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viernes, 1 de enero de 2016

PULSO SINDICAL Nº 302 DEL 22 AL 31 DE DICIEMBRE DE 2015


El miércoles 16 de diciembre de 2015, 14 años desde que me tocara participar de un procedimiento judicial de los hechos que culminaran con el fusilamiento de los trabajadores ferroviarios de la maestranza de San Bernardo, llegué nuevamente a las puertas del cuartel N° 2 de la Escuela de Infantería, en esta ocasión por mis propios medios y sin la vista vendada.
Se trataba ahora de establecer fehacientemente que por allí pasaron los campesinos del fundo El Escorial detenidos días después del golpe y sacados del cerro el 2 de octubre de 1973, para ser ejecutados en cuesta Chada.
2 testigos civiles, un grupo de ex conscriptos y 2 oficiales en retiro del ejército participamos de la diligencia, bajo la atenta mirada de quienes están abocados a dar con la verdad de estos y otros hechos.

En el caso de los 11 ferroviarios y otros 2 asesinados, resultó condenado, hasta ahora, el brigadier ®  Victor Pinto  Perez, quien por las 13 muertes fue sentenciado a una pena de a 5 años y un día con el beneficio de libertad vigilada, o sea 140 días por cada vida segada.
¿Que castigo recibirán aquellos que en definitiva sean encontrados culpables del asesinato de los campesinos y de otras ejecuciones sumarias en el mismo período?  

Llegué al cuartel 2 de la escuela de infantería a las 08:30 a.m., dispuesto como siempre a aportar con un granito de arena en la reconstrucción de la verdad y me correspondió ser el primero en dar testimonio. Se trataba de establecer la forma en que los detenidos llegaban al Chena, los interrogatorios a los que eran sometidos, así como los cambios del lugar de detención y finalmente el destino final de los prisioneros.
Desde siempre he sostenido que inicialmente se nos mantuvo en un sector del cerro que escuche llamar “la escuelita”, donde se nos separó en las que originalmente eran salas de clases y desde ahí se nos llevaba a una sala en frente de las anteriores (a no mas de 20 pasos), donde se interrogaba y sometía a tortura.
Un hombre viejo vestido con un overol que decía Ejército de Chile, a una consulta de la encargada de la diligencia llevó a parte de la comitiva hacia un lugar que el definió como la escuela. A una pregunta que se me hace respondo que no es ahí donde estuvimos detenidos.
De vuelta al sitio donde se inició el procedimiento, se hace comparecer a uno de los ex conscriptos quien  ratificó la existencia de la escuela, indicó donde estaba y para allá partimos.
Una sensación de emoción, dolor y pena me embargan. Aunque ya se había constatado su existencia en el 2001 procedimiento en el que también participé, en esta ocasión puedo caminar tranquilamente por el lugar.
Está casi igual.
Las salas donde nos tuvieron vendados y amarrados con alambre algunos días – la segunda de oriente a poniente es la más amplia y ahí estuve junto a otros detenidos, la misma donde fueron dejados los ferroviarios cuando llegaron aquí el 28 de septiembre en la noche - el plátano oriental de grueso tronco donde se hicieron simulacros de fusilamiento incluido el mío. Frente a las salas están los cimientos de la sala en la que se interrogó y torturó a todos los que llegamos a ese lugar.  Y no era todo.
En diagonal a las salas que tuvieron prisioneros, en dirección nororiente, se encontraba el galpón que hizo las veces de comedor para quienes allí estábamos privados de libertad.

Pude incluso identificar el sector por donde pasaba la acequia con cuya agua, hace ya tantos años, pudimos lavar las heridas y parte de nuestros doloridos cuerpos.
También está ese enorme espacio de terreno en donde se reunió, por única vez sin vendas en los ojos, a todos los detenidos, para declararlos prisioneros de guerra.
Desde ahí se llevaron al compañero Nuñez, uno de los campesinos muertos de Chada, quien fue el único que se atrevió a decir que nos habían golpeado, y que fue salvajemente torturado por decirlo, en la escuela de infantería.
Los responsables de la diligencia deben haber recibido valiosa información para su trabajo. Estuvieron mucho rato en la zona de la escuelita y luego de una larga espera llega la hora de avanzar hacía el siguiente lugar.

Vamos a la casa del techo rojo.

Me entregan la responsabilidad de guiar la caravana de vehículos. Hay 2 vías posibles, se escoge la segunda que nos interna algunos metros hacía el cerro, el vehículo pasa por terrenos desnivelados y lentamente comienza a avanzar hacia la salida.
Una pequeña subida o “lomita” como le llamamos, al costado derecho está una torre de alta tensión, avanza el coche en dirección nororiente, se detiene un poco mas allá y a unos 20 pasos se encuentran los cimientos, parte del foso, un murito de cierre e incluso rastros del lugar en que estaba la losa verde, en el surponiente del galpón. Los rastros que van quedando de la “casa del techo rojo”.
Llegamos aquí pasada la medianoche del 30 de septiembre de 1973, en 2 o 3 camiones, montados los cuerpos unos sobre otros hasta completar 5, y fuimos bajados a punta de patadas y culatazos, forzados a subir, vendados, una plataforma de lata, que nos dejaba en el interior del galpón, que en tiempo anteriores al golpe fue el lugar donde los jóvenes celebraban a su manera el 18 chico.
En mi cabeza todo, como si no hubiesen transcurrido 42 años y 3 meses desde entonces.

Puedo reconstruir el galpón de sur a norte. Las 2 salas donde estaban los rollos de alambre púas, por la izquierda el espacio donde estaba la mayor parte de los detenidos.
Sobre una loza tipo baldosa de color verde, de la que no queda rastros salvo algo de cemento, hay paja donde se dejan caer los detenidos a quienes se les arrojan sacos de papas que cual sacos de dormir cubrirán nuestros cuerpos por las noches, para resguardarlos mínimamente del frío de la noche.
Por la derecha otros detenidos en la misma posición que los de la izquierda, al norte y cruzando el galpón de poniente a oriente una pasarela a unos 2,5 metros de altura, en donde de ubicaban algunos centinelas, los otros se paseaban por el centro del salón a veces dando de puntapiés, otras conversando entre ellos, o bien escuchando radio.
No se porque me tuvieron en esas salas con el alambre de púas.
Que será de Dote y Bracea con quienes compartí ese espacio? .
Quedaron allí cuando nos sacaron el 3 de octubre en la tarde noche o iban en el camión y no los escuche haciendo sus planes de fuga?
Preguntas que me hago hasta hoy y que dudo sean respondidas.
Al final del galpón estaban los espacios ocupados como salas de tortura, ahí resolvían sobre la vida y la muerte, los que llegaban a trabajar en doble horario, los oficinistas del  dolor y la muerte.

El 2 de octubre en la tarde sacaron de la casa del techo rojo a los campesinos cuyos cuerpos fueron encontrados en cuesta Chada. Ojala que los testimonios hayan permitido acercar aun más la verdad y que finalmente se  castigue a quienes hicieron tanto daño.
Estos campesinos y muchos otros compatriotas estuvieron en la escuelita y en la casa del techo rojo, fueron interrogados y torturados en esos lugares, lo se porque estuve allí en el mismo tiempo que ellos y me satisface poder dar testimonio de ello, ya que este testimonio puede ayudar  a seguir construyendo la historia, esa historia vivida en Chena.
        
Pero hay otro hecho que me ha emocionado profundamente por estos días.
En el cerro compartí por algunos minutos, el 1 o 2 de octubre de 1973 con Ricardo Solar Miranda, un hombre joven a quien creí escuchar decir que tenía 38 años y que resultó tener 23 años al momento de su muerte.
Yo, un muchacho aún más joven que él me permití darle consejos para soportar el duro momento. Le escuche llorar con dolor, con rabia e impotencia. El sabía que encontraría la muerte en ese lugar y lamentaba no poder ver crecer  a sus hijos – un  niño y una niña. De 2 años y de 2 meses de edad.
La edad de Ricardo Solar me la confirmó su esposa a quien recibí en mi oficina junto a su hermana el 17 de diciembre de 2015 en mi oficina.
Esa mujer valiente compartió conmigo las fotos de sus hijos y me agradeció por el testimonio que pude darle sobre esos minutos vividos.
Por esto es que debemos seguir manteniéndonos firmes, ciertos que en nosotros está la razón y la verdad. Buscamos la justicia y el castigo.
No puede haber impunidad.

Por estos y tantos valientes a seguir adelante con todo. Que el 2016 que se inicia sirva para seguir develando la verdad, toda la verdad a quienes no paran de buscarla.

MANUEL AHUMADA LILLO 
Presidente C.G.T. CHILE 

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