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viernes, 13 de febrero de 2026

SON OCHO REGISTROS DONDE, POR EJEMPLO, SE HABLA DE $1,7 MILLONES PARA EL DIPUTADO ARAYA Y “PALOS DE DÓLARES” PARA VIVANCO

 

Estos son los audios originales de las escuchas telefónicas que la fiscalía exhibió en audiencias como pruebas de la causa bielorrusa

13.02.2026

Por Paulina Toro y Catalina Olate

CIPER tuvo acceso a los audios de las conversaciones interceptadas por el OS7 en la trama del consorcio bielorruso. Algunos de estos registros fueron presentados en noviembre pasado durante la formalización y discusión de cautelares de Gonzalo Migueles y los abogados Mario Vargas y Eduardo Lagos, quienes todavía están en prisión preventiva. Otros, solamente se han difundido a partir de transcripciones. Se trata de ocho pinchazos donde, por ejemplo, se escucha la conversación en que el conservador Sergio Yáber asegura haber entregado $1,7 millones al diputado republicano Cristián Araya. También el momento en que ese mismo conservador pidió a un tercero que hablara con el ministro supremo, Arturo Prado, para ayudar a salvar la remoción del exjuez Antonio Ulloa. O cuando Yáber además dice que él cree que le pasaron “uno o dos palitos de dólares a la Ángela”. Hay audios de Migueles, también, acordando con el conservador Yamil Najle elaborar un contrato para presuntamente justificar pagos que, a juicio de la fiscalía, blanqueaban “coimas” para Vivanco.

La investigación sobre el caso del consorcio bielorruso Belaz Movitec (CBM) es, hasta ahora, la arista más importante del caso Hermosilla. La fiscal regional de Los Lagos, Carmen Gloria Wittwer, ha logrado reunir evidencia suficiente como para mantener en prisión preventiva a los cuatro imputados de la causa: la exministra de la Corte Suprema, Ángela Vivanco; su pareja, Gonzalo Migueles; y a los abogados de CBM, Mario Vargas y Eduardo Lagos. Esas pruebas incluyen georreferenciación de sus aparatos telefónicos, revisión de sus cuentas bancarias, seguimientos a algunos de ellos e interceptación a los celulares de una serie de imputados. 

CIPER accedió a los audios de algunas conversaciones obtenidas a través de pinchazos realizados por el OS7 de Carabineros. Se trata de escuchas telefónicas a los conservadores de bienes raíces Sergio Yáber y Yamil Najle. Algunos de estos registros han sido expuestos en las extensas jornadas de formalización y discusión de medidas cautelares que se han llevado a cabo y otros solamente se han difundido a partir de sus transcripciones. 

Para este artículo, seleccionamos ocho escuchas que han conmocionado a la opinión pública por sus revelaciones, algunas incluso han generado nuevas aristas investigativas. 

Los extractos que se publican en este reportaje omiten conversaciones relacionadas con aspectos personales de los investigados, o que no revisten interés público. 

Entre los audios elegidos, se encuentran hallazgos que impactaron cuando, el 22 de noviembre de 2025, CIPER publicó su transcripción contenida en un informe policial. Se trata de tres registros en los que el conservador de Puente Alto, Sergio Yáber menciona su relación con el diputado Araya (vea ese artículo).

En una de esas escuchas, Yáber señala algo preocupante: haberle llevado a Araya $1,7 millones, sin dar detalles sobre la razón detrás de la presunta entrega de ese dinero. El diputado negó haber recibido ese dinero, pero la fiscalía se encuentra investigando. 

El primero de esos registros es del 1 de octubre pasadoseis días antes de que un grupo de diputados presentara la acusación constitucional contra el entonces magistrado de la Corte de Apelaciones de Santiago, Antonio Ulloa, en la Cámara de Diputados. El conservador habla con su cónyuge y le cuenta que Cristián Araya irá a su casa. Pese a que primero le dice que la visita era porque “estamos en campaña”, luego retrocede y le aclara que él mismo pidió al diputado que lo visitara, con el fin de pedirle apoyo para “nuestro amigo”, para que la “bancada se ponga”. Hasta el 8 de septiembre de ese año, Araya presidía la bancada republicana en la Cámara. 

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La segunda conversación donde se alude a Araya ocurre dos días después, el 3 de octubre, a las 11:23 horas. Yáber tomó contacto con el dueño del restaurante Lumière Bistró, Víctor Valech. Lo que buscaba era reservar una mesa en ese local donde acudiría esa tarde con “Antonio”, presumiblemente, refiriéndose al exjuez Antonio Ulloa. En esa conversación hablaron acerca de antecedentes que Araya le habría entregado a Yáber respecto al diputado Daniel Manouchehri (PS), uno de los impulsores del libelo contra el exministro de la Corte de Apelaciones de Santiago. Se desprende de la conversación, que Yáber buscaba desacreditar públicamente al parlamentario y aunque la información que le había enviado Araya no cumplía sus expectativas, sí pensaba que a Ulloa le podría servir para montar un “golpe de prensa”. 

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Ese mismo día, el conservador Yáber llamó por segunda vez a Valech, ahora después del almuerzo concertado en Lumière Bistró. El conservador partió diciendo algo que concentró interés investigativo: que le había llevado $1,7 millones a Cristián Araya. En los audios no se confirma que Araya haya asistido al restorán, ni tampoco la razón por la cual Yáber le pudo haber entregado $1,7 millones al diputado. Lo que sí queda claro, es que Yáber le aseguró a Valech que la información que Araya le había enviado sobre Manouchehri, se la reenvió a Ulloa.  

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Luego de que CIPER reveló la existencia de estas escuchas, en un punto de prensa el diputado Cristián Araya negó cualquier tipo de pago: “Nunca recibí un peso del señor Yáber, ni del señor Valech y no puedo hacerme cargo de lo que puedan decir terceras personas en una conversación en la que más encima no estoy presente (…). Y voté a favor de la destitución del señor Ulloa”. 

Lo que sí admitió fue haber ido a la casa de Yáber a propósito de su campaña:  “Les puedo señalar que en octubre de 2025, este año en curso, el señor Yáber me contactó y me invitó a comer a su casa a propósito de mi campaña a la reelección de diputados. Invitación que acepté y asistí. En la comida estuvo presente tanto el señor Yáber como el señor (Víctor) Valech”, explicó.

"LO ÚNICO QUE ME INTERESA ES QUE ME AMARRÍ A PRADO"

En los audios queda clara la cercanía y amistad que Sergio Yáber y Antonio Ulloa mantienen desde hace años, algo que el propio exministro ha admitido: en su declaración para el sumario que la Corte de Apelaciones de San Miguel elaboró en contra del conservador –donde se pide su remoción– Ulloa aseguró que Yáber es un amigo “entrañable, de los que cuesta tener”.

En esa misma investigación, la fiscal judicial Carla Troncoso reprochó que pese a las transferencias por casi $78 millones realizadas en seis años por Yáber a Ulloa -además de una serie de otros favores-, el exministro no se haya abstenido de votar a favor de su amigo cuando este postuló sin éxito para convertirse en conservador de bienes de raíces de Santiago, uno de los CBR más apetecidos del país.

En la serie de escuchas telefónicas se constata todo lo que hizo Yáber para que su amigo no perdiera el puesto de ministro de la Corte de Apelaciones de Santiago. No solo le habría pedido ayuda al diputado Araya para la acusación en la Cámara, antes había tomado contacto con Alejandro Román, exministro del Tribunal de Contratación Pública quien, al parecer, tenía vínculo con el ministro de la Corte Suprema, Arturo Prado.  El interés de Yáber era que Román pudiera conseguir el voto de ese ministro a favor de Ulloa, para que le rebajaran la sanción propuesta en la Suprema.  

El contacto ocurrió el viernes 22 de agosto de 2025 a las 12:00 horas, tres días antes de que se viera el sumario de Ulloa en la Suprema y cuando todavía no estaba abierto su cuaderno de remoción. Las transcripciones realizadas por la policía sobre ese audio también fueron publicadas por CIPER en noviembre pasado (lea ese artículo), los que ahora se reproducen en su versión original.

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Cuando la conversación se hizo pública, el ministro Prado negó haber recibido presiones: “Nadie me ha llamado para sugerir alguna forma de votación (…) jamás aceptaría que se me indicara o insinuara algún curso de acción”. Cuando se votó en el pleno sobre las sanciones propuestas en ese sumario contra Ulloa, la mayoría de los ministros acordaron rebajar la sanción de suspensión del ministro de cuatro meses a solo dos y entre ellos estaba el ministro Prado. Así fue como el anhelo que describe Yáber en el audio se cumplió. 

En el mismo registro, Yáber también solicitó apoyo para Verónica Sabaj, también exministra de la Corte de Apelaciones de Santiago, removida por asesorar a Luis Hermosilla. La describe como amiga y asegura que el ministro Mauricio Silva “se estaba moviendo arriba” para ayudarla. Silva Cancino fue el único voto contra su expulsión.

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"LE DEBE HABER PASADO UNO O DOS PALITOS DE DÓLARES A LA ÁNGELA"

Una de las escuchas telefónicas que también impactó en esta investigación cuando fue difundida, fue la información que Yáber reveló en la llamada que realizó a su amigo notario, Claudio Barrena, titular de la Décima Notaría de San Miguel. Aunque en modo especulativo, en este audio se señala algo grave: según calculaba Yáber, Mario Vargas -abogado del Consorcio Belaz Movitec- le debía haber pasado “uno o dos palitos de dólares” a la exministra Ángela Vivanco. 

El intercambio ocurrió el pasado 1 de octubre de 2025 a las 10:35 horas, y fue incluido por la Fiscalía Regional de Los Lagos en la orden de detención que ingresó al Séptimo Juzgado de Garantía para lograr la captura de los abogados Vargas y Lagos, además de la pareja de la exministra Vivanco, Gonzalo Migueles. El audio también fue expuesto por la fiscalía en la primera jornada de formalización de los tres imputados. En este además se escucha a Yáber decir que era mejor “alejarse de Mario”, refiriéndose a Vargas.

Un dato que la fiscalía todavía pesquisa respecto de Vivanco, es lo que también en forma especulativa Yáber dice en este audio: que él creía que la exministra y Migueles, llevaban el dinero de las supuestas coimas fuera de Chile y dijo que él se acordaba que viajaban con frecuencia a Ciudad de México.

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Las afirmaciones de Yáber han generado diligencias por parte del Ministerio Público, pero en su segunda declaración ante la fiscalía, realizada el 30 de diciembre pasado, el conservador retrocedió y le dijo a  los investigadores que solo había escuchado cosas de la prensa y a través de otros abogados: “Yo no sé si se les entregó dinero a Mario Vargas, Migueles o Vivanco por concepto de coimas, son solo comentarios, no tengo conocimiento de nada. En el mundo de los abogados se especulaba. Respecto a los ‘palos verdes’ fue solo un decir, pueden ser dos o tres, lo que se me ocurrió, no que yo sepa algo en particular. Es solo deducción por lo que se sabía en la prensa, no por saber algo en concreto”, dijo.

LA LLAMADA DE MIGUELES POR CONTRATO CON NAJLE

El 5 de septiembre pasado, a las 08:31 horas, Gonzalo Migueles tomó contacto con Yamil Najle, el conservador de Chillán, formalizado en esta causa por presuntamente ayudar a lavar el dinero que Migueles recibió de los abogados Lagos y Vargas y que, en teoría de la fiscalía, consisten en coimas por los fallos favorables a CBM que impulsó Vivanco. Durante esa comunicación, Migueles le recordó al conservador que debían confeccionar contratos para justificar las boletas emitidas por él. Según ha señalado el Ministerio Público, esos contratos buscaban justificar los dinero pagados irregularmente. De hecho, como estaban haciendo interceptaciones telefónicas, el OS7 realizó un seguimiento del momento en que Migueles se reunió con colaboradores de Najle, para concretar la firma de uno de esos contratos (vea ese artículo). 

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En la conversación se escucha que, una vez que Najle accede a la solicitud de Migueles, este le señala que Vivanco quería verlo en Santiago, para que todos salieran a cenar. Según declaró Najle en noviembre pasado, esas referencias a la exministra suprema eran presiones para él: “Gonzalo Migueles refería siempre que me manda saludos la señora Ángela Vivanco, que me quería mucho, que me estimaba, y entremedio me decía que teníamos que trabajar para hacer producir la gasolinera, el diario, qué sé yo… Y que ella me mandaba saludos, que me invitaba a la casa y entremedio me seguía hablando de los contratos. Esa es presión”, afirmó.    

En otra declaración, señaló algo parecido: “Gonzalo Migueles me llamaba insistentemente y como yo no le contestaba, llamó a mi abogada jefe para solicitar el tema del contrato insistiendo en que debíamos redactarlo. Esto fue hace no más de un mes, ante lo cual yo accedí y cada una de las partes redactó lo de su interés”, aseveró Najle.

Antes de que Migueles acordara con Najle la firma de uno de esos contratos, el conservador hizo averiguaciones respecto de los pagos que le había hecho a la pareja de Vivanco. Esto, porque el Ministerio Público había detectado que Najle traspasó en montos fraccionados $25 millones a Migueles y lo que quería saber, era si en todos esos casos se había generado una boleta.  

El registro quedó en escucha telefónica realizada el 23 de agosto, en que Najle llama a un colaborador suyo identificado como “Pablo”, a quien le pregunta por las transferencias de $5 millones que le habían hecho a la pareja de la exsuprema Vivanco. 

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CIPER intentó contactar a los conservadores Najle y Yáber y a sus abogados para obtener más contexto sobre estas escuchas telefónicas, pero hasta el cierre de este artículo no hubo respuesta.

“General Schneider: un hombre de honor, un crimen impune”: coherencia ética y compromiso republicano

 

“General Schneider: un hombre de honor, un crimen impune”: coherencia ética y compromiso republicanoCULTURA|OPINIÓNCrédito: Archivo


Guillermo González Donoso
Por : Guillermo González DonosoHistoriador, Master en Public Policy de Oxford, Candidato a doctor en Historia, profesor de la universidad de los Andes y ayudante de investigación de Niall Ferguson en Hoover Institution en Stanford.
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René Schneider se nos aparece con una vocación silenciosa, hombre de servicio y líder sereno y justo, así como un padre cariñoso, reservado, de gran cultura y gusto artístico.


Todo resulta distinto en el libro del coronel en retiro Víctor Schneider Arce. Desde sus primeras páginas, el lector es conducido a un mundo que parece remoto, un Chile antiguo, a ratos ajeno, donde la vida se desenvolvía en un ritmo más lento, en ciudades y pueblos de ciudadanos de a pie, con necesidades materiales simples, pero con un espíritu que sorprende por su cercanía y su intimidad con nuestra propia experiencia. Ese Chile, modesto y sobrio, se nos muestra con claridad a través de la voz de un testigo que no sólo recuerda, sino que interpreta.

Para el historiador, este texto se convierte en fuente valiosa, tanto por el testimonio directo de un joven contemporáneo de los hechos como por la reconstrucción que el hijo realiza de la figura del padre. A través de esta doble dimensión, asistimos a un relato que no es solo biográfico ni meramente testimonial: es un ejercicio de memoria viva que nos habla de los orígenes, aspiraciones, intereses y relaciones de René Schneider Chereau, con la profundidad de quien no quiere dejar pasar el legado de un hombre que pertenece a Chile y su historia.

El libro sitúa al general René Schneider (1914 – 1970) en un largo proceso histórico que hunde sus raíces en la formación republicana chilena. La colonización interna, la consolidación de clases medias industriosas y reformistas, así como la modernidad incipiente del país, forman el telón de fondo de esta trayectoria personal y profesional. La vocación militar del general Schneider coincide con una de las décadas más dinámicas y transformadoras de la vida nacional, donde las fuerzas armadas irrumpen en el espacio público y en la transformación del orden político.

Aquellos años inaugurados por cuartelazos, golpes y asonadas irán avanzando en medio de convulsiones políticas, la reforma constitucional y los gobiernos encabezados por militares. Será en medio de la dictadura de Carlos Ibáñez que aparece la Comandancia en Jefe del Ejército, institución de la que más tarde Schneider será señero representante y de la que tendrá muy clara su orientación.

La falta de un proyecto nacional que incorporara al orden castrense de forma explícita (la Constitución chilena de 1925 no tiene un apartado independiente para las fuerzas armadas) y el desprecio de diferentes grupos políticos por las ramas militares, generó un problema de larga duración que acompañaría a la vida institucional chilena durante décadas, y que condicionó las relaciones entre poder civil y poder militar.

Es en este mundo sencillo, pequeño, a ratos provinciano, pero consciente de los espíritus de cambios que se han instalado en la vida pública chilena, donde el autor describe de manera bien documentada la formación de René Schneider Chereau (1913 – 1970). Desde la novena antigüedad de un joven alférez a comienzo de la década de los treinta hasta los difíciles días de octubre de 1970 vemos continuidades que, con o sin intención, el autor refuerza con anécdotas, recuerdos de conversaciones y testimonios de contemporáneos al general, donde su camino fue el del mejoramiento constante de su propia formación y el desarrollo del ejército.

René Schneider se nos aparece con una vocación silenciosa, hombre de servicio y líder sereno y justo, así como un padre cariñoso, reservado, de gran cultura y gusto artístico. No podemos ver en él un perfil de líder carismático, político retórico o militar “cuartelero”, por el contrario, estamos frente a un hombre de coherencia ética y compromiso con los principios republicanos, que confirma su autoridad en los hechos, en el historial de su carrera profesional.

La narración insiste en que estamos ante la historia de un hombre de honor, de un héroe nacional y de un mártir de la patria. El relato de Víctor Schneider, construido a lo largo de los años, muestra cómo la vida de su padre puede leerse como una preparación constante para el calvario de octubre de 1970, cuando, fiel a su juramento en la Escuela Militar, se enfrentó al dilema de defender la Constitución y las instituciones democráticas frente a quienes buscaban quebrarlas. La fortaleza moral de René Schneider se muestra como el fruto de un oficio silencioso, de una disciplina cotidiana que se transformó en destino.

Si bien este es un libro que encarna la nobleza de quien reconoce el valor de la palabra paterna, sorprende también por su valor documental, la recopilación y selección de fuentes, y por la transparencia con que revisa los procesos judiciales y políticos que siguieron al asesinato del general. Si bien tras el asesinato se levantó un clamor transversal de justicia, con condenas públicas, investigaciones rápidas y una opinión pública conmocionada por la brutalidad del crimen, lo cierto es que con el paso de los años ese espíritu se fue diluyendo.

Los mismos principios que Schneider defendió fueron desplazados por la indiferencia, el desprecio e incluso por la complicidad. Es por esto que los editores reproducen documentos claves para comprender la verdad de los hechos, algo así como el antiguo cuerpo del delito, el peritaje de un arma legítima que no fue usada por la víctima y fragmentos de sentencias judiciales que, es importante recalcar, se deben leer a la luz de acontecimientos posteriores tristemente similares.

El texto recuerda con crudeza cómo algunos de los complotados y asesinos lograron acceder a cargos públicos, reconocimientos o posiciones empresariales relevantes, en un proceso que revela el deterioro moral y político de la república, como por ejemplo los casos de Mario Tapia Salazar quien fue alcalde de Puerto Aysén, León Cosmelli Pereira quien tuvo un cargo público en un servicio del Ministerio de Agricultura, además de famoso empresario como sus compañeros de crímenes Allan Leslie Cooper y Julio Bouchon Sepúlveda.

Otros condenados por la Ley de Seguridad del Estado, como Guido Poli Garaycoechea, quien fue contratado en calidad de abogado en una repartición del Ejército. Otros sujetos quedaron registrados en la prensa nacional por sus personalidades caricaturescas, su falta de guía moral e inescrupulosidad, tal es el caso de la famosa y constante indisciplina de Roberto Viaux, la farsa pública del general Camilo Valenzuela, quien apenado en público ocultaba sus conspiraciones para asesinar a un supuesto compañero de armas. Increíbles resultan la cobardía de los principales asesinos y prófugos Juan Luis Bulnes Cerda, y los hermanos Diego y Julio Izquierdo Menéndez.

El libro también ilumina un aspecto muchas veces olvidado: la operación de amnistía de los años setenta, que permitió el regreso de los asesinos prófugos. Esa medida, presentada como un gesto de reconciliación, fue en realidad una claudicación frente al crimen político, y selló una herida que aún resuena en la memoria nacional.

Víctor Schneider demuestra que la muerte de su padre no fue solo un acto criminal, sino un punto de inflexión en la historia chilena, un episodio que inauguró una larga sombra de impunidad y que todavía interpela a la historiografía y a la justicia contemporánea. Asimismo, pronto la historiografía también deberá hacerse cargo de aquella operación de amnistía, donde una funcionaria prima del Presidente no quiso firmar esa ley y según propio testimonio se le encargó a un joven abogado penalista de triste memoria redactar una ley ad hoc.

El recorrido por estos personajes, sus actos y condenas se lee con desenfado, madurez y responsabilidad, aunque no se pierde la reflexión de Víctor Schneider, ese acto generoso de quien ha debido reavivar estos hechos vividos a los quince años. y quien hoy, en la senectud del retiro, el menor de los hijos del general Schneider nos comparte esta “lección de vida”, como la denomina, y nos entrega una imagen sincera y personal de René, tal como él mismo ha relatado que el histórico comandante en jefe sobrevive en la memoria de su familia.

Esta es una historia conocida por la chilenidad de las décadas anteriores, pero resulta una historia remota para quienes miramos viejos diarios en la hemeroteca, videos reconstituidos y fotografías en blanco y negro. Sin embargo, es una historia contemporánea, con muchos de sus implicados vivos, así como sus testimonios presentes, de ahí la importancia del trabajo de Víctor Schneider, porque para él su padre es un ejemplo vivo cargado de futuro, un héroe que merece su lugar en nuestras páginas, un ejemplo cargado de futuro.

En este sentido, la trayectoria vital del general no puede quedar confinada a un episodio dramático de la historia reciente ni reducido a un símbolo abstracto. Su figura encarna un tipo de compromiso con la legalidad y la institucionalidad que, en medio de un país atravesado por pasiones políticas desbordadas, se vuelve especialmente luminoso. Tal como lo plantea el autor, su testimonio se proyecta como una herencia pública y moralmente digna.

Finalmente, quisiera destacar dos aspectos fundamentales de esta publicación. El primero, de carácter moral, es la vitalidad que transmite el autor. Este libro nos invita a recorrer, junto a Víctor Schneider Arce y de su reservada familia, los oscuros días de octubre de 1970, cuando la vida incipiente de un joven de quince años fue arrastrada por la historia.

A lo largo del tiempo, aquel muchacho consolidó su vocación y carrera, formó una familia y, en ella, mantuvo viva la palabra paterna heredada. Todo esto se desarrolla en distintos momentos y contextos de Chile y del propio Ejército, siempre de manera pública, de frente a los chilenos, como lo hace este libro; en contraste con tantos otros hombres de infame memoria que aparecen en sus páginas.

El segundo aspecto que debo resaltar es el trabajo editorial: se trata de un texto prolijo y bien documentado, íntimo y a la vez claro, que logra conjugar lo histórico con lo personal. No cabe duda de que es una verdadera proeza editorial equilibrar todos estos elementos y, además, ofrecer un libro grato de leer, con abundancia de fuentes reproducidas, fotografías, y una factura cuidada en su impresión.

Ficha técnica: 

Schneider Arce, Víctor. General Schneider. Un Hombre de Honor Un Crimen Impune. Editorial Entre Zorros y Erizos, Segunda edición, 2025.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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