Hoy, el bloqueo se recrudece con saña por un gobierno de Estados Unidos en crisis, en el cual Donald Trump pretende incendiar el mundo para distraer la atención mediática del Caso Epstein y las prácticas criminales y pedófilas de las élites gringas. Pero la marea de la solidaridad crece. México y China ya envían su ayuda humanitaria. Y es el momento de que toda Nuestra América actúe. EL CIUDADANO
El espíritu latinoamericano vibra hoy más fuerte que nunca. Se hizo presente en un escenario global, recordándole al mundo nuestra fuerza, nuestro orgullo y nuestra cultura imparable. Ese mismo espíritu de lucha y dignidad tiene un nombre, un faro que ha iluminado los momentos más oscuros: Cuba.
A solo 90 millas del imperio más poderoso de la historia, una isla digna ha resistido. No por unos años, sino por más de seis décadas. Cuba es la prueba viviente de que la soberanía se defiende, de que un pueblo unido es una fortaleza. Es el país que no se dejó disciplinar, ni en la Guerra Fría ni en los años en que se hablaba del fin de la historia.
Esta resistencia tiene un costo brutal: el bloqueo. No es un embargo, es un asedio económico de más de 60 años, un castigo colectivo calculado en años de producción entera de un país. Es una guerra no declarada destinada a rendir por hambre a un pueblo y a provocar efectos similares a los que ya vimos en Gaza.
Y, a pesar de todo… ¡mira lo que han logrado! Con ese bloqueo criminal sobre sus hombros, Cuba brilla. Es potencia mundial en salud, en educación, en deporte. Sus indicadores de desarrollo humano desafían a naciones mucho más ricas de la región. Y su mayor exportación es la solidaridad: miles de batas blancas salvan vidas en los rincones más olvidados del planeta. Hasta dieron su vida, 32 héroes, defendiendo la soberanía de Venezuela hace tan solo unas semanas.
Hoy, el bloqueo se recrudece con saña por un gobierno de Estados Unidos en crisis, en el cual Donald Trump pretende incendiar el mundo para distraer la atención mediática del Caso Epstein y las prácticas criminales y pedófilas de las élites gringas. Pero la marea de la solidaridad crece. México y China ya envían su ayuda humanitaria. Y es el momento de que toda Nuestra América actúe.
A Chile, a su Presidente Gabriel Boric, le decimos: Si la solidaridad es un principio, debe ser para todos. Si hubo sensibilidad para Ucrania, ¿cómo no haberla para Cuba, quien dio refugio a tantos chilenos y chilenas durante la dictadura de Pinochet?
A la militancia del Frente Amplio, quienes usaban la foto del Che en sus campañas y se fotografiaban orgullosos en la Plaza de la Revolución en La Habana: ¡Es hora de solidarizar con Cuba y no pedir perdón! Exijan a su gobierno ayuda humanitaria YA. Que el afiche del ayer sea la política exterior del hoy.
En la trinchera de Cuba no solo se defiende su derecho a existir. Se defiende la integración latinoamericana, la soberanía de nuestra Patria Grande y el derecho de todos los pueblos a elegir su destino sin tiranías externas. No es solo ayudar a Cuba. Es defendernos a nosotros mismos.
Cuba no está sola. Su resistencia es nuestra resistencia. Su dignidad, nuestra dignidad. ¡Intensifiquemos la solidaridad! No solo desde los pueblos, sino también desde los gobiernos. La soberanía de Nuestra América se defiende en Cuba.
EL CIUDADANO