Considerada una de las mentes más brillantes de Francia, el fundador del Banco Europeo para la Reconstrucción y el Desarrollo ofrece las claves para afrontar la crisis del coronavirus
Jacques Attali (Argel, Argelia, 1943) es una de las grandes figuras intelectuales de Francia y Europa y sin duda una de las más influyentes en los últimos 40 años. Fue el asesor de referencia del presidente François Mitterrand, entre 1981 y 1991, año en que se convirtió en el fundador y primer presidente de la Banca Europea para la Reconstrucción y el Desarrollo (BERD), un gran paso en el proyecto de construcción europea, y con posterioridad ha puesto su mente al servicio de con todos los presidentes de la V República francesa sin excepción. Según ‘Le Monde’, la relación con el actual inquilino del Elíseo, Emmanuel Macron, le viene incluso de antes de incorporarse a la política, un paso que el hoy presidente dio precisamente con Attali como mentor. Economista, jurista e ingeniero, Attali ha sido miembro del Consejo de Estado francés y su currículum acumula todo tipo de distinciones, en Francia y en el extranjero. A sus 76 años, está entregado desde hace días a la que quizá es la misión más importante de su vida: tratar de convencer a las autoridades del mundo entero que para poder afrontar con garantías de éxito el descomunal desafío del coronavirus, superarlo y aliviar la vida de millones de personas, deben colocarse “en modo de economía de guerra”. Y hacerlo, además, “muy, muy rápidamente”.
Pregunta. Usted ha escrito hace ya más de una semana que hay que “ponerse en economía de guerra. Fabricar respiradores y máscaras como habríamos fabricado aviones o cañones”. ¿Puede desarrollar esta idea?
Respuesta. Es una economía que permite enfrentar un peligro mortal concentrándola en lo esencial, en la defensa ante el enemigo. Es muy conocida, ha sido practicada desde la Edad Media ante diferentes formas de epidemias o pandemias: confinamiento, producción de los bienes esenciales, que son salud, alimentación, energía, información, educación. Concentrar ahí la economía, de manera que cada uno consagremos nuestro tiempo a lo que es esencial producir, y desplazar a más adelante cosas menos importantes como cambiar de vestido, de coche, etcétera. Quiere decir reorientar la economía a producir equipos, máscaras, gel, respiradores…
Hay que proteger por consiguiente a cualquier precio a las empresas con acciones, como se está empezando a hacer en algunos países
En algunas fábricas comienzan a entender con mucho, mucho retraso, que lo pueden hacer si se les dan las especificidades. Sin limitación financiera por parte del Estado, porque si no éste se encontrará en una situación catastrófica, la gente no irá a trabajar por miedo y la economía se parará. No habrá donde apoyarse. Y muchas empresas que tendrán que cerrar no revivirán porque se habrán perdido. Hay que proteger por consiguiente a cualquier precio a las empresas con acciones, como se está empezando a hacer en algunos países, como Francia, empezando desde anoche por el Banco Central Europeo en particular. Fomentar todos los medios de producción. La industria textil española puede producir máscaras; la industria mecánica, respiradores; el Ejército, proveer o construir hospitales; las constructoras, con los materiales de que disponen pueden crear rápidamente las condiciones para hospitales de emergencia…Se requiere la movilización general de todos en su respectivo objetivo; oponerle el léxico presupuestario no es lo importante.
 
P. Algunos insinúan que hay que poner los beneficios a largo plazo de la economía por delante de la salud de las personas.
R. Una cosa no va sin la otra. Para salvar la economía hay que salvar las vidas. Si no salvas las vidas la gente dejará de trabajar por miedo y la economía se hundirá. Se requiere pues a toda costa hacer las dos cosas al mismo tiempo, no escoger una o la otra. Tenemos que tener medidas muy estrictas: quedarse en casa, excepto si es para producir los bienes esenciales de los que estamos hablando: equipos de salud, alimentación, energía, información, sistemas financieros, naturalmente, que forman parte de la información y, por lo tanto los bancos y los medios del Estado, la soberanía y la seguridad.
P. El Ministro de Economía de Francia, Bruno Le Maire, admite que no cabe descartar nacionalizaciones. Según los mercados financieros, si la crisis se prolonga no puede excluier la nacionalización de compañías aéreas. ¿Puede ocurrir?
R. Si es necesario, habrá que hacerlo. Necesitamos que esas compañías existan después de la crisis. En la historia ya ha habido nacionalizaciones, privatizadas después.
P. Comentaristas del Financial Times, uno de los grandes diarios de referencia de los mercados, dicen que el Estado está de vuelta. ¿Lo comparte?
R. Sí, evidentemente, el Estado tiene que jugar un papel central. Quienes lo habían olvidado empiezan a descubrir lo que vengo escribiendo desde hace más de 30 años. La salud es el sector clave de la economía del mañana, y que lo sea para todos pasa por el Estado.
Hay que ir aún más lejos y que el Banco Central diga más claramente que va a ayudar también a las empresas, grandes y pequeñas

P. ¿Qué le parecen las últimas medidas tomadas por el Banco Central Europeo?
R. Excelentes. Hay que ir aún más lejos y que el Banco Central diga más claramente que va a ayudar también a las empresas, grandes y pequeñas.
P. ¿No habría que profundizar la colaboración dentro de la Unión Europea?
R. Por supuesto. La UE es fundamental. Debemos trabajar todos juntos. Es básico. Ya ha comenzado y debe acelerarse. Hace falta hacerlo a cualquier precio, de manera coordinada, pero creo que ya estamos en ello.
P. ¿Y profundizar también la colaboración con China?
R. Naturalmente. Al igual que hemos ayudado a China al comienzo de la epidemia originada allí, ahora hay que aceptar a toda costa su ayuda y encargar a los chinos la mayor cantidad posible de equipos. Tienen los medios para proveer todo lo que estamos necesitando. Debemos beneficiarnos de que parecen ir delante de nosotros, y hacerlo mejor.
P. Usted es considerado una de las mentes más brillantes de Francia y su voz es respetada en todo el espectro político francés. Como consejero del presidente François Mitterrand (1981-1991) tuvo que hacer frente a muchas crisis. Si ahora un político le pidiera consejo, ¿qué le diría?
R. Primero, tomar conciencia de que nuestro modelo de desarrollo está cambiando. La lección más importante que aprendí de mi acción política es que quien no actúa tomando como hipótesis que lo peor es posible, lo cierto es que verá realizarse lo peor. Esto es para mí extraordinariamente importante.
P. Ha escrito recientemente que esta pandemia puede que nos permita comprender que solo vale el tiempo.
R. La pandemia nos enseñará a tomar en serio que la única cosa en el mundo que es verdaderamente rara, que tiene verdadero valor, es el tiempo. El tiempo útil. El de nuestra vida cotidiana, que no debemos perder en actividades fútiles. El de nuestra vida personal, que podemos alargar consagrándole más medios. El de nuestra civilización, por último, que podemos preservar dejando de vivir en la agitación, la superficialidad y la soledad. En un nuevo equilibro entre nomadismo y sedentarismo.
Por Hernán Garcés (El Confidencial)