La acción fue acompañada de cortes de tránsito en
plena Alameda con Arturo Prat, provocando graves atochamientos. Similar
situación ocurrió en avenida Ricardo Cumming, donde más de 200 jóvenes
retomaron las dependencias de su edificio.
Sólo
un par de horas alcanzaron a estar desocupados por alumnos las
dependencias del Instituto Nacional y del Liceo de Aplicación que este
lunes por la mañana habían sido desalojados por parte de Carabineros.
Pese a que la asamblea estudiantil del primero de los recintos arrojó
un rechazo a la medida de presión del 54 por ciento (1.717 estudiantes)
contra un 46 que la avaló (1.517), un grupo de descolgados tomó sillas y
mesas, y faltó a la determinación acordada.
La acción fue acompañada de cortes de tránsito en plena Alameda con Arturo Prat, provocando graves atochamientos.
Similar situación ocurrió en avenida Ricardo Cumming, donde más de 200 jóvenes retomaron las dependencias de su edificio.
"Somos como 300 compañeros que ocupamos nuevamente el colegio para
poner en la palestra la Ley Hizpeter y además tener un espacio de
organización para coordinarnos, ya que en horario de clases son
disminuidos los tiempos y espacios que tenemos", dijo a Emol el
relacionador público del Centro de Alumnos del Aplicación, Álvaro
Arancibia.
Según el representante estudiantil, el objetivo de las medidas de
presión es "reactivar" el movimiento, pese a que reconoció que
"mantienen sólo contactos esporádicos" con otros colegios en toma.
Tanto el Instituto Nacional como el Liceo de Aplicación habían sido
desalojados durante la mañana. El primero de ellos, tuvo una corta
duración, luego de que personal de Fuerzas Especiales ingresara al
establecimiento.
En el segundo, en tanto, se registraron incidentes y 13 detenciones,
después que efectivos policiales arribaran al lugar con una orden de
desalojo.
La molestia de los jóvenes radicó en que el Liceo de Aplicación era
uno de los cinco recintos educacionales que permanecían en toma con
autorización del alcalde de Santiago, Pablo Zalaquett. El resto era el
Liceo Cervantes, el Darío Salas, Amunátegui y el Manuel Barros Borgoño.
Dicha propuesta radicaba en que aquellos alumnos que quisieran seguir
en toma lo pudisen hacer, pero permitiendo que quienes deseen estudiar
asistan a clases. Todos en el mismo edificio.
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