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sábado, 1 de febrero de 2020

Opinión


Represión, impunidad y justicia de clase

Por: Julio Cortés Morales / Publicado: 01.02.2020
justicia 2 / Foto: Agencia Uno
Es toda la estructura de la justicia la que utiliza y refuerza prejuicios de clase, tal como aprendí de boca de una jueza con una notoria fama de progresista y garantista que una vez me dijo: “siempre que está en el banquillo alguien que no es un vulgar ‘cogotero’ hay que asumir que en ese caso hay algo extraño”. O sea, la discriminación visual como criterio para definir que tanto defender y en qué sentido resolver. ¡Y que quedará para los jueces conservadores!
Mientras se acumulan en las cárceles de Chile alrededor de 2.500 presos (as) de la revuelta, el Ministerio Público informa que en su registro hay 5.558 víctimas de violencia institucional. Pese a ello, sólo se ha formalizado a 38 personas (militares o policías).
De las 5.558 víctimas 4.525 son hombres y 1.031 mujeres, mientras que en términos etarios 4.719 son adultos y 834 son niños, niñas o adolescentes.
4.170 denuncias se dirigen contra Carabineros, de los cuales sólo 294 han podido ser identificados.
Otro dato interesante es que “mientras se registró un aumento histórico en el ingreso del delito de desórdenes públicos, que aumentó un 378%, y el de apremios ilegítimos, que subió un 249%; casi todos los delitos contra la propiedad disminuyeron, a excepción del robo en lugar no habitado que subió un 11,3%”[1], lo que se explica porque es el tipo penal aplicado con los “saqueos”.
¿Y cuántos de los agentes del Estado que practicaron estos actos que constituyen técnicamente violaciones de derechos humanos están en prisión preventiva?
Buena pregunta. La información de Fiscalía no dice nada al respecto. Lo que sabemos es en primer lugar que por aplicación de normas del Código de Justicia Militar los violadores de derechos humanos no van a las cárceles comunes y corrientes sino que a recintos especiales a que tienen derecho por su calidad de uniformados, privilegio que se mantiene incluso si luego de la comisión del delito los dan de baja de la respectiva institución.
También hemos podido conocer las interesantes argumentaciones con que la misma justicia que se muestra tan dura con los saqueadores y manifestantes violentos es por el contrario muy comprensiva cuando se trata de decretar medidas en relación a los funcionarios encargados de hacer cumplir la ley.
Así, en relación a la denominada “Jauría de Ñuñoa” la Corte de Apelaciones de Santiago decidió revocar la prisión preventiva de los imputados por estimar que “no puede ser tortura algo que dura diez segundos”. Se trata de una afirmación muy cuestionable, porque todas las definiciones de la tortura a nivel internacional e interno le señalan dos requisitos: causación de un sufrimiento intenso, y finalidad punitiva, investigativa, intimidatoria o discriminatoria. Inventando un nuevo requisito de carácter temporal que no está en el derecho internacional ni en la ley chilena la Corte estimó que el delito correcto en este caso era el de “violencias innecesarias con resultado de lesiones graves”, figura del Código de Justicia Militar todavía aplicable en relación a carabineros. De hecho en esta resolución la Corte invitó al Juzgado de Garantía a discutir si la competencia para seguir conociendo este caso era de la Justicia Militar o de la justicia penal ordinaria, lo cual es una clara aberración después de la Ley 20.968 (publicada en noviembre de 2016), que tipifica expresamente el delito de tortura y además aclara que nunca estos delitos deben ser juzgados en fuero militar.
En la audiencia realizada luego en el Juzgado de Garantía se decidió obviamente seguir conociendo del caso en esa sede, pero la jueza estimó necesario sobreseer a siete de los doce imputados, por estimar que no se trata ni de tortura ni de apremios ni mucho menos, sino que como mucho de un simple delito de lesiones o si se quiere incluso de un homicidio frustrado.
Así que para la justicia el reproche a un carabinero que abusando de su función y desviándose del encargo de hacer cumplir la ley muele a golpes a un manifestante pacífico causándole lesiones irreversibles no es mayor que el reproche a cualquier persona que pelea con su vecino o rival del fútbol u otras pasiones.
¿Es esto casual? ¿Depende de la ideología de cada juez o ministro de Corte? Sí y no. Es verdad que distintos jueces llegan a distintas soluciones del mismo problema, aunque pertenezcan al mismo tribunal. Pero las cifras que estamos comentando no se explican sólo por una suma de decisiones judiciales individuales, sino que por una tendencia general del sistema penal a criminalizar a determinadas categorías de personas (las que encarnan las categorías más usuales de la  “delincuencia común”, y ahora también los delitos vinculados a la revuelta), en desmedro de otro tipo de delitos como la delincuencia de cuello y corbata y la violencia institucional, donde salvo casos excepcionales como el del “paco nazi” se tiende a alivianar el reproche hacia los delitos cometidos por policías, como una forma de reconocimiento de clase a la difícil función encargada por el Estado a tan esforzados funcionarios.
Lo realmente obsceno del último caso que ha hecho noticia esta semana, el atropello fatal de Jorge Mora (“Neco”), poblador de Pudahuel Sur e hincha de Colo Colo, es que la jueza Acevedo no sólo usó este sentido clasista de gratitud para justificar la acción del policía atropellador, que para ella y para muchos en este país prácticamente no constituye ningún delito, sino que para denostar a instalar la desconfianza pública hacia la víctima por su condición de hincha del equipo popular.
Constituye por cierto una forma de revictimización asumir por fuera de todo antecedente de la carpeta investigativa que lo más probable es que Jorge estuviera “en estado etílico”, además de la densa gama de prejuicios expresados en contra de los hinchas del fútbol en general y la Garra Blanca en particular.
Si hasta el nuevo Presidente de la Corte Suprema hace un llamado de atención señalando que “el ideal es que al emitir sus resoluciones se limite al derecho y a los hechos establecidos” es porque la conducta de la jueza Acevedo no constituye un acto aislado. Muy por el contrario, más allá de los exotismos de este caso en particular, es toda la estructura de la justicia la que utiliza y refuerza prejuicios de clase, tal como aprendí de boca de una jueza con una notoria fama de progresista y garantista que una vez me dijo: “siempre que está en el banquillo alguien que no es un vulgar ‘cogotero’ hay que asumir que en ese caso hay algo extraño”. O sea, la discriminación visual como criterio para definir que tanto defender y en qué sentido resolver. ¡Y que quedará para los jueces conservadores!
Ya a fines de los 60 el jurista socialista Eduardo Novoa Monreal concluía, tras analizar varias sentencias escandalosamente clasistas, que “es preciso agregar que casi todos los magistrados que así fallan y así opinan, están ciertos de desempeñar sus funciones en la forma más acertada. Es tal el peso de su extracción, de su formación, del medio en el que se desenvuelven y de los estímulos psicológicos que reciben normalmente en su desempeño, que difícilmente llegarán siquiera a interrogarse si no habría una manera diferente de administrar justicia”[2].
Con él concluimos, medio siglo después, que sólo podremos hablar de “una verdadera Justicia, en cuanto los encargados de aplicarla sean capaces de imponer una auténtica justicia social, que es la más excelsa expresión de la juridicidad de una sociedad humana”.
Por cierto que esta verdadera justicia no la encontraremos dentro de los márgenes de este orden social, tal como lo demuestra esta terrible mezcla de represión e impunidad que estamos presenciando hoy y con la que el Estado pavimenta el camino hacia el mes de marzo.
[2] Eduardo Novoa Monreal, Justicia de Clase, en: revista Mensaje N° 187, marzo/abril de 1970.
Julio Cortés Morales

Esmeralda Arosemena, presidenta de la CIDH, constató la dispar justicia en Chile: “Tenemos que garantizar que las leyes sean iguales para todos”

Por: Diego Alonso Bravo C. 
La panameña preside la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. / Fuente: CIDH (Archivo).
Luego de constatar que en el país se vive una grave crisis en materia de derechos humanos, además de concluir en un informe preliminar 20 recomendaciones para enfrentar lo ocurrido desde el 18 de octubre pasado, la panameña, en entrevista con El Desconcierto, reconoció que la justicia se aplica de forma distinta en esta parte del continente. Además, aprovechó de valorar el rol de los secundarios en la sociedad.
Y dijo Esmeralda Arosemena:
“Quiero pedir un minuto de silencio, como un homenaje que debemos hacer hoy a las víctimas, dedicando hoy nuestro informe a las familias de los fallecidos, a los heridos, a los detenidos, a las violadas, a los que han perdido el importante sentido de la vista. Y mi reconocimiento a los jóvenes, a los estudiantes, que han dado, con su voz, muestra de que tenemos, empoderados nuestros muchachos y muchachas, la expectativa de una lucha por la transformación de las sociedades: sociedades más justas, más equitativas, procurando igualdad, respetando la dignidad de todos, sin exclusión alguna. Un minuto de silencio a quienes hoy les debemos estar aquí”.
El salón sudamérica del hotel Intercontinental se enmudeció. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) comenzaba de esa forma a dar cuenta de las más de 20 recomendaciones que pudo concluir, a modo de informe preliminar, durante los seis días que estuvieron en Chile.
Parte del itinerario que cumplieron tuvo que ver con reuniones con víctimas de traumas oculares, de violaciones sexuales, vejámenes diversos, como también con representantes del Instituto Nacional de Derechos Humanos, de la Defensoría de la Niñez, de la Defensoría Penal Pública, entre otros. Así construyeron su categórica sentencia: en Chile se vive una grave crisis respecto a los derechos humanos.
La presidenta de la Comisión, la panameña Esmeralda Arosemena (abogada, cientista política, licenciada en filosofía, letras y educación, especializada en familia y niñez, académica de la Universidad de Panamá, magistrada de la Corte Suprema de Justicia, y más) conversó con El Desconcierto e hizo el desglose de lo que le tocó ver y escuchar durante su paso por Chile.
—Hubo situaciones durante su estadía que también cuestionaron el actuar de la policía: Jorge Mora, hincha de Colo-Colo, quien fue atropellado hace unos días y que parecieran mostrar cierta indiferencia al trabajo de la misma CIDH. ¿Qué le pareció esa situación?
“Chile está viviendo hoy día una crisis social muy dura, muy grave, donde hay una actitud, una posición ciudadana de demandar derechos, de reclamar, de exigir una respuesta a las instituciones, al Estado y a las autoridades. El desarrollo de nuestra semana de visita fue de manera pacífica, no tuvimos ningún obstáculo, pero veíamos con una gran preocupación esta sensación de los ciudadanos que sus respuestas no llegan, que sus demandas no están atendidas y que están en posición de exigirlas. Las autoridades tienen que tomar en cuenta esta realidad. No se pueden desatender. El concepto de derechos humanos proviene de alguien que tuvo la voluntad de exigirlos, y hay que pelearlos. Las expresiones de esta demanda son las que las autoridades tienen que atender, entender también las razones para saber el clamor ciudadano”.
—Esmeralda, puso énfasis también en las leyes que se están tramitando que podrían criminalizar la protesta. ¿Por qué hay que poner especial énfasis a eso?
“La situación es: cómo, frente a una misma norma, la autoridad judicial como el Ministerio Público, frente a un mismo hecho delictivo, la respuesta para unos es de una forma y para otros, otra. Eso pasa con la criminalización, eso es criminalizar: ¿por qué para mi posición, por qué mi reclamo lo enfocas como hecho delictivo? La interpretación de la norma no puede ser ni descresional, ni arbitraria, sino legítima”.
—Pareciera que en Chile se encarcelara la pobreza. No sé si usted lo escuchó en las conversaciones.
“Si, así es. Tenemos que garantizar que las leyes sean igual para todos”.
—¿Ustedes vieron que no eran iguales para todos?
“Fue parte de lo que recibimos en los testimonios que recibimos en las protestas. Por eso las normas deben tener una redacción clara que no de lugar a una interpretación arbitraria. Ese es un principio del derecho penal: las leyes penales tienen que ser claras, específicas, para evitar discrecionalidad y que la justicia es selectiva”.
—¿Qué fue lo que más le impresionó de la visita?
“Es la posición de los adolescentes, para bien y para mal. Los estudiantes de los colegios secundarios. Una fuerza en la que expresan su reclamo, pero no solo el reclamo a su educación, sino a su reclamo a su reconocimiento como actor principal, protagónico de la lucha por los derechos. Participar de la vida en la sociedad y en su país”.
. / Publicado: 31.01.2020

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Ya viene marzo: la zanahoria y garrote

por  1 febrero, 2020
Ya viene marzo: la zanahoria y garrote
En el curso de la crisis, el Gobierno ha jugado a abrir y cerrar ventanas de oportunidad para diversos actores, políticos y sociales. Manteniendo en lo medular su programa, se ha puesto las chaquetas rojas para responder a cada demanda con un conjunto de medidas de corto alcance y alto impacto comunicacional, pero sin tocar el modelo. Estas medidas constituyen una agenda social que en lo sustantivo reitera y profundiza el libreto de los últimos 30 años, desfinanciando al Estado para fortalecer el acceso a derechos mediante empresas del sector privado.

La principal consigna de las masivas movilizaciones iniciadas el 18 de octubre -junto con el fin de las AFP- es la demanda por dignidad. El Gobierno y personajes de los medios de comunicación, de la política e incluso, de la propia oligarquía chilena, han pedido perdón. Han señalado que han escuchado a la ciudadanía y han prometido un conjunto de medidas para restaurar el orden y mejorar las condiciones de la población. Se habla de una agenda social y una de seguridad y orden público. Junto a ellas, la promesa de una nueva Constitución cierra el círculo.
Es relevante detenerse un minuto a sopesar que en poco menos de 3 meses, un levantamiento popular tremendamente masivo y heterogéneo, sin conducción clara y por fuera de los canales institucionales establecidos, ha hecho tambalear los cimientos del orden social vigente. Algo así no pasa de la noche a la mañana. El orden en el Chile previo a octubre, se tambaleaba sobre la tela de una araña. Y es que si se rastrea la mayoría de las demandas presentes en esta coyuntura, se podrán observar años en que se siguió la forma que según la oligarquía corresponde. Se aplanaron las alamedas, se demandó, se participó, se propuso, se gaseó, se reprimió, se coparon los territorios y se firmaron acuerdos levantando las manos.
La insistencia del Gobierno en la aprobación de leyes de inteligencia, de endurecimiento de las penas contra repertorios habituales de manifestación, del resguardo de los militares a instalaciones críticas que podrán ser definidas a criterio del Presidente. El negacionismo sobre las violaciones a los derechos humanos y la tesis del enemigo interno, puesta desde el día uno desde La Moneda, agregan otro elemento a la mezcla. Una preocupante, que aún no se ha visto expuesta de forma abierta a las condiciones de una crisis económica como la que se ha anunciado a nivel internacional.
Aquellos mecanismos que permitieron legitimar el orden en la sociedad chilena durante estos últimos 30 años de abusos, han ido perdiendo su capacidad de generar adhesión, obediencia y pasividad. Se trata de una “crisis de autoridad”. Esto significa que quienes ejercen la autoridad, carecen de mecanismos de legitimación suficientemente efectivos como para mantener el orden mediante la adhesión “voluntaria” de la ciudadanía. Se abre un periodo en el cual el orden depende, cada vez más, del uso de la fuerza por parte del Estado que de las promesas de la autoridad política.
Existen diferencias significativas en la forma en que se comprende la coyuntura desde la oligarquía que domina los espacios del poder y el pueblo, en términos de los tiempos históricos en que cada uno vive y se orienta políticamente. El pueblo vive el día a día del tiempo coyuntural, de los eventos. La oligarquía, por su parte, se mantiene en el tiempo de las estructuras, las instituciones y, por lo tanto, mantiene una mirada estructural de mediano plazo. Por lo mismo, también es celosa del orden. Se apura a ponerle el punto final a las expresiones de descontento, apura las soluciones, porque esa de los populares no es la forma.
En el curso de la crisis, el Gobierno ha jugado a abrir y cerrar ventanas de oportunidad para diversos actores, políticos y sociales. Manteniendo en lo medular su programa, se ha puesto las chaquetas rojas para responder a cada demanda con un conjunto de medidas de corto alcance y alto impacto comunicacional, pero sin tocar el modelo. Estas medidas constituyen una agenda social que en lo sustantivo reitera y profundiza el libreto de los últimos 30 años, desfinanciando al Estado para fortalecer el acceso a derechos mediante empresas del sector privado.
Es lo que está haciendo en la reforma a la salud, desviando recursos del alicaído sector público hacia clínicas privadas, generando un alza en los planes de las mujeres con los planes sin útero. Es lo que está haciendo con las pensiones, al aumentar el porcentaje que va a cuentas individuales de 10% a 13%, a pesar de reconocer que la única forma de mejorar las pensiones del componente contributivo es mediante el reparto.
Como resultado de las tensiones entre la oposición y el Gobierno, se obtendrá una agenda social en línea con la acumulación por desposesión que ha caracterizado estos últimos 30 años. Aquello no aportará a “regresar al orden”. Por el contrario.
Pero el Gobierno y los sectores de la oligarquía que no quieren mover un ápice de este rentable modelo chileno, viven en el tiempo de las estructuras. Saben que requerirán cada vez más de la fuerza para mantener el orden, porque no sólo no han respondido a las demandas sociales, sino que la han aprovechado para ir por más, para profundizar la acumulación. Se ha iniciado un conjunto de medidas para volver a traer las chaquetas verdes a la vida cotidiana. No sólo se repite la “agenda social” de estos 30 años, que no ha significado otra cosa que un negocio privado. Se reitera el repertorio de montajes, de amenazas, de silencio de los medios de comunicación, de violaciones a los derechos humanos. Un Gobierno con menos de un 10% de aprobación logra el respaldo institucional para criminalizar las protestas en su contra.
La insistencia del Gobierno en la aprobación de leyes de inteligencia, de endurecimiento de las penas contra repertorios habituales de manifestación, del resguardo de los militares a instalaciones críticas que podrán ser definidas a criterio del Presidente. El negacionismo sobre las violaciones a los derechos humanos y la tesis del enemigo interno, puesta desde el día uno desde La Moneda, agregan otro elemento a la mezcla. Una preocupante, que aún no se ha visto expuesta de forma abierta a las condiciones de una crisis económica como la que se ha anunciado a nivel internacional.
La combinación de una agenda social que no avanza en dignidad, que fomenta el abuso y, una agenda de orden que criminaliza la protesta social, es una mezcla explosiva de cara al tan anunciado “marzo 2020”. A las organizaciones sociales, sindicales y territoriales les queda más que nunca la unidad. Lamentablemente, las fuerzas centrífugas del sistema político han tensionado cada vez más a los movimientos sociales, pero no es tarde para adoptar una mirada de mediano plazo, que saque a relucir la importancia de la unidad y lo estrecho de las diferencias.
  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

Distante, discriminador y maltratador: la dura radiografía que hace estudio del CPLT sobre la relación ciudadana con el Estado

por  1 febrero, 2020
Distante, discriminador y maltratador: la dura radiografía que hace estudio del CPLT sobre la relación ciudadana con el Estado
El último Estudio Nacional de Transparencia y Protección de Datos Personales del Consejo para la Transparencia (CPLT) reveló una percepción generalizada de desconfianza en el Estado, una negativa percepción sobre la relación que mantienen con él y, en paralelo, un alza en la disposición a denunciar hechos de corrupción. De acuerdo al sondeo, la crisis de confianza se evidencia en que sólo 2 de cada 10 personas consultadas manifiestan confiar en el Estado (23%) y 7 de cada 10 mantienen una evaluación negativa. La investigación fue aplicada a 2.850 personas a nivel nacional y mostró que la ciudadanía percibe mayoritariamente al Estado como distante (84%) y que los ciudadanos se sienten maltratados (76%) y además discriminados (71%) por éste.

Desde el 18 de octubre que la relación ciudadana con el Estado ha cambiado radicalmente y no es la misma que hace 10 o 15 años. Y el Estudio Nacional de Transparencia y Protección de Datos Personales, lo grafica a la perfección.
Según consigna La Tercera, el sondeo realizado por el Consejo para la Transparencia (CPLT) durante el año pasado reveló que solo 2 de cada 10 personas confían en el Estado (23%) y 7 de cada 10 tienen una evaluación negativa de la relación que mantienen con él. Además, la relación está marcada por un 84% que considera la relación como distante, 76% de mal trato, 71% de discriminación.
¿Qué factores influyen en la evaluación? Existe una alta percepción de corrupción del sector público, la que experimentó un alza de 11% respecto del 2017.
"No nos extraña, por ejemplo, que dentro de los resultados de la encuesta la ciudadanía perciba al Estado como distante, maltratador, discriminador y corrupto. Lo venimos diciendo desde mucho antes del estallido social: la crisis de confianza en las instituciones derivó en una falta de legitimidad del proceso político completo poniendo en peligro la democracia", dice el presidente del CPLT, Jorge Jaraquemada, en conversación con el matutino.
"En mayo pasado ofrecimos un diagnóstico y propuestas con medidas anticorrupción a los tres poderes del Estado con una respuesta poco proactiva respecto de la real necesidad institucional", añadió Jaraquemada.

Experiencias de corrupción

Cabe mencionar que el 18% de los encuestados señaló que ha sido testigo de algún caso de corrupción en el sector público en el último año. Además, un 7% sostiene que ha tenido que pagar un soborno, dar un regalo o hacer un favor a un funcionario público —o sabe de algún familiar, amigo o conocido que ha tenido que hacerlo— en el último año.
En detalle, los que respondieron afirmativamente al caso de los sobornos (204 casos), señalan que esto ocurrió principalmente en municipalidades (40%), seguidas de Carabineros (24%) y las instituciones que prestan servicios de salud (15%).
Eso sí, no todo es negativo. Jaraquemada explicó que ante este escenario de percepción generalizada de corrupción y mal trato, los datos dejan en evidencia una importantísima alza de la disposición a denunciar hechos de corrupción.
"Destacamos que existe una mayor disposición a la denuncia, lo que nos parece un buen indicador, sobre todo porque desde la política pública nuestro Consejo siempre ha promovido la idea de un sistema de denuncias anónimas que develen hechos de corrupción”, señaló el titular del CPLT.
La encuesta se le aplicó a 2.850 personas a nivel nacional y se realizó entre los días 15 de agosto y 6 de octubre de 2019, tiene un 2% de error para la muestra nacional y con un nivel de confianza de 95%.

Otro asesinato: Murió joven que recibió disparo en la cabeza

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Ayer por la tarde se confirmó la muerte de Ariel Jesús Moreno Molina, joven que recibió una bala en la cabeza durante manifestaciones en las afueras de la Subcomisaría de Carabineros de Pudahuel Sur. La muerte de este joven se dio a conocer hace algunas horas, tras encontrarse en estado crítico desde la madrugada del jueves.
Según lo que registró la Televisión Nacional, este viernes se confirmó la pérdida de Moreno, joven de veinticuatro años que se encontraba en estado crítico en la ex Posta Central. Luego de haber recibido un impacto de bala en la sien, según lo que mencionó anteriormente el Instituto Nacional de Derechos Humanos, perdió la vida al poco tiempo.
Ariel se encontraba participando de las protestas por la muerte de Jorge Mora, el hincha de Colo- Colo que había sido atropellado por Carabineros la noche anterior, luego de finalizar el encuentro de su equipo. Por ello es que se hicieron estas manifestaciones, la que nuevamente terminaron con la corta vida de otra persona.
Tras los hechos nombrado antes, Moreno fue llevado al Hospital de Urgencias Asistencia Pública (HUAP, ex Posta Central), en donde confirmaron una provocación de lesión cerebral extensa y severa, la cual lo mantuvo en estado crítico hasta ayer y no pudo recuperarse. El daño fue irreversible y culminó con su vida de inmediato.
De acuerdo a lo detallado por el medio, los médicos habían descartado extraer la bala de su cuerpo, teniendo en cuenta el daño que esta situación podría producir en él. Finalmente, eso no pasó y de todas maneras falleció al poco tiempo. La situación ha causado nuevamente un gran repudio desde la sociedad hacia el gobierno y todas las fuerzas de seguridad.
Finalmente, el caso de la muerte del joven quedó en manos de la Brigada de Homicidios de la PDI, quienes estarán encargados además de periciar la herida y establecer el arma utilizada en el homicidio de este joven. Las redes sociales se han movilizado muy fuerte por este nuevo caso.

CRÓNICAS DE UN PAÍS ANORMAL

Anti política: teocráticos y etnos-caceristas

By Rafael Luis Gumucio Rivas (El Viejo)  
Videla, Pinochet, y ahora Bolsonaro, Duque, Piñera, y otros – en nuestra zona – son personajes producto del ejercicio de la anti política.Videla, Pinochet, y ahora Bolsonaro, Duque, Piñera, y otros – en nuestra zona – son personajes producto del ejercicio de la anti política.
La anti política, el famoso “que se vayan todos” trae más males que bienes: a una democracia débil y fragmentada por la corrupción le suceden aventureros, cavernarios y criminales. La gente con frecuencia olvida que, por ejemplo, Hitler, Mussolini, Franco, Oliveira Salazar- en el viejo Continente – y Videla, Pinochet, y ahora Bolsonaro, Duque, Piñera, y otros – en nuestra zona – son personajes producto del ejercicio de la anti política.

La expresión “la voz del pueblo es la voz de Dios” es una estulticia: el 90% de los peruanos apoyó el golpe de Estado, encabezado por Alberto Fujimori, en 1992, y hasta hoy aún hay fujimoristas en Perú, (como pinochetistas en Chile). En la última elección del Congreso del 26 de enero se determinó el fin del fujimorismo, cuando el Partido Fuerza Popular bajó de 73 congresistas a 12 y, simultáneamente su líder, Keiko Fujimori, fue reenviada a prisión por delitos de lavado de dinero y de asociación ilícita.
En el espacio dejado por el centenario Partido APRA y por el fujimorismo se ubicaron dos partidos políticos muy extraños: el FREPAP (Frente Popular Agrario del Perú) y el UPP (Unión por el pueblo peruano).
El PREPAP es un Partido cuyo núcleo principal es la misión israelita del nuevo pacto, secta religiosa fundada por el Exequiel Ataucusi Gamonal, que se creyó el Jesucristo de occidente y, además la secta afirmaba que Perú era la nueva tierra prometida, y Dios había entregado – igual que a Moisés – la tabla de los Diez Mandamientos.
Los miembros de la secta, entre otras nimiedades, tienen prohibido cortarse los cabellos y la barba y, además, visten como los personajes del Antiguo Testamento.
Exequiel, al igual que los primeros cristianos, estaba convencido de que el fin del mundo se aproximaba y que los habitantes de Perú iban a morir de hambre, por consiguiente, había que plantar y acumular productos agrícolas, sobre todo, frutos tropicales, especialmente de la zona del Amazonas; su idea se centraba en establecer conectividad con la frontera, en especial con Brasil, para el intercambio de alimentos.
A la muerte de Exequiel todos sus prosélitos esperaban que resucitara al tercer día – como Jesucristo – pero tal milagro no ocurrió, por lo tanto, tuvieron que conformarse con la sucesión del hijo del profeta, Jonás, y de ahí en adelante las disputas de poder con su hermano Juan duran hasta hoy.
El Frente Popular Agrícola del Perú es una franja política de los israelitas. Es cierto que el éxito del PREPAP, por cierto, no se dio sólo gracias a la secta - con un millón de adherentes -, sino en gran parte porque los electores optaron por ellos creyéndoles de elevada moral versus los corruptos políticos.
El PREPAC había participado antes en varias elecciones, y durante el fujimorismo tuvo tres diputados, igualmente corruptos que los demás partidos en Perú.
En conclusión, a causa de la anti política estamos regresando a la Edad Media y la superioridad de la religión sobre la política, es decir, nos remontamos a siglos antes de que Maquiavelo escribiera su magistral obra, El Príncipe.
El segundo Partido que logró ventaja gracias a la anti política es Unión por el Perú, de corte etnos-cacerista. Antes había llevado como candidato a la presidencia de la nación a Pérez de Cuéllar, pero ahora está dominado por el hermano de Ollanta Humala, Antauro Humala, (condenado a prisión por el asesinato de policías).
El etno-cacerismo es una especie de nazismo inspirado en las ideas del general Andrés Avelino Cáceres, que combatió a los chilenos en la sierra peruana y, posteriormente, se convirtió en uno de los más corruptos Presidentes de Perú.
El etno-cacerismo tiene ideas tan torpes y criminales como reponer la pena de muerte, especialmente para fusilar a los Presidentes corruptos, (entre ellos su hermano Ollanta) y, además, expulsar de Perú a los extranjeros en el caso de que el trabajo escasee para los peruanos.
Las doctrinas de estos dos partidos políticos, que obtuvieron buena votación en las últimas elecciones parlamentarias, resume cuán estúpidos son los electores: siempre esos partidos puristas, que se creen moralistas, no han traído más que desgracias a la humanidad, y so pretexto de combatir la corrupción, propia de las ambiciones del poder han colocado a criminales, (Hitler, Mussolini, Berlusconi, y a pillines como a Bolsonaro, Piñera y Duque, y antes a Videla, Pinochet, Fujimori y Montesinos).
Rafael Luis Gumucio Rivas (El Viejo)
31/01/2020            

DICTADURA EN CHILE


Sábado 1 de Febrero 2020
EN CHILE EN EL DIA DE HOY LLEVAMOS 106 DÍAS DE DICTADURA CON PIÑERA
Marcos Rodriguez G.
Derechos Humanos Chile.

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