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domingo, 31 de marzo de 2019

Expulsan de la Masonería a juez por prácticas de vudú y a otros tres miembros más de la región de O Higgins

La Gran Logia de Chile expulsó a cuatro de sus miembros de la Jurisdicción de O’Higgins, entre ellos, el ministro de la Corte de Apelaciones de Rancagua, Emilio Elgueta, en cuya oficina se encontraron objetos relacionados con la magia negra.

A través de un comunicado, la entidad expresó que analizó los “graves hechos y conductas que afectan el prestigio de la Orden y que han conmocionado a la opinión pública, producto del actuar de miembros de las logias” de la mencionada jurisdicción.

En ese sentido, la Gran Logia manifestó su rechazo a los hechos denunciados, “con la convicción que el actuar de los miembros de la Orden en las logias y en la sociedad, siempre debe estar encuadrado en los principios, virtudes y estándares de alta exigencia”, que impone la institución para “pertenecer a sus filas”.

Por este motivo, el Consejo de la Gran Logia, decidió unánimemente sancionar con la “Pérdida de la Calidad Masónica”, de forma inmediata, a cuatro de sus miembros.
Además, se determinó intervenir en la logia “Jorge Washington” Nº 56 de Rancagua, a la que pertenecían tres de las personas sancionadas, cesando de sus funciones al presidente de la entidad y a algunos miembros de su oficialidad, con el fin de “revisar sus procedimientos y corregir lo que sea necesario”.

Finalmente, el escrito señala que el Consejo tomará todas las medidas necesarias para “sancionar las conductas reñidas con la ética, la moral, la probidad y la legalidad, que se perpetren distorsionando o abusando de las prácticas fraternales que enorgullecen a nuestra Orden”.

De acuerdo a información de Radio Bío Bío, los miembros expulsados son: Emiliano Elgueta, Marcelo Vásquez, Marcelo Albornoz y Luis Arenas.

La semana pasada, la ministra de la Corte Suprema, Rosa María Maggi, dictó cargos por tráfico de influencias en contra de Elgueta y Vásquez, ambos magistrados de la Corte de Apelaciones de Rancagua.

Marcelo Vásquez es investigado en el ámbito administrativo y penal por posible intervención indebida en el nombramiento de funcionarios judiciales. Mientras que a Emiliano Elgueta -además de esta irregularidad- se le indaga por recibir dinero, presuntamente, de abogados que litigaron en su tribunal.

El miércoles 27 de marzo fueron allanadas las dependencias del tribunal de alzada y durante el procedimiento fueron incautados diversos objetos desde la oficina de Emiliano Elgueta.
Entre estos objetos se encontraba una representación del diablo, figuras de demonios, velas y una imagen de una exministra de la Corte Suprema llena de alfileres.

De acuerdo a fuentes de La Radio, la imagen sería de Gabriela Pérez, quien investigó a Elgueta cuando lo sancionaron con una amonestación por presionar a un fiscal y a un juez en un proceso por violencia intrafamiliar.

Actualmente, Pérez está jubilada de la Corte Suprema y se encuentra en una silla de ruedas por problemas de salud.

Esto si que es nuevo en el sector justicia: hallan imagen de exministra de Corte Suprema llena de alfileres en oficina de juez

Una imagen de una exministra de la Corte Suprema llena de alfileres, otra del diablo y figuras de demonios y velas. Todo eso fue incautado de la oficina del ministro de la Corte de Apelaciones de Rancagua, Emilio Elgueta, (foto) durante un procedimiento que nada tenía que ver con aquellos objetos.

El insólito hecho ocurrió el pasado miércoles 27, cuando policías allanaron las dependencias en el tribunal de alzada, en el marco de una investigación penal en contra del magistrado.
A Elgueta se le indaga en el ámbito administrativo y penal por tráfico de influencias y por recibir dinero, presuntamente, de abogados que litigaron en su tribunal.

En ese contexto, se ordenó el allanamiento que terminó con un resultado insospechado.

“La diligencia se desarrollaba en total normalidad y los policías se llevaban el computador del magistrado, entre otros documentos alojados en su oficina, cuando un cajón cerrado con llave llamó la atención de los investigadores”, publica La Tercera.

Los encargados del procedimiento abrieron el cajón y se encontraron con la sorpresa: una imagen de una exministra de la Corte Suprema llena de alfileres, otra del diablo y figuras de demonios y velas.

Esto si que es nuevo en el sector justicia: hallan imagen de exministra de Corte Suprema llena de alfileres en oficina de juez

Una imagen de una exministra de la Corte Suprema llena de alfileres, otra del diablo y figuras de demonios y velas. Todo eso fue incautado de la oficina del ministro de la Corte de Apelaciones de Rancagua, Emilio Elgueta, (foto) durante un procedimiento que nada tenía que ver con aquellos objetos.

El insólito hecho ocurrió el pasado miércoles 27, cuando policías allanaron las dependencias en el tribunal de alzada, en el marco de una investigación penal en contra del magistrado.
A Elgueta se le indaga en el ámbito administrativo y penal por tráfico de influencias y por recibir dinero, presuntamente, de abogados que litigaron en su tribunal.

En ese contexto, se ordenó el allanamiento que terminó con un resultado insospechado.

“La diligencia se desarrollaba en total normalidad y los policías se llevaban el computador del magistrado, entre otros documentos alojados en su oficina, cuando un cajón cerrado con llave llamó la atención de los investigadores”, publica La Tercera.

Los encargados del procedimiento abrieron el cajón y se encontraron con la sorpresa: una imagen de una exministra de la Corte Suprema llena de alfileres, otra del diablo y figuras de demonios y velas.

Diputado Jaime Mulet por medidores de electricidad: "Le metieron un gol a Bachelet y le gusta al gobierno de Piñera"

“100 mil firmas contra el abuso” se denomina la campaña nacional de recolección de firmas que inició hoy el diputado y presidente de la Federación Regionalista Verde Social, Jaime Mulet, junto al Movimiento Ciudadano “Aquí la Gente” y el Colegio de Instaladores Eléctricistas de Chile, para presionar al parlamento a derogar la que ellos denominaron “ley maldita de los medidores”.

Al respecto, el parlamentario señaló que “es muy importante partir hoy día esta campaña de recolección de firmas a nivel nacional, pues lo que hay que entender es que el único camino correcto que hay es derogar la ley 21.076”.

“El ex ministro Pacheco fue muy clarito, le metieron un gol al gobierno de Bachelet, un gol que además le gusta al gobierno de Piñera. De manera que estamos convencidos que lo que hay que hacer es reversar eso, y cómo se reversa, derogando la ley. Por eso que estamos aquí escuchando también a la ciudadanía, e incluso a inmigrantes que nos cuentan su experiencia ante el mismo problema en sus países y que se tradujo solo en alzas en sus cuentas de luz”.

Asimismo, Mulet insistió en su crítica a la ministra de Energía, Susana Jiménez, a quien calificó de “lobbysta de las compañías eléctricas, pues más que preocuparse por el daño que la implementación de esta ley provoca en los usuarios, anda viendo cuánto tienen que pagar las pobres empresas eléctricas a la gente por los medidores que les están expropiando indebidamente. Por tanto, con sus acciones solo reforzamos más aún la idea que urge derogar la ley”.

“Las compañías eléctricas siempre ganan, en todas las jugadas están ganando, con medidor propio, con medidor ajeno como sea ganan porque tienen tarifa y rentabilidad garantizada. Lo que tenemos que hacer es devolver la situación al estado anterior para que los medidores y los empalmes vuelvan a ser de los usuarios”.

Polémica denuncia: Agencia de publicidad de familiar de ministro Chadwick se adjudicó 10 veces más trabajos en gobiernos de Piñera que con Bachelet: 97 contra 8

Foto: Tomás Dittborn, dueño de agencia publicidad, Crédito Chilevisión
La polémica comenzó cuando se dio a conocer la millonaria cifra pagada por el gobierno a la agencia que movió la publicidad de Red, el nuevo nombre del sistema de transporte público metropolitano que se implementará de forma gradual en todo el país, para terminar reemplazando al Transantiago.

En total fueron 550 millones de pesos los que se pagó a la agencia Dittborn & Unzueta, los que se suman a los 48 millones de pesos pagados previamente a la empresa FutureBrand para crear el nombre, y si bien en su momento causó polémica la cifra, una investigación más detallada liderada por un equipo de Chilevisión Noticias llevó a otro dato aún más revelador.

Todo el aparataje publicitario fue adjudicado a la compañía cuyo dueño tiene un lazo familiar con el ministro del Interior, Andrés Chadwick, lo que encendió las suspicacias al respecto: un primo hermano de Tomás Dittborn, el director de la agencia, está casado con la hermana del titular de Interior.

“Un primo hermano mío está casado con una señora que es hermana del ministro del Interior, que es primo del Presidente. Mi relación con con el Presidente Sebastián Piñera es de octavo grado”, comentó Tomás Dittorn, familiar de Chadwick.

Además, sale al paso de la polémica por el monto pagado, detallando que 370 millones de pesos fueron a parar a los medios de comunicación para pagar publicidad y que en la orden de compra se detalla que la agencia se embolsó sólo el 4% del total, es decir 22 millones de pesos. Sin embargo, hay otra situación que llama aún más la atención.

Según queda registrado en Mercado Público, esta misma agencia ha tenido diferente suerte en las licitaciones de las últimas cuatro administraciones. Durante el primer gobierno de Michelle Bachelet tuvo 8 órdenes de compra, lo que significó algo más de mil millones de pesos.

Cifra muy inferior a la que obtuvo con el gobierno siguiente, el primero de Sebastián Piñera, donde se alcanzaron las ¡¡90 órdenes de compra!!, cercanas a los 2 mil 70 millones de pesos.
¿Y cómo anduvo con el segundo paso de Bachelet por La Moneda? La cifra de trabajos asignados fue de cero, no hubo ninguna orden de compra.

Mientras que ya en el primer año del segundo gobierno de Piñera van 7 órdenes de compra, las que equivalen a 1.600 millones de pesos.

Cifras cuestionables según la directora del Observatorio de Gasto Fiscal, Jannette von Wolfersdordff: “Es un caso que hay que investigar porque muestra una anomalía que es extraña, porque si una empresa se dedica a campañas debiera vender no importa quién este en el gobierno”.

Cabe destacar que si bien todo el proceso es visado por la Contraloría y el sistema de compras públicas es un modelo destacado internacionalmente, no es infalible. Posibles fallas que según Chile Transparente debiesen mejorar.

Ministra Rutherford investiga misión militar del Ejército en Washington

LA MINISTRA ROMY RUTHERFORD INDAGA LAS 23 ARISTAS DEL FRAUDE EN EL EJÉRCITO.

En enero, la institución castrense envió una Comisión Interventora tras el cambio de mando en esa unidad.

Son 23 las aristas que la ministra que investiga el fraude en el Ejército, Romy Rutherford, mantiene abiertas en la causa, con un cuaderno distinto para cada indagatoria. Aunque hay nombres que se cruzan, cada caso tiene su particularidad y valor por “el número de estrellas” de cada investigado.
Por ello, una de las aristas que concentra una preocupación especial al interior del Ejército, tanto en su cuerpo activo como en retiro, es la que dice relación con la misión militar de la institución en Washington, Estados Unidos, la cual entró este año en el radar de la ministra Rutherford.
Esta misión es considerada una de las más importantes junto con Inglaterra. En Washington es donde se tramitan todos los pagos de facturas en dólares que realiza el Ejército.
En concreto, la ministra investiga el período 2009-2019, en relación a la compra de pertrechos militares desde Estados Unidos, como también un supuesto uso irregular de gastos reservados.
Según explicaron distintas fuentes consultadas, la misión militar del Ejército tiene un presupuesto de US$ 110 mil anuales en gastos reservados, los que se habrían usado en viajes y la compra de artículos que no estarían bajo la norma que regula el uso de estos dineros.
Los gastos reservados solo permiten utilizar sus fondos para pagar operaciones de Inteligencia y Seguridad. Hasta el momento, la ministra Rutherford ha solicitado registros de compras de la misión militar, los cuales están siendo analizados por personal de la PDI.
Las pesquisas judiciales detectaron el caso de un coronel de Finanzas de la misión que, tras descubrir la existencia de una factura por una turbina de helicóptero, decidió llamar a la Brigada de Aviación para preguntar sobre la aeronave. Desde la unidad le dijeron que ésta se encontraba operativa, razón por la cual decidió no pagar la factura. A los pocos meses lo llamaron a retiro, relatan conocedores de la misión.
Esta misión tuvo entre sus jefes a los investigados y excomandantes en jefe del Ejército, general (R) Juan Miguel Fuente-Alba (entre 2006 y 2007) y el general (R) Humberto Oviedo (2011-2012).
Y no son los únicos, pues el general (R) Guillermo Porcile Arellano, jefe de la misión en 2012, ya está procesado en la causa, en la arista “viajes”, por la supuesta defraudación al Fisco por $ 44 millones.

La vida en EE.UU.

Este año, en enero, cambió el jefe de la misión. Desde el Ejército se informó que el general de división Rodrigo Carrasco traspasó el mando al general de brigada Carlos Castillo.
Según explicaron, para efectos de traspaso, y “tal como se realiza en forma rutinaria en cada una de las entregas de unidades y altas reparticiones del Ejército, fue nombrada para estos efectos una Comisión Interventora”, para inspeccionar la gestión saliente. Este año estuvo a cargo del general de División, Esteban Guarda Barros, comandante de la Guarnición de la Región Metropolitana, y del coronel de Finanzas, Carlos Palacios.
La misión militar está constituida por un jefe de misión, un general de División o Brigada, junto a nueve uniformados, entre los cuales hay un mayordomo, encargado de seguridad, un jefe de Finanzas y de Adquisiciones. También son contratados civiles para apoyar la administración, entre ellos personal de aseo y cocineros. En total, son 16 personas que trabajan ahí.
Según explicaron algunas fuentes ligadas al Ejército, la casa del encargado de la misión está ubicada en el importante barrio diplomático de Washington, y tendría un valor cercano al millón de dólares. Desde el Ejército explicaron que la función de la misión militar es, entre otras, “representar a Chile ante los Organismos de Defensa y del Estado Mayor Conjunto de EE.UU. y los demás países acreditados en el área de Defensa en Washington DC”, y así promover el “intercambio de información y apoyo entre las agregadurías de las instituciones de las FF.AA.”.

Fuente-Alba a C. Marcial

Hoy, en tanto, el tribunal militar que tramita la causa del general (R) Fuente-Alba, rechazó su petición de libertad, tras más de un mes en prisión preventiva, por lo tanto, el lunes la Corte Marcial revisará la solicitud del excomandante en jefe del Ejército.

sábado, 30 de marzo de 2019

Consignas políticas en Lollapalooza no se salvó ni el primo de Piñera: “No todos somos Chadwicks”

Lollapalooza Chile no se caracteriza por ser un evento con consignas políticas. Sin embargo, durante la jornada de este sábado, algo llamó la atención de los presentes.

Se trató de la presentación de la banda Portugal. The Man, quienes durante su espectáculo hicieron varias alusiones a la contingencia nacional entre ellas, la discusión sobre el aborto, el conflicto mapuche y la privatización del agua.
Al comienzo de su presentación en el Banco de Chile stage la banda estadounidense hizo un llamado a respetar a los pueblos originarios, lo que fue coronado con un “justicia para Camilo Catrillanca”.

Además, mientras el quinteto de Alaska mostraba su repertorio, en las pantallas se mostraron diferentes consignas, entre ellas “mi cuerpo, mi decisión” y “apoyo a los mapuche y a todas las comunidades indígenas”.

Entre las más aplaudidas estuvieron “justicia para Camilo Catrillanca” y “No todos somos Chadwicks”.

Fiscal Nacional: “Es preferible focalizar recursos que destinarlos al control indiscriminado de identidad”

Abbott comentó que el tema fue ampliamente tratado en el Consejo General de Fiscales, que concluyó el pasado jueves.

Fiscal Nacional: “Es preferible focalizar recursos que destinarlos al control indiscriminado de identidad”
Por  30 de marzo de 2019
El fiscal nacional Jorge Abbott valoró los cambios propuestos por el Gobierno en el proyecto de ley sobre control preventivo de identidad, pero manifestó reparos respecto de aquellas modificaciones que involucran a niños, niñas y adolescentes.
“Es preferible focalizar los recursos en aquellos niños, niñas y adolescentes ya identificados por estar vinculados a la comisión de delitos, que destinarlos al control indiscriminado de identidad. De esta forma podemos intervenir muchísimo mejor en el fenómeno delictual en el que se ven involucrados”, afirmó.
Abbott comentó que el tema fue ampliamente tratado en el Consejo General de Fiscales, que concluyó el pasado jueves, ámbito en el que los persecutores coincidieron en la necesidad de focalizar recursos.
De acuerdo a las estadísticas del Ministerio Público los niños, niñas y adolescentes (NNA) infractores de ley disminuyeron un 21% en 2018, respecto del año anterior, cifras que muestran una tendencia a la baja en los últimos períodos.
No obstante, en el mismo lapso, el número de delitos cometidos por esos infractores ha aumentado, al tiempo que además se vuelven más violentos.
Además, destacó que el Ministerio Público ve con satisfacción que en el proyecto de ley se considere ampliar las facultades de las policías para controlar identidad cuando se constaten casos de placas patentes de vehículos adulteradas o inexistentes, como también que se incluya la posibilidad de realizar inspecciones oculares.
“Esto permitiría evitar situaciones como la vivida el año pasado en la comuna de San Antonio, cuando se declaró ilegal una detención, debido a que el hallazgo de armas en un vehículo se consideró casual”, concluyó.

China entrega 65 toneladas de medicinas e insumos médicos a Venezuela

Venezuela recibió 65 toneladas de medicinas e insumos médicos de parte de China. "Agradezco la disposición y el compromiso del presidente Xi Jinping; en los próximos días recibiremos más cooperación. ¡Venezuela continúa derrotando el bloqueo imperial y avanza victoriosa!", dijo el presidente Nicolás Maduro en su cuenta de Twitter.
En tanto el vicepresidente de economía, Tareck El Aissami, aseguró: "Estamos venciendo el pretendido cerco, el bloqueo, que han emprendido (...) la administración del presidente (Donald) Trump y el títere diabólico de aquí de Venezuela (en referencia a Juan Guaidó)".

De acuerdo con las autoridades, el cargamento incluye antibióticos, analgésicos, medicamentos para la diabetes y material médico-quirúrgico.

China es uno de los mayores aliados del mandatario junto con Rusia, que hace una semana envió una misión militar a Caracas denunciada como una "provocación" por la Casa Blanca.

Manuel Leonidas GUERRERO CEBALLOS


 Triple degollamiento
Encontrándose el país bajo la vigencia del estado de sitio, el 28 de marzo de 1985 fue secuestrado en la vía pública en el sector alto de la capital Santiago NATTINO ALLENDE, publicista de militancia comunista, sin cargos conocidos dentro de esa agrupación.
                                    Al día siguiente, a tempranas horas de la mañana fue secuestrado en momentos en que llevaba a su hija al colegio Latinoamericano de Integración, José Manuel PARADA MALUENDA, quien se desempeñaba como Jefe del Departamento de Análisis la Vicaría de la Solidaridad.  En esa misma oportunidad fue secuestrado Manuel Leonidas GUERRERO CEBALLOS, profesor e inspector del mismo colegio, dirigente de la Asociación Gremial de Educadores de Chile (AGECH), quien era amigo desde hacía largos años de José Manuel Parada.
                                    En los dos operativos los secuestradores actuaron con gran disponibilidad de medios. En el caso de Santiago NATTINO señalaron a viva voz que eran policías y que detenían a la víctima por problemas económicos.  En el otro secuestro hay testigos que indican la presencia de un helicóptero en los hechos y de desvíos de tránsito en el sector. Esta acción fue cruenta ya que se le disparó a quemarropa a un profesor que intentó impedir el hecho.
                                    Relacionados con estos secuestros se encuentra el que sufrió el egresado de arquitectura Ramón Arriagada en el mes de febrero de ese año, a quien se lo interrogó precisamente sobre las actividades de Manuel GUERRERO y José PARADA. Ambos se encontraban realizando una labor de análisis de la estructura y funcionamiento del Comando Conjunto a base de la información obtenida de las confesiones de uno de sus ex‑miembros, logradas poco tiempo atrás.
                                      También se relaciona con el operativo realizado la noche del 28 de marzo a la sede de la AGECH ubicada en calle Londres 75 de la capital, local donde recibía correspondencia y mantenía una línea telefónica Santiago NATTINO y que frecuentaba Manuel GUERRERO, por su calidad de dirigente de esa agrupación.  De ese lugar fueron llevados varios profesores quienes estuvieron privados de libertad hasta el día 29, reconociendo posteriormente como su lugar de detención el cuartel de la Dirección de Comunicaciones de Carabineros (DICOMCAR) ubicado en calle Dieciocho, el mismo que tiempo atrás fuera usado por el Comando Conjunto bajo el nombre de "La Firma".
                                    Pese a las intensas actividades desplegadas no se tuvo noticia alguna de los secuestrados hasta el 30 de marzo de 1985 cuando son encontrados sus cuerpos degollados en el camino que une Quilicura con el Aeropuerto de Pudahuel.
                                    Este crimen causó honda repercusión tanto nacional como internacional, dando lugar a una extensa investigación judicial.  Autoridades del gobierno explicaron en un comienzo el crimen como consecuencia de una purga entre comunistas. Sin embargo, de los antecedentes narrados y los reunidos en la investigación judicial la Comisión ha llegado a la convicción de que Manuel GUERRERO, José PARADA y Santiago NATTINO fueron ejecutados por agentes estatales en razón de su militancia y las actividades que realizaban, en violación de sus derechos humanos.
(Informe Rettig)  

15 de Abril 2011
El Periodista
A 26 años del asesinato de Manuel Guerrero, su hijo recuerda el hecho, relata su sentir y se refiere a las motivaciones de los agentes que mataron a su padre
El 29 de marzo de 1985, fueron secuestrados y degollados por agentes del Estado, el sociólogo José Manuel Parada, el profesor Manuel Guerrero y Santiago Natinno. Pasado el cuarto de siglo, el hijo del Guerrero, rememora el hecho, en su blog cuenta quién fue su padre y las motivaciones del crimen que estremeció a la sociedad chilena.
“Lo que ahora escribo lo hago con mucho dolor.
En este preciso momento, que en Santiago son pasadas las 08:00 de la mañana, llegaba el 29 de marzo de 1985 al colegio, como todos los días, y vi a mi a papá recibiendo a los niños, pues era profesor. Conversaba con José Manuel Parada, sociólogo de la Vicaría de Solidaridad, antiguo camarada de la época de la Jota, y apoderado del colegio. Llegué y nos saludamos de beso. Me llevó un momento a un lado y me contó que el día anterior habían secuestrado a un grupo de profesores de su asociación gremial, la AGECH, de la cual era dirigente, y que los aprehensores habían preguntado por él.
Me quedé atónito mirándolo. Tenía catorce años pero eso ya era edad suficiente como para tener la lógica mínima de que si te buscan, y estábamos en pleno estado de sitio, escóndete, ándate del país, qué haces aquí a las puertas de este colegio, a plena luz del día, te van tomar!!!! Se lo planteé, y él, muy pausado y mirándome con una ternura infinita a los ojos, me tomó de las manos y me dijo que no, que éste era su trabajo, éste era su país, que él ya se había ido una vez y que no lo volvería a hacer, que su lugar era junto al pueblo y su lucha para terminar con la dictadura. Buscando argumentos nuevos, que pudieran hacerlo cambiar de opinión, le pregunté si el Partido le había autorizado para irse del país, que en tal caso les hiciera caso. Paciente, se sonrió, y me dijo que pasara lo que pasara jamás culpara al Partido. Que tranquilo, ya veremos cómo salimos de ésta.
Lo último que me preguntó es acerca de la Gigi, que es mi abuela materna, una mujer muy sencilla que perdió cuando muy pequeñita a sus padres en el terremoto de Chillán en la primera mitad del siglo XX, y que llegó como empleada a Santiago. Ella siempre había acogido a mi padre, a pesar que no tenía formación política alguna, y estuvo con nosotros en todas las búsquedas en 1976 por los campos de concentración cuando secuestraron por primera vez a mi padre. Incluso estuvo detenida con nosotros en el Fuerte Silva Palma, en la segunda desaparición de papá ese mismo año. Ahora, en aquel viernes 29 de marzo de 1985, mi papá me contó que la Gigi, días después del Golpe, cuando papá andaba absolutamente clandestino, sucio y hambriento, escondido tratando de reorganizar a la Jota, lo recibió en su casa, corriendo un riesgo altísimo. Le había preparado un baño y comida. Pocas veces se sintió tan acogido por casi una desconocida, por alguien que se entregaba a él por puro amor, por ser el padre de su nieto y esposo de su hija. Mi padre me contó que la tenía siempre presente, y que lamentaba no haber tenido la oportunidad de agradecérselo.
Le di un beso y me fui a clases.
Mi sala daba las espaldas a la calle. A las 8:50, a minutos de lo que ahora escribo, oímos un helicóptero descender casi al techo del colegio. Nos miramos todos extrañados. Luego un freno de un auto, griterío de voces masculinas que denotaban forcejeo, un balazo y silencio.
Tomé el brazo del compañero de banco y le dije: “mi papá”. Él me miró sorprendido, pero preocupado a la vez. Fui muy categórico. Inmediatamente entró Carmen Leiva a la sala, que era miembro del Centro de Alumnos, con los ojos en lágrima y tirándose los dedos de las manos. Le pidió permiso al profesor que impartía la clase para hablar con el estudiante Manuel Guerrero Antequera. Yo me paré en medio de sala de inmediato y le dije: “Se llevaron a mi papá”. Asintió con la cabeza y se puso llorar e intentó darme detalles de lo sucedido.
Salí de la sala y me fui directo al baño. Me miré rápido al espejo y me tomé unos remedios que tenía para la taquicardia de la que padecía hacía un año. Me hablé a mi mismo preguntándome qué haría papá en una situación como ésta. Salí corriendo a inspectoría, pedí el teléfono y llamé a Sergio Campos, amigo de mi padre, que era locutor de Radio Cooperativa, muy escuchado en Chile. Me puso al aire y denuncié que sujetos desconocidos, probablemente de la CNI, habían secuestrado a mi padre junto a José Manuel Parada, y que temía por sus vidas. Llamé a que la ciudadanía se movilizara de inmediato para exigir a las autoridades su búsqueda y liberación.
Salí de inspectoría y fui a la calle a ver qué es lo que había sucedido exactamente. Había una confusión enorme en el colegio. Cuando se los llevaron había un curso completo que en ese momento estaba en clases de educación física y se encontraba trotando alrededor de la manzana en la calle El Vergel con Av. Los Leones. Muchos de ellos vieron el plagio. Ahí me enteré que el tránsito había sido interrumpido, minutos antes del rapto, por Carabineros de tránsito, motorizados y a pie, y que se reanudó apenas se habían llevado a mi padre con José Manuel. Que el helicóptero también era de Carabineros de Chile. Que al tío Leo lo habían baleado y que un profe se lo había llevado de urgencia a una clínica. Que Marcela, una compañera de segundo medio del colegio, intentó quitarles a los secuestradores a mi padre, que alcanzó a tomarle la mano, pero los otros era más fuertes. Que el Pelluco, uno de los dueños del colegio fue encañonado y amenazado, por lo que él pálido, probablemente para proteger a los niños o por temor a lo que ocurría, cerró la reja del colegio, dejando a mi padre y Jose Manuel peleando solos con los secuestradores en la calle, y que ahí llegó corriendo el Leo, que casi recupera a mi padre que no paraba de gritar, son de la CNI!, ayuda!, nos quieren secuestrar!
Me paré en la calle y me bajó la sensación que todo esto ya lo había vivido. Me preocupé absurdamente por mi seguridad, así es que compañeros me cambiaron parte de la ropa, me puse lentes oscuros, un jockey de gorra, y le pedí a Cristóbal, un compañero y amigo de la Jota del colegio, que me sacara de ahí, que yo tenía un papel que cumplir, que no me podía pasar nada.
Cuando nos fuimos a casa de Cristóbal había llegado la Policía de Investigaciones de Chile junto a Carabineros para preguntar qué había pasado… Me irritó el cinismo de nuestras instituciones de Orden y Seguridad y traté de pensar a qué lugar se llevaban a papá en ese momento.
En casa de Cristóbal conversamos qué podíamos hacer. Era todo confuso, me faltaban elementos, papá de seguro sabía lo que estaba ocurriendo, en qué debía fijarme y acordarme para entender con qué y quiénes estábamos tratando… Yo mismo no tenía clara cuál era la función de papá en el Partido, conocía su labor de dirigente público, pero debía haber algo más, pues sino porqué había tanto recurso del Estado comprometido para tomarlo en forma abierta, a la vista de niños y profesores en un colegio.
Desde que papá había llegado de regreso a Chile de su exilio, el 22 de noviembre de 1982, de forma inmediata lo retuvieron en el aeropuerto. Al entregar sus documentos en el mesón de Policía Internacional, el funcionario al leer la tarjeta de embarque, dijo en voz alta “es él”, y acto seguido se lo llevaron a una sala esperando una llamada del “jefe”. Mi padre muy preocupado consultó qué es lo que sucedía y en virtud de qué lo tenían retenido. No hubo respuesta. Después que le revisaron toda la documentación y lo que traía, lo dejaron ir. Un automóvil lo siguió hasta la casa familiar de Maipú, cosa que él de inmediato -en su primer día de regreso al país, después de años de distancia!- denunció llamando a las radios. Así de valiente era mi viejo, y así de presente lo tenían los organismos represivos de la dictadura.
En diciembre de 1982 retornamos nosotros, junto a mamá y mi hermana América a Santiago, desde Barcelona. Nos reencontramos con papá quien ya estaba participando en la organización de la primera marcha del hambre que se realizó, convocada por el movimiento sindical. El año 83 fue mágico, pues las protestas nacionales eran masivas, se respiraba mucha esperanza, con actos multitudinarios. Papá se abocó a organizar a los profesores cesantes y a la creación del Movimiento Democrático Popular, MDP, que agrupaba a las fuerzas políticas de izquierda que luchaban por el retorno de la democracia, pero con contenido social. Lo acompañé a muchas manifestaciones y concentraciones. Su energía de trabajo era infinita, y siempre tenía la “película muy clara”, me comentaba la gente con quien interactuaba. Su apuesta eran las políticas de alianzas, la unidad de la oposición, el derrotar a la dictadura, pero en el marco de una transformación simultánea de la economía, de modo que ésta favoreciera a las grandes mayorías, fundamentalmente al mundo trabajador y poblacional que en aquellos años sufrían una situación de cesantía y hambruna real.
Llegó el año 1984, y papá trabajaba junto al Pato Madera, muralista destacado de la época de las Brigadas Ramona Parra, en el Taller Amistad que tenían en la calle San Pablo. Todo muy sencillo, pero lleno de jóvenes y viejos que hacían lienzos, pintaban cuadros, experimentaban formatos distintos de cassettes y revistas, todo con mensajes llamando a la organización y lucha contra la dictadura.
Asumió Sergio Onofre Jarpa de Ministro del Interior y de inmediato la CNI fue a casa a buscar a papá para detenerlo. Como él no vivía con nosotros no lo pudieron ubicar, pero dejaron una copia de la orden detención y expulsión del país de papá, junto a Mario Insunza Becker, firmada por el Ministro del Interior, con la leyenda “por orden del Presidente de la República”, es decir, Augusto Pinochet. Aún conservo ese documento, que da testimonio del lugar desde donde venían las órdenes para vigilar, detener y matar.
Papá tuvo que volver a la clandestinidad. Allanaron la casa de la familia Guerrero en Maipú; secuestraron al hermano menor de papá, mi tío Francisco; detuvieron a una hermana de papá, mi tía Esperanza; detuvieron y torturaron al profesor Tolosa de la AGECH preguntando por papá, en fin, la represión era muy fuerte e intensa para dar con su paradero. Mi padre comenzó un exasperante peregrinar de casa en casa.
En aquellos días yo había cumplido los 14 años. Vivía el inicio de mi adolescencia. Rebelde me pelié con mamá y la amenacé con irme a vivir con papá. Ubiqué a mi padre y la comuniqué mi decisión. Él estaba radiante de felicidad, siempre había soñado con volver a compartir conmigo los momentos en que me dormía y despertaba. Quedamos de acuerdo, yo tomé mis textos escolares, un poco de ropa, mi guitarra, y me fui a Maipú a encontrarme con él a tomar once e iniciar nuestra vida juntos. Llegué puntual, pero dieron las siete, las ocho y las once de la noche y papá no llegaba. Ya cuando me estaba durmiendo apareció, con los ojos llorosos. Me dió un gran abrazo y me dijo, con el dolor de su alma, que lamentablemente no podía irme con él, que habían sacado una nueva orden de detención de parte del Ministerio del Interior y ahora tendría que salir de Santiago. No lo podía creer. Me había costado mucho tomar la decisión. Ahora tendría que volver con mi orgullo en el suelo a casa, a mi pieza de niño, cuando estaba a punto de cumplir uno de mis sueños. Pero sus ojos no mentían, estaba verdaderamente preocupado.
De ahí no lo volví a ver durante meses. Llegó el año nuevo con el que comenzaría 1985. Con mi hermana América fuimos a la casa de mis abuelos en Maipú y celebramos contentos, pero con la ausencia de mi padre que en algún lugar, en alguna casa estaría comiendo con una familia ajena. De pronto, noté que mi abuelo se puso muy nervioso y me hablaba como enojado. Había algo raro en el ambiente. Súbitamente entró al patio de la casa el auto de mi tío Francisco, pero en reversa. Estacionó frente a la puerta de la casa, lo que no era usual. Se bajó mi tío y abrió expectante la maletera. Corriendo fuimos con mi hermana y primos a ver qué sucedía. En su interior habían frazadas, que de a poco tomaron vida y comenzaron a moverse, y de pronto, de entre ellas, se asomó el rostro de papá con su risa gigante y luminosa, mirándonos victorioso. Había burlado el seguimiento y, arriesgando su vida, se sumó a la familia para compartir unos momentos junto a nosotros.
Pasé toda la tarde pegado a él, como un pequeño animalito incondicional. Comimos, lavamos los platos juntos, guitarreamos un rato -ambos somos desabridos pero gozamos cantando-, y luego llegó el momento de la despedida. Yo me abracé de mi hermana mientras observábamos como se volvía a introducir a la maletera y se perdía bajo las frazadas. ¿Lo volveríamos a ver?
A principios del año 85 el Ministerio del Interior informó a la familia que a papá le habían levantado la orden de detención y expulsión del país. Apenas lo supo, él aprovechó de inmediato la ocasión para volver a encontrarse con los profesores y juntos pasamos los efectos del terremoto de inicios de marzo de aquel año. Papá criticaba el que los propios profesores cesantes tuvieran que juntar limosnas para repartírsela a los colegas que habían quedado sin hogar producto del sismo. “Le estamos quitando a los que no tienen, y le estamos dando miseria a los que se merecen mucho más. Tenemos que exigirle a las autoridades estatales que asuman ayudar a todos los damnificados. Esto no es una cuestión de caridad, es un problema político desde el cual debemos organizarnos para protestar y buscar unidad de propósitos con amplios sectores”, decía.
En eso estaba cuando el secuestro del 29 de marzo de 1985. Sin embargo esto no podía constituir motivo suficiente para que una institución del Estado secuestrara a tanta gente consultando por papá y luego se lo llevaran de las puertas de un colegio. Ese era mi intución en aquel minuto a pocas horas de ocurrido el secuestro en mi colegio. En casa de Cristóbal, trataba y trataba de dar en mis recuerdos con alguna pista para saber por dónde había que buscarlo para hallarlo vivo y salvarlo de una muerte segura, pero no supe desenrredar la madeja. Me faltó edad, experiencia, y claro, papá realizaba una actividad con mucho sigilo que solo con el tiempo pude ir reconfigurando. Ahí estaba la verdadera clave de su secuestro y posterior degollamiento. Su caso fue utilizado para atormentar a toda la sociedad, de ello no cabe ninguna duda. Pero no era solo eso, había un odio particular hacia él, desde el mismo año 1976 cuando sobrevivió la detención y desaparición, torturas y prisión política…
A fines de 1984, la peridiodista Mónica González de la revista Cauce, de oposición al régimen, había sido contactada por Andrés Valenzuela, alias “El Papudo”, ex agente del Comando Conjunto -organismo que coordinaba distintas ramas de las Fuerzas Armadas con el propósito de reprimir-, quien se encontraba sometido a profundos remordimientos por sus acciones pasadas y valientemente dio el paso a contar su verdad, a riesgo de que se supiera y fuera ultimado por sus propios ex colegas. Mónica González se juntó con él y no podía dar crédito a todo lo que este hombre le relataba: detalles de las detenciones, torturas, ejecuciones y lugares donde habrían dejado los restos de muchos detenidos desaparecidos durante el año 1976, el mismo año en que el Comando Conjunto había tenido detenido desaparecido a mi padre. La periodista dándose cuenta de que se trataba de información extremadamente delicada, antes de su publicación decidió validar la misma, para lo cual contactó a José Manuel Parada, que a la sazón era el encargado de Documentación y Archivos de la Vicaría de la Solidaridad. En Chile habían muy pocas personas que como él manejaban casi toda la información acerca de los aparatos represivos, pues le llegaban a diario los testimonios de los luchadores sociales y sus familiares que habían sido apresados.
José Manuel, al conocer el carácter de la información y antes de entrar en su detalle, le sugirió a la periodista que había una persona, la única persona en realidad, que contaba con toda su confianza y que podía triangular la información con su propia experiencia de detención en manos del Comando Conjunto y lo que indicaba Valenzuela: mi padre. Con la venia de Mónica González, los tres se pusieron a analizar las largas horas de grabación del testimonio y mi padre con José Manuel no podían creer a lo que estaban accediendo: la estructura completa del Comando Conjunto, sus acciones, las fechas de detención de los militantes comunistas detenidos desaparecidos, los sitios en que fueron ultimados, los nombres y alias de los agentes de las distintas ramas de las fuerzas armadas y de civiles que participaban en el Comando. Mi padre, absolutamente impresionado, iba confirmando una a una las informaciones. Estaban frente a una información valiosísima que permitía aclarar muchos casos de violaciones a los derechos humanos y dar con el paradero de los detenidos desaparecidos. Pero al mismo tiempo se dieron cuenta que sus vidas, como la del ex agente, corrían un enorme peligro, pues los agentes seguían activos y harían todo para que tal información no se hiciese pública. Por ello decidieron que la información se publicaría cuando Andrés Valenzuela estuviera a salvo fuera del país y cuando ellos mismos hubieran alcanzado a tomar las medidas de seguridad que evitaran su inminente captura. La decisión era presentar toda la información en un medio de circulación masiva en el extranjero, tipo Washington Post, y una vez fuera conocida, entregarla con detalles a los Tribunales de Justicia chilenos para que investigara los hechos.
Leyendo y releyendo el testimonio del agente Papudo, mi padre se pudo enterar de los detalles de su propia detención en 1976 cuando tenía 27 años de edad, pues Andrés Valenzuela había participado en tal episodio. Ahora comparto con ustedes parte de la información que probablemente llevó mi padre a la muerte, por el terror y cobardía de los agentes a enfrentar la verdad y su responsabilidad en los hechos, que aún siguen impunes:
“El operativo fue en el sector de Departamental. Recuerdo que la ‘Pochi”, la agente de la FACH Viviana Ugarte Sandoval, estaba en el lugar con un equipo de radio para avisar su salida. Cuando salió, fue tomado por el “Chico” y “Alex”, agentes de la Marina, y a consecuencia de un pequeño forcejeo, a “Chico” se le disparó el arma, hiriendo a Guerrero en un costado. Fue conducido de inmediato a “La Firma” estando herido. Allá, el “Lolo”, el “Fifo” Palma, “Jano” y “Wally”, lo interrogaron y torturaron poniéndole electricidad directamente en la herida.
A consecuencias de los golpes y electricidad, Guerrero perdió el conocimiento por unos instantes por lo que se llamó al doctor Alejandro Forero “hijo”, hoy cardiólogo en el Hospital de la FACH. El doctor señaló que la herida era grave y que el detenido debía ser trasladado al hospital.
Alrededor de una hora después que se fue el doctor Forero de “La Firma”, se recibió el llamado telefónico de un general, no estoy seguro que fuera de la FACH, y ordenó el traslado de Guerrero al Hospital de Carabineros. Nos causó sorpresa que el general ya estuviera enterado que teníamos a Guerrero. En el hospital estuvo siempre esposado, lo que recuerdo bien ya que varias noches me tocó hacerle guardia.”
Con esta información, ahora quedaba claro porqué el Comando Conjunto había resuelto “entregar” a mi padre a la DINA durante su detención y desaparición en 1976: Mi madre en aquellos meses hizo todo lo humanamente posible para dar con el paradero de mi padre, concurriendo personalmente -embarazada de mi hermana América- a las oficinas del presidente de la Corte Suprema. Él para calmarla hizo un ejercicio retórico: “Señora, en Chile no hay detenidos desaparecidos. Voy a llamar delante de usted al General Contreras, para que se de cuenta que no hay nadie del nombre de su marido detenido en algún recinto de las Fuerzas Armadas y de Orden”. Y lo hizo. Y sin saberlo o quererlo, esta llamada al despacho del coronel Manuel Contreras, que dirigía la DINA, le salvó en ese momento la vida a mi padre, pues cuando Contreras se enteró que uno de los principales dirigentes de las Juventudes Comunistas, a quien sus hombres buscaban intensamente, se encontraba en poder del Comando Conjunto, o el “Grupo de los 20″ como se hacía llamar, enfureció, porque no estaba informado. Movió todos sus contactos y exigió que el director de la Dirección de Inteligencia de la Fuerza Aérea, general Enrique Ruiz Bunguer, y el director de la Dirección de Inteligencia de Carabineros, general Rubén Romero Gormaz, le entregaran a mi padre. La presión del coronel Manuel Contreras se hizo insoportable y la Dirección de Inteligencia de Carabineros (DICAR) debió asumir su detención. El 18 de junio de 1976, estando mi padre ilegalmente detenido y baleado -sin que nadie de nosotros supiera su paradero- en el Hospital de Carabineros, el ge neral Romero debió entregarlo a la DINA a pesar de que la bala seguía enterrada en su axila. Un oficio firmado por el general Rubén Romero Gormaz, y dirigido al director de la DINA, acompañó a mi padre en su ingreso al campo de concentración de Cuatro Alamos, que estaba bajo control de la DINA: “Remito antecedente del dirigente de las Juventudes Comunistas Manuel Guerrero Ceballos, quien fue detenido por personal de Inteligencia y que se encuentra a disposición de la DINA, en el Hospital de Carabineros.”
Siete días permaneció incomunicado mi padre en Cuatro Alamos. La bala la tenía aún clavada en el costado. En esos siete días se decidió su destino, pues el viernes 25 de junio de 1976, el día de su cumpleaños y a la misma hora en que la Corte de Apelaciones de Santiago rechazó el recurso de amparo en favor de él, mi padre fue obligado a levantarse de su camastro en la celda de incomunicación en que fue arrojado. No sabía adonde lo llevarían. Esa misma mañana fue trasladado al campamento del lado, el del tránsito a la libertad, Tres Alamos. Los organismos represivos, por esta lucha entre ellos, habían decidido que viviera, pero no contaban con que mi padre denunciaría por todo el mundo lo que le habían hecho y que había reconocido a uno de los agentes, el traidor Miguel Estay Reino, el “Fanta”.
La información que entregó Valenzuela en su testimonio a Mónica González era una bomba, y en rigor, sigue siendo una bomba. Pues en ella se establece, entre otros aspectos, que Viviana Ugarte Sandoval, alias “La Pochi”, había participado como agente del Comando Conjunto en la detención ilegal de mi padre. Presumiblemente ella es la mujer que relata en un escrito que dejó papá con el nombre “La sesión macabra continua”, donde describe las torturas que le aplicaron, y que en medio de ellas había una mujer que lo acariciaba mientras le aplicaban electricidad.
Sí. Viviana Lucinda Ugarte Sandoval es la esposa del general de la FACH Patricio Campos, quien es la persona nombrada por las Fuerzas Armadas que participó en la Mesa de Diálogo que tenía por objeto recabar información acerca del paradero de los detenidos desaparecidos en Chile… Curiosamente, precisamente la información que correspondía a las víctimas del Comando Conjunto fue alterada, de acuerdo a las declaraciones de Otto Trujillo, “Colmillo Blanco”, otro agente del Comando Conjunto que contó su versión de la verdad al diario La Nación.
Por desgracia, y por razones que aún me cuesta comprender, la entrevista a Andrés Valenzuela fue publicada sin autorización de mi padre y José Manuel en el extranjero, antes que ellos pudieran ponerse a salvo. Los agentes del Comando Conjunto, ahora agrupados en un departamento de la Dirección de Comunicaciones de Carabineros (DICOMCAR), con domicilio en calle Dieciocho, en el mismo local de la “Firma” en que tuvieron torturado a mi padre en 1976, apenas se enteraron del testimonio de Valenzuela se pusieron en alerta y decidieron cortar literalmente el problema por la raíz: eliminar a José Manuel y mi padre, para impedir que la verdad circulara por el mundo. Por ello allanaron y secuestraron la imprenta de la Asociación Gremial de Educadores de Chile (AGECH) el 28 de marzo de 1985. Buscaron frenéticos ese lugar pensando que ahí se encontraban los stenciles de publicación del testimonio de Valenzuela sobre el Comando Conjunto. La imprenta estaba a nombre del artista gráfico Santiago Nattino. Esa misma noche lo secuestraron y lo llevaron a calle Dieciocho, al local de la DICOMCAR, ex La Firma del Comando Conjunto. Lo esposaron a un parrón y comenzaron su tortura. Una vez que secuestraron, al día siguiente, el 29 de marzo, como hoy, a mi padre y José Manuel, los torturaron a los tres, quemándoles cigarrillos en el cuerpo, sacándoles las uñas, aplicándoles electricidad y quebrándoles los huesos de la frente a culatazos.
Al día siguiente, el 30 de marzo de 1985, dirigidos por el Fanta, con un cuchillo atacameño que le había regalado Moren Brito, los degollaron bajo Estado de Sitio camino a Quilicura y dejaron que sus cuerpos se desangraran. Hoy tres sillas vacías recuerdan a don Santiago y a los Manueles en el lugar en que les dieron muerte.
No quisieron que se supiera la verdad, como ha sido la tónica del silencio de las Fuerzas Armadas y de Orden para no dar con el paradero de los detenidos desaparecidos. Fundamentalmente por cobardía a no enfrentar sus propios actos, sus propias decisiones. Siguen estando en deuda con nosotros, con los hijos, con la sociedad chilena. La mayoría de aquellos agentes y de quienes les dirigían no han sido juzgados, y los médicos que torturaron, los civiles que actuaron, los oficiales que participaron en tan horrendos crímenes, siguen en sus lugares de trabajo como si nada pasara.
Pero sí pasa y no deja de pasar. Tal como mi padre y José Manuel arriesgaron y dieron sus vidas por la verdad y la justicia, nuevas generaciones surgen y dan con creatividad las luchas del presente, vinculados con aquella memoria del crimen, pero también de los compromisos, las militancias por una vida digna.
Por eso hoy los recordaremos en nuestra velatón cultural. Cada uno/a tomará de la mano a don Santiago y a los Manueles, y con ellos a cada uno/a de los/as luchadores/as sociales de nuestro país, de su mundo trabajador, artístico, profesional, intelectual. Somos muchos/as. Honraremos sus vidas y no dejaremos de denunciar y exigir justicia a sus asesinos y al Terrorismo de Estado. Hacemos el esfuerzo diario de seguir enamorados de la vida, como una conquista que no nos pueden ni queremos que nos quiten. Por eso decimos, ¡Con Memoria y Alegría, Adelante por la Vida!
Hoy pondré mi vela por ese último beso que le di a papá, y a quien he dedicado mi modesta vida, junto a mi compañera e hijas. Ahí estaremos, en la calle, codo a codo. Y entre la gente, quiero verte bailar…
Todos los días, toda la vida”.
Manuel Guerrero Antequera


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