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martes, 29 de diciembre de 2020

Opinión

 

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In Memoriam: Benny Pollack Eskenazi

por  29 diciembre, 2020

In Memoriam: Benny Pollack Eskenazi

Este año falleció Benny Pollack Eskenazi (78). La pandemia no fue la causa, pero ayudó a que esta noticia permaneciera rezagada por algún tiempo. Ocurrió en mayo, en Reino Unido, en la ciudad de Liverpool, país que le dio refugio y ciudad que lo acogió para que desarrollara una exitosa carrera académica a partir de 1975, en la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad de Liverpool, en la cátedra de Política Latinoamericana.

Benny Pollack, oriundo de Copiapó, estudió Derecho algunos años en la Universidad de Chile, pero se tituló de periodista en la misma casa de estudios y luego realizó una maestría en la Universidad de North Eastern en EE.UU. Sin embargo, su verdadera pasión fue la ciencia política. Desde muy pequeño se vio atraído por la política y la idea del cambio social, lo que lo llevó a militar en el Partido Radical y luego en el Partido Socialista. También desde joven desarrolló sus capacidades como escritor y sus columnas en diario El Día de Copiapó aún son recordadas por las habilidades de un joven de solo 15 años.

La interrupción del orden constitucional en septiembre de 1973, encontró a Benny en Comisión de Servicios en Polonia. Había logrado una fina amistad con el entonces ministro Clodomiro Almeyda y se había unido al Ministerio de RR.EE. temprano al asumir el Gobierno de la Unidad Popular, para lo cual tuvo que congelar sus estudios de doctorado en la Universidad de Essex. De Varsovia viajó a Londres donde su pasaporte chileno fue desconocido, en tanto su esposa Gloria Fajnsztejn y sus tres pequeños hijos, Ricardo, Claudio y Marcelo, permanecían en Chile.

El Reino Unido fue su refugio político al comienzo, pero también facilitó su reinvención y renacer profesional. Recibió una beca para finalizar su doctorado en Essex y luego en 1975 ganó el concurso para ser profesor titular en la Universidad de Liverpool. En Reino Unido le preguntaron una y otra vez sobre su “verdadero nombre”, el cual todos asumían era “Benjamín”. Una y otra vez respondió de la misma manera: “Mi nombre es Benny, como Benny Goodman”. En realidad, lo bautizaron así en honor a dicho jazzista. A su pasión por la política, sumó los habanos, esto último un resabio perenne que lo perseguiría años después de visitar La Habana a fines de los 50. También perfeccionó, sin saberlo quizás, su sentido estético por la sinfónica y en algunas ocasiones correteamos las calles de Beijing y Hong Kong para llegar a tiempo a una función.

Benny nunca abrazó la violencia. Lo suyo era la palabra y la conversación. Privilegiaba el mérito antes que la ideología una cualidad muy extraña en la gente que se dedica a la política. Ha sido una de las pocas personas que, habiendo vivido esa época, he escuchado relatar en tono neutro el proceso político de 1970. El hecho más doloroso fue quedar del otro lado de la frontera, sin posibilidad de reencontrarse con su familia. Cada vez que describía ese hecho sus ojos se iluminaban y su cabellera –frondosa, voluminosa y ondulada parecía encogerse. Hacía una pausa, miraba al cielo y decía: “Ya pasó, sigamos”. No permitía, ni por un segundo, que el más mínimo rencor se apoderase de su espíritu.

Sus años como profesor en la Universidad de Liverpool profundizaron su trazo personal: curiosidad por la condición humana, tal como lo relata su hijo Marcelo en el obituario publicado en The Guardian del 7 de junio de 2020.

Benny tenía ese valioso, aunque escaso, don: saber escuchar. Hablaba pausado como si la vida toda fuera una gran conversación; a veces, un conversatorio cuyo fin era diseccionar las partículas de la realidad y las ilusiones para identificar esos nanocentímetros de verdad. Entregaba consejos sin emitir signos de que los eran. Era muy respetuoso de las creencias y posiciones de los demás; poseía un liderazgo prudentemente vertical en la conducción grupal; era divertido, con un sentido del humor que mezclaba lo propiamente chileno con ese humor inglés que, a veces, solo los ingleses entienden. Gran parte de su popularidad  y “llegada” se basaba en estas cualidades, que hoy los especialistas califican de “blandas”, en vez de “sabias”.

En el año 2001, el Presidente Ricardo Lagos nombró a Benny Pollack como embajador de Chile en China, cargo que ejerció hasta 2004. Bajo su liderazgo se emplazó la obra “Unión” en pleno parque Chaoyang de Beijing, obra del eximio escultor nacional Sergio Castillo Mandiola. También se organizó el primer ciclo de cine chileno en Beijing y Shanghái, con películas subtituladas al mandarín, lo que fue una actividad inédita que después todas las embajadas querían imitar. Además, se preparó la primera visita a China del ex Presidente Ricardo Lagos en calidad de Jefe de Estado (octubre 2001). Benny tenía una amistad de larga data con el ex Presidente, pero también mucho respeto y cierta admiración. La leyenda cuenta que Benny recibió una invitación a cenar a su casa. Antes de llegar el postre el ex Presidente, sin prólogos, le dijo: “Benny, me gustaría que representaras los altos intereses de Chile en la República Popular China”, a lo que Benny respondió con asombro: “China? Ese es un país muy importante y grande”. En ese momento, el ex Mandatario desenrolló un papel mural y le dijo: “Efectivamente es grande, Benny, mira este mapa. Los intereses nacionales son aún más grandes e importantes”.

La revista China Hoy de enero de 2003 registra la siguiente declaración de Benny: “Sería injusto si no mencionase un factor clave en mi tarea de Embajador de Chile en China. Se trata del factor humano. Lo que quiero decir es que estoy muy agradecido a todos y cada uno de mis compañeros de la Embajada. Sin su lealtad y dedicación, mi cometido sería completamente ineficaz. Les debo mi reconocimiento por trabajar intensamente en bien de nuestro país, a veces en condiciones difíciles, por ayudarme a familiarizarme con los entresijos de la diplomacia moderna y por no haberme hecho sentir torpe o inadecuado en ninguna ocasión. Forman un excelente equipo que protege y representa muy bien los intereses de Chile”.

Benny otorgaba mucha relevancia al cambio social en el desarrollo humano. Yo le hablaba sobre los beneficios del libre comercio. Fue un largo intercambio de énfasis contrastantes hasta que un día observó que el ingreso de China a la OMC (diciembre 2001) era la fase externa de su liberalización doméstica y que sería bueno para China, para Chile y el mundo. Yo respondí que ese ingreso solo tendría sentido si se asumía como medio para el desarrollo social. En ese momento se selló el ciclo y sentido propio del concepto de diálogo como instrumento de enriquecimiento mutuo.

Benny siempre practicó un profundo amor por Chile, acompañado de un judaísmo secular. Esas son mis raíces me decía. Poseía un aprecio más allá de lo atávico por Copiapó. Hoy le sobreviven su esposa Gloria, sus tres hijos y su hermana Molly Pollack, quien fue fundadora del exitoso programa “Chile Global” y a quien tuve la oportunidad de conocer hace años en la Fundación Imagen País. A mí me sobreviven innumerables recuerdos profesionales y personales que, con el tiempo, me hacen cada día más sentido.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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