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lunes, 19 de noviembre de 2018

OPINIÓN


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El fin del espejismo en La Araucanía

por  19 noviembre, 2018
El fin del espejismo en La Araucanía
Las lecciones que deja este peligroso episodio para nosotros los huincas, y más aún para el mundo político, es que las variables que acá intervienen son multidimensionales, que hay que hacerse cargo de la historia, aprender a escuchar mejor las reivindicaciones, a reflejar los derechos de los pueblos originarios –no solo mapuches– y abrirnos a comprender su cosmovisión no solamente desde la racionalidad o pensando que con “lucas” se solucionan las cosas. Y, claro, para las próximas campañas presidenciales, por favor, cuidar las sobreexpectativas, las promesas imposibles y el descrédito de lo que se ha hecho antes. Total, desde 1990 que tenemos planes en La Araucanía y ninguno ha dado en el clavo.

El Plan Impulso Araucanía –presentado con bombos y platillos hace menos de dos meses– es el tercer impulso que hemos conocido en los últimos 9 años, solamente si tomamos la era Bachelet-Piñera. En su primer mandato, el Presidente Sebastián Piñera dio a conocer el “Plan Araucanía”, el que constaba de cinco pilares, la mayoría centrados en inversión, tanto en infraestructura, desarrollo productivo como conectividad.
¿Y los temas culturales o reivindicativos? Casi nada. Luego vino el “Plan Araucanía” –sí, leyó bien, el mismo nombre– liderado por Michelle Bachelet, y cuya base provino de los resultados de una comisión encabezada por el obispo de La Araucanía. De hecho, el plan actual recogió varios de los puntos propuestos por su antecesora, como la creación del Ministerio de Pueblos Originarios. Antes, tuvimos la “Comisión Especial para los Pueblos Indígenas”, en 1990, con Patricio Aylwin; la “Comisión de Verdad Histórica y Nuevo Trato”, de Ricardo Lagos; la ratificación del convenio 169 por Bachelet I, entre otros.
Todos han querido solucionar los problemas –que han ido aumentando en democracia–, pero nadie lo ha logrado. Tal vez, porque nadie ha sabido cómo enfrentar este conflicto que arrastra Chile desde hace más de 200 años.
Quemas de escuelas, recintos públicos y privados, cortes de caminos y territorios en que no se puede entrar sin autorización de sus comuneros. Además, los líderes de distintos grupos y comunidades, incluida la CAM –Coordinadora Arauco Malleco– hicieron un llamado a la resistencia en el funeral de Camilo Catrillanca y declararon que este pasó a ser desde ahora un mártir de “la nación mapuche”. Al igual que lo fue en su momento Matías Catrileo en 2008, fecha en que se produjo un punto de inflexión y el conflicto tuvo un giro muy importante.
Lo cierto es que el Gobierno del Presidente Piñera sacó la mayor votación del país en La Araucanía, con un 62% en la segunda vuelta contra Guillier. Además, Chile Vamos arrasó a nivel de senadores y diputados, incluso logrando que Felipe Kast, del debutante Evópoli, alcanzara casi el 19% de los sufragios, habiéndose cambiado de circunscripción a última hora. El hoy oficialismo, argumentó que ese resultado era producto de la ineficiencia del Gobierno de Michelle Bachelet para enfrentar y detener la violencia en la zona. Parece que en política los búmeran son parte de la realidad cotidiana.
Pero hay un dato clave para entender la forma en que el Estado chileno ha enfocado su estrategia. Recordemos que previo al lanzamiento de Plan Impulso Araucanía, conocimos del escándalo en que estuvo involucrado el Gobierno anterior, sus organismos de inteligencia y la propia policía: la Operación Huracán. Hace apenas un año, Carabineros detuvo a ocho comuneros –los acusó de asociación ilícita terrorista y estar vinculados a la CAM y a Weichan Auka Mapu–.
Posteriormente, se reveló que la Unidad de Inteligencia Operativa Especial de Carabineros había manipulado pruebas. Hoy, nuevamente tenemos a la policía uniformada involucrada en una situación en que la confianza pública se resiente.
Primero se grabó el operativo, luego no. Que Catrillanca era parte del grupo que asaltó a las profesoras. Que los policías formaban parte del Comando Jungla, pero después que eran Carabineros sin entrenamiento en Colombia. Y lo más ridículo del caso: que Catrillanca estaba huyendo en un tractor, algo francamente tragicómico.
El gran error de los últimos planes del Estado en La Araucanía es pensar que este conflicto de tan larga data se soluciona con más recursos, es decir, con una visión economicista del problema, y de manera militarizada. No quiero decir con esto que ambos aspectos no deban ser parte de un paquete de medidas integrales, pero creo que desde lo público, desde la imagen, de la manera en que se ha “vendido” esta idea a la ciudadanía, queda marcado por ambos factores. Si revisamos cómo quedó constituida la percepción del Plan Integral Araucanía, sin duda, que fue con la presentación del Comando Jungla. El Presidente delante de un grupo policías en tenida de combate –que parecían militares– y carros de asalto. Esto fue mucho antes del plan que se lanzó en Temuco a fines de septiembre, pero la imagen fue muy potente
Sin duda que los esfuerzos hechos por el Ministro Moreno proyectaron una disposición, una actitud de enfrentar el conflicto en dicha zona. Fue capaz de convocar a un sector de las organizaciones mapuches, integrar a los principales empresarios del país –la mayoría con intereses en esta zona agrícola y forestal–, y dialogar con sus protagonistas. Pero la muerte de Camilo Catrillanca dejó en evidencia tres debilidades de esta iniciativa.
Primero, que el peso de la estrategia policial debió ser más equilibrado con la estrategia política y manejado comunicacionalmente con un perfil menos agresivo. Segundo, que el énfasis en lo económico no da cuenta del problema cultural y la cosmovisión del pueblo mapuche. Y tercero, que mientras estén afuera de la mesa las organizaciones más radicales –como la CAM–, no se podrá avanzar mucho.
Lamentablemente, el Plan Integral Araucanía podría terminar como todos los anteriores, sin lograr solucionar el conflicto o requerirá un ajuste mayor de orientación. El panorama para los próximos meses se ve muy complejo. Lo que ha sucedido en las últimas horas, refleja una radicalización de consecuencias insospechadas.
Quemas de escuelas, recintos públicos y privados, cortes de caminos y territorios en que no se puede entrar sin autorización de sus comuneros. Además, los líderes de distintos grupos y comunidades, incluida la CAM –Coordinadora Arauco Malleco– hicieron un llamado a la resistencia en el funeral de Camilo Catrillanca y declararon que este pasó a ser desde ahora un mártir de “la nación mapuche”. Al igual que lo fue en su momento Matías Catrileo en 2008, fecha en que se produjo un punto de inflexión y el conflicto tuvo un giro muy importante.
Las lecciones que deja este peligroso episodio para nosotros los huincas, y más aún para el mundo político, es que las variables que acá intervienen son multidimensionales, que hay que hacerse cargo de la historia, aprender a escuchar mejor las reivindicaciones, a reflejar los derechos de los pueblos originarios –no solo mapuches- y abrirnos a comprender su cosmovisión no solo desde la racionalidad o pensando que con “lucas” se solucionan las cosas. Y claro, para las próximas campañas presidenciales, por favor, cuidar las sobre expectativas, las promesas imposibles y el descrédito de lo que se ha hecho antes. Total, desde 1990 que tenemos planes en la Araucanía y ninguno ha dado en el clavo.
  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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