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viernes, 2 de noviembre de 2018

Opinión


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Control social y criminalización de la protesta social

por  2 noviembre, 2018
Control social y criminalización de la protesta social

En 1975 Michel Foucault nos decía lo siguiente: “¿Qué es lo que hace tolerable la presencia de la policía, el control policial a una población si no es el miedo al delincuente? (...) Esta institución tan reciente y tan pesada de la policía no se justifica más que por esto. Si aceptamos entre nosotros a estas gentes de uniforme, armadas, mientras nosotros no tenemos el derecho de estarlo, que nos piden nuestros papeles, que rondan delante de nuestra puerta, ¿cómo sería esto posible si no hubiese delincuentes? ¿Y si no saliesen todos los días artículos en los periódicos en los que se nos cuenta que los delincuentes son muchos y peligrosos?”.
Mucho se ha escrito sobre la estrategia mediática utilizada por el gobierno en el marco del proyecto de Ley “Aula Segura” (videos de estudiantes golpeando carabineros) y no es nuestra intención seguir haciéndolo. Lo que quisiéramos mostrar acá es justamente que estos tipos de proyectos tienen poco que ver con estudiantes golpeando carabineros: estos se insertan dentro de una lógica gubernamental que, a partir de la identificación de determinados sectores y actores sociales como sujetos “peligrosos”, habilita una serie de intervenciones estatales (políticas públicas, fuerzas de orden público, etcétera) que tienen como finalidad el control social sobre determinados sectores de la población.
La construcción del “criminal disfrazado de estudiante” se enmarca dentro un discurso hegemónico de la (in)seguridad que define los peligros sociales principalmente a partir de los atentados contra la propiedad privada -delitos callejeros principalmente-, de una serie de incivilidades en el espacio público -consumo de alcohol y drogas-, y de los distintos movimientos sociales –estudiantiles, ambientales, sindicales, etcétera-, asentando en el imaginario simbólico la idea de que ésta es “la delincuencia”, dejando a un lado las violaciones a los Derechos Humanos, los delitos ligados al poder económico, la violencia de género, el crimen organizado, los daños ecológico, los delitos tributarios y a las desviaciones criminales en órganos civiles y militares del Estado.
La construcción de sujetos “peligrosos” es una de las principales estrategias de control social de las sociedades modernas. En el caso de “Aula Segura”, el discurso de criminalización del movimiento estudiantil permitiría vectorizar una batería de intervenciones estatales con el fin de contener sus demandas sociales a través de dos procedimientos principales: la represión directa y la prevención por disuasión.
La construcción de sujetos “peligrosos” es una de las principales estrategias de control social de las sociedades modernas. En el caso de “Aula Segura”, el discurso de criminalización del movimiento estudiantil permitiría vectorizar una batería de intervenciones estatales con el fin de contener sus demandas sociales a través de dos procedimientos principales: la represión directa y la prevención por disuasión. La represión directa de los movimientos sociales es bien conocida –la semana pasada pudimos verla, por ejemplo, con el movimiento NomásAFPs. Lo novedoso de esto sería la capacidad de prevenir las actividades de los estudiantes a partir de la existencia de sanciones ejemplificadoras. Ya no habrá que esperar alguna alteración del orden público para intervenir sobre los estudiantes sino que esta podrá ser desplegada de a tiempo completo y de manera eficiente.
Por mucho que la expulsión de alumnos termine siendo judicializada (y de aprobarse la ley las expulsiones terminarán en tribunales y con resultados adversos para los establecimientos educacionales) la sola promulgación de la ley cumplirá su objetivo: permitirá a las autoridades educativas aleccionar a los estudiantes.  Modus operandi similar al de la ley antiterrorista que ha demostrado su incompetencia en términos de sentencias pero exitosa en su tarea de criminalizar, intimidar y coaccionar a diversos movimientos y dirigentes sociales. Porque como herramienta de control social este tipo de leyes cumplen de manera eficiente su cometido.
En un momento tan preocupante como el actual, cuando en la región es electo un presidente con un obsceno discurso de represión de los movimientos sociales (“acabar con todo tipo de activismo”), no debemos dejar de prestar atención a las estrategias disciplinarias y represivas, que si bien no aparecen de manera tan explícita, pueden resultar aún más eficientes y eficaces.
  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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