La directora chilena Lissette Orozco opta a mejor documental en la Berlinale con “El pacto de Adriana”, un e filme sobre la investigación que realizó del pasado de su tía en la Dirección de Inteligencia Nacional, DINA, y que según explica trastocó sus relaciones familiares.
Adriana Rivas era la tía preferida de Orozco, una mujer alegre, divertida y segura de si misma que vivía en Australia y que en una visita a la familia en Chile en 2007 es arrestada por haber trabajado durante la dictadura para la policía secreta de la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990).
Rivas negaba las acusaciones, entre otras, de violaciones de los derechos humanos, que se le imputaban como secretaria del jefe de la DINA, el general Manuel Contreras, en el cuartel Simón Bolívar y Orozco decidió comenzar a investigar el pasado de su tía, de una forma “muy intuitiva”, sin saber que quería hacer un documental.
“Lo que sí sabía era que algo importante estaba pasando y había que grabarlo”, aunque “no sabía para qué lo iba a usar” y tampoco fue capaz en ese momento de “dimensionar el terreno en el que estaba entrando”.
En el fondo, dice, ella “sentía o quizás quería” que su tía fuera inocente.
En este proceso de cinco años, cuando llegó a temer de su subjetividad “ya llevaba un camino muy largo avanzado” y sabía que no podía traicionarse a si misma; fue en ese momento en el que comenzó a darle forma a la historia, agrega.
“Creo que mi tía es un personaje importante para el país, para la historia, para la memoria”, afirma Orozco, que dice que desde el minuto uno era consciente que tenía que hacer algo con esta historia, pero que, de haber sabido “lo brutal de todas las cosas que se dicen de ella”, quizás “hubiera desistido”.
El filme recoge los momentos en los que están juntas y hablan sobre el pasado de Rivas en la DINA, conversaciones por skype entre tía y sobrina, entrevistas con periodistas, testigos, y también imágenes tomadas de sí misma por la acusada en Australia, adonde logró huir en 2011.
“A mi tía le estaban pasando cosas, decidí mandarle una cámara y le dije: ‘Tía, usa esta cámara como un diario de vida'”, cuenta.
La realizadora explica que les sorprendió el material que les envió Rivas, de la que cree que “su inconsciente la traicionó”, porque le dejó “todas las pruebas en una caja.”
“Yo creo que ella siempre creyó que yo le iba a limpiar la imagen y yo también partí haciendo esta película creyendo en mi tía inocente”, señala Orozoco, quien subraya la ingenuidad de su tía al dejarle todo ese material “si es que ella perteneció a la DINA, si ella hizo todo lo que dicen que hizo”.
Orozco dice que ahora tiene “un objetivo mucho más amplio” que el de “desenmascarar” a su tía, que consiste en “educar” y “generar conciencia”, sobre todo entre los estudiantes, razón por la cual decidió tomar todo ese material que le dejo Rivas y “hacerle una obra”.
Este documental, cuenta, tiene tres ejes que se pueden trasladar a toda la sociedad al representar “esta premisa que es la memoria” y que son ella misma, que lucha por “encontrar la verdad”, su tía, “que lucha por quemar su recuerdo y armarse un discurso” y su bisabuela, “que no puede evitar olvidar”.
Para Orozco, su filme es “muy antropológico también”, pues contiene un “estudio del ser humano de la psicología, del mundo, de la configuración de alguien, todas las capas de una persona” y es además un documental que “tiene mucho lenguaje corporal”.
“No es solamente una historia personal entre mi tía y yo”, subraya.
El filme, que en Chile se estrenará el próximo 5 de octubre, ha sido proyectado tres veces en la Berlinale con “una excelente recepción de la gente”, cuenta Orozco.
La realizadora se siente “feliz” de haber presentado su ópera prima, antes de llegar a los treinta años, en un escenario como la Berlinale, una experiencia “muy enriquecedora”, sobre todo por el turno de preguntas y respuestas tras las proyecciones.
Hablaron muchos exiliados políticos que viven en Alemania, hubo gente que lloró, hubo abrazo, aplausos y agradecimientos durante las sesiones, explica.
También hubo quien le recriminó el no hacerle un juicio a su tía en la película, la acusó de “limpiar” la imagen de Rivas, una situación violenta, dice, que la “descolocó”.
“Yo sí le hago un juicio, un juicio personal: ella me desilusionó, me menoscabó, me trató mal”, dice, y agrega: “Qué mas juicio puedo hacer que decir que ya no le hablo más”.
Ahora toca ponerse “otro chaleco antibalas”, porque “ahora viene el bombardeo de la gente, la gente que no tiene filtro, que no le importa decirte lo que sea porque no tiene idea de tu proceso”, dice Orozco, que sabe que en Chile con su filme le va a pasar “de todo”.
Adriana Rivas todavía vive en Australia, su caso sigue abierto.
“A mi tía le mandé la película y no me ha dicho nada”, dice.
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