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domingo, 8 de febrero de 2026

HASTA OCTUBRE DE 2025, EL SERVEL HABÍA ENVIADO 774 CASOS AL MINISTERIO PÚBLICO

 

1.369 denuncias en tres años por afiliaciones a partidos sin consentimiento: Social Cristiano, Amarillos, Demócratas y Evópoli encabezan la lista

08.02.2026

Por Ema Santa Cruz y María Agramunt 

Ciper Chile

Entre 2023 y 2025, el Servel ha recibido más de 1.300 reclamos por afiliaciones sin consentimiento. El Partido Social Cristiano encabeza la lista, le sigue Amarillos por Chile, Demócratas y Evópoli. El 79% de las denuncias que suman estos partidos se registraron durante el periodo de las elecciones primarias oficialistas. Hasta octubre pasado, el Servel había enviado al Ministerio Público 774 reclamos recibidos por ellos, porque podrían constituir el delito de suplantación de identidad. Desde la Unidad Anticorrupción de la Fiscalía Nacional, señalan que todas las denuncias del servicio fueron derivadas a las fiscalías regionales respectivas.

En junio de 2025, Constanza Navarro denunció por la red social TikTok que el Partido Social Cristiano le quitó la posibilidad de “votar en las primarias presidenciales”. La publicación superó las siete mil reacciones y provocó más de mil comentarios de personas que afirmaban haber pasado por experiencias parecidas con distintos partidos. Entre ellos se encontraba el de Ignacia López, quien se dio cuenta de su afiliación gracias al video de Constanza y señala: «Cuando todavía estaba en la enseñanza media, en una plaza me preguntaron si quería firmar para ayuda a los niños del Sename, totalmente ingenua firmé. Si no fue ahí [la afiliación], no tengo idea cómo fue”. 

Constanza e Ignacia son parte de las 1.369 personas que realizaron denuncias por afiliación sin su consentimiento a un partido político en los últimos tres años, según datos obtenidos a través de una solicitud vía Ley de Transparencia enviada al Servicio Electoral (Servel). La mayoría de los partidos que concentran estas denuncias, podrían ser disueltos por no haber alcanzaron el mínimo de votos exigidos en las elecciones parlamentarias de 2025.

Para esta investigación, se solicitó al Servel todos los registros de reclamos por afiliación a partidos políticos sin consentimiento realizados entre enero de 2023 y noviembre 2025, pidiendo que se detallara qué colectividad fue la denunciada, en qué fecha y región. Además, se requirió el número de casos que han sido derivados al Ministerio Público para que se investigue un posible delito. 

Según la información entregada por el servicio, el Partido Social Cristiano (PSC) concentra la mayoría de las denuncias. Le siguen el Movimiento Amarillos por Chile, el Partido Demócrata y Evolución Política (Evópoli). El 79% de los reclamos que involucran a estos partidos se realizaron en el periodo de elecciones primarias del oficialismo realizadas en junio de 2025, proceso en el que solamente podían votar personas afiliadas a los partidos que llevaban candidatos, e independientes. Esta condición permitió que la mayoría de los denunciantes, incluyendo a Constanza Navarro, se dieran cuenta de que militaban en un colectivo.

En total hay 32 partidos con denuncias, pero 11 de ellos tienen más de 30 reclamos. Aparte de los cuatro que lideran, la lista de los 11 la completan el Partido de la Gente (PDG), Partido Alianza Verde Popular (PAVP), Renovación Nacional (RN), Partido Popular (PP), Unión Demócrata Independiente (UDI), Partido Humanista (PH) y Federación Regionalista Verde Social (FRVS). Además, ocho de estos partidos, no lograron en la última elección la representación parlamentaria que estipula la ley, por lo que podrían ser disueltos. 

El Servel confirmó que ha enviado 774 reclamos de afiliaciones irregulares al Ministerio Público con el fin de que se abra una causa si esa institución lo determina. Esto, ya que casi el 90% de las afiliaciones se realizan con Clave Única, por lo que su vulneración constituiría un delito de suplantación de identidad. 

Al ser consultada la fiscalía sobre el estado de esos antecedentes, el director de la Unidad Anticorrupción de la Fiscalía Nacional, Eugenio Campos, aseguró que se están investigando. Y pese a que no existe un catastro, sí hay un mecanismo de coordinación: “Tenemos una coordinación con el Servel para intercambio de información necesaria para la persecución penal”, dice. Y agrega: “Cada una de esas denuncias formuladas, son derivadas a las respectivas fiscalías regionales en conformidad al territorio donde haya dado origen el comienzo del hecho ilícito. Y se encuentran con diversas diligencias, que son reservadas en conformidad a la ley”.

Los partidos que lideran la lista también fueron consultados acerca de si tenían conocimiento de sus denuncias. El Partido Social Cristiano indicó que tenían conocimiento de las denuncias, pero no de la cantidad relacionada. Demócratas afirmó a través de su vicepresidente, Marcelo Urrutia, que no tenían conocimiento de esta información. Desde Amarillos por Chile, su encargada de prensa no pudo responder debido a la posible disolución del partido y el único diputado de ese colectivo, Andrés Jouannet, no dio respuesta respecto al tema. Las comunicaciones de Evópoli derivaron al presidente del partido, Juan Manuel Santa Cruz, quien tampoco tuvo respuestas.

MÁS DE MIL DENUNCIAS

El objetivo de un partido político es representar a los ciudadanos de un país en la institucionalidad pública, por lo que requiere el apoyo de estas personas para su permanencia, de lo contrario, serán disueltos. Así lo establece el Artículo 42 de la Ley Orgánica de Partidos Políticos donde se establece que un colectivo cae en disolución cuando no alcanza el 5% de los sufragios válidamente emitidos en la última elección de diputados. Luego de las Elecciones Presidenciales y Parlamentarias del 16 de noviembre de 2025, 13 colectividades no cumplieron esta norma y se encuentran en riesgo de ser disueltas. La única manera de seguir existiendo es fusionándose con otros partidos para conservar su persona jurídica. Los cuatro colectivos que cuentan con más denuncias por afiliaciones sin consentimiento, también corren el riesgo de desaparecer: Social Cristiano, Amarillos, Demócratas y Evópoli. 

La afiliación a un partido se realiza principalmente de forma digital, utilizando la Clave Única. El subdirector de partidos políticos del Servel, Roberto Salim-Hanna, señala que casi el 90% de las afiliaciones se hacen online, en una plataforma diseñada especialmente: “Es una plataforma en la cual la persona, con su Clave Única, ingresa y pone el partido al cual desea afiliarse”, dice. Este sistema ha reemplazado al de años anteriores, donde una firma presencial o llenando una ficha de datos, permitían realizar la tramitación.

El Servel establece que la plataforma no permite que estos trámites los haga un tercero y no la persona que desea militar en un partido, pero Constanza, Ignacia y más de mil denunciantes confirman lo contrario: haber sido afiliadas a partidos políticos sin su consentimiento. 

El financiamiento estatal que tiene cada partido no está relacionado directamente con su número de militantes, pero sí con su representación parlamentaria y con la cantidad de regiones en las cuales ese colectivo está constituido. En esta última condición, sí es necesario tener militantes inscritos en cada zona.    

No todas las personas que son afiliadas sin su consentimiento denuncian, muchas solo renuncian al partido político. Es el caso de Elisa Matte, afiliada sin saber al partido Convergencia Social en 2021, quien afirma que no hizo el reclamo porque “esas plataformas siempre suelen ser muy engorrosas”, dice. Para realizar la denuncia, el Servel ha facilitado un portal al que se debe ingresar con Clave Única e iniciar el trámite informando datos personales (ingrese a ese portal).

Según Salim-Hanna, el Servel debe contrastar la solicitud de afiliación para verificar que la persona cumpla con los requisitos de la Ley Orgánica de Partidos Políticos para ser inscrita, entre ellos, ser mayor de edad, no estar afiliado a otro partido político y no ser parte de las Fuerzas Armadas (FF.AA.) o Carabineros. Esto, porque ningún uniformado puede tener afiliación política. De los 1.369 reclamos, seis casos de personas militando sin consentimiento, corresponden a miembros de la policía uniformada, lo que significa un problema mayor. En la Región Metropolitana, una denuncia por inscripción al partido Evópoli manifiesta la siguiente situación: “Por temas de trabajo me trae problemas ya que pertenezco a fuerzas armadas lo que está prohibido cualquier afiliación política”. 

No solo se ha burlado el sistema de verificación de requisitos con miembros de las FF.AA. o Carabineros, también pasa con menores de edad. Antonia Arancibia afirma haber sido afiliada antes de cumplir la mayoría de edad: “La papeleta que me aparecía cuando me di cuenta que estaba afiliada, decía que fue en enero del 2023, y yo para esa fecha aún tenía 17 años”.  

Estar afiliado a un partido político puede convertirse en un problema para el ámbito laboral, por ejemplo para alguien que busca trabajar en el Servel, funcionarios públicos que tampoco pueden militar. En los reclamos se detalla lo siguiente: “Me acaban de cancelar una reunión de trabajo ya que el único requisito era no militar en ningún partido político”.

Créditos: Víctor Huenante / Agencia Uno

LOS QUE LIDERAN LA LISTA

32 partidos políticos aparecen en el registro de denuncias por afiliaciones realizadas sin consentimiento. Algunos de estos partidos ya no existen y el 69% de estos (939 casos) se vincula a partidos de derecha y el otro 41% (430 casos) está asociado a partidos de izquierda. La cantidad de denuncias de los partidos con más reclamos son los siguientes: 

  1. Partido Social Cristiano: 299 denuncias. 
  2. Movimiento Amarillos por Chile: 149 denuncias. 
  3. Partido Demócratas: 141 denuncias.  
  4. Evópoli: 133 denuncias.
  5. Partido de la Gente: 64 denuncias. 
  6. Partido Alianza Verde Popular: 63 denuncias
  7. Renovación Nacional: 63  denuncias. 
  8. Partido Popular: 60 denuncias. 
  9. Unión Demócrata Independiente: 48 denuncias. 
  10. Partido Humanista: 38 denuncias. 
  11. Federación Regionalista Verde Social: 34 denuncias.
  12. Comunista de Chile: 28 denuncias. 
  13. Revolución Democrática: 23 denuncias. 
  14. Liberal de Chile: 21
  15. Socialista de Chile: 21 denuncias 
  16. Partido de Trabajadores Revolucionarios: 20 denuncias. 
  17. Republicano de Chile: 19 denuncias. 
  18. Acción Humanista: 19 denuncias. 
  19. Partido Demócrata Cristiano: 17 denuncias. 
  20. Comunes: 16 denuncias (disuelto). 
  21. Frente Amplio: 16 denuncias.
  22. Partido Por la Democracia: 16  denuncias. 
  23. Igualdad: 15 denuncias. 
  24. Convergencia Social: 14 denuncias.
  25. Patria Progresista: 14 denuncias. 
  26. Radical de Chile: 6 denuncias. 
  27. Partido Progresista de Chile: 3 denuncias (disuelto). 
  28. Partido Nacional Libertario: 3 denuncias. 
  29. Partido Ecologista Verde: 3 denuncias. 
  30. Centro Unido: 1 denuncia (disuelto). 
  31. Sentido Común: 1 denuncia (disuelto).
  32. Partido Nacional Ciudadano: 1 denuncia (disuelto). 

Los cuatro partidos que lideran la lista -PSC, Amarillos, Demócratas y Evópoli- podrían ser disueltos tras no conseguir la representación parlamentaria mínima que exige la ley. Esto último no es novedad para el Partido Social Cristiano, ya que lo formaron dirigentes independientes y exmilitantes del Partido Conservador Cristiano (PCC), disuelto en febrero de 2022 tras no alcanzar el mínimo de votos requerido en las elecciones parlamentarias de 2025.

Esos mismos colectivos han sufrido renuncias de militantes en 2025. Según los últimos datos publicados en diciembre pasado por el Servel, el PSC comenzó el año con 17.247 afiliaciones y para diciembre pasado, conservaba solo 13.351. Amarillos comenzó con la cifra de 8.087 militantes en enero 2025 y once meses después, figuraba con 5.932. La situación se repite para Demócratas, quienes partieron con 15.391 afiliados y a la última cifra publicada por el Servel, tenía 14.017. Por último, Evópoli: inició el año con 16.884 militantes y en diciembre se encontraban con 14.453.  La mayor cantidad de denuncias a los cuatro partidos fue en junio de 2025. 

La mayoría de las renuncias coinciden con los días en que el oficialismo inscribió la primaria Unidad por Chile, destinada a seleccionar un candidato único en la coalición. En estas elecciones, se estableció la restricción que por ley indica el Servel: “No podrán sufragar quienes estén afiliados a partidos políticos que no participan en las primarias”. Los partidos que formaron parte de esa primaria eran: Partido Socialista, Frente Amplio, Federación Regionalista Verde, Partido Liberal, Partido por la Democracia, Partido Radical, Partido Comunista y Partido Acción Humanista. Y solo militantes de estos o independientes podían votar. 

El 7 de junio de 2025, el Servel abrió el portal de Consulta de Datos Electorales, donde se informaba quiénes fueron designados vocales y otras indicaciones, como mesa y local de votación. Además, en la última casilla, se informaba, con respecto a la restricción, si el consultante estaba habilitado para sufragar. Para la sorpresa de Antonia Arancibia, quien nunca dio consentimiento ni mostró interés en formar parte de un partido, la casilla indicaba: “No, el padrón electoral determinado por los partidos políticos no contempla su participación”. En la consulta, Antonia se dio cuenta que estaba afiliada al Partido Social Cristiano y no pudo ejercer su derecho a voto durante las primarias presidenciales.

La mayoría de los reclamos se concentró entre el 7 y el 9 de junio de 2025. Desde entonces, las denuncias han mantenido una tendencia al alza. En el caso del PSC, el 89% de los reclamos se presentaron después de la publicación de los datos electorales. En Amarillos, el 75% de las denuncias corresponde a ese mismo periodo; en Demócratas, el 89%; y en Evópoli, el 64%.

Estar inscrito en un partido político no es únicamente simbólico. Significa una serie de restricciones que impiden el desarrollo virtuoso de la vida democrática. El militante de un partido tiene derechos y deberes. Entre los primeros están, participar en las instancias como votaciones en elecciones internas; postularse a cargos; proponer cambios al partido y estar informado de aquello que no es reservado ni secreto -por ejemplo, mediante correos electrónicos-. De las fuentes testimoniales, ninguna recibió mails, ni se le abrieron instancias de participación, razón por la que se enteraron sorpresivamente sobre su afiliación.

PROCEDIMIENTO POSTERIOR A LA DENUNCIA

Las denuncias por afiliación involuntaria pueden ser realizadas de manera online ingresando con Clave Única al sitio web del Servel y también de manera presencial. Una vez realizada la denuncia, el Servicio Electoral debe responder al reclamante con su Certificado de Afiliación, para que pueda reconocer el documento que dio origen a su militancia. En el caso que la persona no reconozca la firma, el Servel indica que “se remiten los antecedentes al Ministerio Público para su investigación, dado que el desconocimiento, en caso de acreditarse, podría revertir caracteres de delito de competencia de tribunales de justicia”. Durante 2023, 2024 y hasta octubre de 2025, 774 antecedentes han sido derivados al Ministerio Público, 738 de ellos en 2025. Para que se comience a investigar, la fiscalía debe abrir una causa a partir de los antecedentes que recibe cuando se presume la comisión de un hecho que la ley califica como delito. 

En la Unidad de Comunicaciones del Servel indicaron que la mayoría de las afiliaciones son realizadas de manera online, utilizando Clave Única: “Durante el mes de agosto [de 2025], de un total de 3.429 afiliaciones, 3.405 fueron realizadas en línea y solo 24 de forma presencial, mediante ficha física”. 

Según Kenneth Pugh, senador independiente e ingeniero naval electrónico: “La Clave Única no es un sistema de identidad digital, no permite confirmar que efectivamente es la persona quien dice ser. Hoy las claves únicas se las pasan unos a otros, hay personas que hacen trámites por otra persona, usando su clave única. Por eso, es muy fácil que se filtre”. Añade que, otra forma fácil de filtración, es hackeando el sistema, por lo que Pugh propone “robustecer el sistema de identidad digital con múltiples factores de autenticación y dejar atrás el concepto de claves únicas”.

La Clave Única es una credencial de autenticación personal e intransferible, y su uso indebido -según los términos y condiciones que establece en la web-, se considera un delito de suplantación de identidad o fraude. La sanción por este delito está indicada en el Artículo 2 de la Ley de Delitos Informáticos (Ley 21.459): “Será castigado con la pena de presidio menor en su grado mínimo o multa de once a veinte Unidades Tributarias Mensuales”. Aunque la Ley de Partidos Políticos no tipifica directamente como delito la afiliación forzosa, esta es la ley que dota de valor jurídico al registro de afiliación.

Para tener un sistema más seguro, Roberto Salim-Hanna afirma que el Servel, en septiembre de 2025, agregó al sistema de afiliación online una doble verificación donde se pide no solamente la Clave Única, sino que también los números del carnet del documento. El objetivo de la implementación es corroborar de mejor manera la identidad de la persona que solicita afiliarse a un partido político y también otros trámites del Servel.

*Este reportaje fue realizado por las estudiantes Ema Santa Cruz y María Agramunt, en la sección del profesor Pedro Ramírez del curso Taller de Periodismo Avanzado de la Facultad de Comunicaciones de la Pontificia Universidad Católica de Chile.

“En Chile hubo una Isla Epstein y se llamó Villa Baviera”: Los horrores de una secta que encabezó el pederasta Paul Schäfer


 Colonia Dignidad, el enclave alemán en Parral liderado por el pederasta Paul Schäfer, es señalado como la "Isla Epstein" de Chile. Investigaciones y testimonios detallan décadas de abusos infantiles, torturas y tráfico de armas, protegido por la dictadura y sectores políticos de derecha, hoy convertido en polémico destino turístico.

EL CIUDADANO

Chile y su Isla Epstein»: Décadas de abusos y encubrimiento en Colonia Dignidad 

La comparación se hizo inevitable y estremecedora. Mientras el caso del financista Jeffrey Epstein revela una red global de abuso protegida por el poder, en Chile existió un enclave con un modus operandi similar: Colonia Dignidad, hoy Villa Baviera.

Un análisis de publicaciones recientes, columnas de opinión especializada y testimonios históricos dibuja un paralelo escalofriante y documenta la profunda impunidad que rodeó por décadas este territorio de excepción en la región del Maule.

En redes sociales, la comparación la señaló usuario Icarus… Cold (@Icarus3012) fue directo al señalar: «En Chile, hubo una Isla de Epstein…!!! Se llamó, Villa Baviera, su líder, Paul Shaffer (Pederasta) fue defendido por la UDI y todo el Pinochetismo, incluyendo a Kast»

Esta afirmación ciudadana encuentra eco en un video de williams_alegria_ en Instagram, que acumuló decenas de miles de reproducciones, donde se cuestiona: «¿Creías que hechos como los asociados al caso Epstein solo ocurrían fuera de Chile?», y denuncia que fue «un enclave cerrado, protegido por redes políticas, judiciales y militares» que hoy funciona como atracción turística. 

La académica Verónica Aravena Vega, Doctora en Estudios de Género y Política, profundiza este vínculo en una columna para Resumen.CL titulada «Colonia dignidad y la trama Epstein: en Chile también tenemos una isla del terror», publicada el 4 de febrero de 2026. Aravena plantea la tesis central: «Jeffrey Epstein fue, para el capitalismo global, lo que Paul Schäfer fue para la derecha chilena y la dictadura», añadiendo que la Colonia fue «nuestra versión local, más brutal, más cercana». Su análisis detalla cómo ambos casos representan «territorios de excepción donde la ley no entraba».

Los horrores específicos de la Colonia están minuciosamente documentados. La novela «Sprinters. Los niños de Colonia Dignidad», de Lola Larra, reseñada por Gabriel Rodríguez Bustos en el Diario Talca (7 de marzo de 2023), expone el núcleo del crimen: el abuso sistemático de niños. Los estatutos de la Sociedad Benefactora, citados en la reseña, prometían «educación física y moralmente sana», una fachada que ocultaba la realidad de los «sprinters»: niños elegidos por Schäfer para abusos sexuales. El ex colono Wolfgang Muller, el primer fugado en 1966, declaró: «El control era para aquellos que querían fugarse. Varios hombres vigilaban».

La operación fue posible gracias a una protección estatal y política explícita durante la dictadura y la transición. Verónica Aravena documenta en su columna que, tras el retorno a la democracia, «diecisiete parlamentarios de derecha recurrieron al Tribunal Constitucional» en 1991 para defender su personalidad jurídica. Nombra entre los defensores a figuras como Hernán Larraín, Jaime Guzmán, Sergio Diez y Evelyn Matthei, señalando que algunos «llegaron a relativizar allanamientos policiales y a poner en duda testimonios de víctimas».

Más allá de la pedofilia, el enclave fue un centro de tortura y exterminio de la DINA, y un arsenal clandestino. La columna de Aravena recuerda que fue «uno de sus laboratorios más eficientes» para la represión. La reseña del libro de Larra, citando al ministro Jorge Zepeda, detalla el hallazgo de contenedores con «cientos de granadas, bombas, pistolas… y 167 kilos de explosivos», evidenciando su rol en el tráfico de armas.

Hoy, la disputa es entre la memoria y el olvido. Mientras el Gobierno saliente de Gabriel Boric ha buscado impulsar la expropiación para un sitio de memoria, el lugar opera como complejo turístico.  

Williams Alegría lo describe en su video: *»Hoy funciona con hotel, restaurante y visitas guiadas. Donde hubo daño, ahora hay atención al público»**.

Para Aravena, el desafío es mayor: «La memoria no es una placa ni un museo: es abrir archivos, desclasificar documentos, avanzar en justicia, reparar a las víctimas, nombrar responsabilidades».

Subsecretarías de Previsión Social y Justicia: neoliberalismo y nostalgia pinochetista

 

Tiempo de lectura aprox: 1 minutos, 57 segundos

En pocas de las recién anunciadas subsecretarías del próximo gobierno de José Antonio Kast queda ilustrada en forma tan clara la convivencia entre una corriente neoliberal en lo económico y una línea derechamente fascista en lo político como ocurre al observar las carteras de Trabajo y Justicia del venidero gabinete.

En el Ministerio del Trabajo y Previsión Social, la subsecretaría del Trabajo será ocupada por el abogado Gustavo Rosende, independiente vinculado con la UDI, y la subsecretaría de Previsión Social quedará a cargo de la economista María Elisa Cabezón, independiente e investigadora de Pivotes, el centro de estudios iniciado por el ex presidente de la Sociedad de Fomento Fabril (Sofofa), Bernardo Larraín Matte.

Una propuesta relevante de Cabezón es la de reducir los montos de indemnización por años de servicio en Chile, los que a su juicio son demasiado altos y por lo tanto desincentivan la contratación formal y limitan la movilidad laboral. La economista propone bajar esos montos a fin de entregar “más libertad” a los trabajadores y permitir a los empleadores reducir los “costos de contratación para facilitar la creación de empleos formales”. La iniciativa es un ejemplo de qué puede significar la previsión social en manos de una partidaria de precarizar estas conquistas laborales ―que ya fueron afectadas en dictadura― por medio de políticas neoliberales.

Contrario es el caso del Ministerio de Justicia, donde será el cuño más conservador del gobierno de Kast el que domine la cartera. No contento con nombrar ministro del ramo al abogado Felipe Rabat, defensor literal del dictador Augusto Pinochet, el futuro gobierno entregó la subsecretaría de Justicia al abogado Luis Alejandro Silva, ex consejero constitucional del Partido Republicano y recordado por declaraciones como “¿Por qué cresta, siendo mayoría, tenemos que llegar a acuerdos con la minoría?”, proferidas a propósito del predominio ultraderechista en el Consejo Constitucional de 2023, segunda instancia constituyente luego de la Convención Constitucional de 2021.


No terminan ahí las intervenciones citables del futuro subsecretario de Justicia. Silva también soltó en esa temporada declaraciones sobre Pinochet, a quien llamó «estadista». “Hay un dejo de admiración por el hecho de que creo que fue un estadista. Definitivamente fue un hombre que supo conducir el Estado. Supo rearmar un Estado que estaba hecho trizas”, dijo, con Cristián Warnken como interlocutor en un encuentro en el instituto Icare. Adepto pinochetista, numerario del Opus Dei, calificado por su hermano el cineasta y músico Sebastián Silva como “peligro nacional”, Luis Silva en la subsecretaría de Justicia califica como provocación. La jugada es equivalente al nombramiento de la ultraconservadora Judith Marín, una persona opuesta a los derechos de las mujeres, en el Ministerio de la Mujer y Equidad de Género.

De la misma cartera de Justicia depende la subsecretaría de Derechos Humanos, que estará a cargo del abogado Pablo Mira. Proveniente del centro de pensamiento IdeaPaís, donde fue director de desarrollo y director ejecutivo entre 2023 y 2025, Mira ya trabajó en los ministerios de Desarrollo Social y Segpres entre 2020 y 2022, pero, en relación con la nueva subsecretaría que ocupará, su currículo es menor, con antecedentes como el curso Introducción a los Derechos Humanos para Funcionarios y Funcionarias Públicos que tomó en el Ministerio de Justicia en un ya lejano 2020.  Por otra parte no hay rastros en sus columnas de opinión sobre temas claves de este ámbito como el Plan Nacional de Búsqueda – Verdad y Justicia propuesto por el Gobierno saliente, ni sobre su punto de vista acerca de las violaciones a los derechos humanos perpetradas durante la dictadura.

Normalizando la pequeñez

 


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Normalizando la pequeñez

Gira del Presidente electo Kast

 
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escribe Mauricio Vargas


The Circus Starring: Britney Spears (1080p HD)
El Tour de la insignificancia... (con el perdón de Britney…)

Lo escribí antes. Advertí antes. Denuncié antes.
No cuando el resultado ya era conocido; no cuando la escena se había vuelto obvia, no cuando la realidad hacía imposible la incomodidad.
Lo hice antes del 14 de diciembre. Cuando José Antonio Kast evitaba debates como un vampiro que evita un espejo; como quien esquiva una prueba para la que sabe que no está preparado.
Lo hice cuando su comando entendía -mejor que él- que cada minuto adicional de exposición era una amenaza.

Dije entonces que no se trataba de una diferencia ideológica atendible, sino de una carencia estructural. Dije que había en él pobreza intelectual.
No como descalificación emocional, sino como diagnóstico político.
Lo escribí con claridad: el candidato no tenía palabras, y sin palabras no hay ideas; sin ideas no hay proyecto; sin proyecto, el poder se vuelve puro reflejo.

Advertí también que era el más malo al arco. No porque no supiera moverse en la cancha electoral, sino porque había llegado hasta ahí sin espesor, sin pensamiento, sin herramientas conceptuales para sostener el lugar al que aspiraba.
Cuando en el balotaje, aceptó apenas dos debates, uno en el Hogar de Cristo -donde el contexto amortiguaba cualquier exigencia- y otro, el de Anatel, a una semana de la votación. Incluso allí, con el escenario controlado, volvió a quedar expuesto.

Intentó cubrir la precariedad con solemnidad, con frases aprendidas, con moralina. No funcionó. Nunca funcionó.

Eso quedó escrito.
No como provocación. Como advertencia.

Luego vino el triunfo. Y con él, algo más inquietante que el resultado electoral: la legitimación pública de esa precariedad.


Porque una cosa es que un candidato limitado compita; otra, infinitamente más grave, es que esa limitación se transforme en virtud una vez que se alcanza el poder.

Es después de eso, ya investido como presidente electo, cuando ocurre el encuentro con los máximos representantes de las Ciencias Sociales Chilenas; un almuerzo que el rector Carlos Peña - como un invitado más- observa y luego describe con una precisión sobria y casi profética en una columna titulada Almorzando entre vecinos.

Peña no escribe con estridencia. Escribe con distancia. Y en esa distancia aparece lo más inquietante.
El marco era solemne, el contexto exigía altura, las preguntas estaban al nivel de lo que corresponde cuando académicos interpelan al poder: seguridad y debido proceso, relaciones internacionales, educación, institucionalidad.

Preguntas que abrían la posibilidad de articular pensamiento, de elevar la conversación, de mostrar que detrás del cargo había algo más que literalidad.

Pero ocurrió... nada

Las preguntas no derivaron en reflexión conceptual.
No hubo manejo de datos que ordenara una visión.
No hubo retórica capaz de transformar experiencia en proyecto.
No hubo imaginación política.
No hubo abstracción. No hubo relato estructural.
No hubo siquiera, un atisbo de poesía política: de esas que permiten pensar un país más allá de la coyuntura.

Lo que hubo fue otra cosa: comodidad en la vecindad, “una cierta domesticidad intelectual” que anuló cualquier exigencia.
Peña lo dice sin necesidad de subrayarlo: se advierte en Kast “una alergia persistente a la más mínima abstracción”. No es una metáfora exagerada. Es una constatación.

El presidente electo parecía satisfecho en ese registro, incluso orgulloso. Como si descubriera profundidad en sus propias palabras.
Como si bastara con ser un vecino despojado de abstracciones, para ejercer el poder.

Peña incluso sugiere que aquello podría inspirar una novela titulada Desde el hogar.
Y lo entiendo, no como un mensaje al azar: sino una clave. Porque lo que describe es un hombre cómodo en lo casero, incapaz de salir de la literalidad, enfrentado a preguntas de Estado como quien responde desde la sobremesa, sin elevar jamás la mirada.

Menciono a Peña, no porque reemplace mi advertencia.
Importa porque la confirma desde otro lugar; con otro lenguaje, sin intención de polemizar. Importa porque desnuda lo que el poder ya había legitimado: un presidente electo intelectualmente limitado que, frente a preguntas relevantes, es incapaz de transformar cercanía en pensamiento.

Aquí conviene detenerse.

Porque un presidente sin palabras adecuadas, no puede pensar políticas públicas complejas. No puede anticipar conflictos. No puede explicar sacrificios.
No puede siquiera pensar en convocar a un nosotros.

Lo que puede hacer, entonces, es gestionar emociones básicas: miedo, resentimiento, cansancio, nostalgia. No construye futuro; administra presente degradado.

Y eso tiene consecuencias.

Porque cuando faltan palabras, sobran órdenes.
Cuando falta pensamiento, aparece el reflejo autoritario. No necesariamente brutal -aún-, pero sí constante, persistente, normalizado.

La falta de palabras no es inocua. Es estructura de poder.

Pienso que hay algo tanto o más inquietante que un presidente autoritario. Más peligroso que uno agresivo.
Más corrosivo que uno abiertamente ideológico.

Un presidente sin palabras.

Cayendo

No sin discurso -eso abunda- sino sin lenguaje político. Sin densidad conceptual. Sin capacidad de nombrar conflictos reales, jerarquizar prioridades, articular sentidos, o siquiera sostener una idea compleja más allá del eslogan.

Porque gobernar empieza ahí. En las palabras.
Y cuando ellas faltan, lo que aparece, no es el silencio: sino la insignificancia administrada.

El texto -“Almorzando entre vecinos”- del rector Peña, vale no sólo porque sea brillante, sino porque es involuntariamente devastador. Porque muestra a un presidente electo que, ya sin competencia, ya sin presión electoral, ya sin necesidad de fingir, sigue sin palabras.
Y un país no se gobierna sin palabras. Porque de las palabras nacen las ideas, los conflictos se nombran, las prioridades se ordenan, los proyectos se comunican.

Sin palabras no hay política: hay administración menor, hay consigna, hay eslogan.
Ese es el Kast que advertimos. Ese es el Kast que ganó. Y ese es el Kast que salió a mostrarse al mundo.

La gira reciente lo dejó en evidencia. No como error aislado, no como tropiezo comunicacional, sino como plantilla estándar.
Cada parada, cada foto, cada escena “cotidiana” funcionó como un espejo involuntario de lo que advertí: no hubo proyecto elevado, solo domesticidad política; no hubo ambición histórica, solo escenografía menor; no hubo liderazgo, solo actuación de cercanía.

El presidente electo no parecía un jefe de Estado enfrentando preguntas relevantes, sino alguien incómodo fuera del libreto; refugiado en la nimiedad permanente que siente que lo protege, incapaz de elevar una respuesta cuando la realidad exige altura.

No fue casual. Fue coherente.

Los lugares importan.
No por elitismo, sino por significado.

Visitar espacios irrelevantes en términos estratégicos, culturales o políticos no es neutral. Revela un horizonte corto. Una concepción pobre del poder. Una idea mínima de país.

La gira no buscó centros de decisión, ni polos de innovación, ni debates incómodos. Evitó universidades críticas, foros complejos, interlocutores exigentes. Prefirió escenarios amables, controlados, donde nada desborda y nadie repregunta.

Eso no es cercanía. Es evasión.

Cada almuerzo, cada paseo, cada escena cuidadosamente “normal” reforzó la misma imagen: un presidente cómodo en lo pequeño, incómodo en lo grande. Alguien que confunde austeridad con simpleza, y simpleza con vacío.

Por lo mismo, entonces, no se trata de una gira mal diseñada, sino de una cosmovisión. La imperfección no como falla, sino como identidad política.

Frente a alguna pregunta relevante, el presidente electo, no se elevaba: se achicaba. No respondía: rodeaba.
No pensaba en voz alta: repetía fórmulas.

Pero... en realidad, nada de esto es excepcional en José Antonio. Nada de esto es local.

Trump no articulaba ideas: espectacularizaba el conflicto.
Bolsonaro no pensaba políticas: performaba ignorancia como virtud.
Vox no propone proyectos: repite consignas.
Orbán convirtió la chatura nacionalista en sistema.
Meloni pule una épica vacía que se sostiene en gestos y enemigos difusos.

En todos los casos, el patrón es el mismo: líderes sin lenguaje complejo, sin pensamiento articulado, sin capacidad real de gobernar sociedades diversas, pero expertos en convertir la mediocridad en identidad.

El mundo está lleno de indignados sin proyecto, de libertarios sin pensamiento, de ultras sin horizonte, de neonazis con lenguaje de meme, de líderes incapaces de articular una frase que no sea consigna.

No entran gritando. No marchan con botas -al principio-.
Entran por la cocina. Por el living. Como el almuerzo compartido de un vecino. Se sientan. Sonríen. Dicen que vienen a ordenar.
Que no saben mucho, pero que sienten como tú.
Que las élites sobran. Que pensar demasiado complica.

Y mientras tanto, el lenguaje se empobrece.
Y cuando el lenguaje se empobrece, la democracia se vuelve cada vez más frágil.

La gira internacional que hoy se intenta presentar como el inicio de la reinserción de Chile en el escenario global, no hace sino confirmar lo mismo, pero ahora amplificado.
No por errores diplomáticos groseros. No por escándalos. Sino por algo más profundo y más inquietante: la pequeñez de los objetivos, la pobreza del lenguaje, la banalidad de los gestos.

Se visitan países de segunda línea política. Se priorizan encuentros con líderes que representan versiones degradadas del autoritarismo contemporáneo. Se omiten deliberadamente escenarios relevantes.

Argentina aparece como punto de partida simbólico, no por su peso actual, sino por afinidad emocional. Milei encarna exactamente lo que Kast admira: el desprecio por la complejidad, la glorificación del gesto violento, la sustitución del pensamiento por el grito. Perú, con autoridades debilitadas, cuestionadas, sin legitimidad democrática robusta. República Dominicana como postal migratoria simplificada, donde un problema histórico y humanitario se reduce a consigna exportable.

El Salvador como fetiche autoritario, donde el régimen de excepción se vende como eficacia y la suspensión del Estado de derecho como éxito.

Ninguno de esos países destaca hoy por crecimiento sostenido, fortalecimiento democrático o bienestar social. Son modelos agotados, autoritarios o directamente fallidos.

Se anuncian futuras visitas como si fueran trofeos; sin advertir que esa lista no revela ambición estratégica, sino alineamiento ideológico estrecho.
Hungría y Orbán como horizonte iliberal explícito.
Italia y Meloni como coartada respetable para una derecha que no quiere nombrarse a sí misma como heredera del fascismo.

No hay una visión latinoamericana clara. No hay una propuesta multilateral robusta. No hay una lectura compleja del mundo fragmentado que habitamos.

Y cuando se insiste, una y otra vez, en que el objetivo del viaje es “reinsertar a Chile en el mundo”, la frase no sólo incomoda: se vuelve majadera.

Chile nunca salió del mundo. Chile ha firmado tratados, ha impulsado acuerdos, ha sido actor relevante en foros multilaterales, ha sostenido una política exterior reconocida por su profesionalismo incluso por gobiernos ideológicamente opuestos.
El presidente Gabriel Boric -con todas las críticas que se le puedan formular- es respetado precisamente por lo que a Kast le falta: densidad, lenguaje, comprensión de la complejidad global.

El contraste en El Salvador, fue decidor. Junto a Kast, Nayib Bukele reconoció explícitamente el lugar de Chile en el mundo: su trayectoria, su institucionalidad, su distancia -años luz, dijo- respecto del modelo salvadoreño.
Lo hizo sin estridencias. Casi con naturalidad. Y ese reconocimiento, dicho frente al presidente electo chileno, dejó al descubierto la escena completa: Chile no necesitaba ser “reinsertado”; lo que estaba ocurriendo era otra cosa.

Era la entrada de un liderazgo subalterno, incapaz de representar aquello que dice venir a restaurar.

La gira, entonces, no eleva a Chile. Lo achica. No por lo que hace, sino por lo que revela: un presidente electo que se mueve cómodo en escenarios donde no se le exige demasiado, donde la conversación puede mantenerse en el nivel de la consigna, donde la falta de palabras no se nota porque nadie espera que las tenga.

Y aquí volvemos a la advertencia inicial. Esto no es un problema personal. No es animadversión ideológica. Es algo más serio: la normalización de la imperfección como forma de liderazgo.

Porque lo verdaderamente grave no es que un hombre limitado llegue al poder. Eso ha ocurrido antes.
Lo más grave es que esa limitación sea celebrada de la forma en que sus seguidores lo hacen.
Que la pobreza intelectual sea leída como autenticidad. Que la falta de abstracción se venda como sentido común.

Que la ausencia de palabras se transforme en virtud.

Pero Kast no es una anomalía chilena. Es una expresión más de un clima cultural global. El trumpismo en Estados Unidos, el bolsonarismo en Brasil, Vox en España, el orbanismo autoritario en Hungría, el melonismo en Italia, los libertarios, neonazis, los ultras, los indignados permanentes de redes sociales.

Todos distintos, pero unidos por un hilo común: el desprecio por el pensamiento complejo, la hostilidad hacia la palabra elaborada, la glorificación de lo simple, lo inmediato, lo visceral.

No llegan con libros. Llegan con gestos. No llegan con ideas. Llegan con slogans. Tampoco llegan con proyectos. Llegan con identidades cerradas.

Y funcionan porque una parte de la sociedad está cansada, despolitizada, resentida, dispuesta a que se exija cada día menos. Y cuando el estándar cae lo suficiente, cualquiera parece firme o adecuada.

Cuando la vara se baja, la mediocridad se vuelve mérito.

La gira importa. No por los lugares visitados, sino por todos los que revela que no puede habitar. No por los discursos pronunciados, sino por los que jamás podría formular.

No por lo que dice, sino por lo que es incapaz de decir.
Un presidente sin palabras no es un problema retórico. Es un problema político.
Las palabras no adornan la política: la hacen posible.
De las palabras surgen las ideas. De las ideas, los diagnósticos.
De los diagnósticos, las decisiones. Y de las decisiones, los conflictos que una sociedad está dispuesta a asumir.

Cuando no hay palabras, no hay ideas. Cuando no hay ideas, solo queda la administración de reflejos.
Y cuando eso se normaliza, el aplauso reemplaza al juicio.

Y, en ese sentido, el periplo de segunda división, fue un manual. No buscó demostrar fuerza, sino normalizar la pequeñez: Hacerla amable. Vendible. Aplaudible, incluso.

Por eso escribo esto. No para ganar una discusión. No para ajustar cuentas personales. Sino porque cuando una sociedad empieza a aplaudir lo que antes exigía superar; cuando convierte la mediocridad en identidad y la falta de pensamiento en virtud, el problema deja de ser un presidente y pasa a ser cultural.

El fascismo no siempre entra gritando. A veces entra almorzando entre vecinos.

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