Después de las elecciones presidenciales, surgieron las “fuerzas malignas”. ¿Dónde se hallaban? Permanecían ocultas y actuaban bajo el manto del silencio. Si son “fuerzas malignas”, saben esconderse y asoman en cualquier instante. La persona que primero sufrió tan misteriosa fuerza diabólica, se llama Johannes Káiser, escudero de José Antonio Kast. Ambos ahora, desaparecidos del escenario político. ¿Escriben sus memorias?
A Káiser lo han visto por ahí, tomándose una cerveza, en compañía de la soledad. No de una chica que se llama Soledad. Como no tiene con quien hablar e insultar, aunque lo hace con sí mismo, se sienta a una mesa, situada en un rincón. Ahí masculla su derrota y piensa en las “fuerzas malignas”. Afanado revisa un mapa por si halla la ciudad mítica de Welthauptstadt Germania, capital mundial del nazismo.
Este diputado electo, debe asumir el cargo en 2022, sin embargo, la chiquillada en la Cámara, le prepara una recepción apoteósica, jamás vista en el Congreso. Quienes saben de estos temas y ceremonias, hablan de algo faraónico, pues Káiser, exhibe una trayectoria de desaforado lenguaraz.
Como Sebastián Piñera, reducido a cenizas desde hace años, también pretendía utilizar estas “fuerzas malignas” en su beneficio personal, actuó sobre la marcha. Invitó a Gabriel Boric, flamante y futuro presidente de Chile, a una gira a Colombia. No quiere irse al ostracismo, aunque desde todas las tiendas política se lo piden. Debe salir por la puerta de servicio, mientras nadie lo vea, aunque a sus anchas, se sirvió del poder. Hay quienes lo acusan de ser el peor presidente de Chile. Discrepo. Nunca fue presidente de Chile, sino de sí mismo.
El descubrimiento de estas poderosas “fuerzas malignas” lo hizo Leonardo Zúñiga, presidente del club de fútbol de la ciudad de Melipilla, también conocida por “Quien va a Melipilla perdió su silla”. Dijo que “fuerzas malignas” se coludieron para hundir al club de fútbol. Un embrollo desmesurado, dirigido a castigar a una ciudad, hermosa y acogedora. Fueron expulsados del fútbol profesional. Desgracia para una ciudad pujante, donde los brujos habitan desde hace siglos. Melipilla, significa cuatro diablos en mapudungun.
En paralelo, desde las raíces, las “fuerzas malignas” atacaron a Chile podemos+, conglomerado de la derecha, oligarca. Jamás pensaron que serían víctimas de sus propios desaciertos. Ni los sahumerios, mandas a la santería tradicional, les permitió salvarse del descalabro. El 19 de diciembre en la tarde, al conocerse los resultados de la elección presidencial, se desató el llanterío. Mario Desbordes que le hace honor a su apellido, dijo: “Yo no quiero quebrar RN y probablemente lo mejor es que nos vayamos los que no estamos de acuerdo”. Es decir, todos los miembros del gallinero. Las “fuerzas malignas”, no se detienen.
También se disgregó otro clan político, el Partido de la Gente. Efímera cofradía de borregos y patipelados, ansiosos de escalar y de blanquearse. Sus miembros se han convertido en trashumantes. Van de tienda en tienda, pidiendo cobijo. Su gestor, gurú de las finanzas, aunque no paga la pensión de alimentos de su familia, vive en el extranjero. Nacieron para servir de bisagra y desde todas las agrupaciones políticas, recibían parabienes y guiños de amistad. Llegaban, empeñados en endulzar la vida política, agriada desde hacía tiempo. Hoy, viven de la caridad, tocados por las “fuerzas malignas” y se dispersan como vilanos en primavera.
Hasta marzo del 2022, la vida en nuestro país se observa en extremo convulsionada. Las aguas, aunque escasas y robadas por los sinvergüenzas, se van a agitar. Cloacas de corrupción se destapan día a día y el pus brota, mientras las “fuerzas malignas” atacan en medio de la tormenta. La desdicha es una enfermedad contagiosa, que nunca se sabe cuándo aparece.
Por Walter Garib
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