó, bajo la causal de “que su cónyuge doña Angélica Caro Toro prestó asesoría jurídica al recurrido” (vea esos documentos).

José Eduardo González, abogado de tres de los exfuncionarios que presentaron recursos, afirmó que el ministro Muñoz ya había tenido una actuación relevante en estos casos: “Estuvo presente en las salas cuando se nos negaron órdenes de no innovar, donde nosotros pedimos, en la práctica, que se permita a los funcionarios seguir trabajando mientras se discute el recurso. Pero la corte nos rechazó, y el ministro estuvo en uno de esos rechazos. Ante eso, nosotros interpusimos una reposición, y él también estuvo en el rechazo de la reposición”.

ASESORÍA CONFIDENCIAL

Por la naturaleza del encargo -asesorar eventuales desvinculaciones de funcionarios-, el GORE catalogó la contratación de Angélica Caro como “confidencial”, por lo que su labor se mantuvo en reserva hasta 30 días después de finalizado el contrato.

La asesoría de la abogada tuvo un costo de $9,1 millones brutos, como consta en las dos órdenes de compra para contratar sus servicios, ambas vía trato directo, es decir, sin licitación o concurso. Sobre las razones que justificarían un contrato sin licitación, el GORE, dirigido por el exdiputado Pedro Álvarez-Salamanca (UDI), respondió por escrito: “Se consideró su trabajo previo (…), específicamente en litigación judicial en materias de derecho administrativo, considerando la alta probabilidad de judicialización de estas materias” (vea las respuestas del GORE). 

La posición del GORE, acerca de que Angélica Caro fue contratada vía trato directo por la “alta probabilidad” de que los casos se judicializaran, contrasta con la respuesta que la propia abogada dio a CIPER “Mi prestación de servicios se circunscribió exclusivamente a sede administrativa, en calidad de asesoría externa y técnico-jurídica, sin intervención, contacto ni injerencia alguna en asuntos jurisdiccionales, ni participación en decisiones judiciales”. La profesional agregó: “El vínculo matrimonial al que se alude no configura, por sí mismo, un conflicto de interés en mi actuación profesional” (vea su respuesta completa).

La abogada agregó que los recursos judiciales “se conocen y resuelven conforme a reglas institucionales de distribución, integración y decisión propias de un tribunal colegiado, y bajo los mecanismos legales vigentes que resguardan la independencia e imparcialidad judicial”. Por lo anterior, recalcó que, a su juicio, no habría conflicto: “Atribuir o sugerir falta de transparencia, tráfico de influencias o un supuesto conflicto de interés basándose únicamente en un vínculo familiar carece de sustento fáctico y jurídico”.

El 26 de febrero pasado el juez Muñoz se inhabilitó en los tres recursos en los que, hasta ahora, fue recusado. Lo hizo dos semanas después de que CIPER le consultó si debía restarse de estos procedimientos. Efectivamente, el 12 de febrero el magistrado respondió a CIPER, a través del Departamento de Comunicaciones del Poder Judicial, que siempre se había inhabilitado en las causas en que aparece su cónyuge: 

El señor presidente manifestó que, conociendo cuáles son sus deberes en el ejercicio de la judicatura, en su oportunidad, si le corresponde el conocimiento del fondo de los recursos, revisará los antecedentes de estos y, si lo amerita, dejará constancia respecto de alguna eventual causal de inhabilidad que pudiere afectarle, cuestión que siempre ha hecho cuando aquello ha correspondido” (vea aquí la respuesta completa y revise acá la lista de inhabilidades del ministro Muñoz).

"VULNERACIÓN DE DERECHOS"

El 26 de junio del año pasado y después de una denuncia del consejero regional Gonzalo Montero Viveros (RN), el GORE del Maule entregó los antecedentes solicitados por la Contraloría Regional sobre posibles aumentos de sueldos no justificados durante la administración anterior. El GORE respondió que, entre 2023 y enero de 2025, detectaron que a 119 trabajadores a contrata se les aumentó su grado funcionario. Es decir, se mejoró su ubicación en la escala de remuneraciones (revise aquí el Oficio 1.393). 

Esos aumentos de sueldo –según lo descrito en el Oficio 1.393– elevaron el gasto en remuneraciones permanentes en $200.681.998. En sus descargos, el GORE también acusó que la administración anterior, a cargo de la exgobernadora Cristina Bravo (DC), dispuso de ese gasto “sin contar con mayores recursos presupuestarios. (…) se dispusieron mejoras de grados remuneratorios respecto de funcionarios que se encontraban haciendo uso de licencias médicas prolongadas en el tiempo. (…) Los aumentos de grados dispuestos no tuvieron como antecedente ningún parámetro objetivo”. 

El 11 de noviembre de 2025, el Gobierno Regional contrató a Angélica Caro por un pago de $7 millones. El contrató se modificó 17 días después. Se argumentó que “durante su desarrollo se advirtió que el presupuesto originalmente considerado sería insuficiente para el número de actos administrativos e informes que le serían requeridos razón por la cual se hace necesario aumentar el monto del contrato en un 30%” (revise aquí la Resolución 8.701). En total, se pagaron $9,1 millones brutos por las asesorías de Angélica Caro.

Entre el 24 de noviembre y el 12 de diciembre, al menos a seis funcionarios a contrata se les notificó que no serían renovados para 2026, mientras que otra funcionaria fue informada de la disminución de su sueldo, pues se le aplicó un descenso de un grado. Los siete presentaron recursos ante la corte de Talca, pero uno de ellos fue declarado inadmisible. En sus recursos, los exfuncionarios acusan vulneración de derechos y que el presupuesto para 2026 incluye mayores recursos para sueldos. 

Hace dos meses el Gobierno Regional del Maule informó a la Dirección de Presupuestos (Dipres) que presentaba un déficit de $294,6 millones para el pago de sueldos (revise aquí el Oficio 2.952).


Senadores aprueban proyecto de penas alternativas para reos mayores de 70 años: beneficiaría a violadores de DDHH de cárcel exPunta Peuco y otros delincuentes

 04 March 2026


Por Alfredo Peña R.

Foto: Alvaro Corbalán, Miguel Krassnoff y Pedro Espinoza, todos violadores de lesa humanidad y oficiales del Ejército (R) que serían beneficiados con nuevo proyecto de ley

El Senado aprobó en general, con 23 votos a favor y 22 en contra, solo el senador Karim Bianchi no votó siendo que estaba en el Senado, el proyecto que busca suspender u otorgar cumplimiento de penas alternativas a condenados mayores y con enfermedades terminales. 

La iniciativa fue presentada por los senadores de Chile Vamos Francisco Chahuán, Luz Ebensperger, Luciano Cruz-Coke, Alejandro Kusanovic y Carlos Kuschel y ha contado con la desaprobación de los congresistas del oficialismo y de la DC. 

Desde la alianza de gobierno se ha cuestionado que se pretende liberar a los condenados por crímenes de lesa humanidad durante la dictadura, entre ellos Miguel Krassnoff, Alvaro Corbalán, Pedro Espinoza, Raúl Iturriaga y Pedro Barrientos, este último quién fue el que asesinó a Víctor Jara y que lleva menos de dos años preso en Chile, ya que se fugó a EEUU. 

Se trata de la segunda iniciativa impulsada por los parlamentarios, ya que en primera instancia fue desestimada por el Senado. Tras volver a ingresar el proyecto en la Cámara Alta, la comisión de Derechos Humanos aprobó legislar.
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Lo que busca el proyecto es que "se considere al privado de libertad como un sujeto de derechos que debe ser protegido e incentivado en la inserción social y no como un súbdito de la administración que solo tiene obligaciones".

Desde el Gobierno, el ministro de Justicia Jaime Gajardo ya había manifestado la disconformidad del Ejecutivo con el proyecto y advirtió que "es contrario a las obligaciones internacionales que tiene nuestro país". 

Reserva de constitucionalidad por el proyecto

La senadora de la Democracia Cristiana (DC) Yasna Provoste hizo reserva de constitucionalidad tras la aprobación en general del proyecto, ya que aseguró que incumpliría con tratados internacionales sobre los derechos humanos. 

El senador del Partido Socialista Fidel Espinoza (PS) en tanto, acusó a su par independiente Karim Bianchi de "esconderse" y no dar su voto para rechazar el proyecto. 

La norma ahora deberá discutirse en la comisión de Constitución y el plazo para ingresar indicaciones será hasta el 16 de marzo. 

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