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sábado, 22 de julio de 2017

Las heridas abiertas de la Operación Colombo, el montaje con que la dictadura encubrió el asesinato de 119 personas

Las heridas abiertas de la Operación Colombo, el montaje con que la dictadura encubrió el asesinato de 119 personas


A 42 años del montaje de inteligencia militar de dos países realizada en julio 1975, conocido como Operación Colombo, aún quedan aspectos fundamentales sin aclarar. La periodista Maxine Lowy, autora del libro "Memoria Latente" (Lom Editores) repasa las deudas que la justicia tiene con las víctimas y familiares de este operativo transnacional.

Por Maxine Lowy / 22.07.2017
En vísperas del año nuevo de 1975, el estudiante de Sociología y socialista Jaime Robotham caminaba con su amigo Claudio Thauby por el barrio capitalino de Providencia, cuando agentes de la policía represiva DINA que circulaban en un auto los vieron, los detuvieron violentamente y se los llevaron. Sin embargo, en julio de 1975 aparecieron en la ciudad argentina de Pilar dos cuerpos quemados acompañados por cédulas de identidad chilenas, una con nombre de Jaime.
El hallazgo de los cuerpos en Pilar era la primera etapa de un montaje coludido entre la inteligencia militar argentina y chilena llamado Operación Colombo, que en estos días se cumplan 42 años. Hoy la familia de Jaime llama a investigar aspectos fundamentales que aún quedan sin aclarar.
En 1975, cuando la condena internacional aislaba a Chile y dentro del país los defensores de las víctimas entendían mejor cómo funcionaba la represión, la dictadura de Augusto Pinochet elaboró un plan para desmentir la práctica de desaparición forzosa. Pero el plan fue tan torpe que terminó apuntando directamente a quienes lo idearon.
La Operación Colombo capitalizaba en la presencia de miles de chilenos refugiados en Argentina, quienes al llegar fueron aconsejados hacerse pasar por mendocinos, dado que se decía que los chilenos eran terroristas. Por tanto, era plausible que chilenos se encontraran en Argentina. También sirvió para fortalecer el trabajo conjunto que los militares chilenos y argentinos venían haciendo desde el asesinato en septiembre de 1974 del ex comandante en Jefe del Ejército Carlos Prats y su esposa Sofía Cuthbert en Palermo, y que se sellaría con la formalización de Operación Cóndor diez meses después.
El 16 de abril 1975, en un estacionamiento de la calle Sarmiento de Buenos Aires, fue descubierto un cuerpo mutilado, acompañado por una cédula de identidad intacta, correspondiente a David Silberman, ingeniero civil chileno visto en el recinto de calle José Domingo Cañas en octubre de 1974. Luego, el 11 julio del mismo año, en calle Chile de la ciudad de Pilar, fueron descubiertos en un auto dos cuerpos quemados, acompañados por cédulas de identidad correspondientes a los chilenos Jaime Robotham, y el arquitecto Luis Guendelman, ambos detenidos y desaparecidos desde 1974. El 19 de julio se repitió con el hallazgo de un cuarto cuerpo, en las mismas condiciones, esta vez con cédula supuestamente del ingeniero químico chileno Juan Carlos Perelman, detenido el 2 de febrero 1975 también en Santiago y visto en Villa Grimaldi.
Entre tanto, el día 15 de julio apareció en los quioscos de Buenos Aires “LEA”, revista de un solo número, que resaltaba un listado de 60 chilenos quienes habrían sido asesinado en el extranjero en un ajuste de cuentas entre la izquierda. El 24 de julio apareció en los quioscos de Brasil otro diario de un sólo número, “Novo O Día”, con un listado de 59 chilenos más, “muertos en enfrentamientos con fuerzas argentinas cerca de Salta.” Entre ambos se sumaba una “Lista de 119,” ampliamente difundida por la prensa.
En 2005, el juez de la Corte de Apelaciones de Santiago Víctor Montiglio procesó a Augusto Pinochet por la Operación Colombo. En 2008, el mismo magistrado procesó a 98 jerarcas y ex agentes de la policía secreta DINA por 60 víctimas cuyos nombres figuraban en la lista de 119 detenidos. Se comprobó las circunstancias de sus detenciones: todos estaban secuestrados en los recintos clandestinos de detención, los “chupaderos” de Londres 38, José Domingo Cañas, Irán y Villa Grimaldi, conocidos por sus denominaciones militares Yucatán, Ollagüe, Tacora y Terranova, respectivamente. Por ende, se comprobaba que no estuvieron en Argentina. También se comprobó la participación de agentes de la DINA, quienes confeccionaron las listas de nombres y cédulas de identificación falsas.
Sin embargo, la suplantación de las identidades y los cuatro cuerpos, etapa previa a la Lista de 119, no se ha investigado.

Los familiares de Silberman, Robotham, Guendelman y Perelman llevaban tiempo buscando el paradero de ellos y se vieron obligados a viajar a Buenos Aires a enfrentarse con la espantosa escena de un cuerpo carbonizado. A pesar de la desfiguración de los cadáveres, los familiares constataron que no correspondían a quienes buscaban incansablemente. La orquestación se auto-incriminó también debido a los apellidos y nombres en las cédulas de identidad mal deletreadas, con firmas que no correspondían y fotografías antiguas.
En febrero de 1975, detectives fueron al domicilio de los Robotham en Santiago pidiendo una foto de Jaime, quien ya llevaba más de un mes detenido sin que su familia conociera su paradero. (gracias a las declaraciones judiciales de sobrevivientes de Villa Grimaldi, hoy se sabe que en ese momento Jaime estuvo en ese recinto de la DINA hasta ese mismo mes de febrero; de allí se le pierde todo rastro). Se les entregó la única foto que encontraron, una de Jaime de cuando era niño. Cuatro meses más tarde, esa misma foto apareció pegada a la cédula de identidad al lado de uno de los cuerpos hallados en Pilar, Argentina.
Una carta de la Fiscalía del Ministerio Público de Buenos Aires, con fecha 16 de septiembre de 2015, en el marco del proceso “Videla Jorge Rafael y otros S/Privación Ilegal de la Libertad”, indica “herida de bala en el cráneo” como la causa de muerte de los cuerpos acompañados por carnets de identidad con los nombres de Jaime Robotham y Luis Guendelman. Señala además: “Las defunciones… fueron inhumados como NN en el Cementerio Municipal de Pilar del día 23 de julio de 1975 por orden policial, y fueron ubicados en el sector 13, sepultura nro. 50 siendo sus restos posteriormente trasladados al osario general”.
Once días después de su hallazgo, los cuerpos fueron enterrados sin ninguna investigación y sin saber quiénes eran ni las circunstancias reales de sus muertes. Pero hay antecedentes, incluso huellas digitales, de por lo menos una de las víctimas encontradas en el auto en Pilar, según oficiales argentinos.
Jorge Robotham
Jorge Robotham, hermano mayor de Jaime, llama a las autoridades judiciales argentinas a investigar las identidades de los cuerpos y las muertes de las cuatro personas. Reflexionando sobre los hechos cuatro décadas después, piensa que el trauma de enfrentar el espeluznante espectáculo de un cuerpo quemado no se prestaba para una determinación fidedigna, por lo menos en el caso del cuerpo asociado con el nombre de su hermano Jaime. Piensa que una investigación argentina puede arrojar mayor información sobre cómo se organizó el montaje.
Simón Guendelman es hermano mayor del arquitecto Luis Guendelman, secuestrado el 4 de septiembre de 1974 en Santiago. Cuando supo que su madre y cuñada descartaron que el otro cuerpo hallado en Pilar pertenecía a Luis, él se preguntó inmediatamente: “¿si no es Lucho, entonces quién es? ¿Y quién será la familia que igual que nosotros busca su ser querido?”.
Eso Jorge Robotham también espera saber. Jaime era el menor de seis hermanos y ocho años menor que Jorge. “Que me iba interesar lo que hacía un cabro chico”, se ríe. Ese “cabro” tendría hoy 66 años. Más de cuatro décadas después, perseguir justicia por su hermano constituye el eje central de su vida.
*Maxine Lowy es periodista y traductora. Vive y trabaja en Santiago de Chile. En 2016 publicó el libro “Memoria latente” (Lom Editores)

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