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martes, 16 de mayo de 2023

OPINIÓN POLÍTICA Algo huele mal en Palacio

    

Diego Ibáñez tenía mucha razón.

El financiamiento a la política sigue existiendo.

Juan Sutil, quien fuera presidente de la CPC, regaló dinero a candidatos de diferentes partidos para que puedan enfrentar los gastos necesarios en las elecciones constitucionales. Se dice que él tiene dinero bien habido, puede gastarlo en lo que él considere.

Sabido es que durante años todo el mundo empresarial marchó junto a sus lanceros parlamentarios para que representen sus intereses. Millones de pesos recorrieron pasillos, cajas negra y chicas y otra de mayor tamaño para que en los proyectos de ley discutidos en el congreso, los intereses estén bien resguardados.

En aquel tráfico de influencias donde las boletas y factura falsas hacían su agosto fue cayendo el telón que dejó al descubierto que el congreso era el poder de Estado más corrupto y en el que menos creía la ciudadanía. Lo extraño que a pesar de todo seguían siendo actores relevantes y unos mendicantes de todos los colores.

Todos recuerdan a SQM y PENTA donde connotados empresarios entregaban dinero para que la ley se redactara como ellos querían, lo que sin duda alguna aquello ponía en peligro el débil sistema democrático consecuencia directa de un proceso de transición que no existió, y que dejó la cosas y asuntos tal como lo instaló la dictadura.

Jovino Novoa/Longueira/Orpis/JVR y otros más. Pero es justo decir que en la vereda contraria estaba el senador Pizarro sacando dinero con las manos de sus hijos, lo mismo el diputado León. Desayunos con propina de veinte millones como sucedió con un ex ministro del primer gobierno de Bachelet. Un festín alocado que desbordó todos los vasos.

Posiblemente haya sido SQM donde el yerno de Pinochet es un actor relevante financiaba a un partido completo, desde la luz del local hasta el arriendo. El partido de Ricardo Lagos, el querido hombre del empresariado y que endeudó a millones de jóvenes en un proyecto abyecto, miserable y que los condena a una cadena impuesta por el sistema bancario. Lagos estudió gratis, es hijo de la educación pública.

Todos bajaron al infierno a buscar sus dinerillos para estar en la foto.

Cuando luego de la derrota del apruebo y la casta política se diera el lujo de sentarse sobre la voluntad popular para que participara en un nuevo intento y a dedo entregara los nombres de la Comisión de Expertos que incluyó a un ex ministro de Piñera que defendió a Colonia Dignidad y a Paul Schäffer y gritó la honorabilidad de su amigo Jaime Orpis.

Derrotado el apruebo el poder vuelve al congreso dijo Juan Luis Castro, senador socialista y allí está el resultado. Explicaciones más o menos escondió su cabeza en la arena y abandonó a sus electores. Mucha tinta ha corrido sobre este asunto.

Las semanas previas a la confección de las listas en el oficialismo no hubo acuerdo, no se llegó a buen puerto. Finalmente la lista del oficialismo dio la batalla. Bachelet llegó a manifestar su opción de ir si había una lista única, aquello no sucedió. El presidente insistió que era políticamente correcto dar esta contienda contra la derecha de manera unitaria, el PPD/PDC/PR se negaron.

La lista de la ex concertación entregó razones miserables. Ellos serían los encargados de ir a buscar los votos al centro para traerlos al gobierno. Que no compartirían lista con los que indultaron a los delincuentes de octubre. Extraño ataque de purismo cuando han sido justamente ellos los más beneficiados con al financiamiento irregular de la política.

En un cuadro configurado de esta manera causa asombro entonces la tozudez de la presidenta del PPD Natalia Piergentili de negar la lista única, que posiblemente habría significado una derrota menos dolorosa. Ampliamente difundida por el duopolio expresaba su disconformidad con algunas medidas del gobierno del cual forma parte. Repetía su mantra que era la centro izquierda quien impondría las medidas en la continuidad del gobierno.

No es extraño entonces que la dura negativa del PPD, el más absoluto rechazo a dar la batalla en conjunto haya sido el aporte de Juan Sutil a su campaña. Nunca reconoció la ayuda de uno de los líderes del empresariado a quien él considera una muy buena amiga.

Divide y reinarás. Natalia Piergentili no es responsable de la derrota del domingo, pero sí la foto de la miseria de la cual hay que alejarse.

Si recibes dinero de un mecenas empresario que tiene odio cruzado con el actual gobierno de Boric, y el PPD forma parte del staff de ministros y cargos similares todo es entendible. Lo correcto es entonces tomar el camino más fácil, abandonar la política y alejarse de este gobierno. Es muy difícil transitar juntos con personajes con conductas tan extrañas, tan alejadas de la fidelidad en el gobierno que le dieron un rinconcito en sus altares.

La derecha y Sutil metieron la cola y la malvada madrastra era Natalia Piergentili. Allí hay un tufillo a traición que no puede ser aceptado ni pasar por alto.

Posiblemente en muy pocas ocasiones hayamos sido testigos de opiniones como por ejemplo que una de las formas de fortalecer el gobierno es entregando más responsabilidades a los herederos de la concertación. Hoy son unos cuantos leños de madera vieja y azumagada.

No es poco el tiempo que le queda al gobierno pero se hace necesario fortalecer a los equipos de gobierno, la calle, los votantes del apruebo-dignidad necesitan ser testigos que ante derrota tan significativa como las del domingo algunos o alguna o los que sean necesarios den un paso al costado, los barcos cuando en momentos necesitan apurar su velocidad dejan caer el lastre.

Los tiempos por llegar no serán fáciles, hay que dar la batalla contra la extrema derecha que tiene uniforme y contra Escrivá de Balaguer. Contra los que intentarán negar derechos consagrados para las mujeres, los que negarán el pan y el agua a la salud pública y a la educación. Los que no quieren salarios mínimos dignos. Los que sostienen a las ISAPRES y AFP.

Entonces sin lugar a dudas las calles volverán a calentarse como se ha repetido hasta el cansancio y que no digan más tarde que no lo vieron venir.

 

Por Pablo Varas.

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