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miércoles, 22 de junio de 2016

Analistas responsabilizan a “mediocridad” de la clase política fracaso de primarias

Victoria Vinals Miércoles 22 de junio 2016 0:55 hrs.
Primarias
El alto porcentaje de abstención en las últimas primarias municipales tendría un problema de fondo: el descrédito de la clase política y una ciudadanía desencantada de la democracia de la Transición, que no ve en el voto una posibilidad certera de cambiar el orden de las cosas.
Los resultados preliminares del Servel arrojaron que sólo 282 mil 506 personas votaron en las primarias municipales de este domingo, lo que correspondió a el 5,57 por ciento del total de potenciales electores, dejando un total de 94, 43 por ciento de abstención.
Esta cifra ha sido puesta en cuestión por diferentes expertos, porque no excluye a las personas fallecidas, ni a los imposibilitados de votar en una elección por ser militante de una colectividad del otro conglomerado político.
Otro aspecto que ha sido puesto en tela de juicio, es que pese a que las primarias no son elecciones generales, para todos los efectos prácticos fueron consideradas como tales, lo que significó un despliegue desproporcionado de recursos que habría alcanzado los 5 mil 500 millones de pesos.
El acceso a la información también estuvo fuertemente restringido por las limitaciones impuestas por la Ley de Partidos recientemente aprobada. Marta Lagos, directora ejecutiva de Latinobarómetro y del Centro de Análisis de Opinión Mori, explica en este sentido que el Consejo Nacional de Televisión se negó a difundir información específica y que nadie hizo propaganda porque con la nueva ley resultaba sumamente complejo.
“Esta elección estuvo pésimamente organizada, mal implementada y mal concebida. Si bien la idea de las primarias puede ser excelente la manera en la que se implementa tiene una importancia radical en el resultado que está a la vista y también es consecuencia de la mala organización”.
Pese a las críticas anteriores, Marta Lagos fue enfática en afirmar que “no hay que echarle la culpa al empedrado”, en relación a las responsabilidades políticas que deben asumir los partidos en este sentido.
En esa línea, para los analistas el diagnóstico es claro: el rotundo fracaso de las primarias municipales se debe al desprestigio de la clase política, al desencanto ciudadano y al debilitamiento de la idea de que la democracia es la solución a todos los conflictos.
“El punto que nos aqueja como país es la degradación de política. Estas primarias estaban diseñadas para que la política se revitalizara, para recuperar la confianza (…) pero no se cumple ninguna de las expectativas que el legislador tenia en la mente cuando hicieron la ley, que además de mal hecha está mal implementada”, señaló Marta Lagos.
“Aquí hay una justificación que ignora 10 años de critica profunda que tiene la sociedad chilena respecto de los resultados de lo que ha sucedido en el país. No ha disminuido la discriminación, ni la percepción de la desigualdad. Nadie niega que tenemos más políticas públicas, tenemos más escuelas, más educación, pero la desigualdad sigue ahí. El diagnostico esta hecho, lo único que falta es voluntad política del Parlamento. Hay cero autocrítica del sistema de partidos por las primarias. Hasta ahora no he visto ningún presidente de partido reconocer que lo han hecho mal”, agregó la analista.

“Reprobaron con un 1”

“Si es que no se da la premisa básica del voto, que es el voto informado, es muy difícil que la gente vaya simplemente a votar por algo desconocido, por un logo o por un partido, cuando hoy dia los vemos en completo descrédito y parte de ese descrédito pasa porque no se han sumado a la lógica del voto voluntario, que trae el desafío de mantener constantemente movilizada a la ciudadanía. No hay una posición estratégica, no hay una voluntad de que la gente vaya a votar, y es muy preocupante porque este es un ensayo para las elecciones municipales que los partidos derechamente, reprobaron con nota 1”, señaló Álvaro Castañón, director de Fundación Multitudes
Por otra parte, Mario Herrera, investigador del Observatorio Político Electoral de la Universidad Diego Portales, explica que a su juicio hay dos factores que intervienen en las tasas de abstencionismo. El primero es el sistema de voto voluntario que desincentivaría a las personas a ir a votar y, además, como se trata de primarias de partidos políticos, la participación depende en gran medida de la capacidad de movilizar votantes que tenga cada uno de los candidatos.
“La gente quizás no estaba enterada que habían primarias municipales, no sabían si en su comuna había o no habían primarias, se enteraron quizás por la prensa ese mismo día, los medios de comunicación le dedicaron en general una menor cobertura de lo que destinan a procesos eleccionarios más tradicionales”, afirmó el analista.

Voto Obligatorio o cómo esconder la basura bajo la alfombra

La baja participación llevó a distintas voces a plantear la necesidad de reponer el antiguo sistema de voto obligatorio. A propósito de este debate Álvaro Castañón, explicó que si es que los partidos no se movilizan, o no asumen que tienen que salir a cautivar a los ciudadanos con buenas ideas, con buenos motivos para ir a votar, no va a haber participación.
“Yo creo que el voto voluntario en si mismo es una gran herramienta, es un acto de madurez como país, que permite afirmar el derecho de cada uno de elegir a sus representantes y también el legítimo derecho de protesta de no hacerlo”, apunta Castañón,
Además, para el analista el conflicto de fondo radica en las prácticas que cimientan las acciones de los partidos y sus lógicas de estrategia y acción.
“Los partidos siguen en una lógica añeja, donde las estrategias políticas no apuntan a que el ciudadano tome acción. El problema estratégico de la política va mas allá, incluso al punto de que los actos de corrupción también afectan la motivación que uno pueda tener para creer en la política, para creer que algo pueda cambiar. Por lo tanto, llegar y decir que el voto obligatorio es la solución es meter toda la basura debajo de la alfombra, porque ni siquiera hemos hecho el intento de que el voto voluntario funcione, así es asumir una derrota, es asumir que somos un país inmaduro sin ni siquera haber hecho los intentos porque no existe la voluntad política”, sostuvo Catañón.
A juicio de Marta Lagos, Chile no estaba preparado para el voto voluntario: “Fue una ley que se sacó por una transacción. Hubo muchos que pensaron que con esta ley se iban a beneficiar sin tener ninguna evidencia que fuera conducente a esa sospecha, y la ley de voto voluntario lo único que ha hecho es acelerar el abstencionismo”.
Desde la elección municipal de 2012 se ha producido un aumento sostenido de la abstención llegando a un 60 por ciento en la última elección presidencial. Si bien la Presidenta Michelle Bachelet fue electa con 60 por ciento de los votos válidamente emitidos, el porcentaje de la ciudadanía que votó en la segunda vuelta apenas superó el 40 por ciento.
“Es profundamente complejo declarar que la ley fue un fracaso y que vamos a volver al voto obligatorio. El sistema político no puede funcionar al ensayo y error”, señala Lagos.

La democracia en cuestión

Sobre la lectura política del momento actual, la directora de Latinobarómetro señaló que la crisis de la representatividad que atraviesa el país, se debe sobre todo a la forma en que se ha ido construyendo el sistema actual.
“Pese a todo, la conclusión que hacen los señores de los partidos es que los resultados de las primarias no fueron tan malos porque ahora voto más gente que en las primarias tradicionales de 2012 y yo simplemente digo: Dios nos libre de la mediocridad con que se mide la política”. 
FInalmente, Marta Lagos afirmó que el asunto radica en la democracia que hemos construido y en las formas de desigualdad que son transversales a nuestra sociedad.
“Esta es una democracia que no es la democracia que la gente quiere. Aquí se trata de una profunda crítica a la sociedad que hemos construido y a la democracia que tenemos. El sistema político no reacciona ante esa crisis, se justifican, tergiversando los números. Hay una justificación que ignora 10 años de crítica profunda que tiene la sociedad chilena”.

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