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jueves, 12 de diciembre de 2013

Las redes e influencia de uno de los personeros PS más transversales de la Nueva Mayoría

Las siete vidas de Ricardo Solari

Sebastián Edwards lo promovió públicamente para ministro del Interior. Andrés Oppenheimer lo cita en El País de España. Miguel Crispi lo destaca por su postura flexible y sin ambiciones de poder respecto al movimiento social. Integra jurados de conspicuos premios empresariales y en su partido se dice que si se tira por una ventana, hay que seguirlo, pues siempre cae parado. Un hombre clave para entender la transición que, dicen, actualmente sólo estaría interesado en la presidencia del directorio de TVN. Este es su perfil político.

A pocos días de la segunda vuelta presidencial y, por lo tanto, de la posterior definición de cargos para el siguiente periodo de gobierno, justo apareció mencionado en La Tercera y El País  de España, el PS Ricardo Solari. Dos plataformas que están lejos de apuntar a la opinión pública general y que tienen como objetivo, precisamente, los pasillos del poder, esos lugares donde la influencia lo es todo. Una arena donde el personero socialista se mueve a sus anchas.
“El ministro del Interior es el jefe del gabinete. Eso todo el mundo lo sabe o debiera saberlo. Debe tener estatura, experiencia, llegada en el Parlamento, facilidad de comunicación y mucha cintura política (…) Mi nombre para esta posición es Ricardo Solari. Simpático, hábil, leal hasta lo imposible, inteligente como el que más, gran analista político, con amigos en todas partes y sin otra ambición que la de servir a su patria”, rezaba la columna de Sebastián Edwards en La Tercera del fin de semana, donde no escatimó alabanzas para el ex ministro del Trabajo de Lagos.
Por esos días, pero desde El País  de España, Andrés Oppenheimer hablaba de las posibilidades reales de que se produzca un cambio de modelo en Chile en los próximos cuatro años, contexto en que citó al ex ministro. “’En política exterior, el actual gobierno (de Piñera) nos ha aislado de Latinoamérica’, me dijo esta semana Ricardo Solari, uno de los colaboradores más cercanos de Bachelet. ‘Nuestra prioridad será fortalecer las relaciones con Argentina y reanudar nuestros vínculos con el continente, que son muy importantes para nosotros (…)’ coincidió en que ‘lo único que pone en riesgo el modelo chileno es no hacer cambios (…) tal como dice Solari, algunas de sus reformas serán necesarias para preservar el modelo chileno”.
En el entorno de Solari se dice que la mención de Edwards no fue acertada, que fue “tonta”, porque es sabido que cualquier nombre que sale en prensa como posible ministeriable de Bachelet finalmente no es considerado, por tanto, agregan que si el columnista –que tiene una relación social con Solari– quiso ayudarlo, en realidad le hizo un flaco favor.
Más allá de eso, no es gratuito que el nombre de Solari salga a la palestra, porque si bien en estos momentos no tiene cargos de primera línea en el PS ni en el comando de Bachelet y difícilmente –dicen en la Nueva Mayoría– esté en el gabinete del próximo gobierno, es una figura relevante, que influye, de peso específico, que no requiere estar en el primer plano de la foto del poder para ejercer influencia, pues es de esos políticos a “los que siempre se escucha”.
Fue clave en la campaña del NO el 88, y de ahí saltó a la Subsecretaría del Ministerio Secretaría General de la Presidencia durante los cuatro años del gobierno de Patricio Aylwin, siendo nada menos que número dos de Edgardo Boeninger, la materia gris de la transición y el hombre de la Concertación más respetado por la derecha. Luego asumió como director de Banco Estado en el de Eduardo Frei Ruiz-Tagle, ministro de Trabajo bajo la administración de Ricardo Lagos y, en la campaña de Bachelet el 2005, fue clave en el comando hasta la primera vuelta.  No fue llamado a ser parte de dicho gobierno, estuvo en la dirigencia del PS y participó en el Consejo Asesor Presidencial sobre Trabajo y Equidad.


Desde esos años ya dejó en evidencia una de las características que transversalmente le reconocen en el mundo político al “chico” Solari: su capacidad de reinventarse.
Economista de profesión, al alero de Flacso estudió Ciencias Sociales. Dicen que hace asesorías, consultorías, pero no lobby, que no está amarrado a nadie, aunque en el PS varios le atribuyen ese papel. Trabaja solo, comentan que está cambiando su oficina al Parque Forestal y su fuerte está en prestar servicios a nivel internacional a países como El Salvador y Honduras al alero del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) o a Ecuador en la promoción de inversiones.
“Hace consultorías, asesorías, no está al nivel de Enrique Correa, tiene más libertad que este, no es millonario como Eugenio Tironi”, recalcan en el PS. Conoce gente y ha prestado servicios en el mundo de la minería, algunos dicen que ha hecho consultorías externas a Barrick Gold, aunque son más los que desmienten su vínculo con la empresa del cuestionado proyecto de Pascua Lama. Sucede que Solari tiene un hermano, Jaime, que tiene una consultora medioambiental que “atiende a moros y cristianos” y eso, recalcan, produce la confusión.
Fue parte del directorio de la empresa de buses Alsacia que presta servicios al Transantiago, pero renunció durante el gobierno de Bachelet cuando comenzó a recibir subsidio estatal.

LA MITICA FRASE

“Si el ‘chico’ Solari se tira por la ventana, síguelo, porque seguro cae parado”, es una frase que en las últimas dos décadas se ha escuchado muchas veces en el PS, que todos conocen, que cuando se menciona en el partido se ríen a carcajadas, precisamente porque dicen –cuando dejan de reír– que es cierto, que es “proverbial”, que lo refleja de pies a cabeza, porque aunque en un minuto a muchos les parezca extraño lo que hace, al final del día no se equivoca.
“Eso de caer parado tiene una connotación de que es oportunista, lo que no es real, sucede que él ve las oportunidades mucho antes que el resto y eso implica arriesgarse, lo hizo con el NO, con la candidatura de Aylwin, con su gobierno, con la primera campaña de Bachelet”, recalcan desde el tercerismo, la corriente interna del PS de la cual Solari ha sido uno de sus principales exponentes.
En su entorno reconocen que eso hace muchas veces que sus posiciones políticas sean polémicas, otros en el PS incluso las consideran “flexibles”, pero lo que sí es unánime es que es el reflejo de una de sus cualidades políticas más reconocidas en el mundo político, su capacidad de anticiparse, lo que en política muchas veces vale oro para sobrevivir e influir.
Esa misma habilidad fue la que aplicó para levantarse como uno de los constructores de los acuerdos de la transición democrática, no hay que olvidar –relatan en el PS– que fue él quien, en el debut de la década del 90, desplazó el sector renovado del socialismo que llevaba el entendimiento con la DC, fue de los primeros que apostó sus fichas a la candidatura de Patricio Aylwin, negoció directamente y eso lo instaló a la diestra de Boeninger.
Lo mismo el 2011, cuando parte del establishment político crujía ante las semanales marchas del movimiento estudiantil. Solari fue uno de los primeros en reconocer públicamente que no había que temerle a los cambios de fondo de las reglas del juego institucional, sino que había que saber administrar ese cambio.
El dirigente de Revolución Democrática, Miguel Crispi, le reconoce a Solari precisamente ese olfato. “Leí columnas de él donde tenía una mirada diferente de los movimientos sociales, no los veía como una amenaza. Hay sectores que creen que éstos les quitan poder, Solari no, su ojo político lo hace ver de manera diferente”.
En agosto y septiembre de ese año, en La Segunda, el dirigente PS dejó plasmada su habilidad para sintonizar con el fenómeno que se instalaba y que dos años después terminó marcando en gran medida la agenda de esta campaña presidencial. “La larga marcha de la Confech y de los estudiantes secundarios, demandando educación gratuita y de calidad, ha provocado una transformación profunda en la agenda pública y ha marcado el inicio de un nuevo ciclo en el país (…) Se debe agradecer a los líderes estudiantiles la consistencia y claridad de sus mensajes, el coraje para defenderlos y la persistencia en su voluntad intransable de modificar la realidad”.
En otra columna esos días planteó que “es razonable dudar de que la actual realidad institucional permita avanzar en la construcción de una educación pública de acceso universal y máxima calidad (…)  Hoy la demanda por una educación pública es indisociable de la exigencia de aumentar el poder de la ciudadanía. Sean cuales fueren las opciones que se avizoren, es difícil pensar en una reforma educativa que no esté acompañada de reformas políticas”.
Y, también advertía ya, que “es claro que un cambio en la educación es necesario. Y es evidente que este proceso debe pasar por el Parlamento, pero respecto de su dirección se deberá escuchar atentamente a los actores sociales”.
Solari posteriormente negociaría por la Concertación la primaria municipal de la oposición en Providencia, que terminaría con la histórica derrota de Cristián Labbé a manos de Josefa Errázuriz, apoyada inicialmente por RD, entre otros movimientos ciudadanos.
En estas más de dos décadas ese “realismo político” ha sido casi un sello de Solari. Quienes lo conocen por años recalcan que ese pragmatismo se expresa, en el plano político, en que pocas veces actúa realmente por lo que quiere, sino que “supeditado a lo que es”, a lo que hay.
Precisamente eso le ha ayudado a ganarse la fama de estar siempre al lado del poder, que su opinión sea escuchada, considerada, porque –añaden– más allá de las críticas que le hagan, uno de sus aciertos es “su habilidad en la construcción de situaciones y operación política tras bambalinas”.
Es que en el mundo político coinciden en que sabe moverse bien en la dimensión pública y en la trastienda de la política, aunque reconocen que le gusta más la segunda, eso de “tener siempre sus cartas ocultas”.
Nadie discute su buen trato con la gente. Dicen que es irónico, otros lo ven con una actitud “descreída”, pero todos dicen que es asertivo. Agregan que es de los que destaca por entender de encuestas, de publicidad en su nivel fino, de rating y televisión.

LA BISAGRA TERCERISTA

Hace rato que se comenta en el entorno del comando presidencial de Bachelet y del PS que existe una pugna, una tensión entre Solari y el vocero de la campaña, Álvaro Elizalde. Que el trasfondo es el liderazgo del tercerismo y el gallito por cuál de los dos se instala como “el” socialista de la abanderada en La Moneda.
Se agrega que Elizalde está legitimado internamente en el PS, que tiene los votos de las bases y que, en cuanto al próximo gobierno, le ha sabido tomar el pulso a Bachelet, especialmente en eso de no tener agenda propia, una autonomía que ya le pesó en el pasado a Solari ante los ojos de la candidata.
En la campaña del 2005 fue uno de los hombres clave del comando, jugó un rol central en la campaña, que trabajó para ser “el gran articulador político” de dicho gobierno, pero a la hora de los nombramientos, Bachelet lo dejó fuera del gabinete. Dicen que le pasó la cuenta su excesiva “autonomía”, otros agregan que pecó de “excesivo protagonismo” y hay quienes acotan que se transformó en una suerte de freno al defender sus posiciones.
Es sabido y reconocido en privado que su papel hoy en el comando de Avenida Italia no es el de hace ocho años, que su “sintonía” con la abanderada no es la de antes, que es parte de la campaña, que ayudó en la franja, en definiciones estratégicas, pero que claramente es Elizalde quien “tiene una posición más prominente”.
Pero desde el tercerismo son varios los que descartan la pugna entre Solari y Elizalde, la consideran versiones interesadas de las otras tendencias del PS para neutralizarlos, ante la evidente división de la Nueva Izquierda. Es más, destacan que la corriente “ha hecho una buena transición generacional” de sus liderazgos internos.
Añaden que tienen una buena relación, que incluso entre ambos han comentado estas versiones, que trabajaron juntos la campaña municipal. Además, dicen que Solari no se ha mostrado muy interesado tampoco en estar en la primera fila del próximo gobierno, que “no tiene la disposición” para ello e, incluso, que “duda” que realmente lo llamen para el gabinete y evita hablar del tema.
Una de las características del tercerismo es que, sin tener grandes votaciones, tiene poder y su fuerza está en saber negociar, mediar. Bajo esa premisa, destacan que Solari es el reflejo fiel de su corriente y que a estas alturas pasó de ser uno de sus mentores a tener un rol más de “factótum” de su sector.

REDES, MEDIOS, EMPRESARIOS

Sus amigos destacan que con él se puede hablar de muchas más cosas que de política, pasando desde el arte, la música y la literatura, hasta cualquier aspecto de la cultura hipster. Está vinculado de hecho a ese mundo, en parte por su segunda esposa, Milena Vodanovic, directora de revista Paula. Sus hijos van al Santiago College, uno de los colegios de elite más exclusivos.
Es columnista permanente del vespertino La Segunda, es un antiguo amigo de la madre de la abanderada, Ángela Jeria, con quien almuerza cada cierto tiempo, un vínculo que viene desde la década del 80.
Amigo desde el colegio de Marco de Aguirre; y por añadidura de uno de los zares de la televisión, Jaime, con quien trabajó algunas campañas políticas. También es cercano al periodista y marido de Eva Gómez, Pablo Morales, actualmente ejecutivo número dos de Chilevisión, canal que parte su noticiero central con un bloque de crónica roja y lidera el género de la farándula. De hecho, se comenta en la industria de la TV que la verdadera apuesta de Solari sería la Presidencia del Directorio de TVN vendiéndose como dupla con Morales para la dirección ejecutiva de la estación pública. La promoción de Morales para ese cargo en el Comando de Avenida Italia ya ha trascendido a la prensa y vendría desde diversos sectores, incluidos algunos personeros del girardismo.
En Flacso, Solari fue alumno Manuel Antonio Garretón. Hizo una investigación con el reconocido académico Eduardo Valenzuela y mientras estuvo en el Mintrab también cosechó una buena relación con la hoy senadora DC, Ximena Rincón.
“Sabe aprovechar bien las redes que tiene”, comentan desde el PS y, por lo mismo, agregan que sabe “venderse bien ante los medios de comunicación”, no por tener necesariamente cargos rimbombantes, sino que gracias a saber administrar la información que maneja, lo que lo hace influyente. Desde esa cartera también forjó buenas redes en el empresariado. Solari es miembro del jurado del Premio Carlos Vial Espantoso, que cada año distingue a una empresa por sus buenas relaciones con los trabajadores. “Lo integramos porque fue ministro del Trabajo y apoyó siempre nuestra labor. Fue el primer ministro en entregar el premio a la empresa ganadora. El Ministerio fiscaliza, pero también promueve las buenas prácticas laborales, al igual que nosotros”, dice Isabel Vial, directora ejecutiva de la fundación que cumple la voluntad expresada por su abuelo y en cuyo jurado participan también el empresario Wolff von Appen, Juan Andrés Fontaine (Libertad y Desarrollo), Juan Jaime Díaz (El Mercurio), Álvaro Donoso (CorpBanca) y Rafael Guilisasti (ex presidente de la Confederación de la Producción y del Comercio), entre otros.


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