Los marinos constitucionalistas que la nueva Subsecretaria de FF.AA. de Bachelet ignoró
Trataron de avisar del golpe
de Estado al gobierno de Allende, pero no les creyeron. Después fueron
apresados, interrogados y torturados. Con la vuelta de la democracia y
la Concertación en el poder, buscaron ser reconocidos como exonerados de
las fuerzas armadas. Cuando estuvieron a punto de lograrlo, recibieron
un llamado de la entonces subsecretaria de Marina, Carolina Echeverría,
de Michelle Bachelet, con una propuesta: para ser reintegrados a las
Fuerzas Armadas debían retirar la querella que habían puesto contra sus
torturadores. “Si nunca nos pescaron”, dice Víctor López, quien ha
liderado este proceso.
A medianoche terminó su guardia en el puerto de Talcahuano. Eran los primeros minutos
del 8 de agosto de 1973 y Víctor López, marino en servicio activo,
entonces de 20 años, pretendía ir a descansar. Pero su superior,
Santiago Lorca, le dijo que debía ir a buscar unos equipos a la puerta
de Los Leones –entrada a la base naval de la ciudad–. “‘Necesito que me
acompañes’, me dijo”, recuerda López.
Se negó. Comenzaron a discutir hasta que llegó un oficial
a zanjar la disputa. “‘Tienes que ir tú’, me ordenó”, dice López. Se
subió a un auto, pero frente a la puerta Los Leones dobló por un camino
desconocido para Víctor. “Era de noche, estaba oscuro. No tenía idea
dónde ni a qué iba”, cuenta.
El auto se detuvo y una voz le ordenó
que bajara. Frente a él había un pelotón de infantes de marina. No le
preguntaron su nombre. Tampoco el grado. “Me sacaron la cresta. Es un
tratamiento de shock, típico de interrogatorio, para desconcertarte”, recuerda Víctor, mientras asume una postura y mirada rígidas.
Fue sólo el comienzo. Los próximos tres
años, junto a 80 compañeros, estarían presos en una cárcel de la Armada.
“Fuimos interrogados y torturados, además de privados de libertad sin
ningún proceso por tres años”, dice Víctor.
En 1976, lograría salir de Chile,
gracias a la ayuda internacional y también a una tuberculosis que casi
lo mata. A los 23 años llegó a Oslo, Noruega, y se quedó hasta 1990.
¿La razón de la historia? Víctor, junto a varios compañeros, habían intentado advertir –al Partido
Comunista, al MIR, a parlamentarios y ministros de la Unidad Popular–
que las Fuerzas Armadas preparaban un golpe de Estado contra el gobierno
de Salvador Allende. Nadie les creyó.
“Nos dijeron que estábamos
especulando, que nos fuéramos a la unidad y cumpliéramos con nuestro
deber”, dice López. Un mes después de sus fallidos intentos, La Moneda ardería en llamas y Augusto Pinochet instalaría una dictadura de 17 años.
Víctor López entró a la Marina “por
hambre” y por culpa de “Zalo” Reyes. Él le dijo que ahí les darían
comida, uniformes y alojamiento. Hoy cuenta esa anécdota entre risas.
Ahora es el presidente de la Asociación
de Marinos Exonerados –también conocidos como marinos
constitucionalistas–, que desde 1990 intentó promover una ley de
exonerados políticos que incluyera a los miembros de las Fuerzas
Armadas. No les fue bien durante los cuatro gobiernos de la
Concertación.
EN FORMA MUY PERSONAL
La reunión fue en el edificio de la
Comandancia en Jefe de la Armada de Valparaíso, en junio de 2009. Estuvo
presente el Almirante Rodolfo Codina –comandante en Jefe de la Armada–,
el Vicealmirante Edmundo González, entre otros, y representantes de la
Asociación de Marinos Exonerados.
El Vicealmirante Edmundo González –que
asumiría el 18 de ese mes como comandante en Jefe– les dijo a los
representantes de los marinos constitucionalistas que harían las
gestiones para que recibieran su jubilación por CAPREDENA, pasando a ser
funcionarios en retiro de la Armada. Además, González les dijo que
debía informar al Ministerio de Defensa y que había algunos aspectos que
requerían la aprobación de la Contraloría.
En paralelo, el grupo había puesto una
querella, en mayo del 2008, contra los responsables de las torturas que
habían sufrido entre 1973 y 1976.
La reunión terminó bien, según recuerda
Víctor. Incluso en su discurso al asumir el mando de la Armada, Edmundo
González, anunció algunos de los acuerdos alcanzados.
Cinco meses más tarde, en la mañana del 27 de noviembre, el celular de Víctor sonó.
–“Te tengo una buena noticia”, dijo la voz al otro lado de la línea.
Era Carolina Echeverría, entonces
subsecretaria de Marina, hoy designada como próxima subsecretaria de
FF.AA. de Michelle Bachelet. Echeverría le dijo, según cuenta López, que
el gobierno estaba a favor de los acuerdos a los que había llegado su
grupo con la Marina, que los apoyarían, pero que aún faltaba un paso en
la Contraloría.
Entonces vino el problema. “Dado que hay
algunos marinos que interpusieron una querella por tortura contra la
Armada, el trámite con el contralor podría ser inviable. Por tanto te
solicito, en forma muy personal, que instruyas a tu gente para que se
desistan de la querella”.
Así narra Víctor el diálogo telefónico, en una carta que le envió a Michelle Bachelet el 29 de diciembre del 2009 (Páginas 1 - 2 - 3), en
los últimos meses de gobierno. La carta tiene un timbre que indica
haber sido recibida, “pero no leída”, sostiene López. Fue la última vez
que habló con Echeverría.
La actual subsecretaria de FF.AA. se
encuentra cuestionada por el rol que jugó en la primera administración
de Michelle Bachelet. Entonces utilizó su cargo para responder a
preguntas de su marido, Clobis Osorio Olave, sobre la solicitud de
concesión marítima de la termoeléctrica Barrancones.
Una investigación de Ciper reveló las gestiones que llevó adelante Suez Energy para obtener concesiones marítimas, así como el rol que jugó en éstas Osorio & Echeverría Consultores Asociados Ltda., empresa que pertenecía a la nueva subsecretaria y a su esposo.
TRABAJANDO CON DEFENSA
Después del exilio, Víctor y otros de
sus compañeros comenzaron un largo y burocrático camino para obtener el
reconocimiento por la oposición al golpe de Estado y para ser
considerados exonerados de las Fuerzas Armadas.
Sus esfuerzos fueron en vano hasta enero
del 2002. La llegada al Ministerio de Defensa de Michelle Bachelet,
hija de un general que había muerto como prisionero político, fue vista
con esperanza en la Asociación de Marinos Exonerados.
“Fuimos a hablar con ella al Ministerio.
Nos acogió muy bien y nos dijo que entendía nuestra situación, que
había pasado por lo mismo por su papá. Creamos una comisión de trabajo
para elaborar un anteproyecto de ley para los exonerados de todas las
Fuerzas Armadas”, cuenta López.
Felipe Harboe (PPD), senador electo,
entonces subsecretario de Carabineros, quedó a cargo de la comisión.
Trabajaron tres años. El 2005 tenían un anteproyecto de ley que
reconocía a los exonerados de las Fuerzas Armadas, con un piso de
jubilación de 20 años por las cajas de previsión de defensa nacional.
Para entonces los miembros de la agrupación llevaban más de 30 años
fuera de las Fuerzas Armadas sin ser reconocidos como funcionarios de
estas.
El trabajo quedó en pausa durante la campaña presidencial que instaló a Michelle Bachelet en La Moneda.
Una vez que ésta asumió, el grupo de
marinos constitucionalistas se entrevistó con la nueva ministra de
Defensa, Vivianne Blanlot (PPD). “Nos dijo lo mismo que Bachelet, que
nos entendía y que tendríamos la ley. Lo único que faltaba era la firma
presidencial”, dice López. “Ahí viene nuestro error. Nos dijeron que
como ahora eran gobierno se podía pedir lo que correspondía. Así que
iban a hacer el proyecto de nuevo y en vez del piso de 20 años, iban a
considerar el total. O sea, 30 años de jubilación”, agrega.
El grupo de marinos exonerados comenzó a
trabajar entonces con la subsecretaria de Marina, Carolina Echeverría.
“Al final de los nueve puntos que presentamos, todo quedó en uno y nunca
supimos cuál era. Lejos de mejorar el anteproyecto lo redujeron. Ella
lo mandó a la Segpres, sin avisarnos, y desde ahí necesitaban la firma
del Ministerio de Hacienda”, dice López.
La respuesta llegó el 9 de marzo de 2007
y fue demoledora para las aspiraciones de Víctor y sus compañeros: “Se
estima que se ha cumplido con todos los compromisos asumidos por el
ejecutivo en relación a ese tema, por lo que no se considera pertinente
presentar nuevos proyectos de ley que concedan nuevos o mayores
beneficios”.
“Cuando veo a la Concertación, digo,
¿pero cómo? Vienen de nuevo y con la misma gente. ¿Tú crees que vamos a
tener alguna confianza? ¿Que van a cambiar algo? No. ¡Si nunca nos
pescaron!”, exclama el presidente de la agrupación de marinos
constitucionalistas.
Hoy, Víctor trabaja como administrador
de edificios y tiene una modesta pero ordenada oficina en Providencia.
“La mayor ironía”, reflexiona fumando un cigarrillo corriente, “es que
finalmente fue el gobierno de Sebastián Piñera el que aprobó la ley”.
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