Vistas de página en total

jueves, 26 de octubre de 2017

Se concretó audiencia con Comisionado para Chile.


SE EFECTUÓ DENUNCIA CONTRA ESTADO DE CHILE POR INCUMPLIMIENTOS REITERADOS.


Con algo de retraso, en otra sala del Palacio Legislativo -diferente a la indicada originalmente-, sin transmisión por streaming, se realizó ayer 24 de octubre de 2017, la Audiencia formal de los dirigentes del Comando Unitario de Ex PP y Familiares con el Comisionado para Chile, Dr. Luis Ernesto Vargas de nacionalidad colombiana.

La ponencia la realizó la compañera Haydée Oberreuter, luego intervinieron los abogados Paz Becerra y Francisco Jara, para completar la ronda los compañeros Nelson Aramburu y Miguel Retamal.

El licenciado Vargas acompañado de la secretaria ejecutiva Marisol Blanchard, escucharon atentamente la denuncia contra el Estado de Chile, hicieron una serie de preguntas relativas a las gestiones realizadas por los afectados -individual y organizadamente- para defender sus derechos. No solo se le respondió detalladamente, sino que se le dejó una carpeta con mas de 30 documentos oficiales y de prensa, que dan cuenta de la lucha que han dado desde la década de los 90 las organizaciones del Comando Unitario, que se tradujeron en la Ley 19.992 y luego la 20.405, sin que se resolviera de manera adecuada y apegada a las directrices internacionales el tema de la reparación integral a victimas de graves violaciones a derechos humanos en Chile. Se le hizo especial referencia a la Resolución 60/147 de NU y a las fallidas negociaciones de 2015 y este año.

Como no se cumplió con el anuncio de que se transmitiría por streaming la Audiencia, se autorizó a ingresar en la primera etapa a un equipo de filmación, que esta realizando un documental especial. En el día de hoy debiera llegarnos el audio completo de la sesión, que grabamos por nuestra cuenta. El vídeo está en la fanpage del Comando en Facebook. Plataforma a la cual también subiremos el audio y otras gráficas.

El jueves se reúne el Comando Unitario en Santiago, para escuchar el informe de los delegados que estuvieron en Montevideo, evaluar políticamente lo que pasa en los próximos días y se emitirá comunicado público, en que ademas se agradecerá el apoyo generoso de las organizaciones territoriales, de los compañer@s y amig@s que hicieron posible que por primera vez, organizaciones de Ex PP expusieran su situación en esta alta instancia regional.


Dirigentes del Comando con su equipo jurídico, a la salida del Palacio Legislativo.
De Izq. a derecha: Nelson Aramburu, Miguel Retamal, Haydée Oberreuter, Paz becerra y Francisco Jara

MANIFESTACIÓN POR EL CIERRE DE PUNTA PEUCO

FAMILIARES de Ejecutados y Detenidos desaparecidos se manifestaron mientras Michelle Bachetet se dirigía en ceremonia de inauguración de la Feria Internacional del Libro de Santiagon, todo en el marco del cierre de Punta Peuco, 5 personas detenidas.
Me gustaMostrar más reaccione

COMUNICADO.


JUEVES 26 DE OCTUBRE 2017.
Por motivos del feriado de este viernes 27 de octubre de 2017,la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos y Ejecutados Políticos, no Realizara la vuelta por el Cierre de Punta Peuco.
Agradecimientos para tod@s
Me gustaMostrar más reaccione

NUEVAS DENUNCIAS INVOLUCRAN A HERMANOS, SACERDOTES Y LAICOS

El oscuro sótano de los Maristas

El escándalo que remece a la congregación marista suma sus primeros testimonios. Tras la primera denuncia dada a conocer en septiembre pasado, The Clinic recopiló testimonios que vincularían a nuevos hermanos, laicos y a sacerdotes de otras congregaciones en eventuales episodios de tocaciones, masturbación y sexo oral cometidos al interior de colegios maristas y paseos scout. Vulneraciones realizadas durante un lapso de al menos 40 años. Las víctimas afirman que contarlos es la única forma de “pelear contra la impunidad de los victimarios”. Dos de los denunciantes que aparecen en este reportaje se aprontan a entablar nuevas acusaciones en el Ministerio Público.

Apenas unos meses después de haber ingresado al colegio, el pequeño Eneas Espinoza fue sacado de la sala de clases por el mismo profesor que le había tomado el examen de admisión en el año 1979, el hermano Adolfo Fuentes. Sin siquiera sospecharlo, el menor de seis años se había transformado en un elegido.
Aunque era horario de clases, a nadie le extrañó ver a un adulto caminando a solas con un estudiante por los pasillos del Instituto Alonso de Ercilla. “No era costumbre cuestionar a un hermano”, recuerda Eneas (44).
Fuentes condujo al niño hasta “el túnel”, un espacio sin luz natural ni ventanas, al que sólo se podía acceder descendiendo a través de un pasillo debajo del gimnasio, un sitio con talleres de manualidades y pequeños cubículos para que las patrullas scout tuvieran sus reuniones.
El hermano Adolfo eligió una de las pequeñas salas y sentó al alumno en su regazo.
Partió por acariciarlo en el pelo, acercando su aliento hasta la nuca. Sus manos comenzaron a bajar por el cuello del niño hasta adentrase debajo de su ropa. Los brazos del hermano lo atraparon. Eneas aún recuerda cómo éste se esmeraba en oler su cabello, sus hombros.
—Yo lo empujé, traté de sacarlo de encima y de correr hacia la puerta, pero me tironeó hasta donde estaba. Y consiguió lo que quería—, recuerda.
Fuentes lo obligó a practicarle sexo oral.
Una vez afuera de la pequeña sala, el religioso llevó al pequeño hasta el baño más cercano, supervisando que se lavara bien los dientes.
No era la primera vez que lo hacía.
***
El doctor Jaime Concha denuncia a los hermanos José Monasterio y Abel Pérez.
—¿Dónde estaba Dios en ese momento?—, se pregunta el doctor Jaime Concha, exalumno del Alonso de Ercilla. Nadie en el auditorio responde.
El enorme Salón Rojo del Instituto Alonso de Ercilla de Santiago quedó en silencio cuando Concha, el mejor promedio de la generación 1980, tomó la palabra. Frente a él, un cuadro de 10 metros de largo del fundador de la congregación marista, Marcelino Champagnat, vigilaba a las casi cien personas –estudiantes, exalumnos, y profesores- que llegaron a discutir las denuncias sobre abusos sexuales cometidos al interior del colegio a mediados de septiembre.
“Mi vivencia no es ajena al caso de Abel Pérez”, comienza. Su voz tiembla y se detiene. Algunos días antes de la reunión convocada por la dirección del Instituto, una publicación del diario El Rancagüino destapó lo que hacía meses rondaba como un rumor dentro del mundo marista: que el hermano Abel había abusado, presuntamente, de 14 menores en sus más de cuarenta años de trabajo en Chile.
Frente a sus ex compañeros, Concha quebró en llanto. Igual que Eneas, también había pasado por el túnel.
Proveniente de una familia de clase media de la Villa O’Higgins de Estación Central, el mayor de los hermanos Concha recuerda cómo fue que llegó al más prestigioso de los colegios maristas de Chile. “Era el año 1972, y durante unas olimpiadas escolares quedé impresionado con la barra que tenía el Ercilla”, recuerda. Su padre, un químico de profesión que trabajaba en el cordón industrial de Vicuña Mackenna, aceptó matricular a su hijo tras semanas de insistencia.
El año en que Concha ingresó al Ercilla, la congregación ya había fundado 13 colegios e internados a lo largo de Chile. El Instituto Alonso de Ercilla, que acababa de cumplir medio siglo, contaba con 1500 alumnos, 23 hermanos -que vivían en una casa conectada al colegio- y 43 profesores laicos.
Para Concha, entrar al Instituto significó un cambio sustantivo desde su antiguo liceo: se fascinó con el orden y la limpieza de las salas. Durante su primer año, Jaime se volvería cercano al hermano Juan, un religioso a cargo de la librería del patio de básica y aficionado a la filatelia. “Era un hombre afectuoso, cercano. Yo lo acompañaba en los recreos y él me ayudaba a buscar estampillas para mis colecciones”, rememora.
Fue el hermano Juan quien, al ver las inquietudes de Jaime, le recomendó que se acercara a la pequeña oficina que el hermano José Monasterio, un religioso conocido por su caligrafía, tenía en el hall principal. “Él ayudaba a los chicos de básica a hacer las tareas y los diarios murales. Pasó de ser muy cariñoso a tratar de besarme en un momento de sorpresa”. Jaime tenía 10 años. Ése fue su primer gran golpe.
“Mi reacción fue de pánico. A esa edad no entiendes cómo ese personaje, ese modelo a seguir, pasa a tocarte los genitales. No entiendes lo que pasa a tu alrededor”. Apenas pudo salir de la pequeña oficina, Jaime corrió al baño más cercano. Se dio cuenta que se había orinado. “Como mi mamá estaba por llegar, empecé a echarme agua en la cabeza, la camisa, todo el cuerpo. Me retó, pero no se dio cuenta de lo que me había pasado”.
Durante el resto de los años que pasaría en el Ercilla, Jaime Concha transitaría constantemente entre la confianza y el miedo. La serenidad y el sobresalto. “Obviamente, no todos eran malos”, asegura. Todavía recuerda con cariño al hermano Alberto Stephens, jefe de la manada de lobatos a la que pertenecía. Durante años lo sintió como su protector. “Si estaba con él, nada malo me podía pasar”.
Su ingreso a la enseñanza media coincidió con la transición de lobatos a scout. Fue allí donde apareció el hermano Abel Pérez. Durante una excursión a las Siete Tazas, en la precordillera de la región del Maule, Concha comenzó a sentirse afiebrado. Una diarrea fulminante lo obligó a guardar reposo mientras sus compañeros emprendían la última gran caminata del campamento.
De pronto, recuerda, la fiebre comenzó a bajar. Jaime despertó acostado en un catre de campaña, con una sombra acariciándolo por todo el cuerpo. “Estaba sudado, desnudo, en un principio pensé que era una pesadilla. Poco a poco, sentí el calor de una boca en mi pecho, en mis genitales”. En un proceso lento, Concha comenzó a tomar conciencia. Era de noche, pero aún entre la oscuridad, supo que esa no era su carpa, y que el hombre que lo estaba tocando era Abel Pérez.
Como pudo, reunió fuerzas y corrió en dirección al campamento de los lobatos, donde estaban sus hermanos menores. Se rehusó a volver a su campamento. Nunca le contó a nadie lo que pasó esa noche. Hasta ahora.
***
Para Eneas, los recuerdos emergen como imágenes caleidoscópicas. Fragmentos reunidos en un confuso mosaico. Lo primero: Él en una sala de clases, rindiendo la prueba de admisión en el colegio, junto al hermano español Adolfo Fuentes. Año 1979.
“Me sentó en su regazo mientras daba la prueba, empezó a acariciarme y tocarme el pelo. Yo era un niño de seis años. No entendía mucho lo que pasaba. Así comienzan estas cosas”.
Eneas Espinoza ingresó al Instituto Alonso de Ercilla, el colegio que sus padres eligieron para educarlo, sacrificando la mitad del sueldo de su padre, un chofer de la Policía de Investigaciones. Su madre, dueña de casa, comenzó a integrar la agrupación “madres catequistas”, instancia no remunerada dirigida por el hermano Adolfo.
De apariencia pulcra, siempre perfumado, Fuentes se ganó rápidamente la confianza de la familia. Era tan alegre que su padre lo apodaba “sonrisal”. Un hombre de apariencia intachable. “Era un tipo amado y adorado por mi familia. Mis padres lo consideraban un santo. Un representante de Dios en la tierra”.
Cada episodio resucitado es un pequeño eslabón que cobra sentido en la totalidad. Eneas recuerda como las Madres Josefinas Trinitarias, encargadas del primer ciclo de enseñanza básica, levantaban de las patillas a los más desordenados y castigaban a los revoltosos, al medio del patio, dejándolos parados al sol durante horas. Todavía escucha el zumbido de una regla en las palmas de sus manos. La violencia como mecanismo infalible de instrucción.
“En primero básico una monja nos decía que éramos indios. Qué debíamos estar agradecidos porque ellos habían traído a Dios, la civilización, la educación y la cultura. Incluso en ese tiempo, era poco común que la gente se expresara así”.
La vida escolar en dictadura no fue fácil. Los hermanos eran en su mayoría españoles pro franquistas. Varios alumnos recuerdan haber cantado la canción nacional con la tercera estrofa, festejar los lunes patrióticos con algún representante de las fuerzas armadas, celebrar misa con el cura Hasbún un 11 de septiembre en el campus oriente, salir de campamento scout a Peldehue y ser acarreados en patota al emblemático acto de Chacarillas. Pinochet, de hecho, fue exalumno marista.
Ahora que Eneas tiene 44 años y se asume como un sobreviviente, logra encadenar los hechos en una misma dirección. Causa y efecto. “Los abusos sexuales fueron el corolario de un ambiente muy tóxico”, dice. Su primer abuso en el colegio es parte de la misma trama. Una promesa de felicidad que terminó por arrebatarle la inocencia.
Cuando tenía seis años, acudió a un campamento. Recuerda que estaba tan feliz que “saltaba de alegría alrededor del hermano Adolfo”, el mismo que le había tomado la prueba de admisión para ingresar al colegio. Esa misma tarde todo se fue a negro. Al interior de una carpa, sin llamar la atención de otros padres, el profesor marista lo obligó a practicarle sexo oral. A continuación, lo llevo a lavarse los dientes. El mismo rito que repitió meses después en el túnel debajo del gimnasio.
Desde entonces, Eneas sintió miedo de salir al baño durante clases. Se aguantaba hasta el final con tal de no toparse con alguien que lo tomara de la mano y lo llevara donde no quería. “Vivir toda la básica asustado, y al principio no entender bien por qué”, resume.
Eneas asegura que esas emociones las mantuvo ocultas durante mucho tiempo y que hace apenas dos años logró recién verbalizarlas. “Algunas víctimas olvidan lo que les pasó y lo meten en una cajita dentro de su cabeza”, dice.
***
Los hermanos Abel Pérez y Luis Cornejo, acusados de abusos por exalumnos de colegios en Santiago, La Pintana y Quillota.
El mismo año que Eneas Espinoza entró al colegio, Jorge Franco egresó del Instituto Alonso de Ercilla. Cuatro años antes, en 1975, vivió una experiencia similar a la de otros compañeros. Como los hermanos maristas en rigor no son sacerdotes, si no religiosos laicos con votos de castidad, era muy frecuente que llegaran distintos curas a oficiar misas y confesar al alumnado. Uno de ellos fue el sacerdote capuchino Sergio Uribe.
Franco recuerda que el cura se había hecho amigo de su padre y que, en una ocasión, visitó su casa cuando tenía 13 años. Él se encontraba solo, el sacerdote se acostó en su cama. Un exceso de confianza que asimiló producto de la cercanía que tenía con su progenitor (ambos provenían de Nueva Imperial). Una actitud que con el tiempo derivó en situaciones incómodas.
“Mientras me confesaba en la capilla del colegio, comenzaba a acariciarme la cabeza y después a tocarme distintas partes del cuerpo, subiendo la mano por la pierna. Igual uno cacha las intenciones, nunca tan huevón”.
En otra ocasión, asegura Franco, le tocó acudir al túnel del colegio en compañía de dos compañeros de curso. Uno de ellos era Jaime Concha. Habían sido citados para una prueba vocacional junto a los sacerdotes Miguel Ortega y Cristián Precht, dos sacerdotes que visitaban el colegio frecuentemente, vinculados a la pastoral juvenil del Arzobispado de Santiago.
Concha recuerda que fueron trasladados por un hermano a una de las salas y que éste les explicó que antes de ingresar debían desnudarse y ponerse unas túnicas. Franco fue el primero en entrar. “Me quedó grabado que Miguel Ortega hacía unas huevás raras, no lo recuerdo en detalle, pero me agarraba de los hombros y me decía que íbamos a estar con el señor. Sentí que mi cuerpo era violentado físicamente por él. Se notaban otras intenciones”.
Luego de salir de la sala, asegura Concha, el rostro lívido de su amigo lo alertó. Apenas lo vieron con su otro compañero, recogieron la ropa que alcanzaron a sacarse y huyeron del lugar. Precht, consultado por The Clinic, asegura que los hechos narrados por los exalumnos no son ciertos. “Efectivamente iba a oficiar misa al colegio, pero jamás realicé actos de ese tipo con alumnos”, dice el exsacerdote de la Vicaría de la Solidaridad.
Veinticinco años después del episodio, Jaime Concha volvió a reconstruir en su cabeza lo que había sucedido, a raíz de la investigación canónica realizada por el Vaticano en contra de Cristián Precht por abusos sexuales.
Después de leer los testimonios de algunas víctimas, comprendió que el sacerdote había utilizado el mismo modus operandi. “En el año 2012 me entero de los casos donde estaba involucrado Precht y observo una situación muy parecida a la que nos pasó a nosotros, donde se cometieron abusos con la excusa de un supuesto examen vocacional”.
Para Jorge Franco los maristas estaban al tanto sobre los abusos en contra de los alumnos. “No creo que sean tan ingenuos y que tampoco sea exclusividad de ellos entregarle carne fresca al clero. Eso se ha dado por los siglos de los siglos”, asegura.
La relación de los hermanos maristas y sacerdotes de otras congregaciones es un punto que Concha intenta aclarar. “Nosotros estuvimos expuestos a estos actos porque Miguel Ortega y Cristián Precht entraban como Pedro por su casa en el colegio, en horas de jornada escolar, poniéndose de acuerdo con un hermano que les llevaba a sus presas para que los abusaran”.
—¿Fue algo casual o sistemático?—se pregunta hoy.
***
En su primer año como profesor de educación física en el Alonso de Ercilla, Patricio Quiroz (54) asistió a una cena con sus excompañeros del mismo colegio, la que terminó en un bar del centro de Santiago. En medio de la festividad, uno de los presentes pidió silencio y pasó a contar una historia que dejó a todos impávidos: uno de los hermanos lo había masturbado al interior de la capilla del colegio.
“Al principio la reacción fue de ‘me estai hueveando’, pero luego saltó uno al otro lado de la mesa y dijo ‘¿estás hablando de Abel Pérez?’ Sólo en esa mesa salieron tres compañeros abusados por él. Se nos pasó la curadera al tiro”, recuerda Quiroz.
Por años, Quiroz no pudo sacarse la idea de la cabeza. El hermano Abel había sido su profesor jefe entre 7° y 8° básico, pero desde su regreso al colegio como docente no había tenido noticias de él. Hasta 1996, cuando Pérez retornó desde otra destinación.
Ese año, mientras esperaba a que los alumnos de la selección de fútbol salieran de clases, Quiroz se encontró cara a cara con Pérez. “Venía camino a la puerta que da a la casa de los maristas, de la mano con un cabro chico, rucio, bonito. No tenía más de siete años”, rememora.
—¿A dónde vas?—, lo encaró Quiroz.
—Vamos a la capilla del hogar para enseñarle a orar— habría respondido Pérez.
Quiroz le quitó al niño de la mano.
—Sé lo que hacís, viejo, a este no lo vas a tocar— le dijo. El hermano Abel se habría retirado profiriendo amenazas.
Tras el fin del año escolar, el profesor fue citado a la dirección. El hermano Gregorio Pastor le comunicó que ya no iba a seguir ligado al colegio. “Existen reclamos en tu contra”, le habría dicho. La decisión, entendió Quiroz, era inapelable. “¿Esto tiene que ver con Abel?”, preguntó. Pastor habría llevado sus dedos a la boca, simulando la unión de un cierre.
Pocos meses después, un nuevo caso remeció al establecimiento. Miguel Ángel Katalinic, ex alumno –con un breve paso por el noviciado- y entonces profesor de francés y orientador fue detenido por abusos sexuales cometidos en contra de un estudiante de media.
La forma en que Katalinic cayó fue, al menos, curiosa. A comienzos del verano de 1997, el profesor, de entonces 38 años, llegó hasta una tienda Kodak del paseo Ahumada para revelar un rollo fotográfico. Al día siguiente un grupo de detectives llegó a arrestarlo hasta su departamento: alguien dentro del laboratorio había denunciado que en las fotos Katalinic se besaba con quien era claramente un menor de edad.
“Cuando volvimos a clases, nunca se nos dijo qué había pasado con Katalinic, a pesar de que había salido en algunos diarios. Simplemente nos pidieron orar por él, y no volver a mencionarlo”, cuenta un exalumno del laico.
Actitud similar a la tomada en el caso del hermano Luis Cornejo (40).
Mientras éste se encontraba en Santa Cruz, Bolivia, enviado por la congregación, fue notificado de la existencia de denuncias por abuso sexual en su contra en el Instituto Rafael Ariztía de Quillota. Cornejo habría reconocido los hechos al entonces rector del colegio, Claudio Arellano, aceptando viajar a Chile para enfrentar la justicia.
Poco antes del retorno, el 30 de agosto del año 2013, fue atacado en las calles de Santa Cruz. Una puñalada en su corazón le provocó un paro cardiorrespiratorio, ocasionándole daño cerebral severo, afasia y cuadriplejia. Se habló de un asalto, pero el rumor más extendido fue que había sido atacado intencionalmente. Una vez en Santiago fue derivado al hogar de la congregación, una enorme casona en calle Monseñor Sótero Sanz, en Providencia, donde permanece hasta el día de hoy en estado vegetal.
El hermano Mariano Varona, al tanto de los hechos denunciados, envió un correo a una de las víctimas de Cornejo en el Instituto Rafael Ariztía de Quillota, fechado en mayo de 2015, donde le expresaba la intención de conversar sobre lo ocurrido con el hermano Luis. “Cuánto les afectó, cuánta gente está al tanto de lo que ustedes saben, qué puede hacer la Congregación al respecto y cómo cerrar el caso”, escribió.
Tras salir de la cárcel en 2001, y pese a haber limpiado sus antecedentes, Katalinic decidió dejar la educación y comenzó a prestar servicios de restauración de audio y video. A mediados de este año, y mientras colaboraba como diocesano en la Parroquia de los Santos Ángeles Custodios de Providencia, volvió a ser detenido. Tras una denuncia anónima, la PDI encontró junto a su cama un disco externo con 16 archivos de pornografía infantil.
***
Fue un efecto colateral. Tras la última detención de Miguel Ángel Katalinich, acusado de almacenamiento de pornografía infantil, la congregación marista decidió retomar el diálogo entablado hacía dos años con Hernán Martínez, un exalumno que acudió al establecimiento a relatar un abuso por parte de un hermano del colegio. “Recibí una llamada de ellos. En ese momento dije basta. Tomé contacto con un abogado y me reuní con el vocero provincial acá en Chile. Le dije que la última vez no habían hecho nada y que tomaría cartas en el asunto”.
Martínez asumió la vocería de 14 víctimas, pertenecientes al Instituto Alonso de Ercilla y al colegio Marcelino Champagnat de La Pintana, y comenzó a presionar a los maristas. “Me parecía que lo más justo era reconocer que los abusos existieron con nombre y apellido: Abel Pérez”. El denunciante asegura que se reunió en una ocasión con el hermano y que este le pidió que no emprendiera acciones legales. “Me propuso si como víctimas queríamos que la congregación hiciera algo por nosotros”, recuerda.
Al igual que otras denuncias, Hernán Martínez se enteró de los abusos en un paseo de curso en cuarto medio. Al fragor de la celebración, y envalentonado por unas copas de más, decidió contarle a sus compañeros que él había sido abusado por el hermano Abel en una sala de clases, después que éste lo invitara a corregir unas pruebas en sexto básico. “Para sorpresa mía no fui el único que contó su experiencia. Hubo al menos cinco relatos más de situaciones muy parecidas a la mía y peores. La información que manejo es que hubo tocaciones, masturbación y sexo oral”, recuerda.
Los maristas finalmente acogieron la denuncia y decidieron remitir los antecedentes al Ministerio Público el lunes 28 de agosto. A través de un comunicado la congregación pidió perdón a las víctimas y el delegado provincial en asuntos de abusos sexuales, Mariano Varona, solicitó a los alumnos del colegio que rezaran por el hermano Abel Pérez, desatando la furia de algunos apoderados. Posteriormente, en una entrevista televisiva, Varona reconoció que pese a tener antecedentes desde el año 2010 no denunciaron porque en ese momento “no se nos pasó por la mente”. Sólo después del caso Karadima, aseguró, tuvieron “la sensibilidad” de que lo que acusaban las víctimas era un delito.
“Lo que dijo Varona, de que sólo después del caso Karadima se dieron cuenta de que lo de Abel o Cornejo había sido delito, me parece una estupidez. ¿Cómo no se iban a dar cuenta de que eso era un delito? Los hermanos son una familia. Muchos de ellos llegaron juntos de España, y claro, entre la familia siempre se tratan de encubrir”, reflexiona un exprofesor del establecimiento.
La representación jurídica del caso, posterior a las desafortunadas intervenciones de Varona, recayó en el exfiscal Alejandro Peña. El abogado asegura que “siendo los hechos tan repudiables, y tan delicado su tratamiento, lo importante es que se esclarezcan en profundidad”. “La congregación nos ha hecho hincapié en que pongamos todos los antecedentes en manos de la fiscalía, incluyendo las destinaciones de los involucrados en los distintos colegios maristas de Chile. Se ha hecho un levantamiento de información y es importante decir que en la actualidad no se están cometiendo este tipo de abusos”, recalca.
Fuentes al interior de la Fiscalía aseguran que los antecedentes proporcionados, al menos en la primera denuncia, no mencionan víctimas, acontecimientos y tampoco fechas. “Sólo se acotó, en el caso de Abel Pérez, que los hechos habrían ocurrido entre 2006 y 2008 en La Pintana -años en que hizo clases ahí-. No estarían por lo tanto prescritos. En la denuncia de Cornejo, que se hizo posteriormente, tampoco se menciona nada, solamente que algo pasó”.
En las últimas semanas, el abogado Alejandro Peña realizó otras denuncias sobre cuatro hermanos que habrían estado involucrados en abusos. “Dos de los cuales estarían fallecidos”, aclara. The Clinic intentó contrastar la información recopilada en este reportaje con autoridades de la congregación, pero esta declinó referirse al tema por el momento.
El Obispo Alejandro Goic, encargado de abusos sexuales en la Iglesia chilena, al ser requerido por The Clinic por el cruce entre laicos, hermanos y sacerdotes, eventualmente involucrados en delitos de abuso contra menores, aseguró que si los casos eran verídicos constituirían una verdadera “atrocidad”. “Ningún colegio en su proyecto se propone dañar a los jóvenes. Pero por lo que usted me cuenta, si se hubieran coludido sacerdotes, hermanos y algunos laicos, qué quiere que le diga. Ojala se sepa y se descubra toda la verdad”.

Los otros escándalos de la congregación en España y Argentina

Durante el verano de 2016, el diario El Periódico de Barcelona publicó la primera denuncia de lo que llegaría a ser el caso más grave documentado en España por abuso sexual a menores. Más de 42 víctimas, 12 hermanos y un profesor laico involucrado en una trama que tuvo lugar en tres colegios maristas de Cataluña.
A pesar del revuelo del caso, sólo cuatro de las denuncias pudieron ser perseguidas penalmente, debido a que la mayoría de los hechos habían prescrito. A muchos de los hermanos en Cataluña involucrados se les acusó de ocultar información clave que hubiese permitido investigar los casos años antes.
Desde hace algunas semanas, tanto Eneas como Jaime Concha se han acercado a la Fundación para la Confianza, ONG fundada por víctimas de abuso sexual infantil como James Hamilton y José Andrés Murillo. Su idea, afirman, es la de formar un brazo chileno de SNAP, una red mundial de sobrevivientes de abuso sexual eclesiástico.
Este año, en Argentina, otra denuncia remeció a la congregación marista. El director del colegio Champagnat, del acomodado barrio de Recoleta, fue acusado de haber cometido abusos sexuales reiterados a un estudiante en la década del 70′. Tras reconocer estos hechos, el hermano Ángel Duples fue removido de su cargo. El caso generó una serie de denuncias que hasta ahora han involucrado a al menos dos personas ligadas al colegio: otro hermano y un portero del establecimiento.
Desde Buenos Aires, donde reside hace más de 10 años, Eneas Espinoza se siente convencido de que su caso destapará más situaciones de abuso que involucran a la congregación marista. “Cuando ves a otros te animas a hablar”, sostiene.

Alejandro Goic, Presidente del Consejo Nacional de Prevención de Abusos de la Conferencia Episcopal:“La tardanza en las denuncias resulta incomprensible”

¿Cómo ha asumido la Iglesia Católica las denuncias sobre la congregación marista en Chile?
Toda denuncia de algún eclesiástico en contra de menores, nos duele profundamente. Pero quiero distinguir: lo que hace el Consejo Nacional de Prevención que presido se refiere a orientaciones referidas a los clérigos, es decir, sacerdotes. Sean diocesanos o religiosos. En el caso específico de los maristas, ellos no son sacerdotes, son religiosos laicos, es decir, hombres que se consagran a Dios, mediante votos de castidad, pobreza y de obediencia.
¿Qué opina del retraso con que los maristas denunciaron el caso de Abel Pérez?
Existe un documento de la conferencia episcopal de Chile para el trato de abusos sexuales a menores de edad. En él, cuando se habla de “miembros de institutos de vida consagrada” –que sería el caso de los maristas, aunque no sean sacerdotes- recae en el superior actuar con la prontitud que establece el ordenamiento de la Iglesia. Ahora, lo que puedo decirle es que me causa extrañeza la actitud tan decidida que tomaron en su momento con la denuncia, pero con una tardanza que por momentos resulta incomprensible. Personalmente desconozco, porque no es mi competencia, el por qué tardaron siete años en denunciar. Pero causa extrañeza, sin duda. La petición de la jerarquía de la Iglesia, desde el Papa hasta los obispos, es que cuando haya una acusación de abuso de menores, hay que actuar con presteza.
¿Esto podría terminar en un proceso canónico o no compete entendiendo que quien debe supervisar el tema son los superiores de la congregación?
Aunque sea tardíamente, este caso lo están analizando internamente. Ahora, es de esperar que sea la ley que determine las condiciones en que estas personas deban enfrentar esta acusación. Sé que todos somos limitados, ninguno de nosotros es perfecto, pero cuando un consagrado a Dios daña de esta manera a un menor de edad, abusando de él de cualquier forma –o como la que usted me está contando- es horrible. Si es cierto lo que me dice, espero que se aplique todo el rigor de la ley.

miércoles, 25 de octubre de 2017

Quién va a devolver tanta vida mapuche arrebatada

Quién va a devolver tanta vida mapuche arrebatada/ Agencia Uno

¿Renunciarán los fiscales Alberto Chiffelle y Luis Arroyo? ¿Los veremos condenando a nuevas machis y peñis cuando ya todos se olviden de esta injusticia? ¿Aparecerán sus rostros en todos los diarios y noticieros para que el país los condene por flojos y mentirosos?

Richard SandovalPor  / 25.10.2017
Quién va a devolver tanta vida mapuche arrebatada, quién va a sanar tantas horas frente a muros de la machi, de Francisca mirando techos, horas y horas de espíritu cautivo, de manos atadas controlando indignación, conteniendo la ira de saberse inocente, despojada de su tierra y sus poderes, de saberse burlada por otro montaje grosero, otra vez, montaje vil hoy derrumbado a cuatro años, a 35 jornadas de juicio oral, a una decena de idas y vueltas de casa a cárcel, de cárcel a hospital, de hospital a fierros, de rejas puntudas a máquinas con suero, mostrando en cada viaje los ojos a cámaras televisivas inquisidoras, a focos que al otro día trasladan su rostro a páginas de diarios para que millones la creyeran terrorista, maldita terrorista. Quién va a devolver tanta dignidad suspendida, quién va a cicatrizar los arañazos provocados por la Fiscalía que en su supuesto curar daños ha hecho daño a tanta y tanta gente.
Nueve meses de cárcel, 270 días de sombras, 36 semanas de gritos de libertad recorriendo Chile en marchas nocturnas reprimidas con gases y aguas podridas. Miles de facciones de una machi impresas en afiches convocando a la rebeldía, tanta tinta y poleras entregadas a serigrafía, tanta selva triste siendo testigo de la ausencia de los once, los once perseguidos en el sur por la ley que te condena antes de investigarte, perseguidos por la cobardía de los hombres de la Fiscalía que ni siquiera este miércoles llegaron al tribunal a dar la cara. ¿Para qué tanta pusilanimidad? ¿Para qué tanto esfuerzo en torcer la verdad, planificando mentiras entre cuatro paredes, buscando palabras para convencer a un juez de su acecho, si al momento de los quiubos ni siquiera tendrán la hidalguía de resistir la mirada para reconocer la trampa? ¡Son inocentes, son inocentes! Es lo que no querían escuchar.
Hoy ha caído otro montaje, otro intento por tomar a personas con apellido mapuche y con sangre indígena para ponerla en el sillón del condenado, casi de forma aleatoria, en el sillón del poseedor de la maldad, del articulador de la violencia. Hoy ha caído otro montaje, otro empeño por convertir el símbolo de los antepasados, la machi, el corazón de la articulación espiritual, en el corazón de la articulación delictiva. Hoy ha caído otro proyecto por hacer de este país un país más racista, más del blanco poniendo la pata encima del negro, más del poderoso ajeno a lo natural violando y masacrando para cumplir con sus intereses. Más de balas despertando niños en comunidades, más de lumas reemplazando al lápiz en escuelitas rurales porque sí.
Quién, díganme quién se va a hacer cargo de tanta cobardía, de tanta justicia de cascarón. Quién va a devolver a Francisca los años de esperanza de vida que la cárcel le quitó, quién devolverá a cero la erosión de su gastritis recrudecida por la prisión, quién reconstruirá los huesos carcomidos por la osteoporosis desatada tras las rejas. Quién va a asegurar que este nuevo papelón del Estado chileno buscando mermar al pueblo mapuche detendrá las operaciones en marcha, la ridiculez de la “Operación Huracán”, ridiculez tan ridícula que tuvo que ser desmontada hasta por la Corte Suprema. Quién, quién puede asegurar paz en un sistema democrático, el de nuestro portentoso Chile, que cuando se trata del mapuche tolera e incentiva la inoperancia, la falta de rigor y el reinado de lo burdo. Quién puede asegurar a Francisca que, mientras siguen militarizando su región sin dialogar para una solución, no van a ir por ella por tercera vez.
¿Renunciarán los fiscales Alberto Chiffelle y Luis Arroyo? ¿Los veremos condenando a nuevas machis y peñis cuando ya todos se olviden de esta injusticia? ¿Aparecerán sus rostros en todos los diarios y noticieros para que el país los condene por flojos y mentirosos? Mientras no estemos seguros, lo que quizás nunca ocurra en esta tierra de lacayos del dinero imperialista, es necesario mostrar en todo lugar posible los siguientes nombres, los nombres de once personas mapuche perseguidos por la mortandad de la injusticia, once nombres hoy oficialmente inocentes, a quienes nadie puede devolver el trozo de vida que les han quitado: Francisca Linconao Huircapan, Aurelio Catrilaf Parra, Eliseo Catrilaf Romero, Hernán Catrilaf Llaupe, Sabino Catrilaf Quidel, Sergio Catrilaf Marilef, José Arturo Cordova Tránsito, José Manuel Peralino Huinca, José Tralcal Coche, Juan Tralcal Quidel y Luis Tralcal Quidel.

INVITACIÓN

MIÉRCOLES 25 DE OCTUBRE 2017

COMUNICADO.


Miércoles 25 DE OCTUBRE 2017.
Por motivos del feriado de este viernes 27 de octubre de 2017,la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos y Ejecutados Políticos, no Realizara la vuelta por el Cierre de Punta Peuco.
Agradecimientos para tod@s
Me gustaMostrar más reacciones
Comentar

Seguidores