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domingo, 22 de noviembre de 2020

CRÓNICAS DE UN PAÍS ANORMAL

 

Qué pasa con la justicia en Chile

Voltaire, el filósofo de la Ilustración por excelencia, junto a su crítica a la congregación de los Jesuitas, tiene una faceta reaccionaria cuando se refiere al aspecto económico-social: odiaba a los pobres, (más que el Presidente Piñera), y según Henri Guillemin. Voltaire escribía “una sociedad bien organizada es aquella en que los más trabajan y mantienen a los menos…”, (un anticipo de la dialéctica del amo y el esclavo, de Hegel). Tontilandia se ajusta al prototipo del pensamiento de Voltaire.

Nosotros, los chilenos tontilandeses, pretendemos que nos consideren como una democracia modelo: en la ilegítima y dictatorial Constitución de 1980, copiamos a la letra algunos términos del Pacto Social, del siglo XVIII: incluimos, por ejemplo, la frase “igualdad ante la ley”, sabiendo con conocimiento de causa que quienes la redactaron eran dueños de esclavos, que operaban en Santo Domingo y las demás colonias. El creer que la ley y la aplicación de la justicia es igualitaria, es una ingenuidad: a los pobres se le envía a la cárcel, a los ricos, a la universidad.

Según el artículo 13 de la espuria Constitución de 1980, son ciudadanos, con derecho a voto a partir de los 18 años de edad, todas aquellas personas que hayan nacido dentro del territorio nacional, pero no aplica para los CONDENADOS por delitos con pena aflictiva de tres años y un día. La palabra CONDENADO es fundamental, pues en Tontilandia, “país que se cree democrático, se supone a toda persona es inocente hasta tanto no haya sido condenada por sentencia judicial ejecutoriada, por consiguiente, es, a todas luces, inconstitucional retirar la ciudadanía a quienes se encuentren en proceso de investigación, muchos menos, cuando apenas son formalizados, (cuando los Sansones Carrasco anuncian a una persona que van a ser investigada, se le formaliza y, luego, se le anuncia que se le llevará a un juicio oral, no quiere decir que sea culpable antes de entrar a un tribunal de justicia, salvo que el juez dicte la sentencia antes de escuchar los descargos del acusado, ´que sólo ocurre en las películas de Cantinflas´”).

El que los delitos que se le imputan a una persona que tengan un pronóstico de pena aflictiva, no permite a ninguna autoridad el retiro de la nacionalidad chilena al acusado y, por consiguiente, tendría todo el derecho a elegir y ser elegido, (salvo que fuera menor de 18 años).

La Constitución tontilandesa, (pronta a ser sepultada por manos de la ciudadanía), asegura el sufragio universal, así no vote ni la mitad de los ciudadanos. Si revisamos la historia universal, a la burguesía nunca le satisfizo que el voto de “los rotos” fuera igual que el de “los caballeros”. En la primera Constitución francesa, luego de la Revolución de 1789, los ciudadanos se dividieron en activos y pasivos: los primeros tenían derecho a voto, a los segundos se les negaba. Cuando los pasivos se atrevieron a deliberar, el marqués de Lafayette, (que para muchos sigue siendo el héroe de la independencia norteamericana, pero no era más que un aspirante a dictador, como lo denunció el propio Robespierre), ordenó la masacre de los ciudadanos, quienes solo pretendían deliberar.

Las trampas de los plutócratas para que el sufragio nunca fuera igual que el de los pobres, fueron tantas que, al final, los ciudadanos se dieron cuenta de que más valía disfrutar en casa de una empanada y una copa de vino en domingo, que introducir en la urna el voto que el patrón le había indicado.

La democracia representativa fue un invento del ultra reaccionario irlandés, Edmund Burke quien, aterrado con el triunfo de la Revolución Francesa, en su carta dirigida a los electores de Bristol, expresaba que los ciudadanos enajenaban su ciudadanía una vez cada cuatro años, durante los cuales el representante podía gobernar a su antojo, y sólo rendir cuentas al representado al final del mandato, (entre medio, los ciudadanos ya habían sido desplumados), y a este adefesio se le denominó “democracia representativa”, (usted puede votar por un diputado de izquierda que, en el Congreso vote siempre por la derecha; ´véase la trayectoria de Pepe Auth, por ejemplo). Antes había una orden estricta de partido, por consiguiente, el elector tenía una seguridad de que, al menos, su representante votara en consonancia con su partido, (que antes tenía ideología, y no era un mercader).

Las víctimas de los abusos aún creen que la justicia existe, y que en Tontilandia aún impera la igualdad ante la ley.

Rafael Luis Gumucio Rivas (El Viejo)

21/11/2020

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