Cubría el acto del 1 de mayo en Plaza Brasil y además protestaba
pacíficamente y fui reprimida con extrema violencia policial. De las 43
personas que fueron detenidas, solo dos pasaron a control de detención.
El acto estaba convocado para las 12:30 horas, pero ya desde muy
temprano las cercanías de la Plaza Brasil estaban sitiadas. Piquetes de
fuerzas especiales de Carabineros estaban apostados por decenas en las
calles aledañas, preparados para lo que se veía venir.

En un principio, la actividad 1 de mayo alternativo, fue un acto
solidario que reunió a representantes de todos los sectores, y se
desarrollaba con normalidad: discursos políticos, muestras artísticas,
comerciantes ambulantes y gente de todas las edades llenaba la plaza, a
pesar de la llovizna que a ratos se dejaba caer. Todo bajo la atenta
mirada de los uniformados que a esa hora ya se veían por los cuatro
costados.
Los primeros embates se produjeron cuando algunos asistentes
bajaron a la calle a entorpecer el tránsito en Huérfanos con Brasil. Ahí
Carabineros se vino con todo. Dos piquetes replegaron la gente hacia la
plaza y después continuaron avanzando amenazando la continuidad del
acto cuyo escenario estaba emplazado en medio de los juegos. Por el
micrófono el orador llamaba a la calma y a no dejarse intimidar,
mientras el guanaco mojaba indiscriminadamente.
Ahí se produjo el primer hecho de violencia. En plena plaza,
Carabineros comenzó a apalear y golpear a los asistentes, que
respondieron con palos y piedras. Un uniformado cayó al suelo y debió
ser sacado por sus compañeros que comenzaron a replegarse. La gresca
terminó solo gracias a la intrépida acción de una señora de la tercera
edad que junto a varios manifestantes con las manos alzadas los
emplazaron a gritos a no seguir provocando.
En esa misma esquina minutos después, dos mujeres encapuchadas las
emprendieron contra la farmacia que a esa hora estaba cerrada, mientras
otros jóvenes sacaban el equipamiento urbano para hacer una barricada.
Los mismos manifestantes los llamaban a no seguir la violencia, pero ya
no había vuelta atrás. Ahí empezó un verdadero baile, donde los policías
apoyados por el lanzaaguas, avanzaban en bloque pegando palos a diestra
y siniestra, para luego volver atrás manteniéndose vigilantes. La
estrategia era esa...esperar y luego avanzar con fuerza y violencia.
En la otra esquina, Brasil con Compañía, se produjeron los hechos
más violentos que fueron registrados por las cámaras de los asistentes,
entre ellos una bomba molotov arrojada al edificio del club de
Investigaciones y la respuesta de un PDI que disparó contra los
reporteros gráficos y quien pasara por el lugar.
Yo no alcancé a ver eso, porque una media hora antes fui
violentamente detenida cuando cuestioné que los policías grabaran a la
gente que protestaba pacíficamente. "Tu cámara no me intimida porque
estoy ejerciendo mi legítimo derecho a manifestarme y a cubrir el acto",
fue la última frase que alcancé a decir antes que los otros policías me
tomaran con fuerza, arrastraran por el suelo hasta el furgón policial, a
pesar que a viva voz gritaba que me soltaran que podía subir por mis
propios medios y que era periodista. (Imagen que la puede ver en nuestra sección audiovisual)
Tres reporteros gráficos que se acercaron a tomar imágenes la
situación, entre ellos mi hermana, corrieron la misma suerte y fueron
subidos con la misma o más violencia aún al carro, a pesar de exhibir
sus credenciales.
La siguiente media hora, 13 personas llenaron el furgón policial,
el primero fue un joven que cuestionó el abuso en mí contra y los
reporteros, sufriendo peor suerte, porque al no entender el motivo de su
aprehensión se aferró a las puertas del furgón para no ingresar... fue
apaleado en las manos hasta que se soltó, alzado de cabeza y luego
volcado fuertemente hacia atrás, golpeándose la nuca y espalda. Su pie
aterrizó en la boca de uno de los reporteros.
Las últimas en subir fueron dos hermanas de 16 y 22 años, que
fueron interceptadas con una mochila sospechosa que tenía dos objetos
contundentes: dos manzanas.
Cada cierto tiempo distintos policías se asomaban al carro y
señalaban a uno u otro detenido, "ese es mío" apuntaban y después se
iban.
En ese mismo sector se registró la detención de una niña
insulinodependiente, cuyo padre se aferró a ella para evitar la
violencia policial, pero corrió la misma suerte. Ya en la comisaría se
les veía juntos, pero separados por la reja que dividía el lugar de
reclusión de mujeres y hombres. Cuando salí aún estaban ahí.
En la 3º Comisaría, los mismos policías que antes actuaban como
autómatas, intransigentes y violentos, a los ojos de sus superiores se
mostraban amables y preocupados de nuestros derechos.
El oficial a cargo, con ojo avezado, se acercó a nosotras, nos
explicó el procedimiento y salió a hablar con nuestros familiares. A la
menor de edad la enviaron de inmediato a otro recinto en medio de las
lágrimas de su hermana, que fue asistida por una sicóloga.
A mi hermana, a punto de sufrir una crisis. Le acercaron una silla,
le ofrecieron un dulce y asistencia sicológica, "hace más o menos un año
que contamos con este servicio exclusivo para los detenidos" explicó la
profesional.
La hermana de la menor y mi hermana fueron las primeras en salir,
cerca de las 5 de la tarde, después poco a poco fueron liberando al
resto. De los 43 detenidos en la jornada, sólo DOS pasaron a control de
detención, el resto seguramente tendremos que dar explicaciones al juez y
pagar una multa por desórdenes en la vía pública. Desde ya anuncio que
no estoy dispuesta a eso, porque yo solo me estaba manifestando en un
acto autorizado.
Luego de esta experiencia me vuelven a la mente las palabras del
diputado Gabriel Silber miembro de la Comisión de Seguridad Pública de
la Cámara, quien insistentemente ha llamado a terminar con lo que
calificó como "una suerte de pesca de arrastre a la hora de hacer
control en las protestas, con detenciones masivas, con escasa
efectividad y pocos medios probatorios ".
Y si cabe alguna reflexión, creo que Carabineros ha hecho un gran
esfuerzo por acercarse a la ciudadanía, que el trato al interior de las
comisarías es digno y que disponer de sicólogo y línea directa con los
fiscales es un sustantivo avance, pero es en la calle donde debieran
estar los oficiales y la gente con real instrucción, para in situ tomar
medidas y no detener a gente que a todas luces es inocente como los
reporteros gráficos y si así lo hacen, tener la capacidad de liberar a
quienes evidentemente no están provocando desordenes y así se podrían
evitar la pérdida de tiempo y recursos que implican las decenas de
detenidos injustamente, porque una real democracia debe saber equilibrar
el resguardo de la seguridad pública, con el legítimo derecho a
manifestarse.