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sábado, 3 de junio de 2017

Nueva querella criminal en contra del “general del nunca más”: Acusan a Cheyre de ser el “oficial jefe de torturadores”

03/06/2017 |
Por Mario López M.
La acción judicial en contra del excomandante en jefe del Ejército, complica su situación procesal, pues ya se encuentra procesado y acusado en calidad de cómplice de 15 asesinatos ejecutados por la Caravana de la Muerte.
El libelo fue interpuesto ante la Corte de Apelaciones de La Serena este 20 de mayo y es patrocinado por el abogado Roberto Ávila, el mismo que logró procesar y encarcelar al exalcalde Cristián Labbé también por apremios ilegítimos.

Juan Emilio Cheyre encarnó el rostro de un Ejército que pidió perdón por sus acciones en dictadura. Incluso, designado por el expresidente Sebastián Piñera, escaló a lo más alto de la civilidad democrática, el Servicio Electoral, donde llegó a ser Presidente del Consejo Directivo del Servel.

Del nunca más... a acusado
Como comandante en jefe, efectuó una declaración que remecería al pinochetismo, buscando desligar a su institución castrense del pasado represor: "El Ejército de Chile tomó la dura, pero irreversible decisión de asumir las responsabilidades que como institución le cabe en todos los hechos punibles y moralmente inaceptables del pasado. Además, ha reconocido en reiteradas oportunidades las faltas y delitos cometidos por personal de su directa dependencia; las ha censurado, criticado públicamente y ha cooperado permanentemente con los tribunales de justicia para, en la medida de lo posible, contribuir a la verdad y a la reconciliación", dijo Cheyre, en 2004.

Sin embargo una querella criminal en contra de Pinochet en los 2000, dejó al descubierto la cuestionada participación del propio Cheyre en la entrega de un menor, hijo de dos ejecutados políticos, en un convento de religiosas. Debió dejar la presidencia del Servel, aunque continuó de consejero. Sin embargo más tarde, en 2016, una nueva querella criminal lo involucraría en el caso Caravana de la Muerte y en calidad de cómplice de quince asesinatos.

El rostro del "nunca más" terminó salpicado por los mismos hechos que había intentado hacer olvidar a los chilenos. Sostiene que en aquella época era un joven teniente, el segundo a cargo del regimiento Arica de La Serena y que no tenía mando de tropas. Afirma que está siendo acusado "por hechos que nunca cometí".

"Nunca supe por qué a mí"
Hugo Toledo Pérez, se llama el querellante que acusa a Cheyre de torturas por él sufridas. Según la querella, los hechos se habrían comenzado a desencadenar en Coquimbo, en el mes de marzo de 1972, cuando la víctima entró a trabajar a la empresa Manufacturera de Neumáticos Sociedad Anónima (MANESA), ubicada en esa ciudad. Se encontraba a cargo del laboratorio químico de esa empresa, al momento del golpe de 1973.

Partidario del gobierno de Salvador Allende y militante socialista, recuerda que el 15 de Septiembre del año 1973 cerca de las 10:00 de la mañana "fui sacado violentamente a la fuerza de mi lugar de trabajo, por un pelotón de carabineros. Con armas apuntándome a mi cuerpo, fui obligado a salir del laboratorio y dejado en contra una pared, con las manos en alto. El encargado de la patrulla dio una orden a mi vigilante. ‘Si intenta fugarse ¡Dispara!'. Ese día me encontraba desempeñando mi cargo de jefe de laboratorio químico de la industria, en Tierras Blancas, ciudad de Coquimbo".

Asegura Toledo que en esa oportunidad otros trabajadores de la empresa también fueron detenidos. Desde allí fue llevado "a las afueras del edificio e introducido en un furgón policial. El vehículo se dirigió a un lugar desconocido, al llegar al destino me percato que es una recinto de carabineros, en el centro de la ciudad de Coquimbo. Fuimos sacados rápidamente, dándonos la bienvenida con golpes e introducidos a unas celdas. El interrogatorio comenzó con golpes de puños por todo el cuerpo y amenazas con lanzarnos al mar, en la Pampilla. Todo terminó al anochecer", rememora. En realidad los hechos recién comenzarían.

Del fuego a las brasas
"Desde ese lugar fuimos trasladados hasta el regimiento Arica, en la ciudad de La Serena. El hambre y el frío me eran muy intensos -evoca Toledo-. Deseaba saber pronto los motivos de mi detención y quedar libre después de algún interrogatorio, pues no tenía conciencia de haber hecho nada ilegal. Fui llevado por militares uniformados a un gran salón y colocado contra la pared, con los brazos en alto, al igual que muchos detenidos que no conocía. En la pared colgaban cuadros con rostros de uniformados, esa era nuestra mirada forzada".

En ese lugar denuncia Toledo que fue víctima de un brutal trato: "fue duro y violento contra todos nosotros, se nos acusaba de ser comunistas y llevar al pueblo a esa situación que ellos llamaban de pronunciamiento militar. La culpa era nuestra. Todo termino después de media noche al sacarnos del regimiento y llevados en un furgón de gendarmería hasta la cárcel pública de La Serena". Allí fue incomunicado. Reconoce que el frío, hambre y miedo se apoderaron de él.  En ese lugar compartió desdichas con "mi vecino de celda, Pepe Peñaflor, un conocido periodista de La Serena, Pepe me aconsejo guardar la calma. Allí estaban Jorge Peña Hen, Carlos Alcayaga, el médico Jordán, todos los cuales serían ejecutados más tarde por la Caravana de la Muerte".

A pesar de estar incomunicado tres días, estos se hicieron interminables para él. Terminado su aislamiento, fue llevado a la presencia del "juez fiscal mayor de carabineros Manuel Cazanga", quien lo citó a declarar a la Fiscalía militar que se encontraba dentro del Regimiento Arica en La Serena. Después de la declaración fue enviado al colectivo número 2 de la cárcel de la Serena. La razón de su detención recién la pudo conocer, y lo dejó perplejo: "Fui acusado de hacer bombas para el 29 de junio, (para) ‘el tanquetazo'. Se trató de un movimiento militar previo al 11 de septiembre de 1973 en Santiago y que fuera sofocado por el entonces comandante en jefe del Ejército, general Carlos Prats.

Nueva pesadilla
"Yo me encontraba en un curso en Santiago, por lo que la acusación era totalmente falsa, no tuve participación alguna en lo que pudiere haber ocurrido en La Serena. Esta acusación devenía de una perversa y delirante asociación de ideas de mi actividad como químico. Nunca me señalaron días, lugares o personas que me hubieran imputado esta fabricación de bombas, era simplemente un suposición a partir de la cual fui encarcelado, torturado y estuve a punto de ser fusilado", señala Toledo. Fue dejado en libertad el día 4 de octubre del año 1973.

En realidad solo fue un lapso de libertad, pues el 18 de octubre a eso de las siete de la mañana fue nuevamente detenido, esta vez por la policía de Investigaciones que lo aprehendió en su casa. La diferencia es que no fue golpeado como sucedió con carabineros, según la querella. De Investigaciones fue derivado nuevamente al regimiento Arica de La Serena.

"Nos dejaron en la guardia del regimiento, al poco rato el personal militar uniformado me vendó la vista y fui llevado a mi primer interrogatorio con golpes y amarrado en mis muñecas, para ser colgado por un cordel, los golpes eran por saber de armas y grupos de combate, ya no era un fabricante de explosivos sino un jefe guerrillero. Nunca pude decirles nada pues nada había y mis compañeros socialistas estaban todos presos conmigo. Esta sesión de torturas duró alrededor de dos horas. Al atardecer fui retornado al colectivo 2 de la cárcel de La Serena. Sentía dolores intensos en todo mi cuerpo que no me dejaron dormir prácticamente en toda la noche". Según Toledo, Cheyre sería el "oficial jefe de los torturadores".

"En el cielo serán juzgados"
La frase se la asigna el querellante al entonces vicario castrense del regimiento Arica. Estado detenido pidió hablar con él: "El prelado había realizado mi matrimonio por la iglesia. El acudió a mi requerimiento. Le mostré mi cuerpo lleno de moretones y rastros evidentes de tortura. La respuesta del cura fue ‘En el cielo serán juzgados'". Los apremios continuarían. Se le negaba acceder a un abogado, recuerda que su entonces suegra "se contactó con la madre del abogado Miguel Bauzá para defender mi causa. El abogado me visito, siéndole imposible asumir la defensa de mi caso por cuanto se le señaló que por estar en manos del SIM (Servicio de Inteligencia Militar) el proceso era secreto y no correspondía intervención de un abogado".

"Tengo la impresión que alguien revisó mi acusación anterior como hacedor de bombas y no compartió la idea que se me hubiere dejado en libertad con (una) acusación tan grave y por eso me fueron a buscar nuevamente, ahora bajo acusación de (ser) jefe de (un) grupo armado, pero al igual que la vez anterior era una acusación que flotaba en el aire, no se me confrontaba con ningún antecedente". Eso no fue óbice para torturarlo.

"Se nos fue"...
Uno de los momentos más duros aconteció en una sesión de torturas: "fui llevado a una pieza, amarrado por las muñecas con los brazos atrás, por entremedio de los brazos cruzaba un fierro, con la vista vendada. Subí a un piso para sentarse y luego (fui) colgado, el dolor en los brazos y muñecas fue horrendo. Al colgarme uno me pegaba con un palo grueso por la espalda, al tratar de encogerme, otro me pegaba en el pecho. Las preguntas por armas ya eran muy esporádicas, simplemente se golpeaba por hacer sufrir, era evidente que nuestros torturadores habían llegado (a) la convicción que no teníamos armas y que nunca las habíamos tenido. Por mi mente vino algo espontaneo. Deje mi cuerpo caerse totalmente. Uno de los torturadores dijo ‘Se nos fue'". Eso detuvo las torturas.

Un soldado amigo, la intervención de un familiar y Lapostol, detuvieron la barbarie: "En la madrugada del 8 de diciembre nos sacan de la celda al amanecer, desde el primer momento pensé que era el último día de mi vida. Al estar con la vista vendada se acerca una persona y me pregunta el motivo de mi detención. Mi respuesta fue que no lo sabía. Era Juan Campusano un suboficial del regimiento, amigo y dueño de una residencial donde yo había vivido, en la época de estudiante. Me dice: ‘Dile al suboficial Vallejos que somos amigos'. El tal Vallejos era uno de los torturadores. Cuando le dije esto al suboficial Vallejos los golpes con el fusil no se dejaron esperar. Estaba enfurecido. ‘Yo no soy Vallejos. Hijo de puta'. Este día fui liberado sin mayores explicaciones", recuerda.

Toledo relata que durante el tiempo en que estuvo privado de libertad, "hubo una fiesta del Rotary en la cual estaba presente el comandante del regimiento Ariosto Lapostol Orrego, quien le prometió a mi cuñada de ese entonces Flora Inés Castro Rojas, de no torturarme ni fusilarme". La promesa se cumplió, pero debió salir al exilio. El querellante asegura que antes, un religioso argentino que lo visitó en la cárcel, le confidenció que su nombre aparecía en la lista de los "citados" el 16 de octubre por Arellano Stark y que  este "se enfureció por no estar yo en el regimiento. Desde ese día, estoy viviendo cada día como un regalo, pues se hicieron fusilamientos masivos en el regimiento", recuerda.

La Cruz Roja Internacional verifico las torturas, se establece en la querella. "En esa época estaba a cargo del regimiento, el comandante Ariosto Lapostol Orrego y el oficial jefe de torturadores era Juan Emilio Cheyre, que luego sería Comandante en Jefe del Ejército y que está actualmente procesado por el caso Caravana de la Muerte, que consistió (en) fusilamientos ilegales en varias ciudades del país cometidos por el general Sergio Arellano Stark", asegura Toledo.

Las otras aristas de Cheyre
Tras el golpe de 1973, un matrimonio conformado por el argentino Bernardo Lejderman y la mexicana María Ávalos, fue brutalmente asesinado y luego dinamitados por militares en la ciudad de Vicuña. El hijo sobreviviente de la pareja, Ernesto Lejderman Ávalos, de dos años, fue llevado al Regimiento Arica, que comandaba Ariosto Lapostol y a quien secundaba Juan Emilio Cheyre. Este último fue el encargado de entregar al menor al convento Casa de la Providencia, de la ciudad de La Serena, donde fue cuidado para luego ser entregado a su familia en la Argentina.

Ernesto Lejderman se querelló en 2000 por el asesinato de sus padres. Esa acción judicial puso en el tapete la participación de Cheyre en los hechos que recién se conocieron en 2003. Los tribunales le citaron a declarar en calidad de testigo, pero no consideraron a Cheyre responsable por el homicidio de los Lejderman Ávalos. Un cara a cara televisivo en 2013 de Lejderman con Cheyre, provocó al día siguiente la renuncia del retirado general a la presidencia del Consejo del Servel.

Su salida del Consejo del Servel la provocaría otro caso, aquel que lo tiene ad portas de una eventual condena por complicidad en 15 crímenes, en el marco de la llamada Caravana de la Muerte. El juez Mario Carroza ya dictó acusación en contra de Cheyre y otros ocho ex uniformados: Se le acusa de ser cómplice de los homicidios y secuestros en el regimiento Arica, en La Serena, el 16 de octubre de 1973. En dicha causa fue privado de libertad provisionalmente por una semana, en que permaneció en el batallón de la Policía militar de Peñalolén. Obtuvo la libertad bajo fianza, a la espera de ser condenado o absuelto.

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