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sábado, 28 de febrero de 2015

Editorial de Cambio21: Peligro no pase, zona de corrupción

28/02/2015 | Los últimos acontecimientos que nuestro país ha conocido en el marco de los casos Penta, Caval, Soquimich y Fiscalía, han puesto en serio riesgo la credibilidad en nuestras instituciones. Unas, por la espuria relación entre política y dinero y la última, por la amenaza de impunidad que se percibe con cambios que, apegados a la ley, claramente resultan ilógicos e injustificados.
Las encuestas, redes sociales y la "temperatura ambiente" en materia política, aunque no resulten concluyentes como verdad empírica, son al menos un síntoma que, mantenido en el tiempo, habla de un claro divorcio entre la gente y las instituciones más relevantes de la institucionalidad democrática. Las últimas elecciones parecieron ratificar que el síntoma era más que eso.

La ruptura no es infundada en el sentir mayoritario de la gente, se basa en una serie de antecedentes que repugnan la conciencia nacional y en donde al final, pagan moros y cristianos y nadie se molesta en distinguir dichos de hechos.


Así, la molestia alcanza a todos por igual, todos los políticos son corruptos, los empresarios sinvergüenzas, los curas pedófilos, etcétera. Basta que alguien lance una acusación aunque sea al voleo, para que a dicho personaje o estrato se le califique oscuro, tunante, ruin, descarado. ¿Era verdad lo que se decía de él? Qué importa, se dijo y eso parece suficiente.


Lo anterior solo sirve para que los verdaderos delincuentes se oculten en la masa y pasen desapercibidos. Esa ha sido claramente el proceder utilizado por la UDI y ahora, de manera cómplice, por la dirigencia de Renovación Nacional, que ha salido a respaldar hechos que no tienen justificación alguna, para desviar la atención.


La lógica del "empate", les llevó a querellarse en contra del hijo de la Presidenta, en un claro intento por enlodarla y salir del ojo del huracán. Es cierto que resulta impresentable el entorno en que se desarrolló el tema Caval, en que la imprudencia de Sebastián Dávalos arrastró al gobierno y a su madre en una disminución de la credibilidad y de su agenda de igualdad.


Pero en caso alguno reviste los ribetes delictuales del caso Penta en que dirigentes e incluso parlamentarios de la UDI se encuentran confesos de delitos que se realizaron a sabiendas de tratarse de ilícitos.


Tan impresentable como la resolución de sacar al fiscal Carlos Gajardo de la investigación del caso Penta-UDI y sus aristas. Una extraña mixtura de egos, ambiciones y manejos encubiertos se aprecian tras la torpe decisión. Una bofetada a la transparencia y una falta de respeto a la credibilidad en las instituciones.


Tan inepta opción, como la de nombrar al hijo de un senador para que revise presuntos ilícitos de un colega del partido político en que milita la autoridad parlamentaria. Un abrazo del oso que termina asfixiando a un joven fiscal que ha tenido una brillante trayectoria, la que se ve empañada de manera inútil y sin sentido por la falta de prolijidad de una fiscal nacional subrogante.


Estas acciones son las que llevan a la desazón a la gente, estas líneas grises en que queda patente la tentación de mantener o de hacerse de poder político por quienes poseen poder económico y han profitado de él y a la vez, la tentación de hacerse de poder económico por quienes poseen poder político.


Los países en que la línea de la virtud que separa el servicio público con los beneficios personales asociados al dinero se ha confundido, han pagado o pagan caro tal osadía. La corrupción corroe no solo a las instituciones sino que termina infectando a los ciudadanos, a la vida cotidiana. Si lo hace un legislador, un familiar de un poderoso o el juez o el policía, qué de malo que lo haga el simple ciudadano.


Caldo de cultivo para que aparezcan iluminados demagogos o autoritarios líderes dispuestos a ofrecer cualquier cosa por cambiar lo que carcome al país. Incitación a quienes disponen del poder de las armas para que bajo la justificación del "orden", terminen abusando del Estado y aniquilando a opositores, como aconteció durante la noche negra en nuestra patria.


Cuando la razón se obnubila, cuesta distinguir al bueno del malo, al honesto del truhán. Las corbatas, uniformes, sotanas, nada hace la diferencia. Por eso es importante que por una parte las autoridades del gobierno asuman con fuerza la tarea noble de combatir la corrupción, se encuentre donde se encuentre, sin eufemismos y con resolución y transparencia.


Nadie entendería que quienes defraudaron la fe pública, robaron impuestos que gente necesitada los requería para su salud, seguridad, educación y necesidades elementales para salir de la desigualdad, no vayan a la cárcel. Sería suicida echar tierra a la corrupción. Distinto es estructurar a futuro una política sólida de transparencia en el financiamiento, en la probidad y en el dotar al SII y demás órganos del Estado, de herramientas fiscalizadoras y sancionatorias.


La gente en Chile no es tonta y así como castiga, también sabe reconocer. Si este gobierno hace la pega como corresponde en esta materia, se podrá volver a recuperar la credibilidad y se cumplirá de manera fiel la promesa de mayor igualdad en nuestra Patria. La Presidenta ha dicho de manera clara que no va a deshonrar su palabra en esto y es justamente eso lo que el pueblo que la respaldó mayoritariamente, espera de ella.

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