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lunes, 2 de noviembre de 2026

El respaldo de Rabat hace agua: director de Fundación Jaime Guzmán pide su salida

 

El respaldo de Rabat hace agua: director de Fundación Jaime Guzmán pide su salidaPAÍSFoto: AgenciaUNO


Claudio Arqueros afirmó que “no tiene sentido” mantener al ministro de Justicia y advirtió que la crisis golpea el discurso de seguridad del Gobierno y cuestiona el liderazgo del Presidente Kast —exdirector de la FJG—. Este lunes, el propio Rabat aseguró tener “respaldo del sector”.


Resumen

El ministro de Justicia, Fernando Rabat, aseguró este lunes sentir “respaldo del sector” y del Presidente José Antonio Kast. Pero ese apoyo sigue acumulando grietas. Mientras Republicanos cuestiona la lealtad de sus aliados, RN cierra filas con el Gobierno y la UDI mantiene sus reparos, un nuevo golpe llegó desde la propia cantera política del Mandatario: Claudio Arqueros, director de Formación de la Fundación Jaime Guzmán, pidió derechamente la salida del ministro.

“El ministro Rabat debiera (salir); no tiene sentido que continúe”, afirmó Arqueros en Cooperativa, en medio de la crisis por las rebajas de condena a sentenciados por delitos sexuales contra menores.


La crítica tiene un ingrediente político particular. Kast fue director de la Fundación Jaime Guzmán, institución históricamente vinculada al gremialismo y de la que provienen varios asesores y dirigentes del actual Gobierno.

Arqueros apuntó directamente al manejo político de Rabat y del ahora exsubsecretario Luis Silva, quienes, según sostuvo, firmaron los cuestionados decretos sin consultar al Presidente ni dimensionar sus consecuencias.

“La decisión golpea a un discurso del Gobierno”, advirtió, en referencia a la promesa de seguridad que marcó la campaña presidencial.

A su juicio, ambos funcionarios ignoraron el impacto simbólico de sus actuaciones, lo que termina “cuestionando al Presidente de la República o interpelándolo respecto a su liderazgo”.

El filósofo fue más allá y sostuvo que la crisis ha dejado al Ejecutivo “estéril desde el punto de vista de la autoridad”, con dificultades para validarse tanto ante el oficialismo como frente a la oposición.


La Moneda pide orden, pero los aliados siguen enfrentados

Las críticas llegan cuando la disputa por Rabat ya desbordó el Ministerio de Justicia y abrió un enfrentamiento entre dirigentes de Republicanos y sectores de Chile Vamos, que ha quedado en evidencia en declaraciones a la prensa.

“Por supuesto que se ve mal. No nos gusta que peleen entre partidos políticos aliados”, reconoció este lunes el vocero Gonzalo Arenas, tras el comité político ampliado en La Moneda.

El Gobierno intenta contener una pelea que escaló luego de que el diputado republicano Alejandro Riquelme acusara a sus aliados de pedir cargos en el Ejecutivo y esconderse cuando corresponde defenderlo.

La respuesta de la UDI fue inmediata. Natalia Romero emplazó a Republicanos a decir abiertamente si quiere que abandonen el Gobierno, mientras la jefa de bancada, Flor Weisse, acusó al partido de Kast de confundir la lealtad con la ceguera política.

El vicepresidente gremialista Eduardo Cretton fue más duro y calificó a Republicanos como una de las principales piedras en el zapato del propio Gobierno.

Sin embargo, pedir la salida de Rabat no equivale necesariamente a respaldar su destitución. Cretton descartó apoyar una acusación constitucional, mientras Weisse sostuvo que cada diputado deberá evaluar sus fundamentos.

En RN, en tanto, la directiva decidió cerrar filas con Kast y Rabat. Según informó este lunes El Mostrador, en la colectividad aseguran que no repetirán la conducta que Republicanos tuvo frente al segundo Gobierno de Sebastián Piñera, cuando se declaró opositor.

“No podemos tratar a Kast como el Partido Republicano trató a Piñera”, señalaron desde RN.

Pese a ese respaldo institucional, las diferencias persisten. Rodrigo Ubilla (RN), exsubsecretario del Interior y actual director de Libertad y Desarrollo, también planteó en Cooperativa que Rabat debería evaluar su continuidad.

“El ministro de Justicia tendría que pensar —él— su continuidad en el gabinete”, afirmó, advirtiendo que las tensiones amenazan con seguir deteriorando las confianzas dentro del oficialismo.

El costo de sostener a Rabat

La Moneda intenta ahora ordenar las bancadas antes de que la oposición presente una acusación constitucional. Arenas reconoció que algunos parlamentarios todavía no están convencidos de la defensa del ministro y anunció conversaciones incluso individuales para buscar apoyos.

La presión aumenta mientras Fiscalía confirmó este lunes que Rabat tiene calidad de imputado por presunta prevaricación administrativa, en una investigación relacionada con las rebajas de condena.

Pese a ello, Kast mantiene al ministro después de haber removido a Silva, una decisión que no consiguió cerrar la crisis.

Rabat dice contar con el respaldo del sector, RN decidió alinearse y Republicanos exige lealtad. Pero las críticas siguen creciendo dentro de la propia derecha, incluso desde el mundo gremialista que contribuyó a formar políticamente

“El ministro ya no es interlocutor válido”: Partidos de oposición entregan carta para Kast exigiendo la salida de Fernando Rabat

 02 November 2026

Presidentes y dirigentes de todos los partidos de oposición llegaron hasta La Moneda para entregar una carta solicitando la salida del ministro de Justicia, Fernando Rabat, en medio de la controversia por las rebajas de condena.

En la instancia, advirtieron que no lo consideran un “interlocutor válido” para avanzar en la agenda legislativa del Gobierno.

Desde un punto de prensa en La Moneda, el diputado y presidente del PPD, Raúl Soto, afirmó que la decisión alcanza tanto la discusión presupuestaria como otras iniciativas.

“Como oposición, a partir de hoy día, no consideramos al ministro Fernando Rabat como un interlocutor válido para tramitaciones legislativas como la ley de presupuestos”, sostuvo.

“No nos genera confianza”, agregó el parlamentario, quien acusó al secretario de Estado de tomar “una decisión jurídica errada y una decisión política y ética incorrecta”.

Soto condicionó la recuperación del diálogo a un cambio en la cartera. “El presidente de la República le debe pedir la renuncia, debe poner otra persona, otro profesional más confiable a cargo”, manifestó.

Oposición insistirá en acusación constitucional
Pese a cuestionar la continuidad de Rabat, el diputado expresó disposición a discutir las medidas anunciadas por el Ejecutivo. “Queremos evidentemente ser colaboradores también en las soluciones legislativas”, indicó, aunque insistió en que el ministro no debe ser su contraparte.

Por su parte, Álvaro Ortiz (DC) cuestionó el liderazgo presidencial frente a la controversia y la permanencia del titular de Justicia. “No son capaces de decirle que salga. Pero tampoco él es capaz de decir ‘voy a dar un paso al costado porque estoy haciendo daño’”, señaló.

Respecto de la acusación constitucional, Ortiz llamó a los parlamentarios a revisar los antecedentes y considerar a las víctimas y sus familias. “No es un llamado político, es un llamado a la sensatez. Es un llamado a votar en conciencia esta acusación constitucional”, afirmó.

El presidente de la Democracia Cristiana también reprochó que Rabat no haya reconocido un error ni ofrecido disculpas. “Hemos tenido que llegar acá a pedirle a través de una carta que se saque del gobierno al ministro Rabat”, concluyó.

Pese a todo, la tijera pinochetista sigue recortando

 

COLUMNISTAS

 

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Ni las urgentes necesidades sociales ni los estragos dejados por las emergencias climáticas de este invierno – primavera consiguen  detener la acción desquiciada de la tijera pinochetista que está recortando  a su amaño  los gastos fiscales en el proyecto de ley del presupuesto nacional 2027, que se encuentra en el Congreso y que significa un fuerte impacto para los sectores mayoritarios del país.
El pueblo vive angustiado por problemas que se agudizan, como el desempleo (9,8% en el último trimestre, la cifra más alta en 5 años), la inflación, los salarios insuficientes, el endeudamiento y la falta de oportunidades, y a ello se suman calamidades como calles convertidas en torrentes de agua a causa de las lluvias torrenciales o granizadas, el anegamiento o derrumbe de viviendas modestas y la evacuación masiva de campamentos de tránsito amenazados por la crecida de ríos o esteros, a lo que hay que agregar trombas marinas y hasta tornados con la consiguiente destrucción.

Ante ello no hay reacción gubernamental pero sí la hay para continuar accionando la tijera que recorta a su paso todo lo que encuentra,  sin reparar en el daño que ocasiona a las clases populares sorprendidas por esta medida inesperada e inusual.

La drástica disminución en la destinación de recursos fiscales tiene lugar para desacreditar la gestión financiera  del gobierno anterior y se produce en el momento menos indicado. Pareciera que la actual administración de extrema derecha – lejos del pueblo y de la calle – cree que Chile y su gente no necesitan nada porque viven en el mejor de los mundos.

Este proyecto de ley trae malas noticias para las regiones,  que son postergadas y reducidas, en tanto miles  de familias dejarán de percibir beneficios estatales que les son indispensables. Paralelamente a los ricos se les llena de privilegios y hasta les son rebajados los impuestos a los propietarios de grandes empresas.

El plan presupuestario contempla un gasto total de 111 mil millones de dólares e incluye la solicitud de endeudamiento  por otros 25 mil millones. Según el presidente fue elaborado con «seriedad y responsabilidad», y a la vez reconoce que «habrá dolores». Obviamente estos no serán para las clases opulentas. En la letra chica del proyecto aparecen más deudas para el país, menos dinero para las regiones y un freno a la contratación por el Estado.

La estimación de que los recortes presupuestarios superarian los 320 mil millones de pesos revela la gravedad de lo dispuesto por La Moneda. Está a la vista que al oficialismo no le importa el impacto social y su única preocupación es servir bien a sus amigos y cercanos que ostentan el poder económico.

El recorte más fuerte afecta a los gobiernos regionales, ya que la suma inicial era por 250 mil millones de pesos. La medida ha sido resistida por las gobernaciones, porque se anticipa  que repercutirá principalmente en la ejecución de obras que generan puestos de empleo.

Salud y educación, sectores fundamentales para el país, aparecen seriamente castigados. El Consejo de Rectores de Universidades Chilenas, disminuido en alto porcentaje en sus ingresos fiscales, ha expresado su inquietud por esta merma que limitará las funciones académicas y de investigación.

Desde la comisión de salud del Senado se ha denunciado el retroceso que se avecina y que se manifiesta principalmente en la ley Ricarte Soto, que cubre 27 enfermedades. En la actualidad hay casi 90 mil personas acogidas a este cuerpo legal que surgió para enfrentar tratamientos de alto costo. En este caso la caída presupuestaria será de 28 mil millones de pesos.

Con la eliminación del programa «Yo elijo mi PC» la mezquindad alcanzará a niños pertenecientes a familias vulnerables. La entrega de computadores a escolares viene produciendose desde 2009 y ahora será suprimida,al igual que la fundación Prodemu con todos sus trabajadores a la calle. También desaparece el programa Calles sin violencia y disminuye el financiamiento de los liceos bicentenarios.

Mientras los recortes presupuestarios no se detienen las urgencias reales de los pobres y menos pobres siguen esperando. A ello se agregan ahora los incontables damnificados por fenómenos derivados del cambio climático, que en estos momentos  requieren atención  y ayuda con indiscutible prioridad, más que seguir suprimiendo recursos públicos necesarios para las clases populares.

Hugo Alcayaga Brisso
Valparaíso

Las rebajas de condenas y Punta Peuco: las preguntas detrás de la denuncia de indultos encubiertos

 

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Tres condenados por crímenes de la dictadura recuperaron la libertad tras recibir rebajas de sus penas durante el gobierno de José Antonio Kast. El diputado Luis Cuello denuncia una política destinada a favorecer la impunidad, mientras el académico Claudio Nash plantea la hipótesis de una estrategia para conceder beneficios sin asumir el costo político de los indultos presidenciales. Los antecedentes conocidos permiten establecer lo ocurrido, pero todavía no las motivaciones de las autoridades. ¿Por qué cambió el criterio del Ministerio de Justicia y quién decidió hacerlo?

La controversia por las rebajas de condenas concedidas durante la gestión del ministro de Justicia, Fernando Rabat, ha abierto una pregunta que va más allá de los beneficios otorgados a personas condenadas por delitos sexuales contra menores de edad. ¿Es posible que el cambio de criterio jurídico aplicado por el ministerio haya tenido también como finalidad facilitar la salida de prisión de condenados por crímenes de la dictadura?

La interrogante no surge de una especulación sin antecedentes. Existen decretos administrativos, excarcelaciones documentadas y declaraciones públicas que apuntan hacia esa posibilidad. Sin embargo, hasta ahora no se conocen pruebas suficientes para afirmar que haya existido una estrategia deliberada, coordinada desde el gobierno, para favorecer a los condenados por violaciones de derechos humanos.

La distinción es fundamental. Los hechos permiten formular preguntas que el Ejecutivo todavía debe responder. Las intenciones que pudieron motivarlos continúan siendo materia de controversia.

Tres condenados que recuperaron la libertad

Una investigación publicada por Radio Bío Bío el 26 de octubre identificó a tres exagentes condenados por crímenes cometidos durante la dictadura que recibieron rebajas de sus penas y posteriormente recuperaron la libertad.

Miguel Segundo Arias Navarrete, excarabinero condenado por el secuestro calificado de Justo Flores Martínez, obtuvo una reducción de nueve meses. Manuel del Carmen Cabezas Pérez, exintegrante de la Fuerza Aérea condenado por torturas contra dos detenidos, recibió una rebaja de ocho meses.

Ambos beneficios fueron concedidos mediante decretos firmados por Fernando Rabat.

Un tercer caso corresponde a César Luis Acuña Luengo, exagente de la Central Nacional de Informaciones (CNI), condenado por delitos vinculados a la desaparición de opositores a la dictadura. Acuña obtuvo una reducción de 19 meses mediante un decreto firmado por el subsecretario de Derechos Humanos, Pablo Mira, cuando ejercía como ministro subrogante.

Los tres casos tienen un elemento común: las rebajas no quedaron solamente en resoluciones administrativas, sino que tuvieron consecuencias concretas sobre el cumplimiento de las penas.

Las excarcelaciones están documentadas. Lo que no está demostrado es que hayan respondido a una decisión política adoptada con el propósito de beneficiar específicamente a condenados por crímenes de lesa humanidad.

El cambio de criterio

La discusión se concentra en la interpretación de la Ley 19.856, que establece mecanismos de reducción de condenas por comportamiento sobresaliente, y en las restricciones introducidas posteriormente para determinadas categorías de delitos.

Rabat reconoció ante la Cámara de Diputados que, al comenzar su gestión, el Ministerio de Justicia rechazó algunas solicitudes de reducción de condenas.

Posteriormente, explicó, la cartera modificó su interpretación a partir de resoluciones judiciales que cuestionaban esos rechazos.

Según el ministro, una vez que los organismos competentes habían evaluado favorablemente la conducta penitenciaria y se cumplían los requisitos legales, el ministerio no podía volver a examinar el mérito de las solicitudes ni desconocer las decisiones de los tribunales.

La defensa de Rabat sostiene, por tanto, que las rebajas respondieron a obligaciones jurídicas y no a una determinación discrecional destinada a favorecer a determinados condenados.

Sin embargo, distintas investigaciones periodísticas han mostrado que la jurisprudencia no ha sido uniforme y que existieron decisiones judiciales que respaldaron el rechazo de solicitudes. También se han identificado decretos concedidos sin que existiera una orden judicial específica de aprobar el beneficio.

Esto no demuestra una finalidad política oculta, pero impide reducir toda la controversia a una supuesta obligación automática e inevitable de conceder las rebajas.

La pregunta adquiere entonces mayor importancia: ¿qué margen de interpretación tenía efectivamente el Ministerio de Justicia y por qué decidió modificar el criterio que había aplicado inicialmente?

Luis Cuello y la denuncia de indultos encubiertos

El diputado comunista Luis Cuello ha planteado públicamente una interpretación política de las decisiones adoptadas por el ministerio.

En una entrevista concedida a Radio Universidad de Chile el 31 de octubre, el parlamentario calificó las rebajas que favorecieron a exagentes de la dictadura como «indultos encubiertos» y las vinculó con compromisos políticos del entorno del presidente Kast.

Cuello sostuvo que la permanencia de Rabat en el gabinete se explicaría por el propósito de procurar impunidad para condenados por crímenes de la dictadura.

En declaraciones a Radio Bío Bío, el diputado relacionó esa hipótesis con las demandas de sectores del Partido Republicano y del Partido Nacional Libertario que habían solicitado beneficios para exuniformados condenados.

Se trata de una acusación política grave, cuya veracidad no ha sido establecida judicialmente.

Cuello, junto con el diputado socialista Juan Santana, presentó además una denuncia por presunta prevaricación administrativa contra Rabat y el entonces subsecretario Luis Silva. La Fiscalía inició una investigación, que se encuentra en desarrollo y no constituye una determinación de responsabilidad penal.

La hipótesis de Claudio Nash

Desde el ámbito académico, el abogado y especialista en derechos humanos Claudio Nash ha planteado una hipótesis que introduce otra dimensión en el debate.

Según su interpretación, las rebajas de condenas podrían formar parte de una estrategia destinada a facilitar beneficios a condenados por crímenes de la dictadura sin recurrir a indultos presidenciales, cuyo costo político sería considerablemente mayor.

La hipótesis apunta al mecanismo utilizado.

Un indulto presidencial constituye una decisión política explícita, atribuible directamente al jefe de Estado. En cambio, una rebaja de condena concedida mediante un procedimiento administrativo puede presentarse como consecuencia de la aplicación de una ley y de la jurisprudencia de los tribunales.

Desde esa perspectiva, la discusión no se limitaría a determinar quién recibió los beneficios, sino a establecer si el cambio de criterio fue una respuesta jurídica a determinadas sentencias o una decisión adoptada conociendo y buscando sus consecuencias políticas.

Nash plantea una posible explicación de la secuencia. No ha presentado, al menos en los antecedentes públicos examinados, pruebas concluyentes de una instrucción gubernamental destinada a producir ese resultado.

Existe, además, una diferencia jurídica importante: una reducción de condena no es un indulto presidencial, aunque ambos mecanismos puedan producir como consecuencia un adelantamiento de la libertad.

A estas denuncias se sumó el exdiputado Sergio Aguiló, quien en una publicación del 31 de octubre formuló una acusación todavía más directa contra el Presidente. Según Aguiló, Kast no habría solicitado la renuncia de Fernando Rabat porque habría sido el propio mandatario quien ordenó conceder los beneficios, con el propósito de favorecer de manera encubierta a condenados por crímenes de la dictadura recluidos en Punta Peuco. El exparlamentario sostiene que se trataría de indultos camuflados. Su declaración refuerza la existencia de cuestionamientos públicos sobre una eventual finalidad política de las rebajas de condenas, aunque no aporta, por sí misma, pruebas de que el Presidente haya impartido esas instrucciones. Esa acusación permanece sin acreditar y constituye precisamente una de las interrogantes que el gobierno debe esclarecer.

¿Una decisión jurídica o una estrategia política?

Los hechos conocidos permiten reconstruir una secuencia.

Primero, el Ministerio de Justicia rechazó determinadas solicitudes de rebaja de condenas.

Después, Rabat modificó el criterio aplicado por la cartera, invocando decisiones judiciales.

Posteriormente, se concedieron reducciones de penas que beneficiaron tanto a condenados por delitos sexuales como a personas sentenciadas por crímenes de la dictadura.

Finalmente, se conoció que algunos de estos últimos habían recuperado la libertad.

La secuencia es verificable. La relación causal entre esos hechos y una eventual estrategia de impunidad sigue sin demostrarse.

También es necesario considerar que los mecanismos de reducción de condenas existían antes del actual gobierno y que algunos pronunciamientos judiciales efectivamente han respaldado solicitudes de internos. Esos antecedentes deben formar parte de cualquier evaluación seria sobre la actuación del ministerio.

Pero tampoco permiten descartar, por sí solos, que determinadas decisiones administrativas hayan respondido a orientaciones políticas.

Las preguntas que debe responder el gobierno

La controversia deja interrogantes que no pueden resolverse únicamente mediante declaraciones generales sobre el respeto a las sentencias judiciales.

¿Quién propuso el cambio de criterio en el Ministerio de Justicia y en qué fecha se adoptó formalmente?

¿Qué informes jurídicos respaldaron la decisión? ¿Existieron opiniones contrarias dentro de la cartera?

¿Se evaluó previamente que la nueva interpretación beneficiaría a condenados por secuestros, torturas, desapariciones y otros crímenes de la dictadura?

¿Fue informado el presidente José Antonio Kast sobre ese efecto? ¿Participaron otras autoridades de La Moneda en la discusión?

¿Por qué se aplicó un criterio amplio cuando existían antecedentes judiciales que permitían, al menos en determinados casos, mantener el rechazo de las solicitudes?

¿Se examinaron de manera particular las obligaciones internacionales del Estado chileno respecto de las condenas por crímenes de lesa humanidad?

Y, finalmente, ¿fueron las excarcelaciones una consecuencia no buscada de una interpretación jurídica o uno de los resultados que se pretendía obtener?

Estas preguntas no constituyen pruebas de una estrategia. Son interrogantes que surgen de decisiones administrativas y consecuencias concretas que ya están documentadas.

La permanencia de Fernando Rabat en el Ministerio de Justicia, pese al reconocimiento presidencial de errores en el manejo de la controversia, añade una dimensión política al debate, pero tampoco demuestra por sí sola las motivaciones atribuidas por sus críticos.

La investigación de la Fiscalía, el examen de los decretos y la eventual entrega de comunicaciones e informes internos podrían aportar antecedentes decisivos.

Por ahora, existe una certeza: tres condenados por crímenes de la dictadura recuperaron la libertad después de recibir rebajas de sus penas durante la actual administración.

También existen denuncias públicas que atribuyen a esas decisiones una finalidad política.

Entre ambos hechos permanece una pregunta que el gobierno debe responder con antecedentes verificables: ¿por qué cambió el criterio del Ministerio de Justicia y quién asumió la responsabilidad de sus consecuencias?

 

Redacción de El Clarín

domingo, 1 de noviembre de 2026

El grave caso que dejó pendiente el exsubsecretario Luis Silva: Exigió a presidenta de la Corte liberar a exagente represivo pese a rechazo de la Suprema. Pidió reserva del caso donde agente CNI participó en asesinato de 5 jóvenes que fueron lanzados al mar

 01 November 2026

Por Alfredo Peña R.

Un día antes de ser despedido por el Gobierno, se reveló que el exsubsecretario de Justicia, Luis Silva, militante del partido Republicano y miembro numerario del Opus Dei, había solicitado formalmente a la Corte de Apelaciones de Santiago acceder a la petición de rebaja de condena de un exagente de la CNI, la cual había sido rechazada meses antes por la Corte Suprema por tratarse de un “condenado por delitos de lesa humanidad”.

El principal argumento con el que el ministro de Justicia, Fernando Rabat, ha defendido la firma de decretos para conceder la rebaja de penas es que se estaba cumpliendo con los criterios de la Corte Suprema. No obstante, se reveló un caso que debilita dicho argumento, ya que el subsecretario habría enviado un oficio para solicitar que se le otorgue el beneficio a un preso que el Poder Judicial rechazó en más de una ocasión. Es más, dos veces...

Se trata del caso del exagente represivo de la policía política de la dictadura, la CNI, Patricio González Cortés, que fue condenado a 10 años de prisión por la desaparición y crimen de cinco miembros del Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR) en 1987, y que a través de su defensa solicitó el beneficio penitenciario.

El caso de los cinco jóvenes detenidos desaparecidos en septiembre de 1987 corresponde a uno de los últimos crímenes de lesa humanidad de la dictadura cívico-militar.

Las Víctimas tiradas al mar

Los cinco jóvenes eran militantes del Partido Comunista: Alejandro Alberto Pinochet Arenas, Gonzalo Iván Fuenzalida Navarrete (también referido como Gonzalo Valenzuela Navarrete), José Julián Peña Maltés, Julio Orlando Muñoz Otárola y Manuel Jesús Sepúlveda Sánchez.
Los cinco fueron detenidos por agentes de la Central Nacional de Informaciones (CNI) entre el 9 y el 10 de septiembre de 1987 (un año antes del plebiscito de 1988), entre ellos, los agentes a quiénes el ministro de Justicia Fernando Rabat y especialmente el exsubsecretario Luis Silva -que ha dicho publicamente que admira al dictador Pinochet- tenían y firmaron los decretos de rebajas de condenas.

La acción represiva de la CNI fue una represalia directa tras el secuestro del coronel del Ejército Carlos Carreño por parte del FPMR. 

Los jóvenes fueron secuestrados, torturados y posteriormente ejecutados, convirtiéndose en el grupo de detenidos desaparecidos más numeroso de la recta final del régimen militar. Algunos señalan que también fueron drogados. Luego para hacerlos desaparecer, fueron llevados a Peldehue, a un recinto del Ejército en Colina, y subidos a un helicóptero de esa misma rama de las FFAA, donde los ensacaron y los amararron a unos pesados durmientes de tren.

Con esos jóvenes asesinados o drogados, el helicóptero del Ejército enfiló hacía la costa y frente a la caleta de pescadores de Quintay, a unos 10 kiómetros al interior del mar, lanzaron los cuerpos de los cinco jóvenes.

Investigaciones y Justicia

Tras décadas de impunidad y ocultamiento, la investigación judicial permitió dictar condenas contra los responsables.

Un fallo de la justicia chilena condenó a 34 personas (entre autores, encubridores entre ellos los que querían liberar Luis Silva y Fernando Rabat), destacando las penas de 15 años de cárcel para el general de Ejército (R) y exdirector de la CNI, Hugo Salas Wenzel, fallecido en la cárcel en 2021, y para el jefe operativo del organismo, mayor (R) Álvaro Corbalán, preso actualmente en Punta Peuco.

Ministro de Boric la rechazó
La solicitud fue rechazada en primer lugar por el entonces ministro de Justicia, Jaime Gajardo, debido a que González no colaboró con la investigación por el secuestro de los desaparecidos. Ante ello, su abogado presentó un recurso de amparo para anular el rechazo del Ministerio, el cual terminó por ser ratificado tanto por la Corte de Apelaciones, el 10 de noviembre de 2025, como por la Corte Suprema, el 2 de diciembre de ese año.

“Conforme a lo hasta aquí señalado, la decisión del Ministro de Justicia y Derechos Humanos de rechazar el beneficio de reducción de condena a Patricio Leonidas González Cortés no resulta ser ilegal, toda vez que se fundamentó en que el solicitante no reunía el requisito del artículo 110 N°4 letra a) del Estatuto de Roma, norma aplicable al caso conforme a lo indicado precedentemente, requisito que no se ha indicado se hubiere cumplido por el condenado”, sostiene el fallo que respaldó el rechazo del entonces ministro Gajardo.

Pese a los reveses previos, el 30 de abril González Cortés y su defensa acudieron nuevamente a la Corte de Apelaciones y a la Corte Suprema para solicitar su liberación. Los tribunales declinaron revisar el fondo del asunto argumentando que era “cosa juzgada”, lo que derivó en un nuevo rechazo del máximo tribunal el 27 de mayo.

El oficio de Silva y la respuesta de los tribunales
De acuerdo con un reportaje de canal 13, Silva habría enviado un oficio el 2 de octubre de 2026 a la Corte, en el que argumentó que el delito de González no es por sí solo una causal legal para negarle el beneficio, dado que cumple con los requisitos establecidos por la ley, como la “conducta sobresaliente” que el exagente de la CNI registró en los penales de Punta Peuco y Colina 1.

“La gravedad del delito, la naturaleza del bien jurídico afectado o la consideración de la entidad de la pena impuesta no constituyen causales autónomas de exclusión del beneficio contempladas en el artículo 17. En consecuencia, tales circunstancias no pueden ser invocadas, por sí solas, como fundamento para rechazar administrativamente un beneficio cuya procedencia se encuentra determinada por el cumplimiento de los requisitos establecidos en la ley”, se lee en el documento.

“En consecuencia, atendido el carácter reglado de la facultad administrativa en esta materia, y considerando que la gravedad o naturaleza del delito no constituye, por sí sola, una causal legal de exclusión, esta Subsecretaría estima que el beneficio de reducción de condena solicitado debió haberse otorgado“, concluyó el oficio.

Pese al oficio del subsecretario, tanto la Corte de Apelaciones como la Corte Suprema volvieron a rechazar el recurso de amparo presentado por la defensa del exagente el pasado 22 de octubre, de manera que continuará cumpliendo su condena en el recinto penitenciario de Colina 1.

También defendió la rebaja para otro exagente CNI
El caso de González Cortez no fue el único en que Silva sostuvo esa posición.

En otro informe dirigido a la presidenta de la Corte de Apelaciones de Santiago, Marisol Rojas Moya, el subsecretario defendió también una rebaja de 19 meses para Heraldo Velozo Gallegos, otro exagente de la CNI condenado por los mismos cinco secuestros calificados.

Las solicitudes de ambos fueron rechazadas por el Ministerio de Justicia en septiembre de 2025. Posteriormente, sus recursos de amparo fueron desestimados por la Corte de Apelaciones de Santiago y la Corte Suprema confirmó ambos rechazos el 2 de diciembre de ese año.

En los dos informes, Silva sostuvo que los condenados cumplían las condiciones establecidas en la Ley 19.856 y que no existían causales legales para negarles la reducción. La misma interpretación había sido aplicada para conceder posteriormente una rebaja a César Luis Acuña Luengo, otro exagente condenado por los mismos hechos.

Iniciar trámites
Este caso abre un nuevo flanco en contra del Ministerio de Justicia en medio de la crisis que vive por la rebaja de penas a condenados por delitos sexuales contra menores de edad, violadores de derechos humanos y una banda extorsiva que decía pertenecer al Tren de Aragua.

La crisis de Kast ya preocupa a la derecha: El Mercurio cuestiona la conducción del gobierno y las encuestas registran una fuerte caída

 


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El deterioro político del gobierno de José Antonio Kast dejó de ser una advertencia formulada exclusivamente desde la oposición. Un editorial de El Mercurio, columnas de Carlos Peña, Daniel Mansuy y otros analistas, reportajes de La Tercera y Diario Financiero y nuevas encuestas describen un escenario de creciente desgaste presidencial. La controversia por Fernando Rabat concentra la atención, pero el desempleo, las dificultades económicas, las tensiones ambientales y las diferencias dentro del oficialismo amplían los cuestionamientos a la conducción del Ejecutivo.

El diagnóstico más severo sobre la situación del gobierno de José Antonio Kast no provino este domingo de la oposición. Fue publicado por El Mercurio, en un editorial titulado «Crisis política en el Gobierno», que advierte sobre la ausencia de conducción y coordinación política en La Moneda y reclama cambios para enfrentar el deterioro de la administración.

La intervención del diario de la oligarquía resulta significativa por su posición histórica dentro del debate político y económico chileno. Su cuestionamiento no se limita al ministro de Justicia, Fernando Rabat, ni a las rebajas de condenas que desencadenaron la controversia. También aborda el desempleo, las demandas sociales, las disputas entre autoridades y las dificultades del Ejecutivo para sostener una estrategia coherente.

El editorial considera que el gobierno enfrenta su semana más difícil y que la permanencia de Rabat amenaza con prolongar una controversia que ya ha provocado importantes costos políticos.

Aunque el diario cuestiona la procedencia jurídica de una eventual acusación constitucional contra el ministro, considera incomprensible que Kast reconozca errores en la actuación del Ministerio de Justicia y, al mismo tiempo, mantenga en su cargo a la autoridad responsable.

La distinción es relevante: el cuestionamiento ya no se concentra exclusivamente en la legalidad de los decretos, sino en la responsabilidad política de quienes adoptaron y defendieron las decisiones.

Una caída que registran distintas encuestas

La advertencia editorial coincide con un nuevo deterioro de la evaluación presidencial.

La encuesta Pulso Ciudadano, difundida este domingo 1 de noviembre y realizada entre el 29 y 30 de octubre, situó la aprobación de Kast en 22,1%, una caída de 6,1 puntos respecto de la medición anterior. La desaprobación alcanzó el 67,5%, con un aumento de 9,9 puntos.

Se trata del registro más bajo obtenido por el mandatario en esa serie desde su llegada a La Moneda.

La misma medición identificó a los ministros de Hacienda, Jorge Quiroz, y de Justicia, Fernando Rabat, entre las autoridades con mayor percepción negativa. Quiroz concentró un 40,3% de menciones negativas y Rabat un 32,6%.

Los resultados incorporan una dimensión que trasciende la controversia judicial: el ministro responsable de la política económica aparece también entre las figuras más cuestionadas del gabinete.

Por su parte, la encuesta Cadem número 702, adelantada por Diario Financiero, registró una aprobación presidencial de 26% y una desaprobación de 69%. En la medición anterior, los resultados habían sido de 29% y 66%, respectivamente.

El desacuerdo con la decisión de mantener a Rabat en el Ministerio de Justicia aumentó del 64% al 70%.

Aunque ambas encuestas utilizan metodologías diferentes y no deben compararse directamente, coinciden en mostrar un deterioro de la evaluación del Presidente y un rechazo mayoritario a la continuidad del ministro.

Roberto Izikson, gerente general de Cadem, sostuvo en Diario Financiero que la controversia afecta directamente la promesa de seguridad con la que Kast llegó al gobierno. También vinculó el deterioro político con las dificultades económicas y el desempleo.

Su análisis apunta a una pérdida de respaldo que comienza a afectar no solamente la imagen presidencial, sino también la relación del Ejecutivo con los partidos que lo apoyan y sus posibilidades de construir acuerdos legislativos.

La crítica de los columnistas: no es solamente Rabat

La preocupación también aparece en columnas publicadas durante el fin de semana.

Francisco José Covarrubias, en un artículo titulado «El desangre», publicado el sábado en El Mercurio, comparó el impacto político del caso Rabat con el que tuvo el caso Monsalve sobre el gobierno anterior.

Su argumento es que ambas controversias afectan compromisos centrales de las respectivas administraciones: la seguridad en el caso de Kast y el feminismo en el de Gabriel Boric.

Covarrubias considera que la controversia podría haberse contenido, pero que las decisiones posteriores del gobierno terminaron ampliando sus consecuencias. Cuestiona especialmente la tendencia a transformar la defensa de un ministro en una demostración de lealtad al Presidente, aun cuando su permanencia genere crecientes dificultades políticas.

Pero este domingo, en las mismas páginas de El Mercurio, Carlos Peña llevó el cuestionamiento más allá de los errores ministeriales.

En su columna «Un país disparatado», el rector de la Universidad Diego Portales comienza describiendo una sucesión de episodios que retratan el desorden gubernamental: un ministro que debe explicar una decisión políticamente controvertida, un subsecretario que intenta deslindar responsabilidades, enfrentamientos entre autoridades y reacciones opositoras que también considera desmesuradas.

Sin embargo, Peña identifica un problema de mayor profundidad: la falta de conducción y de ideas en el Presidente y sus colaboradores más cercanos.

Para ilustrarlo, recurre al discurso pronunciado por Kast en el Encuentro Nacional de la Empresa, Enade. El columnista ironiza sobre una intervención presidencial que considera particularmente deslucida, carente de diagnósticos y propuestas, construida sobre lugares comunes y una metáfora futbolística que juzga poco afortunada.

Peña observa incluso las dificultades que habrían enfrentado los medios para encontrar una frase significativa del discurso. Una de las pocas que obtuvo difusión fue el llamado presidencial a los empresarios para que contrataran trabajadores. Otra, recuerda el columnista, fue la afirmación de Kast de que el gobierno ya había cumplido su tarea y correspondía ahora al empresariado hacer la suya.

La crítica no se refiere solamente a la calidad de una intervención pública. Para Peña, un gobierno necesita elaborar un horizonte político que permita comprender el sentido de sus decisiones. Cuando ese horizonte no existe, los errores dejan de aparecer como episodios particulares y comienzan a ser interpretados como síntomas del funcionamiento general de la administración.

Es precisamente lo que, a su juicio, ha ocurrido con el caso Rabat.

Mansuy y el fracaso de la apuesta tecnocrática

También este domingo, Daniel Mansuy publicó en El Mercurio una columna titulada «El fin de las ilusiones», en la que cuestiona los supuestos sobre los que se organizó el gobierno de Kast.

El académico identifica una serie de expectativas que, según su análisis, no han resistido la experiencia de estos primeros meses: que era posible gobernar con los partidos a distancia, que bastaba un gabinete de expertos para enfrentar las emergencias, que la experiencia técnica podía sustituir al oficio político y que la economía mejoraría por el solo hecho de que la derecha llegara al poder.

Mansuy describe un Ejecutivo en el que las autoridades actúan sin una dirección común y donde resulta difícil identificar un mensaje político central.

La crisis de Justicia constituye, para él, una demostración de esas contradicciones. Primero, el gobierno defendió la actuación de Rabat. Después, el propio Presidente reconoció un error. Pero, pese a ese reconocimiento, decidió mantener al ministro en su cargo.

El resultado, según su interpretación, es una secuencia de decisiones que termina debilitando la autoridad presidencial y prolongando la controversia.

Mansuy plantea que el Ejecutivo necesita dirigentes con experiencia política, capaces de ordenar prioridades, coordinar al gabinete y conducir la agenda pública. Su conclusión es que el diseño inicial de la administración debe ser revisado.

El planteamiento resulta especialmente relevante porque cuestiona uno de los atributos que el gobierno había presentado como una fortaleza: la incorporación de especialistas y profesionales independientes, supuestamente menos condicionados por las prácticas de los partidos tradicionales.

La crítica de Mansuy no niega la importancia de las competencias técnicas, pero sostiene que estas no reemplazan la capacidad de negociación, la conducción política ni la construcción de una coalición.

Desde La Tercera, Daniel Matamala también ha situado la controversia en un marco más amplio. En sus análisis sobre las rebajas de condenas ha cuestionado las explicaciones del Ejecutivo y la forma en que La Moneda ha enfrentado las responsabilidades políticas derivadas de sus decisiones.

Los tres columnistas provienen de tradiciones intelectuales diferentes y no comparten necesariamente sus conclusiones jurídicas o políticas. Sin embargo, sus análisis coinciden en una preocupación: la permanencia o salida de Fernando Rabat no resuelve por sí sola los problemas de conducción que observan en el gobierno.

La falta de oficio político

Un reportaje de Rocío Latorre publicado por La Tercera el 31 de octubre aborda el problema desde una perspectiva más amplia.

Bajo el título «La falta de oficio político detrás de los tropiezos del gobierno de Kast», la periodista examina una sucesión de episodios en los que La Moneda ha debido corregir, explicar o enfrentar resistencias frente a decisiones que inicialmente consideró justificadas.

El reportaje identifica una dificultad recurrente para anticipar las consecuencias políticas de las medidas gubernamentales.

Una de las explicaciones recogidas apunta al diseño del gabinete, integrado por numerosos ministros independientes y profesionales provenientes del sector privado, algunos con experiencia limitada en la administración del Estado.

Ese perfil fue presentado inicialmente como una fortaleza del gobierno, asociado a la capacidad técnica y a la distancia respecto de las prácticas tradicionales de los partidos.

Sin embargo, el análisis plantea que las competencias técnicas no reemplazan la negociación política, la coordinación entre ministerios ni la construcción de acuerdos parlamentarios.

El reportaje recuerda, entre otros episodios, las dificultades de la reforma constitucional de seguridad que finalmente fue retirada, las controversias que precedieron a cambios ministeriales y los problemas políticos generados por los ajustes contemplados en el Presupuesto 2027.

La controversia de Justicia aparece así como el episodio más grave de una serie de dificultades que ya se habían manifestado en otras áreas de la administración.

Quiroz, el desempleo y las dificultades económicas

La crisis política coincide con un escenario económico complejo.

La tasa de desempleo llegó al 9,8%, con más de un millón de personas desocupadas, según los antecedentes destacados por la prensa económica.

A ello se suma la caída interanual de 2,7% de la producción industrial en septiembre, impulsada principalmente por una contracción de 8,7% en la actividad minera.

El ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, enfrenta así cuestionamientos que no se explican por el caso Rabat, sino por la evolución de la economía y las expectativas que el gobierno había generado sobre crecimiento, inversión y empleo.

El propio editorial de El Mercurio advierte que la falta de coordinación y la debilidad política pueden afectar la confianza de los agentes económicos.

En Diario Financiero, Izikson también relacionó el deterioro de la aprobación presidencial con las dificultades para recuperar la inversión y negociar reformas.

Son evaluaciones de analistas y medios económicos, no una demostración de que la caída en las encuestas haya provocado por sí misma un retroceso de la inversión.

Sin embargo, revelan que la preocupación por la conducción del gobierno se está extendiendo hacia sectores que inicialmente concentraban sus expectativas en la agenda económica de Kast.

Las diferencias dentro del oficialismo

La continuidad de Rabat también ha abierto diferencias entre el Partido Republicano y dirigentes de Chile Vamos.

Mientras los republicanos han defendido al ministro y respaldado la decisión presidencial de mantenerlo, parlamentarios de Renovación Nacional y la UDI han expresado reparos al costo político de esa determinación.

La diputada Ximena Ossandón, de RN, advirtió en declaraciones recogidas por Ex-Ante que las explicaciones jurídicas no han conseguido modificar la percepción ciudadana y que el episodio está perjudicando a la derecha.

Otros parlamentarios han señalado que la lealtad al Presidente no debería impedir advertir sobre decisiones que pueden afectar la estabilidad del gobierno.

La Cámara de Diputados aprobó durante la semana una resolución solicitando las renuncias de Rabat y de los subsecretarios Luis Silva y Pablo Mira. La iniciativa obtuvo votos favorables y abstenciones de parlamentarios vinculados al oficialismo.

La destitución de Silva, anunciada el viernes después de que difundiera un video explicando su participación en los decretos, tampoco cerró el conflicto.

Rabat permanece en el ministerio, mientras la oposición prepara una acusación constitucional y la Fiscalía desarrolla una investigación sobre los hechos denunciados.

Otros frentes de conflicto

La controversia judicial se produce, además, en un momento de creciente actividad de organizaciones sociales.

Este sábado se realizaron manifestaciones ambientales contra el proyecto Dominga y las decisiones del gobierno en materia de protección ambiental.

Para los próximos días están anunciadas movilizaciones feministas contra las rebajas de condenas a agresores sexuales, protestas de estudiantes secundarios por las condiciones de la educación pública y una marcha del Colegio de Profesores frente a los recortes presupuestarios.

No existe evidencia suficiente para afirmar que estas movilizaciones constituyan un movimiento coordinado ni que respondan a una causa única.

Pero representan conflictos simultáneos que demandan respuestas de distintos ministerios, precisamente cuando los análisis de la prensa tradicional advierten sobre problemas de coordinación dentro del Ejecutivo.

La discusión del Presupuesto 2027 agregará nuevas tensiones, especialmente en educación, derechos humanos y programas sociales.

Una crisis que ya no describe solamente la oposición

El cambio más relevante de los últimos días está en el origen de los cuestionamientos.

La oposición exige responsabilidades políticas y anuncia una acusación constitucional. Pero, paralelamente, medios tradicionalmente cercanos al mundo empresarial, columnistas identificados con distintas corrientes políticas y dirigentes de los partidos oficialistas están planteando sus propias críticas a la conducción gubernamental.

No todos comparten las mismas explicaciones ni proponen idénticas soluciones. Algunos defienden la legalidad de las decisiones del Ministerio de Justicia, otros cuestionan la oportunidad de una acusación constitucional y varios consideran que el gobierno necesita modificaciones más profundas en su gabinete y estrategia.

Lo que sí comienza a aparecer como un diagnóstico compartido es que el problema excede a Fernando Rabat.

La caída de las encuestas, las dificultades económicas, las controversias administrativas, las tensiones entre partidos y las movilizaciones sociales forman parte de un escenario en el que la capacidad de conducción presidencial está siendo examinada desde distintos sectores.

La pregunta que comienza a instalarse no es únicamente cuánto tiempo podrá permanecer Rabat en Justicia, sino qué decisiones adoptará Kast para recuperar coordinación política, responder a las demandas sociales y reconstruir los apoyos necesarios para gobernar.

Por ahora, las advertencias más severas ya no llegan solamente desde quienes se oponen al gobierno. También se publican en las páginas de los diarios que tradicionalmente han acompañado las posiciones económicas y políticas de la derecha chilena.

Redacción de El Clarín

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