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sábado, 1 de julio de 2017

SOLA SIERRA HENRÍQUEZ

SÁBADO 01 DE JULIO 2017

Mercè Rivas Torres
Autora del texto.
A 18 AÑOS DE SU FALLECIMIENTO.
Autora del texto“La búsqueda de osamentas nos producen contradicciones, angustia y también alivio por haberlos encontrado y de nuevo angustia” CHILE, 1935-1999 Nació en una familia modesta de doce hermanos. Su madre, Ángela Henríquez costurera, sobrevivió a la masacre de la Escuela Santa María de Iquique (una matanza ocurrida en 1907, debido a la violenta represión de las movilizaciones de trabajadores del salitre en protesta por sus indignas condiciones de trabajo). Su marido fue un detenido desaparecido de la dictadura del general Pinochet. Fue la Presidenta de la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos durante la dictadura del General Pinochet.
Cursó hasta tercer año de Humanidades en el Liceo Darío Salas, pero lo tuvo que abandonar por motivos económicos. Casada y con tres hijos, comenzó su trabajo social en La Serena, donde participó en organizaciones de mujeres. Desde muy temprana edad, Sola se integró a las luchas sociales. A los 19 años ingresó en las Juventudes Comunistas.
“Desde que mi marido desapareció, no he descansado”, declaraba pocos días antes de fallecer. “Se puede vivir con ese dolor permanente porque me resulta difícil llorar”. Sin embargo su trabajo incansable fue recompensado con todo tipo de premios dedicados a los derechos humanos.
A pesar de su fortaleza interna y su tenacidad opinaba que quizás su postura era un mecanismo de defensa, una manera de protegerse.”Si me quiebro, se quiebran todos, no puedo fallar”, añadía. Se sentía culpable de haber dedicado poco tiempo a sus hijos aunque se consolaba pensando que ellos lo entendieron. “Otros hijos de desaparecidos”, comentaba, “se quejaban no sólo de haber perdido al padre sino también a la madre que se entregó a la causa de buscar y buscar”.
Nieta, hija y esposa de luchadores, nunca pudo superar la desaparición de su marido. “Todavía imagino que algún día golpeará a la puerta y llegará. A veces fantaseo con que está en una cárcel secreta y que lo pueden soltar”.
Seria, bajita y gesticulando constantemente sus grandes manos, afirmaba pocos días antes de entrar en el quirófano donde falleció: “Nunca me he cansado de luchar y lo hago todos los días para que este país cambie. Esta nación está enferma”.
Sus padres decidieron ponerle el nombre de Sola, ya que a su madre no le dio tiempo a trasladarse al hospital y al llegar su padre a casa gritó: “Ha nacido solita” y con ese nombre se quedó. Pero ese hecho no la condicionó en su vida de lucha constante. Tras desaparecer su marido tuvo que cambiar de casa y de barrio más de 19 veces a causa de las amenazas. Pero a pesar de su coraje, su rostro cambiaba cuando hablaba de la búsqueda de fosas donde fueron enterrados los desaparecidos. “En el tema de búsqueda de osamentas, se nos producen contradicciones, siento mucha angustia, también alivio por haberlos encontrado y de nuevo angustia”.
Siempre con su cabello corto característico, se lo estaba cortando cuando le anunciaron la detención de su marido y ya nunca más cambió de imagen. Sólo vivió para la lucha. “Siento impotencia de no poder hacer algo más para que cambie la situación que se vive en Chile respecto a los derechos humanos. Tenemos que poner a cada uno en su sitio, el criminal es el criminal, la víctima es la víctima y hacia ello tenemos que apuntar. La vida tiene que ser para todos igual”.
Después del golpe militar de 1973, Sola empezó a trabajar con los familiares de los detenidos, visitando cárceles y estadios. Después de la detención de su esposo, ocurrida el 15 de diciembre de 1976, por agentes de la Dirección Nacional de Inteligencia (DINA), se incorporó a la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos (AFDD) y desde ese día no dejó de denunciar lo que estaba ocurriendo. Con ocasión de la realización del Simposio Internacional por los Derechos Humanos, organizado por la Iglesia Católica en noviembre de 1978 en Chile, intervino en nombre de todos los familiares de las víctimas frente a representantes de organismos internacionales.
Reelegida presidenta de la Agrupación en cinco ocasiones, formó parte del grupo que creó la Comisión Chilena de Derechos Humanos, del Comité por la Vida, la Verdad y la Justicia y trabajó también con la organización Mujeres por la Vida. “La actividad más importante de la Agrupación fue en 1976 cuando mantuvimos una huelga de hambre durante 10 días en la CEPAL (Comisión Económica para América Latina y Caribe) para denunciar la situación de los detenidos desaparecidos”, recordaba siempre Sola. Dicha huelga finalizó tras la intervención de Naciones Unidas.
En abril de 1987 fue recibida por Juan Pablo II en su viaje a Chile y le entregó un libro con los rostros de los detenidos desaparecidos. Era tan grande su carisma que cuando los familiares de un detenido acudían a la agrupación, los familiares la tomaban de la mano y le decían: “Sé que tu vas a encontrar a mi hijo”. “En ese momento”, reflexionaba Sola, “se siente tanto dolor, tanta responsabilidad”.
En 1988 integró el Comité Ejecutivo de la Federecación Latinoamericana de Familiares Detenidos y Desaparecidos (FEDEFAM), siendo encargada de las Relaciones Internacionales, lo que le permitió representar a la Federación en Naciones Unidas, en Nueva York así como en otras muchas ciudades europeas.
Participó junto con el cantante Sting y otros artistas en los conciertos que Amnistía Internacional realizó en las ciudades de Mendoza y Santiago de Chile y planteó sus reivindicaciones a personajes como Felipe González o Edward Kennedy.
En septiembre de 1997 declaró en la Audiencia Nacional en la investigación que se llevaba en España contra Augusto Pinochet así como en la Cámara de los Comunes de Londres. Esa fue quizás una de sus mayores satisfacciones antes de fallecer. “Cuando nos llegó la noticia de que Pinochet había sido detenido en Londres por orden del juez Garzón no nos lo podíamos creer. Nos vino a la memoria el rostro de cada uno de nuestros seres queridos. Esos rostros nos decían que la constancia y la perseverancia de nuestra lucha estaba dando frutos” recordaba en Barcelona al recibir el Premio Alfons Comín.
Pensando en ese Pinochet detenido, Sola declaraba solemnemente: “Por fin será reconocido ante el mundo como el criminal que llegó al poder a base de sangre y fuego para imponer un régimen dictatorial, que asesinó, torturó y secuestró. No tenemos un sentimiento de venganza sino de que nuestra lucha no ha sido inútil. En nuestro país se cometieron delitos contra la humanidad y hay que trabajar para que no se vuelvan a repetir”.
Tras desaparecer Sola, su hija Lorena Pizarro pasó a dirigir la Agrupación de Desaparecidos. Al tomar posesión comentaba: “Es una gran responsabilidad para mí seguir con el legado de mi madre porque yo me crié en esta Agrupación. Mi papá desapareció cuando yo tenía diez años, crecí aquí y me casé con el hijo de otro desaparecido. Toda mi vida ha girado en torno a esta lucha”.
CLAVES PARA ILUSTRACIÓN
- “La búsqueda de osamentas nos producen contradicciones, angustia y también alivio por haberlos encontrado y de nuevo angustia”
- “No tenemos un sentimiento de venganza sino de que nuestra lucha no ha sido inútil. En nuestro país se cometieron delitos contra la humanidad y hay que trabajar para que no se vuelvan a repetir”
FUENTES
Contexto histórico de Chile e información sobre derechos humanos
Web de la Agrupación de Familiares de Detenidos y Desaparecidos
Página web del Centro de Derechos Humanos
Datos aportados por Elisabeth Lira. Chile
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