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lunes, 28 de diciembre de 2020

OPINIÓN


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Vacunas: la última tentación de Piñera

por  28 diciembre, 2020

Vacunas: la última tentación de Piñera
Un diseño adecuado –que usaron por lo demás casi todos los otros países del planeta– era que Piñera hiciera la vocería de Estado, es decir, el anuncio oficial, tal como el que realizó por cadena nacional –aunque algo exagerado el recurso, válido– y luego dejara en manos de las autoridades sectoriales la operatoria del proceso. De más estuvo, al día siguiente, el set en La Moneda de “la ruta de la vacuna” encabezada por Piñera como si fuera una charla TED. De más estuvieron varias entrevistas, un segundo anuncio –en punto de prensa en el Palacio de Gobierno–, el recorrido por matinales para informar del “despegue del avión” y, por supuesto, el recibimiento de las vacunas por parte del Mandatario, como si se tratara de la llegada de un presidente en visita oficial.

Partamos por señalar que la llegada a Chile de 10 mil dosis de la vacuna de Pfizer-BioNTech es una buena noticia. Sin duda, pone una luz de esperanza luego de casi un año de incertidumbre, miedo y angustia del mundo entero y, por supuesto, de nuestro país. La semana pasada –por suerte– comenzó en muchos países la titánica tarea de inocular a millones de personas lo antes posible. De manera casi simultánea, las vacunas de Oxford-AstraZeneca, Sinovac-Biotech, Janssen, CanSino y Sputnik V, fueron despachadas, en una de las tareas logísticas más espectaculares de la historia de la humanidad, para iniciar un proceso que en una primera etapa se concentra en el personal de salud de primera línea, para continuar luego con la población de riesgo.

Pero junto a esta buena noticia de fin de año para el mundo, las alertas se volvieron a encender cuando el primer ministro inglés, Boris Johnson, reportó que circulaba en Reino Unido una cepa derivada del COVID-19 –se denomina como VUI 202012/01–. En simple, los virus suelen mutar constantemente, pero una cepa corresponde a cinco mutaciones seguidas. Los laboratorios salieron de inmediato a señalar que sus vacunas eran efectivas para la nueva cepa, sin embargo, recién iniciarán los estudios para verificar empíricamente la afirmación. Ojalá así sea, porque de lo contrario, volveremos a tener un problema complejo, incluyendo a Chile. Está demostrado que el efecto de crecimiento exponencial de un virus es inevitable.

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El día 24 de diciembre –qué mejor fecha– aterrizó en Nuevo Pudahuel el avión que trasladó las primeras dosis de Pfizer. Por supuesto que hay que valorar la gestión realizada por el Gobierno para asegurar la mayor cantidad de vacunas. Lo aplaudo y lo agradezco como ciudadano. Pero otra cosa es la exagerada puesta en escena que tuvo como protagonista a un Presidente que proyectó un nivel de ansiedad solo comparable con el bochornoso episodio en que Cecilia Morel tuvo que pedirle que guardara el papel escrito por “los 33”. Cadena nacional, lanzamiento de la “ruta de la vacuna” al día siguiente, entrevistas, puntos de prensa, presencia en el aeropuerto, en las primeras vacunaciones, incluyendo un vergonzoso tuit enviado desde su auto, a las 06.00 a.m., cuando iba a “esperar el avión”.

Creo que el Presidente necesita urgentemente gente que sea capaz de contenerlo y convencerlo de los riesgos que asume. Recuperar confianza y puntos en las encuestas e, incluso, proyectar un rasgo evidente que quiere reforzar La Moneda, como la capacidad de gestión del Mandatario, no se logra de cualquier forma, eso es una ley de la comunicación estratégica. Aunque la tentación a veces le indique a Piñera otra cosa.

No cabe duda que Piñera vio en la vacuna una oportunidad para recuperarse del paupérrimo 7% de apoyo que tiene hoy. Lo mismo que intentó al inicio del COVID-19 para alejarse del estallido social. En esa ocasión, comenzó a recorrer matinales y dar entrevistas jactándose de que Chile estaba más preparado que todo el continente e incluso que Italia. A las pocas semanas batíamos récords de contagios. Pero las conductas erráticas y algo bizarras del Presidente se comenzaron a hacer una constante en el último tiempo. La selfie en plena cuarentena en el monumento a Baquedano, declarar la “nueva normalidad” anticipada o sus paseos sin mascarilla, hacen pensar que no escucha o tiene muy malos asesores. ¿Nadie le advirtió que la sobreexposición por las vacunas es de alto riesgo para él y la salud pública?

A estas alturas uno se pregunta si las comunicaciones de Gobierno son manejadas directamente por el Presidente, porque cualquier experto le habría recomendado a Piñera montar una puesta en escena bastante más cautelosa. Me parece correcto y lógico mostrar el logro –lo es, sin duda–, pero justo ahora estamos enfrentando un alarmante aumento de casos –pese a que Paris insiste en que ni siquiera esto es la “segunda ola”–, se debe tener máximo cuidado que la sobrepromesa de la vacuna relaje a aún más a una población fatigada luego de casi un año de pandemia. Por otra parte, el uso y abuso de la imagen presidencial en un tema todavía incierto, demuestra que Piñera ha aprendido poco de sus errores. Para eso están los “fusibles”, que en este caso son Paris y sus subsecretarios

Un diseño adecuado –que usaron por lo demás casi todos los otros países del planeta– era que Piñera hiciera la vocería de Estado, es decir, el anuncio oficial, tal como el que realizó por cadena nacional –aunque algo exagerado el recurso, válido– y luego dejara en manos de las autoridades sectoriales la operatoria del proceso. De más estuvo, al día siguiente, el set en La Moneda de “la ruta de la vacuna” encabezada por Piñera como si fuera una charla TED. De más estuvieron varias entrevistas, un segundo anuncio –en punto de prensa en el Palacio de Gobierno–, el recorrido por matinales para informar del “despegue del avión” y, por supuesto, el recibimiento de las vacunas por parte del Mandatario, como si se tratara de la llegada de un presidente en visita oficial.

Si resultan ciertos los pronósticos del Ministerio de Salud, respecto de que la segunda semana de enero –entre el 12 y 14, de acuerdo a lo estimado– deberíamos observar un aumento de casos con tres escenarios posibles: 3.000, 6.500 o 9.600 PCR positivos diarios, significará que tendremos un verano dramático en términos de salud, y por supuesto, en lo económico, especialmente de sectores que ya están muy golpeados, como el turismo. También el Minsal ha estimado que en abril podemos tener un aumento explosivo de casos cercano al 15 de abril de este año – ¿será esa la “segunda ola” para Paris?–. Lamentablemente, el efecto de inmunidad de rebaño se obtendrá cuando el 80% de la población esté vacunada, lo que no ocurrirá antes de julio, es decir, en siete largos meses más.

A lo mejor el Presidente intentó poner una cuota de optimismo al terminar un año negro para el país y para él en particular. Sin embargo, de seguro provocó una sobreexpectativa y confusión en una ciudadanía, a la que le va a costar ahora entender por qué ellos no recibirán la vacuna –y tendrán que enfrentar una o dos “olas” más–, y gente que ven en la TV sí, como el Dr. Ugarte. Pero lo que es un hecho es que, siempre cuando se ha sobreexpuesto Piñera, le ha ido mal en su segundo período, producto de una población que más bien desconfía de la autoridad y de la mayoría de las instituciones, pero que ha transformado al Mandatario en una especie de ícono de la desigualdad. Por algo hace un año Piñera tenía 6% y hoy tiene 7%, independientemente del escenario.

Creo que el Presidente necesita urgentemente gente que sea capaz de contenerlo y convencerlo de los riesgos que asume. Recuperar confianza y puntos en las encuestas e, incluso, proyectar un rasgo evidente que quiere reforzar La Moneda, como la capacidad de gestión del Mandatario, no se logra de cualquier forma, eso es una ley de la comunicación estratégica. Aunque la tentación a veces le indique a Piñera otra cosa.

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